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¿Y si España hubiera conquistado China?

  • Escrito por Redacción

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Hablábamos hace poco del Lago Español y ahora hablamos de una parte de sus costas, las chinas, porque resultaban apetecibles para los nunca satisfechos antepasados nuestros. Años antes del intento de Felipe II de conquistar Inglaterra con la Gran Armada -1588- había planes y propuestas de ir en serio a por China. América y las Filipinas no eran suficientes.

Nuestros antepasados siguen asombrándonos: eran audaces y valientes navegantes aventureros, comerciantes agresivos y soldados que no reconocían obstáculos. En el siglo XVI, había en España una efervescencia que alcanzaba a todos los estamentos de la sociedad. Tras el éxito del fin de la Reconquista pocos años antes –en 1492-, los españoles estaban sobrados de fuerzas y de ambiciones y se lanzaron al Atlántico, descubrieron y exploraron América y, antes de que acabara su conquista y colonización, ya habían explorado el océano Pacífico, llegado en 1521 a las islas Filipinas –nombre dado en referencia al rey Felipe II- y dado la primera vuelta al Mundo en 1522.

‘Plus ultra’, síntesis del ideal español

Nuestros antepasados llevaban grabado en sus mentes el lema imperial Plus Ultra –que hoy está en el escudo de España-, era la expresión de su mentalidad que les impulsaba a ir ‘más allá’, a descubrir y explorar más tierras y mares, a conquistar más reinos, a ganar más riquezas, a hacerse más famoso y a ganar más honra.

En ese tiempo expansivo, las estructuras españolas políticas, administrativas y militares de las islas Filipinas se consideraron asentadas hacia 1565, con el nombramiento de su primer gobernador, Miguel López de Legazpi, que actuaba como extensión del Virreynato de Nueva España –es decir, México-.

Las islas Filipinas están en una posición privilegiada que, entonces, se convirtió en la base de partida para mayores expansiones en aquella parte del globo terráqueo. Hubo nuevos descubrimientos, como el que permitió llegar hasta ver Australia; de hecho, el estrecho que separa esta isla-continente y la isla de, hoy, Papúa-Nueva Guinea se llama ‘de Torres’ en honor del gallego Luis Váez de Torres jefe de la expedición que lo exploró. Había también expediciones a las islas Molucas, Borneo, Formosa y Camboya.

El comercio español de las Filipinas adquirió una gran dimensión con China, gracias a una colonia de comerciantes de este origen instalados en el archipiélago. Productos chinos, exóticos y de gran calidad –sedas, especias, porcelanas, jade…- llegaban a Manila y se reenviaban, a través del Pacífico, a México, que los reexpedía por el Atlántico hasta España, todo bajo protección de los galeones de la Armada contra los piratas ingleses, franceses y holandeses.

A cambio, en China apreciaban mucho las monedas de plata procedentes de las minas mexicanas porque eran de una gran pureza.

China en 1655. Mapa de Blaeu-Martini

Aproximación a China

Desde 1580, Felipe II –en cuyos territorios nunca se ponía el Sol- era también el rey de Portugal, y pudo pensarse, entonces, en la expansión comercial española hacia China mediante el apoyo en los portugueses ya que, en 1582, habían logrado asentarse en la ‘puerta’ a China: la isla que llamaron Formosa, y hoy se llama Taiwán. Sin embargo, no hubo cooperación entre españoles y portugueses, sino al contrario, pues se trataban, en los mares y tierras de Oriente, como verdaderos y furibundos rivales y competidores. Además, había que pelear contra los holandeses que ya estaban consiguiendo instalarse en esa zona.
En esa situación, el jesuita Alonso Sánchez propuso al Consejo de Indias, en 1583, la conquista de China. Contaba en esta propuesta con el apoyo del obispo de Manila y el del propio gobernador, Diego Ronquillo. En síntesis, creían que era factible conquistar China, entendiendo por ello lograr la rendición de los gobernantes, al estilo de lo logrado pocos años antes por Hernán Cortés en Tenochtitlán, México -1521-, y Francisco Pizarro en el Cuzco -1533-. Para ello consideraban suficiente enviar desde Filipinas una expedición de unos doce mil hombres y sólo diez o doce galeones. Como en todas estas operaciones, se contaría con el apoyo de los chinos cristianizados, de quienes se esperaba su apoyo y lealtad.

La propuesta llegó a Madrid y, en 1587, Alonso Sánchez fue recibido en la corte de Felipe II, provocando el suficiente interés como para que se creara una comisión que, tras estudiar la propuesta, desaconsejó al rey que aprobara el proyecto. El obstáculo era que todavía había pocos chinos que hubieran abrazado el cristianismo porque el plan requería contar con ellos para, formando una gran alianza como la que Hernán Cortés hizo con los enemigos de los aztecas, apoderarse de la capital de la China y ganar todo el imperio.

Quién sabe qué habría sido de España y del mundo si, tras América y las Filipinas, nuestros antepasados también hubieran sido capaces de conquistar China y se hubiera integrado en la Monarquía Española durante los siguientes 3 siglos.

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