Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
MI RESPETO A LA GUARDIA CIVIL

MI RESPETO A LA GUARDIA CIVIL

Quiero hablaros so...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 10 de...

El Guardia Civil Dani Diaz prepara un nuevo reto solidario para ayudar al hijo de un compañero en 2017

El Guardia Civil Dani Diaz prepara…

Nuestro compañero ...

Cartas al Director

Cartas al Director

Envíe su carta...

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 (CUIDADO CON LAS COCES)

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 …

‹‹La Constitución ...

El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

Noticias Historia

Centenario de la batalla del Somme: El «holocausto sangriento» que vinculó para siempre Inglaterra con Francia

  • Escrito por Redacción

A1-5603304-k7TC

La batalla del río Somme, junto con la de Verdún, fue la operación militar más recordada de la Primera Guerra Mundial. Ambas tuvieron como escenario el suelo galo, y ambas constituyeron, a su vez, dos de los episodios más sangrientos conocidos por la Humanidad hasta ese momento. Todo comenzó unos meses antes, en diciembre de 1915. Francia e Inglaterra decidieron, en una reunión en Chantilly, que unirían sus esfuerzos para derrotar a Alemania. La fecha para la ofensiva conjunta sería el año siguiente, 1916, y el escenario, el territorio invadido por las tropas del Kaiser al este de Francia.

Las dos potencias aliadas comenzaron entonces unos preparativos que, básicamente, consistirían en el envío de tropas y artillería pesada a la línea de enfrentamiento escogido. Pero, para su sorpresa, en febrero de 1916 los alemanes decidieron atacar los fuertes de Verdún, lo cual obligó al ejército franco a concentrar sus esfuerzos en repeler la ofensiva germana en esa zona. Ante el alargamiento del asedio en Verdún, ingleses y franceses no lograban ponerse de acuerdo en la fecha de inicio de la embestidaprogramada el año anterior. Francia quería que fuese cuanto antes para rebajar la tensión sobre Verdún, mientras que Inglaterra intentaba retrasarla lo más posible para que le diera tiempo a fabricar bombas y reclutar soldados.

Finalmente, se decidió que el ataque comenzaría el 1 de julio en el río Somme. La elección del lugar resultó ser clave para el desenlace de la batalla. No se hizo por motivos estratégicos, sino simplemente por ser el punto medio de encuentro entre los ejércitos inglés y francés. Por otro lado, era un terreno fácilmente anegable con las lluvias, como así acabó sucediendo. Además, y ante el total desconocimiento de los aliados, resultó ser uno de los puntos del frente occidental más y mejor fortificados de las tropas alemanas.

Así, mientra Francia defendía Verdún, Inglaterra trasladaba 400.000 hombres, varias decenas de miles de caballos (todavía se usaba la caballería) y más de 1.400 obuses y cañones a un frente de unos 50 km, lo que suponía una pieza de armamento pesado cada 58 metros, algo totalmente insuficiente si se compara con la anterior victoria inglesa en Neuve Chapelle, en la que apostó uno cada seis metros.

A1-5561423-k7TC

Como venía siendo habitual, unos días antes del asalto de la infantería y la caballería se produjo el fuego artillero. Durante una semana los cañones trataron de fundir las alambradas que precedían a las trincheras alemanas y, a su vez, destruir los llamados nidos de ametralladoras. Fue un auténtico infierno: se dispararon en total más de millón y medio de proyectiles, llegando, en la última hora, a un ritmo de más de 3.500 bombas por minuto. La descarga se oyó al norte de Londres.

Cuando acabó el bombardeo, el 1 de julio, el ejército inglés salió de sus trincheras a las 7:30 de la mañana para atravesar la devastada «tierra de nadie» y ocupar las alemanas. Ni los soldados ni sus generales tenían idea de lo que les aguardaba. No sabían que el bombardeo no había sido tan devastador como creían, ya que muchas bombas eran defectuosas y la mayoría contenía metralla en lugar de explosivo de alta potencia, con lo que las alambradas no fueron destruidas. Además, cada soldado llevaba un equipamiento ultrapesado: un fusil, munición, granadas, raciones, una capa impermeable, cuatro sacos de arena vacíos, un casco de acero, un casco antigás, un par de gafas para protegerse del gas lacrimógeno, apósitos de campaña, un pico o una pala, una botella de agua llena y un plato de campaña. En total, casi treinta kilos de carga, con lo que no podían avanzar a paso ligero ni mucho menos correr.

Por si fuera poco, en los meses en que Inglaterra preparaba el ataque, Alemania había perfeccionado su sistema de trincheras, incorporando varias líneas y usando hormigón para reforzarlas, de modo que estaban prácticamente intactas tras el bombardeo inicial.

Pero lo peor era que los nidos de ametralladoras alemanes habían superado la prueba del fuego artillero y estaban esperando la llegada pausada de las apretadas filas de soldados ingleses para matarlos en masa. Como así fue.

Las ametralladoras no pararon de disparar. Era tal la intensidad, que los soldados alemanes se quedaron sin agua para refrigerarlas y tuvieron que usar su propia orina.

A1-5571385-k7TC

En pocas horas murieron cerca de 20.000 ingleses. Al finalizar el primer día de la batalla, otros 40.000 más habían sido heridos, hechos prisioneros o, simplemente, dados por desaparecidos. Fue el día con más bajas del ejército inglés en toda su historia, incluida la Segunda Guerra Mundial.

A los franceses que iniciaron la embestida un poco más al sur, en cambio, las cosas les fueron mejor. Los alemanes no esperaban ser atacados en ese punto, de modo que habían retirado parte de sus tropas. Pero, a diferencia de los británicos, contaban con la experiencia de los últimos dieciocho meses de ofensivas emprendidas. La artillería gala se había convertido en una máquina de matar muy efectiva. Usaron más cañones pesados que los ingleses y la fuerza destructiva de sus bombas era mayor. Consiguieron inutilizar muchos nidos de ametralladoras y mermar la capacidad alemana de respuesta rápida. Además, retrasaron deliberadamente el momento del ataque de la infantería a las 9:30, confundiendo así a los alemanes, a los que ya les había llegado la noticia de la ofensiva iniciada por los ingleses dos horas antes.

somme-actualmente

Los días y semanas siguientes se repitió un patrón ya habitual en la Primera Guerra Mundial: ataques y contraataques, muchos muertos y pocos progresos. A los diez días de dar comienzo esta ofensiva, las tropas aliadas habían avanzado entre dos y cuatro kilómetros. Durante cinco largos meses la batalla del Somme se convirtió en una serie interminable de ataques (los alemanes llevaron a cabo más de 300) para conquistar un pequeño bosque o una minúscula aldea.

Esta cruenta batalla sirvió, en cambio, como banco de pruebas de algunas tácticas militares. Los ingleses pusieron en práctica la llamada «cortina de fuego», una pantalla de fuego artillero precediendo a la infantería y que avanzaba a una velocidad de cincuenta metros por minuto. Sin embargo, careció del espesor suficiente para sorprender a las tropas alemanas. También se usaron detonaciones de minas subterráneas que confundían al enemigo al tiempo que debilitaba sus posiciones.

Las tropas alemanas, por su parte, desarrollaron un nuevo sistema que consistía en una defensa en profundidad. Aprovechando las varias líneas de trincheras construidas, decidieron mantener con pocas tropas las primera para lograr así reducir las bajas del ataque inicial. De este modo, concentraban sus reservas para el contraataque desde las líneas de fondo.

La aviación y la observación de globos aerostáticos se revelaron como elementos muy útiles para el estudio previo del terreno, sobre todo para localizar la posición de las tropas enemigas y determinar el emplazamiento de los cañones y aumentar su precisión de tiro.

A1-5590000-k7TC

Pero, sin duda, la novedad más llamativa de esta batalla fue el uso por parte de los ingleses del tanque a mediados de septiembre. Estos «carros armados» se revelaron como la gran novedad que podía deshacer el estancamiento de la guerra que tenía lugar en las trincheras del frente occidental.

Sin embargo, estaban todavía en un estadio tecnológico muy primitivo. Eran lentos, pesados y, sobre todo, poco fiables. De los cuarenta y nueve que se usaron en esta ofensiva, sólo treinta y seis llegaron a la línea de salida cuando terminó la última cortina de fuego el 15 de septiembre en Flers-Courcelette.Varios se perdieron por el camino o se averiaron. A esto hay que añadir que los ingleses no sabían muy bien cómo integrarlos en la estrategia de ataque: ¿tenían que ir juntos o por separado? ¿precediendo a la infantería o mejor detrás de ella? Al final se optó por hacerlos avanzar en grupos pequeños por delante de los soldados para romper la primera línea alemana. Pero eran muy vulnerables al fuego artillero y a los fusiles con munición antiblindaje de los alemanes, que rápidamente los perforaron.

No es de extrañar el enfado soberano de Churchill, principal promotor del proyecto, al haber dado a conocer a los alemanes de forma prematura un arma tan potente y valiosa.

A1-5605866-k7TC

La batalla continuó su curso hasta la llegada del invierno, cuando el frío convirtió en hielo la tierra removida y mezclada con sangre de aquel horrible escenario e hizo impracticable cualquier acción militar.

Para los británicos, la batalla del Somme supuso un trauma quizás no del todo resuelto hoy en día. Se habla de «los leones comandados por burros», haciendo referencia a la bravura de los soldados y la mediocridad de sus mandos. El general inglés que dirigió la batalla, Douglas Haig, fue calificado como «asesino en masa». Francia estaba acostumbrada a la dureza de las guerras continentales pero para Inglaterra esto era algo completamente nuevo. Se sigue pensando que se pudo haber hecho de otra manera. Como sucede en toda guerra, el blanco y negro se diluyó en matices de un gris lúgubre y tenebroso.

Hay historiadores que afirman que ya ha llegado la hora de asumir los errores, otros, en cambio, consideran que las decisiones que tomaron los generales británicos fueron las mejores que podían concebir en ese momento ante el desconocimiento de los avances técnicos y estratégicos del enemigo. Las comunicaciones entre la primera línea de batalla y los mandos durante el día del holocausto fueron muy escasas, a pesar de lo cual se tenía que decidir de inmediato qué hacer a continuación. Lo que había servido el año anterior en batallas como Neuve Chapelle o Loos se reveló totalmente insuficiente en el Somme. La urgencia de fabricar tantas bombas en tan poco tiempo le restó eficacia y potencia a la munición. Muchas ni siquiera llegaban a estallar. Además, quisieron abarcar un frente demasiado amplio para sus fuerzas, con tal de conseguir un final rápido de la guerra. Inglaterra no podía abandonar a Francia a su suerte y decidió continuar la batalla.

A1-5680203-k7TC

El balance de muertos, heridos y desaparecidos a finales de año fue realmente escalofriante. Las bajas británicas fueron más de 400.000, de los que más de 130.000 fueron muertos. Las francesas ascendieron a más de 200.000. Las alemanas, en cambio, oscilan entre 450.000 y 600.000, una variación que algunos atribuyen a la necesidad de engordar esta cifra para minimizar el desastre aliado.

Gran Bretaña unió los cuerpos de sus soldados con la tierra de Francia, sellando así el destino común de ambos pueblos, aunque el paso del tiempo haya hecho olvidar a algunos políticos ingleses actuales este pacto de sangre como bien queda demostrado con el Brexit. Algo que, de manera casi profética, narró ABC el 28 de marzo de 1918 cuando su corresponsal volvió al cruento escenario en el que los ingleses lucharon por recuperar la ciudad francesa de Cambrai: «A lo largo del camino están los restos de lo que fue el [...] Ejército británico: cañones, automóviles, montañas de fusiles [...] No pueden darse diez pasos sin encontrar un cadáver; a veces varios, echados unos encima de los otros [...]. Algunos estaban descuartizados: sus miembros volaron con la metralla; [...] otros no tienen llagas visibles, parecen muertos por asfixia. Dentro de pocos días, los caídos descansarán en sus tumbas. [...] No quedará nada de cada uno de estos dramas ni de sus personajes, porque hasta la gran tragedia de que forman parte se resume diariamente en unos cuantos renglones del Estado Mayor, y los campos, [rebosantes] de sangre, los lava la lluvia».

ABC

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones