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Un tesoro internacional en Madrid: las pistolas y el sable que Napoleón regaló a Churruca

  • Escrito por Redacción

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E. VILLAREJO/M. PÉREZ VILLATORO (ABC)

El Museo Naval alberga en su interior las armas que en 1802 ofreció el Primer Cónsul Bonaparte al comandante de navío español

Entre los centenares de tesoros y armas que esconde el Museo Naval de Madrid hay tres que se guardan con especial cariño. Estas «joyas de la colección» se corresponden con dos pistolas y un sable que, en 1802, regaló Napoleón Bonaparte, el futuro emperador de Francia, al capitán español Cosme Damián Churruca (Motrico, Guipúzcoa, 1761 - Trafalgar 1805).

Por aquellos años, España era una ferviente aliada de Francia, un país al frente del cual se encontraba Napoleón como Primer Cónsul y que se había propuesto como objetivo acabar con el dominio de su enemigo histórico: Gran Bretaña. Para ello, el pequeño político trataría de llevar a cabo todo tipo de artimañas y estrategias militares mientras ostentó el poder.

La acción que le valió este fabuloso regalo al comandante de navío Churruca fue precisamente su ayuda en uno de los intentos franceses de incomunicar a la «Pérfida Albión». Corría el año 1799, y la idea de Napoleón era rodear a los barcos ingleses desde varios puntos del mapa para, llegado el momento, lanzar un ataque definitivo contra ellos. Sin embargo, para ello necesitaba que la marina española le ayudara tomando posiciones en Brest, una ciudad situada al norte de Francia.

«La política de Francia era intentar aislar a Inglaterra, pero nunca lo consiguió», explica Emilio Aleman de la Escosura, director de la Fundación del Museo Naval, quien explica a ABC el valor de las piezas que se hallan en este museo situado en pleno Paseo del Prado de Madrid. «Ordenaron a Churruca que, como jefe de escuadra, saliera hacia Brest para tratar de cubrir el Canal de la Mancha».

Churruca comandó el Conquistador y estuvo en Brest de 1799 a 1802

«Estuvo allí desde 1799 hasta 1802. Por ello, a él y a varios comandantes de la escuadra de Brest se les hizo lo que se llamaba un "regalo de presentación", en este caso, unas pistolas y un sable», señala Aleman mientras fija la vista en la vitrina que contiene estos tesoros, ahora situados en Madrid. Sin embargo, esta no es la única peculiaridad de estas armas, sino que, además, fueron encargadas a Nicolás-Noël Boutet, uno de los armeros más famosos de la historia.

«Estas armas no las entregó Napoleón únicamente a Churruca, sino que se las ofreció a la mayoría de los comandantes que estuvieron en la escuadra de Brest desde 1799 hasta 1802. Se las regaló reconociendo la labor que había hecho el comandante, en este caso el del buque "Conquistador" (Churruca)», añade el experto.

«Estas pistolas no eran para el combate, eran armas que se entregaban como regalo y que tenían una función decorativa. El sable, que también es de presentación, estaba diseñado para ser llevado en grandes acontecimientos», afirma el director de la Fundación del Museo Naval.

«Cuando se entregaba una espada tan aparatosa como esta, que tiene una hoja de una calidad brutal, no se aspiraba a que se usase durante el combate en un barco. Los sables en las armadas de todo el mundo siempre han tenido la funda de cuero, mientras que este tiene una vaina rígida y no favorece el movimiento», añade Aleman.

Boutet, el armero más reconocido

Una de los principales valores de estas armas es el maestro que las fabricó, Nicolas-Noël Boutet, uno de los más reconocidos armeros de Francia. Este artesano fue contratado en 1793 por la realeza para dirigir la Manufactura Real de Versalles. Ni siquiera la llegada de la Revolución que derrocó a la Monarquía logró apartarle de su puesto, pues siguió siendo el encargado de la renombrada Manufactura de Armas de Versalles.

«En esos años hizo armas de bastante calidad. Era un artesano de armas finas y, aunque fabricaba también armas de caza y militares, su predilección siempre fueron las de lujo y de presentación, de hecho se especializó en ellas», determina Aleman. Tal era su reconocimiento que Napoleón le entregó el privilegio de ser su armero por 18 años.

«Nicolas-Noël Boutet vivió el cambio de la chispa al pistón (dos mecanismos para hacer funcionar las pistolas), de hecho, durante su última etapa fabricó armas de lujo de pistón. Digamos que había evolucionado del Imperio, con sus armas muy recargadas estéticamente, hasta la etapa en la que se produjo la Restauración Monárquica. En aquellos años las armas estaban mucho menos ornamentadas que las anteriores, lo cual no quiere decir que fueran de menor calidad», añade el experto.

Una leyenda en el estuche

«Las pistolas tienen las características típicas de Boutet, es decir, están fabricadas con madera y acero de una altísima calidad y tienen la decoración recargada característica de este armero», explica Aleman mientras repasa el estuche en el que fueron entregadas y en cuya tapa se recoge la leyenda «Regalado por el Primer Cónsul Bonaparte al Capitán Churruca, comandante del navío de su majestad "El Conquistador"». «Además, cuentan con un ralladillo en la culata de gran disposición y un tipo de dorado muy llamativo y barroco», finaliza.

En cuanto al sable, Aleman señala que presenta una estética basada en la temática marítima, algo muy recurrente en el armero: «La vaina imita las escamas de los peces y el sable tiene la cabeza de Neptuno al lado del guardamanos».

«La espada, además, tiene las características distintivas de Boutet, que son una hoja de acero de gran calidad y un empavonado azul maravilloso con el típico dorado que tanto le gustaba. También tiene gran influencia egipcia y griega por el interés imperial que existía en ese momento por estos territorios. Dichas características se pueden ver a la altura del guardamanos en un remate que recuerda a una forma egipcíaca», añade Aléman.

Conservación de estas armas

Por su parte, la conservación de estas armas parece mantener muchas similitudes con el resto de elementos de cualquier exposición. «Es igual a la de cualquier pieza del museo, tienen que estar en un medio de humedad y temperatura estable, También hay que decir que los metales deben tener una conservación especial, pero una vez que se estabilizan se pueden dejar expuestos siempre que se controle que no haya alteraciones», determina Ana María Ros, del Departamento de Conservación del Museo.

A pesar de todo, Aléman señala además que, en el caso de las pistolas, hubo que hacerles una pequeña reparación cuando fueron depositadas en el Museo: «El estado de conservación era bastante bueno, pero hubo que arreglar las llaves, que son muy frágiles, y hacer una labor de limpieza. Por lo demás por suerte no se había perdido ninguna pieza y sólo hubo que ponerlas a punto».

¿El valor de estas armas? «Son unas de las piezas reinas del Museo Naval»

En cuanto al valor concreto de las pistolas, Aléman indica que en la actualidad es imposible ponerles precio: «El tener una pareja de pistolas firmadas por Nicolas-Noël Boutet, uno de los grandes armeros de la historia del mundo, regaladas a Churruca, un marino heroico español, y entregadas por el cónsul Napoleón Bonaparte, hace que sean unas de las piezas más destacadas del museo».

«Desde el punto de vista armamentístico son unas de las piezas reinas. Pero no sólo de este, sino de los de todo el mundo, y es que en pocos lugares verás pistolas de Boutet, y, desde luego, un museo como el nuestro, que tiene dos parejas y varios sables de presentación, es bastante excepcional. De hecho, si vas por ejemplo al museo de la marina de Paris, no verás ninguna», finaliza el director de la Fundación.

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