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Noticias Historia

Hace 95 años, se alistó el primer legionario

  • Escrito por Redacción

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El 20 de septiembre de 1920, el ceutí Marcelo Villeval Gaitán pasó a la Historia como el primer miembro de la historia de La Legión. Muy pronto le seguirían 200 voluntarios catalanes.

La Legión celebra cada 20 de septiembre su nacimiento. Y considera para ello el día en el que se alistó el primer legionario. Se llamaba Marcelo Villeval Gaitán y era de Ceuta. Era un valiente y sus méritos en los combates le llevaron a ascender hasta que, con el empleo de brigada, resultó muerto en las operaciones del desembarco en Alhucemas llevado a cabo el 8 de septiembre de 1925.

Tras el primer legionario, llegaría pronto la primera expedición con unos 200 voluntarios que se alistaron en Barcelona en sólo en tres días de apertura del Banderín de Enganche. Sobre ellos dijo Millán Astray:

“Y vino el alud de Barcelona, los doscientos catalanes, la primera esencia de la Legión, que bajaron arrasándolo todo y sembrando el pánico por el camino. Era la espuma, la flor y nata de los aventureros. Era el agua pura que brotaba del manantial legionario.

¡Bien venidos, catalanes legionarios; vosotros seréis la base sobre la que se construirá la Legión!”

A pesar de su inicial nombre de “Tercio de Extranjeros”, derivado de la confianza en que se alistarían muchos excombatientes europeos desmovilizados tras el fin de la I Guerra Mundial –acabó en 1918-, en La Legión hubo desde el principio siempre más españoles que de otros países, y con un número significativo de hispanoamericanos. A todos ellos, a esa clase de hombres que necesitaban cambiar de vida y que, con nuevos ideales, se les marcara firmemente otro rumbo, se refería Millán Astray del siguiente modo:

Los luchadores de la vida, los aventureros, los soñadores, los esperanzados y los desesperanzados”.

Los pasos previos

Tiempo atrás, el comandante de Infantería José Millán Astray había conseguido presentar al Ministro de la Guerra, el General Tovar, un proyecto novedoso consistente en la creación de una unidad de infantería compuesta sólo por voluntarios por, al menos, cuatro años y cuya misión sería combatir siempre en la vanguardia en las operaciones fuera del territorio nacional.

El teniente coronel José Millán Astray

Los informes que, sobre esa propuesta, pidió el ministro al Estado Mayor Central y al Alto Comisario de España en Marruecos -el general Berenguer, quien tiempo atrás había organizado, como su primer jefe, los Regulares Indígenas-, fueron favorables a la idea.

La propuesta parecía muy razonable. Desde 1909, el impacto producido por el elevado número de bajas que se sufrieron en los combates del Barranco del Lobo, en las cercanías de Melilla, junto con los efectos de la política y la propaganda contrarias a la intervención militar contra las cabilas rebeldes al Sultán, hicieron que cada vez pesaran más en el Gobierno, en el Parlamento y en la opinión pública española, las bajas que sufrían las tropas españolas, formadas por jóvenes mayoritariamente reclutados por un sistema obligatorio.

Por todo ello se vio en la propuesta de Millán Astray la oportunidad de crear una nueva unidad ‘de choque’ cuyas bajas no importarían tanto a la opinión pública española gracias a sus dos características principales: serían extranjeros y serían voluntarios. Así, vistas las enormes posibilidades de la propuesta, a lo largo de 1920 fueron sucediéndose las disposiciones:

- Real Decreto del 28 de enero:- Creación del Tercio de Extranjeros por el Gobierno

- Real Orden del 31 de enero.- Encargo al teniente coronel Millán Astray de la organización del Tercio

- Real Orden del 2 de septiembre.- Nombramiento del teniente coronel Millán Astray como jefe del Tercio

- Real Orden del 4 de septiembre.- Autorización para el inicio de la recluta de voluntarios e instrucciones para llevarla a cabo

Los pasos iniciales

El primer cuartel de La Legión, en Ceuta

Con una rapidez sorprendente, el 7 de octubre de 1920 ya pudo formarse la I Bandera. En un proceso equivalente al de la recluta de la tropa, Millán Astray logró reunir a su alrededor un grupo de oficiales, entre los que destacaba el comandante Francisco Franco, a quien muy pronto invitó a que le ayudara a la organización del Tercio como su segundo en el mando, y al que conocía por sus cualidades militares; ‘Franquito’ –su apodo- había alcanzado ese empleo con sólo 23 años y ya acumulaba unas cuantas recompensas por méritos en los combates -tres Cruces Rojas, una Cruz de María Cristina y dos ascensos por méritos de guerra- y había recibido una herida grave en el vientre que casi le mató; y más adelante fue condecorado más veces, destacando en dos ocasiones la Medalla Militar –la segunda condecoración más importante al valor en campaña-.

Otros oficiales ‘fundadores’, que mantuvieron muy a gala serlo ante las sucesivas incorporaciones, incluso en su uniformidad, fueron el capitán Justo Pardo –que tenía el destino de ayudante mayor-, el capitán Pablo Arredondo, que ya había sido condecorado con la Cruz de 1ª de San Fernando, y fue el jefe de la 1ª Compañía de fusiles, y otros más, todos ellos atraídos por el desafío que planteaba un nuevo estilo de combatir y el deseo de victoria sin importar los sacrificios.

El teniente coronel Millán Astray

Nacido en 1879, obtuvo el empleo de segundo teniente –equivalente a alférez- con 17 años y fue destinado a Filipinas donde, en sólo 9 meses de campaña, obtuvo por sus méritos dos Cruces Rojas y dos Cruces de María Cristina. Posteriormente se diplomó en Estado Mayor – diríase el ‘doctorado’ de la profesión militar- y fue profesor en la Academia de Infantería.

Por su valor, en las operaciones en Marruecos seguiría ganando Cruces Rojas, se le condecoró con la Medalla Militar, se le ascendió por méritos de guerra a comandante y sería herido cuatro veces; por una de ellas perdió el brazo izquierdo y por otra, que le atravesó la cara, perdió el ojo derecho y le dejó la característica cicatriz en la mejilla izquierda.

Con La Legión, Millán Astray logró una de las aportaciones más trascendentales al Ejército moderno. Elaboró el Credo Legionario, un verdadero compendio de exigentes virtudes guerreras que, con su ejemplo personal y el de los mandos a sus órdenes, consiguió inculcar a los legionarios y logró que vivieran y combatieran bajo sus preceptos con una generosa actitud ante la muerte, su “más leal compañera”.

El acierto de su obra sigue viéndose al cabo de los años, porque La Legión ha llegado hasta nuestros días con plena capacidad operativa, obteniendo las felicitaciones de los mandos, tanto españoles como extranjeros y el agradecimiento de los civiles a los que ha ido a socorrer. Goza desde siempre de un gran favor de los españoles de los que obtiene aplausos entusiastas cada vez que desfila a su rápido paso, atronando las calles con sus cornetas y tambores.

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