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La verdadera historia del capitán Palacios, embajador en el infierno soviético

  • Escrito por Redacción

division-azul

El 10 de febrero de 1943, hace 73 años era capturado el capitán Palacios, héroe de la División Azul, en la batalla de Krasny Bor. El general Rafael Dávila hace una decisiva aportación al ofrecer en su blog la declaración jurada de Palacios que pasó 11 años de cautiverio en la URSS.

Las jóvenes generaciones desconocen una gesta de españoles del siglo XX que no desmerece nada de otras legendarias proezas como la de los Trece de la fama de Pizarro; la de los héroes de Baler o últimos de Filipinas; o las batallas libradas por Blas de Lezo.

Transcurrió hace 70 años, cuando la División de Voluntarios, más conocida por División Azul, luchó en el frente ruso contra Stalin. Iban encuadrados dentro de la Wehrmacht alemana, pero no combatían contra los aliados, ni esa expedición significaba que España entrara en la Guerra al lado de Hitler, sino que combatían exclusivamente contra el comunismo.

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Trescientos de ellos fueron hechos prisioneros por los soviéticos y pasaron 11 años de cautiverio. Sobrevivieron 220 hombres, con el capitán Teodoro Palacios al frente, que fueron repatriados en 1954 a España. Su gesta fue narrada por el periodista y escritor Torcuato Luca de Tena en su famosa novela ‘Embajador en el infierno’ (Premio Nacional de Literatura).

El blog del general Dávila ofrece resúmenes de la declaración jurada de Palacios en la que se inspiró Luca de Tena para escribir ‘Embajador en el infierno’

Lo que nadie sabía hasta ahora es que el escritor se inspiró en la declaración jurada que hizo el capitán. El blog del general Dávila saca ahora a la luz, después de seis décadas, un resumen del relato de Palacios. Es un testimonio en primera persona que apunta jugosos detalles omitidos por Luca de Tena.

Por ejemplo, la batalla en la que se vio envuelta la División Azul el 10 de febrero de 1943, que fue decisiva. Los combates entre rusos y divisionarios que se desarrollaron aquella mañana en las afueras de Kolpino, a una veintena de kilómetros de un Leningrado sitiado, están narrados por Luca de Tena.

Despidiendo a la División Azul, Madrid 1941. / FlickrDespidiendo a la División Azul, Madrid 1941. / Flickr

Sin embargo, en la declaración jurada, que obra en poder del general Rafael Dávila, constan, hora a hora, los avances del Ejército soviético en su lucha por controlar y rebasar el frente encomendado a la División Azul.

Durante la refriega, y a tenor de lo aparecido en ‘Embajador en el infierno’, la primera y segunda sección bajo el mando de Palacios se replegaron hacia una posición desde la que poder abatir al enemigo sin por ello ser rodeados por las muy numerosas tropas soviéticas. Fue un repliegue táctico, no una huida.

En su declaración, Palacios recuerda que el repliegue fue “sin haber recibido órdenes mías”. Pero, lejos de criticar esta actitud, la justifica al “verse envueltas [las secciones] por un fuerte contingente enemigo”.

Embajador en el infierno, Torcuato Luca de Tena. / Homo Legens

Los españoles eran ampliamente superados en número. Por cada divisionario que caía, decenas de rusos habían sido abatidos. Sin embargo, la situación seguía siendo desesperada. El capitán Palacios dio entonces la orden de “resistir hasta morir”. Gastarían hasta la última bala.

En 1954 explicaba en su escrito por qué no se retiró de la batalla a pesar de que resultaba evidente que estaba siendo rodeado por las tropas enemigas. Y es que consideraba que mantener su posición a toda costa implicaba “batir al enemigo por la espalda”, y “entretenía un fuerte contingente rojo, superior a dos batallones y evitaba, con ello, su progresión”. Además, “evitaba que esta [la carretera que unía Krasny Bor con Kolpino] pudiera ser empleada por el Ejército rojo para el transporte de numeroso material”.

Elogio del alférez José del Castillo

Ante sus superiores, Palacios recuerda el comportamiento ejemplar en combate de algunos de los hombres a su mando, mereciendo por ello “una distinción”, cosa a la que no hace referencia el libro Embajador en el infierno.

Así, el capitán cree de justicia rescatar del olvido el arrojo del alférez José del Castillo, “que no sólo cumplió todas cuantas órdenes le dí, sino que, personalmente, tomó aceptables iniciativas e influyó sobre su tropa, con su presencia de ánimo, espíritu y moral”.

No menos épico fueron los 11 años de cautiverio que pasaron Palacios y sus hombres en la URSS. El capitán Palacios sufrió las primeras presiones nada más ser hecho prisionero: los soviéticos le interrogaron durante 45 minutos exigiéndole que, sobre unos mapas, situara el puesto de mando, el de socorro y el lugar donde tenían emplazada la artillería.

Capitán Teodoro Palacios. / Blog General DávilaCapitán Teodoro Palacios. / Blog General Dávila

En la declaración oficial, el capitán afirma: “Intentaron por todos los medios que señalase todo aquello que a ellos les interesaba y, sobre todo, la ‘línea del Ishora’, de la que yo había dicho que era la verdadera línea de resistencia y que el día anterior habían sorprendido solamente la línea de vigilancia”.

Luca de Tena omite este detalle en su obra, así como que Palacios no dudó en “resaltar la alta moral y alto espíritu combativo de la División”, a pesar de su condición de prisioneros de guerra.

El relato ‘Embajador en el infierno’ es exhaustivo al narrar la peripecia de los divisionarios durante su estancia hasta en 10 campos de prisioneros diferentes. No obstante, el capitán Palacios vivió situaciones que no constan en el libro y que sí declara a sus superiores, lo que hace del material del general Dávila un jugoso documento histórico.

Palacios se enfrentó a los carceleros soviéticos que obligaban a los prisioneros a trabajar los domingos

A principios de 1953, Palacios vivió su último conflicto con el personal del campo de Rewda: los españoles fueron obligados a trabajar los domingos y, al negarse, el jefe del campo, de nombre Duetginov, se dirigió a Palacios en tono de amenaza y le dijo que en la Unión Soviética “la yerba también crece los domingos”, a lo que él replicó que “en España los sábados se apura más de la cuenta, para no tener que cortarla los domingos”.

El incidente se solventó cuando, como explica Palacios en su declaración, “Hermógenes Rodríguez reunió a los españoles y les dijo: ‘Sobre el capitán se cierne una grave amenaza, […] nuestro deber es evitar que se cumpla esa amenaza y creo que debemos salir a trabajar los domingos. Yo saldré’. Todos los demás compartieron esta opinión y el problema quedó zanjado”.

Por su interés, reproducimos la entrada del blog Militares en la Red, sobre la declaración jurada del capitán Palacios, héroe de la División Azul.

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