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EL TENIENTE GENERAL DE LA ARMADA EXCMO SR. DON BLAS DE LEZO Y OLAVARRIETA

  • Escrito por Redacción

 

BLAS DE LEZO

EL TENIENTE GENERAL DE LA ARMADA EXCMO SR. DON BLAS DE LEZO Y OLAVARRIETA

Vicealmirante (G) TORRES FERNÁNDEZ, José Luis

“El medio hombre que resultó

más que un hombre y medio”

Dijo Cervantes que: los nombres de los navíos son importantes y si están bien puestos condicionan a sus dotaciones.

En mi empleo de Capitán de Fragata tuve la muy feliz oportunidad de mandar el Destructor "Blas de Lezo" (D-65), ex-Noa de la USN, de la clase FRAM II. En lo que a mí respecta el nombre del buque me condicionó, como creo que a toda la dotación, a la que se la ilustró convenientemente, para que tomasen conciencia de la personalidad heroica del titular del buque en donde estaban sirviendo a España en la Armada.

La entrega, sin reservas, de Don Blas de Lezo a las exigencias del servicio ha quedado fehacientemente demostrada en las mutilaciones que muestra, con claridad meridiana, la estatua levantada en Cartagena de Indias, plaza colombiana íntimamente ligada al marino español, en la que, en su bahía y aguas. derrotó a la Escuadra del Almirante británico Sir Edward Vernon, a la que por algunos estudiosos ha sido calificada como "La Armada Invencible Inglesa", cuya composición y magnitud de efectivos no fue superada hasta la II Guerra Mundial en el desembarco de Normandía. La seguridad de la derrota de la Fuerza de Don Blas de Lezo, era tan firme, que incluso se acuñaron monedas con Blas de Lezo genuflexo entregando su espada al erguido Almirante Vernon, y que se pueden contemplar en nuestro entrañable Museo Naval.

La proporción de fuerzas que se enfrentaron en el ámbito de Cartagena de Indias era tan abrumadora a favor del invasor inglés como el que reflejan las siguientes cifras. Por Inglaterra: 186 buques, con 23.000 soldados a bordo, de los que 2.700 eran procedentes de las trece colonias de América del Norte, al mando de un hermano de George Washington, que más tarde tomaría parte en la lucha de la independencia de Norteamérica. Por el lado de España, se contaba con 2.800 hombres y 6 navíos.

Cartagena de Indias constituía la llave del Caribe y pieza clave de las posesiones españolas en la zona; de suerte que en manos de los ingleses abriría el paso hacia Santa Fe de Bogotá y por consiguiente hacia el Perú, y en dirección norte hacia Panamá.

La euforia en Inglaterra, incluso alimentada por las noticias enviadas por el propio Vernon, por medio de un bajel ligero que a la vista de los primeros éxitos le hicieron concebir una fácil victoria total, que nunca se cumplió. En Inglaterra se ocultó la derrota, se enterraron las monedas y medallas confeccionadas para conmemorar la inexistente victoria y cuando falleció el Almirante Vernon fue enterrado como un héroe en la Abadia de Wetminster, con una leyenda en la que, sibilinamente, se hace mención a la victoria de Cartagena.

Se observa que, para la envergadura de la heroica hazaña de Cartagena de Indias, si a ello se hubiese juntado la frustración de las muy negativas consecuencias que para España habría supuesto el que los ingleses conquistaran la plaza de Cartagena, sin embargo, no existen en España publicaciones de historia o literarias, que sería lógico pensar fuesen mucho mas abundantes que las escasas alusiones que hoy existen. Esta apreciación es de aplicación al mundo occidental, con dos matizaciones Colombia e Inglaterra. En la primera existen trabajos que relatan los acontecimientos a los que estamos aludiendo, pero se encuentran recluidos en bibliotecas especializadas, por lo que su difusión sería de desear que fuese más amplia. En lo que se refiere a Inglaterra, se dice que la Historia la escriben los vencedores, y es así, y en este caso son mucho más abundantes los relatos ingleses que la exigua literatura e historia en España, si bien, relatada de forma que no se reconoce el desastre de Vernon, por lo que se corre el riesgo cierto que se estime que son los ingleses los vencedores, pues, repetimos, son éstos los que escriben la Historia.

Don Blas de Lezo y Olavarrieta nació en Pasajes de San Pedro, el 3 de Febrero de 1687, fue bautizado el 6 del mismo mes y año en la parroquia de San Pedro de su pueblo natal. Era el quinto hijo del matrimonio formado por Don Pedro Francisco y Doña Agustina, con sus hermanos José Antonio, Maria Josefa, Agustín y Pedro.

Al fallecer el Rey Carlos II sin descendencia, Luis XIV de Francia se aprestó a defender los derechos de su nieto Felipe para acceder al trono de España, en oposición al otro pretendiente, el Archiduque Carlos de Austria. Con este motivo Luis XIV, en el campo militar, acometió una serie de medidas destinadas a integrar las Fuerzas Armadas de Francia y España, y en particular las Fuerzas Navales, de forma que los futuros oficiales de la Armada española se formaban en Francia. Con este criterio, nuestro personaje, Don Blas de Lezo, estudió en Francia, en donde alcanzó el empleo de Guardiamarina. A los quince años embarcó en la Capitana de la Escuadra francesa, que mandaba el Almirante Conde de Tolosa, y en 1701 a la altura de Málaga, sostuvo un combate con una escuadra anglo-holandesa, en cuyo encuentro el Guardiamarina Lezo sufrió un impacto de bala de cañón que le supuso un destrozo astillado de la pierna izquierda, que le fue amputada en el mismo buque, en una operación dolorosísima, tal y como sucedía en aquella época. Por su valeroso comportamiento en el Combate y la extraordinaria entereza demostrada en la intervención quirúrgica, es promovido al empleo de Alférez de Navío. Después de estos acontecimientos regresó a Pasajes y se describe la dura emoción de sus padres al verlo con su pata de palo.

Una vez repuesto se incorporó de nuevo al servicio a bordo de buques de la Armada, prestando apoyo de abastecimiento a las plazas de Peñíscola y Palermo, entre otras, y en acciones bélicas como el hundimiento del navío de 70 cañones británico Resolution y en el apresamiento de otros. Fue promovido a Teniente de Navío y destinado a Tolón, plaza que estaba siendo atacada por las huestes del Duque de Saboya, suegro de Felipe V. Se distingue por su valor y profesionalidad principalmente en la defensa del castillo de Santa Catalina, donde es herido con perdida de un ojo. Se destaca en la conducción de armamento y pertrechos desde Francia para las tropas de Felipe V. Es ascendido al empleo Capitán de Fragata en 1710 y al mando de una Fragata, toma parte en los combates con los ingleses, del que se destaca el sostenido con el buque inglés “Stanhope” al que vence, hazaña plasmada en un precioso cuadro muy conocido y exhibido en el Museo Naval. Con su buque formó parte de la escuadra del Almirante Don Andrés del Pez, y debido a las extraordinarias actuaciones de Lezo, reflejadas en los informes del Almirante, es promovido a Capitán de Navío en 1712. Fue destinado para acudir al segundo sitio de Barcelona, donde en combate pierde el brazo derecho.

Don Blas de Lezo, con su navío, formó parte de la escuadra que recogió en Génova a Dña Isabel de Farnesio para trasladarla a España con el fin de contraer matrimonio con Felipe V. Usualmente su navío estaba en la escuadra que al mando del Gobernador General de la Armada, Don Pedro de los Ríos, recobraron la isla de Mallorca en 1715. Al año siguiente pasó, al mando de un navío, a la escuadra de Don Francisco Chacón para socorrer a una flota de galeones españoles en el Canal de Las Bermudas. Con posterioridad se incorporó a otras escuadras con el cometido de perseguir y eliminar los buques piratas de distintas nacionalidades que infectaban las aguas caribeñas, que hostigaban y apresaban a los galeones españoles y dificultaban el comercio español. Sus frecuentes combates con navíos ingleses y holandeses le dieron fama y prestigio, destacándose el apresamiento de un navío holandés. Esta larga campaña duró hasta el año 1730 en que volvió a España.

Todas estas acciones merecieron el reconocimiento del propio Rey de España, que le hizo venir a su servicio en la Corte, entonces ubicada en Sevilla. Allí se interesó el Rey por las campañas que había desarrollado en América, lo que supuso un feliz epílogo para Don Blas de Lezo pues fue promovido a Jefe de Escuadra, pero con antigüedad de 1725, es decir, en el tiempo que había estado en los conocidos por Mares del Sur.

Su estancia en la Corte no se prolongó más tiempo y fue nombrado para desempeñar el Mando del Departamento de Cádiz, y en 1731 se le confirió el mando de una escuadra que pasó al Mediterráneo a las órdenes del Infante Don Carlos, cometido que desempeñó a plena satisfacción del Infante. Debido a la conducta observada por la República de Génova, negativa para los intereses de España, se le encomendó a Don Blas de Lezo una nueva misión. Se dirigió a aquel puerto y exigió que se le rindiesen honores de alto rango a la Bandera Real de España, y que se embarcaran en sus navíos una cantidad importante de dinero que se hallaba en el Banco de San Jorge y que pertenecía a España.

El Senado de la República de Génova, rechazó el ultimatum del General Lezo, al mismo tiempo que resolvió enviar una comisión de diputados, con e1 propósito de negociar. Esta conducta pone de manifiesto la contradicción de la primera resolución con la segunda, circunstancia que sin duda advirtió el Genera1 Lezo, que supo aprovecharse de la posición de ausencia de firmeza y determinación de los genoveses. De esta forma el General Lezo se limitó a dar un corto plazo a los diputados para entregar el dinero español depositado en Génova y si así no se procedía comenzaría a bombardear la plaza hasta su destrucción. Felizmente los genoveses entregaron lo solicitado y la escuadra de Lezo se dio a la vela para recalar en el puerto de Alicante. Parte del dinero transportado se dirigió a sufragar los gastos de la campaña de Orán.

La plaza española de Orán se encontraba sitiada por tierra y por mar por los argelinos que intentaban apoderarse de ella por el hambre y las enfermedades. El Rey ordenó a Don Blas de Lezo constituir una escuadra en Cádiz y pasar al Mediterráneo para ayudar a dicha plaza. Don Blas rompe el asedio al que estaba sometida Orán, y logra que los argelinos huyan en desorden. Los que asediaban por tierra, también atacados por los buques del General Lezo, levantaron el asedio. Orán fue abastecido de armamento, víveres y medicamentos, y una vez asegurada la plaza la escuadra del General Lezo regresó a Cádiz.

Nuevamente se hizo a la mar, al obtener información que los argelinos intentaban paliar la repercusión que la victoria de Orán había tenido en todos los países. Don Blas de Lezo salió en busca de los argelinos y localizados los enemigos estos huyen perseguidos por Lezo, que acosa a la capitana argelina, navío de 60 cañones, que se refugia en Mostagan, en cuya bahía la incendian, a la vez que bate eficazmente los castillos que defendían la bahía. Lezo regresa a España.

En estas acciones de conflicto en Orán, se produce un acontecimiento luctuoso cual fue la muerte, a manos de los argelinos, del Gobernador Militar de la plaza el Teniente General del Ejercito Don Álvaro de Navia-Osorio, Marques de Santa Cruz de Marcenado, prestigioso militar y eminente tratadista de asuntos de la Milicia, y del que entre sus obras se destacan las "Reflexiones Militares" de permanente actualidad.

La victoria española en Orán había tenido una enorme repercusión entre las naciones europeas. Los argelinos, tratando de resarcirse de lo perdido, piden ayuda a Constantinopla. Ante esta situación, Don Blas de Lezo, con su escuadra, se dirige a patrullar en el Canal de Sicilia con objeto de interceptar las ayudas turcas. Permanece en este cometido aproximadamente dos meses, y se ve obligado a abandonar la vigilancia ante las bajas por enfermedad de sus dotaciones, producidas por el mal estado de los víveres., por lo que Don Blas de Lezo regresa a España con destino a Cádiz, si bien se vio obligado a tomar el puerto de Málaga, para desembarcar a los enfermos graves, entre ellos a Don Jorge Juan.

Por los servicios presados, S.M. el Rey dispone su promoción al empleo de Teniente General de la Real Armada en el año de 1734.

En 1735 tomó el mando del Departamento de Cádiz y en 1736 S.M. le nombra Comandante General de los galeones. Constituye una flota con dos navíos, el Conquistador y Fuerte, ocho mercantes y otros buques que se hicieron a la mar el 1737 hacia América, llegando a Nueva Granada en el mes de Marzo de ese año.

Como Comandante del Apostadero de Cartagena de Indias va a desempeñar la más importante misión de su vida, superando a las numerosas e importantes que ya había realizado. Allí se conoce la concentración de fuerzas que hace Inglaterra apoyándose en Jamaica. De esta isla salieron las escuadras que atacaron Puertobelo, el castillo de Río Chagres y amenazaron a la Habana. Pero su auténtico objetivo era Cartagena de Indias, verdadera llave de la defensa de las posesiones españolas en la América del Sur y Central. La situación de guerra con Inglaterra, tuvo una especial incidencia en el Caribe, en donde los apresamientos de buques españoles obligaron a Lezo a realizar acciones de protección del tráfico.

CARTAGENA

En este recorrido por los principales hitos de la vida de Don Blas de Lezo como miembro de la Real Armada, desde el empleo de Caballero Guardiamarina, en el que sufrió la pérdida de su pierna izquierda, hemos llegado al empleo de Teniente General de la Armada en 1734.

La nobleza de la familia Lezo viene probada desde 1657, cuando esta familia dirime ante la justicia sus títulos nobiliarios contra los ayuntamientos de San Sebastián y Pasajes, que ganan con todos los pronunciamientos favorables. Entre sus antepasados figura Don Domingo Lezo, sacerdote canónigo de la catedral de Sevilla y Córdoba, catedrático de Filosofía en Alcalá y Obispo de Cuzco en el Perú en el siglo XVII. Políticos como Don Pedro de Lezo, que fue Alcalde de Pasajes en el siglo XVIII, y su abuelo, Don Francisco de Lezo, marino y propietario de buques, al que sin duda es al que debe el despertar y el fomento de su vocación marinera.

Comenzó su carrera en 1701, año en el sufrió la amputación de su pierna izquierda en combate, embarcado en la escuadra francesa del Almirante Conde de Tolosa. Por su valor y entrega asciende a Alférez de navío. Convaleciente de sus heridas y mutilación retorna a su hogar en Pasajes de San Pedro. Antes de partir para efectuar sus estudios en Francia, el jovencísimo Don Blas de Lezo se había enamorado de una bella doncella de nombre Ana Urriolagoitia, que más tarde, y debido a 1as largas ausencias de Lezo, acabó contrayendo matrimonio con otro. La vuelta a Pasajes sin una pierna le había influido para alejarse de la chica que sin duda interpretó su distanciamiento, por aquellos motivos, como un desinterés de Don Blas de Lezo por ella. Sin duda ésta fue una situación que le afectó y quizá le marcó por un tiempo. En el empleo de Teniente de Navío y en el Castillo de Santa Catalina en Tolón, a la sazón sitiado por las fuerzas del Duque de Saboya, sufre la pérdida de su ojo izquierdo. En 1712 asciende al empleo de Capitán de Navío y en el segundo sitio de Barcelona pierde su brazo derecho. A estas tres mutilaciones hay que añadir numerosas heridas, algunas de gravedad, como las sufridas de Capitán de Fragata en el combate con el navío inglés “Stanhope”, al que destruyó.

Dejamos a Don Blas de Lezo alejándose física y sentimentalmente de Ana Urriolagoitia, cuando en 1713, con 26 años, se autoconvence que, debido a sus importantes mutilaciones y numerosas heridas, no le será posible conquistar el amor de una dama. Esta situación le va acompañar unos años, hasta que, por ventura para Don Blas de Lezo, se encuentra con una gran señora en tierras de Colombia. La dama se llamaba Doña Josefa Pacheco de Benavides y Bustos.

Don Blas de Lezo que ha alcanzado el Generalato de la Armada, con una extraordinaria Hoja de Servicios a España, en su casi totalidad en acciones de guerra con victorias impresionantes, como igualmente lo eran las huellas del combate en su mutilada fisiología; pero con su sentimiento, ya aludido, de considerarse un fracasado para relacionarse con las mujeres con fines matrimoniales. No obstante, durante su estancia en América, en la década de los años veinte del siglo XVIII, venciendo esa más que timidez, se decide a frecuentar los centros en los que se reunían los miembros de las altas escalas de la sociedad de entonces. En estos centros, que se cuidaban con mucho esmero en la América hispana y en especial destacaban los de la ciudad de Lima, se lucían las damas y los caballeros con sus cuidados vestidos. Las damas iban tan bien vestidas que no solo se equiparaban a las de España sino que, a juicio de algunos historiadores, sobrepasan las limeñas a las españolas.

Éste era el ambiente en el que se introduciría Don Blas de Lezo y sus mutilaciones. Allí, en Lima. se fijó en una joven dama, con la que después de muchas dudas, se atrevió a entablar conversación, y felizmente para él observó que la joven se encontraba muy gustosa. Esta dama se llamaba Josefa Pacheco de Benavides y Bustos. Eran sus padres Don Pedro Carlos Pacheco de Benavides y Solís, y su madre Dña Nicolasa de Bustos. Esta familia procedía de Locumba Aruca, en el norte de Chile donde residían, si bien, por razón de sus negocios frecuentaban la ciudad de Lima en donde tenían otra residencia. Las relaciones de Dña Josefa y Don B1as de Lezo, fueron progresando felizmente, dándose la circunstancia que los padres de Dña Josefa, veían con agrado estas relaciones, que culminaron en matrimonio en el año 1725.

La vida le reservaba a nuestro héroe etapas duras, por motivos profesionales, pero en todo momento contó con el apoyo y cariño de su esposa que duró hasta la muerte de Don Blas de Lezo, en Cartagena de Indias, el 7 de Septiembre de 1741.

Dejamos a Don Blas de Lezo que después de asumir el mando del Departamento de Cádiz y de un fugaz paso por la Corte, se retira al Puerto de Santa María, cuando le nombran Comandante General de la Flota de Galeones en 1736. Se hace a la mar con una flota de dos navíos de guerra y ocho mercantes. Arriba a Cartagena de Indias y es nombrado Comandante General del Apostadero, pieza clave en la defensa y custodia de las tierras e intereses españoles en aquel teatro de futuras operaciones.

A la vista de las agresiones a lo español por parte de 1os ingleses y piratas, ya hemos visto lo que Don Blas de Lezo preparó y atacó, y así llegamos a 1739 en que fue declarada la guerra entre España e Inglaterra.

Al producirse el ataque a la plaza de Cartagena de Indias en el mes de Marzo de 1740, Don B1as de Lezo comprobó la deficiente disposición de las defensas artilleras españolas de la plaza, que fueron convenientemente corregidas siguiendo los criterios de Lezo. Cuando el 13 de Marzo de 1741 se produce de nuevo el ataque del inglés Vernon, se verifica la bondad del despliegue artillero adoptado.

En el transcurso de los acontecimientos acaecidos del 13 al 20 de Mayo de 1741, vamos a asistir a un contraste de criterios entre el Virrey de Nueva Granada, el Teniente General del Ejército Don Sebastián de Eslava y el propio Don Blas de Lezo. Para clarificar estos asuntos conviene estudiar el Diario de Operaciones de Lezo, que fue remitido a S.M., y que está recogido en la magnífica Publicación titulada "La Armada Española en la Primera mitad del siglo XVIII” del Capitán de Navío (G) Iltmo Sr Don José María Blanco Núñez.

La situación en Cartagena de Indias en cuanto a mandos y a efectos de la defensa de la plaza no era la mejor, ya que se encontraba vacante la imprescindible figura del Gobernador Militar por fallecimiento del propietario del cargo, Don Pedro Fidalgo, por lo que asume esta función el mismo Virrey, Don Sebastián de Eslava. El Teniente General de la Armada Don Blas de Lezo era Comandante General del Apostadero de Cartagena y de la escuadra allí situada, compuesta básicamente por seis navíos de línea. En consecuencia Don Blas de Lezo se constituía como primer subordinado del Virrey. Este decidió establecer lo que denominó el “Frente Naval", constituido por la escuadra fondeada y los castillos y baterías de la defensa de la Bocachica.

Los ingleses habían decidido penetrar en la Bahía por la Bocachica, para lo cual habían desechado la Bocagrande, por su escaso calado y la proximidad de zonas de fango que hacían imposible su utilización por las naves.

La principal defensa de Bocachica era el castillo de San Luis, que estaba al mando del Coronel de Ingenieros Don Carlos Desnaux, nombrado segundo de Don Blas de Lezo. A este castillo se sumaban los castillos de San Felipe y Santiago, bajo el mando del Comandante de Batallones de Marina Don Lorenzo de Alderuete y Barriento. Las relaciones del Coronel Desnaux con Don Blas de Lezo eran difíciles, mientras que las de Lezo con el Comandante Alderuete fueron impecables.

Estaba la denominada “Armada Invencible" británica con una concentración de buques, que ya hemos señalado no fue superada hasta la II Guerra Mundial, al mando Almirante Vernon y dispuesta a tomar al asalto la ciudad de Cartagena. La situación en la parte española, aparte de la abrumadora superioridad británica que solamente en buques de línea era de 36 a 6, tenemos que considerar que la disposición de las defensas no era la conveniente, tal y como se había puesto de manifiesto en el ataque del año anterior de 1740, y que había sido denunciada por Don Blas de Lezo. No se había considerado el acopio de víveres y otros pertrechos, y se dio la situación paradójica que fueron los buques del Apostadero los que auxiliaron a la ciudad, cuando lo lógico debería ser todo lo contrario. Por otra parte estaba la disparidad entre los criterios del Virrey Eslava y el de Don Blas de Lezo, tanto en el campo de la estrategia como en la táctica. Un ejemplo fue que el Virrey fijó la utilización de los navíos de la escuadra de Lezo, cuando lo lógico seria que el Virrey fijase la finalidad superior, y dejase al Jefe de la Fuerza Naval como tenia que utilizar sus navíos para cumplimentar aquella finalidad. Otro de los puntos de discrepancia se debió a la deslealtad del inmediato subordinado de Lezo, nombrado por el Virrey, y la más importante, como había que hacer frente al enemigo.

Este clima de falta de cohesión por la parte española propició la afluencia de documentos a los archivos españoles que en nada favorecieron a Don Blas de Lezo, cuyo diario de operaciones fue desconocido o silenciado. Se da la circunstancia que Desnaux llegó a tildar a Don Blas de Lezo de cobarde, calificativo que era una locura, si tenemos en cuenta el historial de nuestro Teniente General, y además falso. En el trascurso del desarrollo de las operaciones tendremos ocasión de clarificar los hechos.

El plan de ataque a Cartagena que habían previsto los ingleses, al mando del Almirante Vernon, consistía en desembarcar al Sur de la Boquilla y a continuación vadear el caño de Juan de Angola, para desde allí atacar la Quinta, y así caer sobre el castillo de San Felipe de Barajas, simultaneando con otra fuerza la ocupación de la desembocadura del Sinu en Pasacaballos, con el fin de cortar la totalidad de los accesos a la ciudad y rendirla por el hambre.

Esta información es obtenida por los agentes propios en Jamaica, la base de apoyo inglesa más importante en la zona. Su conocimiento dio origen al Primer Pacto de Familia firmado en Diciembre de 1740.

Este pacto entre Francia y España al que se ha hecho alusión, fue seguido de un segundo acordado en 1743. Con tal motivo, y en la zona del Caribe, cooperaron 1a escuadra española del Almirante Don Rodrigo de Torres y 1a francesa del Marqués de Antin. De la primera provenían los seis buques que constituían la escuadra de Don Blas de Lezo.

Al Almirante inglés Vernon le preocupaba la presencia de los franceses y con el fin de neutralizarla se hace a la mar desde Jamaica arrumbando a Guadalupe. La escuadra de Don Rodrigo de Torres tenía asignada una misión en la defensa de Cartagena, caer sobre la escuadra inglesa desde la mar con el objetivo de atacarla por la espalda. Esto no llegó a realizarse al destacar a la escuadra de Torres a la Habana, que también estaba amenazada por los ingleses.

Vernon después de una infructuosa búsqueda de la escuadra del Marqués de Antin, se convence que el francés ha regresado a Europa. Con la decisión tomada en Consejo de Guerra de Oficiales, arrumba a Cartagena, con una descubierta de dos navíos para reconocer la costa y las sondas por donde iba a navegar la escuadra inglesa.

El día 15 de Marzo, Vernon tomó el fondeadero de Playa Grande con su escuadra y transportes de tropas, después de valorar la información que había recibido del Capitán de Navío que mandaba la descubierta que había despachado por su proa.

El día siguiente, Don Blas de Lezo, tras recibir las órdenes del Virrey Eslava, se dirigió a Bocachica y embarcó en el navío Galicia que era su buque insignia, no sin antes haber comprobado el estado precario de los baluartes y castillos, que remedió en lo posible proporcionándoles pertrechos, víveres y personal de sus propios navíos.

El 20 de marzo se observó como dos navíos enemigos se disponían a batir los castillos de San Felipe y Santiago. Esta operación sucedía después de haber realizado unas maniobras de diversión con el fin de confundir a los españoles. La situación se presentaba muy complicada para los españoles al seguirse el criterio de Eslava de no presentar batalla en el momento del desembarco, y si retirarse a Cartagena para resistir allí. Don Blas de Lezo sostenía el criterio totalmente opuesto, atacar al enemigo antes del desembarco, pero principalmente en el momento inicial de la maniobra que es, precisamente, cuando el enemigo es más vulnerable. Como no se hizo así, los ingleses, tomando la iniciativa, desembarcaron los efectivos y sus buques entraron por la angosta bocana, siendo espiados también desde tierra.

El 5 de Mayo se retiran las fuerzas españolas a Cartagena, después de haberse perdido los cuatro navíos de la escuadra de Lezo y sin hacer una posible defensa en el Castillo de San Luis. Este repliegue de los españoles se hizo en contra del parecer de Don Blas de Lezo, que igualmente se opuso a evacuar el castillo Grande, en Bocagrande, en donde se hundieron los dos navíos españoles que la custodiaban. En esta táctica de retroceder, jugó un importante papel el Coronel Desnaux.

Sin duda la táctica que recomendaba Lezo hubiese marcado otra trayectoria en el desenlace del desembarco. A pesar de ello, el medio mes que duró la resistencia en Bocachica impidió que los ingleses pudiesen desembarcar la totalidad de sus efectivos, a lo que se sumó la lentitud de sus buques para entrar en la bahía. A las bajas que los efectivos ingleses tuvieron por la defensa de los españoles, se sumó el elevado número de bajas por enfermedad debidas a la climatología tropical.

Hasta el principio de la segunda quincena del mes de abril no se completó la totalidad del desembarco de las tropas inglesas. Con el fin de ir completando el cerco a Cartagena, los ingleses ocuparon la isla Manga, al SW de la ciudad.

La evacuación de Bocachica se produjo de una manera precipitada y siempre bajo la amenaza de la presencia del enemigo que pretendía completar la ocupación de este importante acceso a la bahía. Lezo ordenó la concentración de las lanchas y demás embarcaciones para el traslado de los hombres, armas, pertrechos, víveres y de la totalidad de elementos útiles para la defensa de Cartagena. La entrega del castillo de San Luis, sin apenas resistencia, supuso un grave error que llevó a la pérdida del castillo de San José y el posterior abandono de Bocagrande. Aquí se reunió Lezo con el Virrey Eslava y el coronel Desmaux, quien informó de la adversa situación militar y civil. Con tal motivo, Lezo hizo hincapié en las nefastas consecuencias que, a su entender, se habían producido, al seguirse una táctica opuesta a lo que él propuso. Se trataba de atacar al enemigo especialmente en el crítico momento del desembarco, defendiéndose en los castillos y evitar que el enemigo se hiciese fuerte en tierra, y si se contaba con la escuadra del Almirante Rodrigo de Torres que esta atacase a la inglesa por fuera en el momento del desembarco. Como así no se hizo la situación era la de los ingleses en tierra con importantes efectivos en hombres, armamento y material, y la ciudad de Cartagena prácticamente sitiada. El Virrey se defendió tratando de implicar a Lezo en la desastrosa situación, diciendo que el General Lezo había prestado más atención a escribir su diario que a las propias operaciones. Este encuentro marcó un antes y un después, pues fue Lezo quien tomó la iniciativa que llevaría a la derrota de los ingleses, lo que parecía hasta entonces una utopía. La situación en Cartagena era angustiosa por la carencia de víveres, armas y hombres para la defensa, por lo que se dispuso la evacuación hacia el interior de las mujeres, ancianos y demás personal no apto para la defensa, si bien la medida no tuvo carácter imperativo.

Por parte de los ingleses también tenían graves problemas debido a las bajas por combate y muy principalmente por las enfermedades ocasionadas por el clima y el deterioro de los alimentos. También la moral de la tropa preocupaba y mucho al Almirante Vernon, ya que se había tomado medidas muy drásticas para hacer frente a situaciones de abandono en masa de los combates que se libraban entre españoles y británicos.

Don Blas de Lezo se dirigió a Cartagena, en donde los cartageneros, dentro de la natural angustia que sufrían, al verle entre ellos les proporcionó un hálito de esperanza, pues era mucho el prestigio que tenía Lezo en aquella ciudad donde tenia su domicilio. Allí lo recibió emocionadamente su fidelísima esposa, Dña Josefa Pacheco de Benavides, a quien Don Blas le rogó que abandonase la ciudad en busca de lugares más seguros, a lo que Dña Josefa se negó rotundamente.

Lezo comenzó a preocuparse por los detalles de la defensa de Cartagena, contra un enemigo muy superior. Para ello trató de optimizar los medios humanos y materiales, prestándole una especial atención a la moral que no pasaba por sus mejores momentos. Como prueba de ello se transcribe la proclama que el Teniente General de la Armada, Excmo Sr Dn Blas de Lezo y Olavarrieta, dirige a los Oficiales y Marinería de los dos únicos buques de guerra que le quedaban:

“ Soldados de España peninsular y soldados de España americana: Habéis visto la ferocidad y poder del enemigo; en esta hora amarga del imperio nos aprestamos a dar la batalla definitiva por Cartagena y asegurar que el enemigo no pase. Las llaves del imperio han sido confiadas a nosotros por El Rey nuestro Señor, debemos devolverlas sin que las puertas de esta ciudad hayan sido violadas por el malvado enemigo. El destino del Imperio está en vuestras manos. Yo, por mi parte, me dispongo a entregarlo todo por mi Patria, y mi vida si es necesario, para asegurarme que los enemigos de España no habrán de hollar su suelo. Que la Santa Religión, a nosotros confiada por el Destino, no sufra menoscabo mientras me quede un aliento de vida. Yo espero y exijo, y estoy seguro que obtendré el mismo comportamiento por vuestra parte. No podemos ser inferiores a nuestros antepasados, quienes también dieron su vida por la Religión, por España y por el Rey, ni someternos al escarnio de las generaciones futuras, que verían en nosotros los traidores de todo cuanto es noble y sagrado. ¡Morid, entonces, para vivir con honra! ¡Vivid, entonces, para morir honrados!. ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA EL REY! ¡VIVA CRISTO JESÚS!.

Esto sucedía en la primera decena de Abril, aún quedaban cuarenta días de zozobra, angustia, lucha continua con un enemigo que veía cerca su victoria; pero los españoles de la península y de América, mandados por el hombre de una única mano, esta era firme y decidida para guiarlos al éxito final.

Si bien la evacuación de los españoles a Cartagena no se completó hasta el 5 de mayo, los ingleses comenzaron el asedio a la ciudad amurallada el 20 de abril. El Almirante Vernon dispuso el desembarco de 1.200 hombres para reforzar al contingente inglés que ya estaba en tierra, y que sobrepasaba los 2.000 efectivos humanos. Completaron la ocupación de la Quinta y el convento de La Popa. El castillo de San Felipe de Barajas constituía el único y último cerrojo que cerraba la ciudad de Cartagena y que aseguraba su defensa. Lógicamente la intención de los ingleses era abrir, a toda costa, el mencionado cerrojo.

Entre los defensores españoles figuraban los contingentes de marinería con sus oficiales, de la destruida escuadra de Lezo, así como un Regimiento de Aragón de brillante trayectoria, e igualmente las unidades de neogranadinos. En todos ellos la presencia de Don Blas de Lezo había supuesto un notable refuerzo moral.

Blas de Lezo con entusiasmo, diligencia y competencia, estudió y decidió la mejor manera de defender la pieza clave que constituía el castillo de San Felipe. Dispuso la situación de la artillería, estableció baluarte en el exterior del propio castillo, abrió zanjas y fajinas para establecer una defensa en profundidad. Todos estos dispositivos dieron, felizmente, un excelente resultado.

El 20 de Abril los ingleses iniciaron su primer intento de asalto al castillo. Lo hicieron por la única vía posible que era una zona en cuesta, circunstancia que favorecía a los españoles. Los ingleses estaban muy confiados que su superioridad en hombres y material les proporcionaría el éxito. La lucha muy reñida y la voluntad decidida de vencer de los españoles obligó a los ingleses a retirarse ante el elevado número de bajas y heridos que sufrían, en su retirada abandonaron no solo los cadáveres, sino que igualmente a sus heridos. Fue preciso actuar con diligencia para enterrar a los muertos y atender a los heridos.

A finales del mes de Abril, y a petición de los ingleses, se procedió a un canje de prisioneros, en el que se puso de manifiesto la atención que se había dispensado a los heridos ingleses por los españoles. Por su parte, los prisioneros españoles liberados proporcionaron excelente información, como era que los enemigos preparaban un nuevo intento de asalto.

En los primeros días de mayo, los ingleses utilizaron al desarbolado y casi destruido navío “La Galicia” para, con otros brulotes, hostigar las posiciones españolas, prendiéndole fuego que lo destruyó totalmente, Lo mismo hicieron con los castillos de Bocagrande y de San Luis de Bogotá en Bocachica.

El 4 de Mayo se fugó un español prisionero de los ingleses, que alertó a las autoridades españolas de la inminencia de un nuevo ataque inglés, si bien manifestó que no lo creía posible dado la baja moral y el elevado número de victimas por enfermedades.

La situación se iba deteriorando tanto en el bando de los españoles como en el de los ingleses, debido a la propia situación de lucha, a la escasez de alimentos, y a los heridos que no podían ser atendidos por falta de medios y personal adecuado. Los cadáveres permanecían sin enterrar. Los propios ingleses practicaban racias en la retaguardia para robar alimentos, si bien este sistema tampoco les resultaba rentable.

En estas circunstancias, después del correspondiente Consejo de Guerra, Vernon se preparaba para zarpar, pero antes de que esto sucediera, el Almirante inglés envió el siguiente mensaje a Lezo:

" Hemos decidido retirarnos para reparar los navíos y volver pronto de nuevo”

Don Blas de Lezo le contestó:

“Para volver tendrá que solicitar del rey de Inglaterra que le haga otra escuadra más eficaz y numerosa. Los navíos actuales solo sirven para llevar carbón de Irlanda a Londres”

El teniente General de la Armada Lezo, dio la novedad de lo ocurrido, cuadrándose militarmente ante el Virrey Eslava y le dijo:

" Señor Virrey: Nos hemos quedado libres de esta inconveniencia"

A continuación se retiró, en medio de un impresionante silencio, solamente rasgado por el toc-toc de su pata de palo.

Esta frase pronunciada por Don Blas de Lezo refleja el carácter austero y exento de ninguna floritura, al tiempo que elude la menor alusión persona1. El estoicismo es evidente y concuerda con lo practicado por Lezo al relatar los avatares de los numerosos combates en los que participó, al igual que siempre hizo de ocultar las circunstancias que le produjeron sus evidentes mutilaciones.

Así fue este heroico y competente General de la Armada que responde al nombre de Don Blas de Lezo y Olavarrieta.

Desde el día que los ingleses levantan el sitio a Cartagena de Indias, 20 de Mayo de 1741, hasta el fallecimiento de Don Blas de Lezo, el 7 de Septiembre del mismo año, transcurre un corto periodo de tiempo, tres meses y unos pocos días, en que pasó un verdadero calvario.

 

Con relación a la cuantificación de pérdidas, los diversos autores que tratan este asunto difieren, pero sin duda nos merecen mayor crédito las dadas por Fernández Duro. Así se citan las siguientes cifras:

 

Por parte inglesa

      9.000 bajas en los efectivos humanos

6 navíos perdidos

17 navíos muy deteriorados

18.000 disparos de cañón

       6.000 bombas

 

Por parte española

 

       600 bajas de los efectivos humanos

 6 navíos hundidos. La totalidad de la escuadra de Lezo

Entramos ahora en algo muy lamentable. Se trata de lo que le sucedió a Don Blas de Lezo, debido al trato recibido por parte del Virrey Don Sebastián Eslava. No es fácil de analizar las causas pero, sin duda, existieron un enmarañado número de ellas. Lo que si es cierto es que desde siempre las relaciones Eslava versus Lezo fueron malas y a veces muy malas. No es posible determinar el culpable, pero lo que es cierto es que Lezo siempre se mantuvo en la mas estricta subordinación y respeto y ahí esta su diario, y también es verdad que Lezo sufrió las consecuencias.
En una etapa anterior a estos acontecimientos, el Virrey suspendió a Lezo de su paga. En aquellas circunstancias, acudió en su ayuda el padre de Dña Josefa, que tuvo que insistir para que Lezo accediese a recibir la ayuda ofrecida y no solicitada, que solamente aceptó como préstamo, devuelto en su momento. Pues bien, esta situación se repite en los momentos que estamos relatando, de tal suerte que al producirse el fallecimiento de Don Blas de Lezo, los gastos funerarios son abonados por sus amistades, y Dña. Josefa y sus hijos quedan bajo la protección que les ofrece el Sr. Obispo de Cartagena de Indias. En el mes de Junio de 1741, el 8 y el 28, el Virrey Eslava escribe sendas cartas censurando y previniendo a S.M, el Rey contra Don Blas de Lezo, que tuvieron nefastas consecuencias para éste, ya que dieron como resultado la promulgación de una Real Orden de fecha 21 de Octubre de 1741, y que no se le pudo aplicar porque Don Blas de Lezo ya había fallecido el día 7 del anterior mes de Septiembre.
Esta flagrante injusticia fue reparada el 1763, veintiún años después, a instancia del propio Don Sebastián Eslava, que así se lo solicitó a S.M., quien a su vez le concedió el Marquesado de Ovieco que recibió el hijo mayor de Don Blas de Lezo.
Don Francisco de Quevedo, estando en prisión, dejó escrito en unos geniales versos que la envidia y la mentira le tenían allí encerrado. Quizás esa misma envidia y esa idéntica mentira tuvieron a Don Blas de Lezo calumniado. Éste envió a S.M. su Diario de Operaciones con una carta memorable y que pudiese ser motivo de algún comentario posterior para exponer la agonía y muerte del heroico Teniente General de la Armada Excmo. Sr. Don Blas de Lezo y Olavarrieta.

 

 

 

 

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