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Por qué la Academia General Militar de Zaragoza sigue haciendo una ceremonia medieval

  • Escrito por Redacción

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El patrimonio cultural que conservamos en España no se reduce a castillos, palacios u obras artísticas. También mantenemos ceremonias con 700 años de antigüedad, sin apenas variaciones. Una de ellas acaba de tener lugar el pasado martes en el Patio de Armas de la Academia General Militar de Zaragoza. Te explicamos en qué consiste y las razones de que siga vigente

España, ya se sabe, tiene una larga Historia y la prueba la encontramos a cada paso en nuestras ciudades y campos. Conservamos, entre otras muchas joyas, poblados ibéricos amurallados -como el de Ullastret, en Gerona, del siglo VI a.d.C. - y los restos de Numancia, en Soria, reconstruida tras la destrucción llevada a cabo por los romanos en el año 133 a.d.C.

La conservación de tantos castillos, catedrales, palacios y puentes antiguos que hay en España se debe a su sólida construcción en piedra. Y deberíamos alegrarnos por cuántos de ellos conservamos a pesar de que las guerras y los derrumbes han hecho que desaparecieran muchas de esas edificaciones notables.

Sin embargo, lo que resulta del todo sorprendente es la conservación, en la actualidad, de ceremonias de hace 700 años cuya esencia apenas ha variado. Es decir, se conservan hoy antiguos gestos, actos, rituales, etc. que carecen de la solidez de una materia que haya soportado el paso de los siglos o el pasar de mano en mano; no es nada construido con granito o con mármol, es inmaterial. Deberíamos reflexionar sobre cuánto patrimonio inmaterial cae bajo nuestra responsabilidad el conservarlo.

Porque, ¿qué hace que una ceremonia medieval -que se celebraba desde mediados del siglo XIII- se lleve a cabo, repetida casi al milímetro en lo esencial, en este año 2015? ¿Qué misterioso contenido tiene? ¿Qué magia le viene dando una vida de siglos?

Desde luego, la ceremonia que este martes día 13 de octubre se ha llevado a cabo en el Patio de Armas de la Academia General Militar de Zaragoza no es folclore, no es un espectáculo para el entretenimiento. Es más, podría decirse que casi se celebró en la intimidad.

Armar caballero –y dama-

Estamos hablando de la ceremonia que actualmente se llama ‘La entrega del sable’ y que, en su desarrollo, es la que a lo largo de la Edad Media española se llamaba ‘Investidura de armas’ y que también se conoce como ‘Ceñir espada’ o ‘Armar caballero’, entre otras variantes.

Los chicos y chicas que, tras superar las pruebas de oposición llevadas a cabo tras las de Selectividad, han ingresado en la Academia General Militar para realizar la formación como oficiales del Ejército reciben, respectivamente, el título de ‘caballero’ o, desde el acceso de las mujeres a los Ejércitos, de ‘dama’.

‘Caballero’ significa muchas cosas: ser jinete, comportarse con distinción; es un tratamiento de cortesía, o simplemente equivale a ‘señor’. Pero cuando en la época de la Reconquista se recibía ese título –que era diferente de los de nobleza y compatible con ellos- era como consecuencia de haber adquirido un compromiso personal con la vida militar.

Al título de ‘caballero’ podía aspirar cualquiera, sin distinción de clases de aquella sociedad medieval española tan compartimentada, pues un ‘pechero’ –es decir, un plebeyo- podía alcanzarlo. Necesitaba disponer de armas, caballo y que, examinado y aprobado por quien ya fuera caballero, lo considerara adecuado y le confiriera este título.

En ese examen, la exigencia moral era muy elevada: el aspirante a ‘caballero’ debía estar dispuesto a seguir una vida entregada a la lucha por los ideales humanos y sociales con sabiduría, esfuerzo y austeridad. La recompensa de su mérito no eran honores posteriores, ni títulos nobiliarios, ni riquezas materiales, sino que, como se expresa en términos actuales, simplemente era “la íntima satisfacción del deber cumplido”, la mayor recompensa a que puede aspirar un militar.

La ceremonia en Zaragoza

A las 4 de la tarde del martes 13 de octubre, como en toda ceremonia militar, la Banda de Música –una de las mejores del Ejército- interpretó unas marchas para que las compañías de cadetes fueran entrando en el patio desfilando, a fin de ocupar el puesto que correspondía a cada una.

A un lado del patio formaban los que ya eran ‘caballeros’ y ‘damas’ cadetes, es decir, los de 2º, 3º y 4º cursos –estos últimos alféreces-. Enfrente formaban las compañías de los cadetes de reciente ingreso, los de 1º Curso, los que habían de recibir el título de ‘caballero’ y de ‘dama’.

En un cierto momento, los primeros de las promociones de 1º y de 2º salieron al centro del patio, éste con sable y aquél sin sable. A continuación, el de 2º tomó la palabra y, en su nombre y en el de toda su promoción, expresó la voluntad de comprometerse en el apadrinamiento de los de 1º, llevándoles por el camino del cumplimiento del deber.

Tras su discurso, se hicieron mutuamente el saludo militar y, seguidamente, el cadete de 2º curso se quitó el sable e hizo entrega solemne de él al cadete de 1º. Después se dieron un abrazo y se saludaron de nuevo. ¡Ya estaba! Con este sencillo gesto, cargado de simbolismo, el de 1º ya se había convertido en un verdadero ‘caballero’. Este fue el instante de la transformación porque, desde la Edad Media, sólo quien ya es ‘caballero’ puede conferir esta cualidad a quien no lo es.

A continuación, el recién nombrado caballero pronunció, en su nombre y en el de su promoción, un discurso comprometiéndose en el esfuerzo de llegar a ser buenos oficiales del Ejército.

La ceremonia medieval

Los detalles de la investidura fueron evolucionando a lo largo de los siglos pero su esencia sigue viva hoy en día.

- En la Edad Media existía un proceso de comprobación de las cualidades personales y del deseo personal del ‘receptor’ de ser un buen militar. Ahora se sigue un proceso de selección para el ingreso en la Academia General Militar que exige la misma voluntariedad individual

- Existía un ‘oficiante’, que había de ser caballero y aprobar la calidad del receptor. Ahora existe un ‘padrino de sable’, que es el cadete de 2º que entrega el sable al de 1º y queda vinculado a él de modo especial

- Existía la espada como elemento simbólico. Ahora existe el sable de oficial del Ejército español, más un símbolo que un arma que sólo se usa en las ceremonias más señaladas

- Existía el ‘receptor’, el aspirante a caballero, que debía tener, al menos, 14 años para tener la suficiente madurez para comprenderlo todo, y salud y cualidades para ir a la guerra. Ahora existe el cadete de 1º cuyo ingreso es consecuencia de que ha superado y cumplido los requisitos físicos e intelectuales exigidos en la legislación actual

- Existía el que al ‘receptor’ se le ceñía la espada a la cintura. Y ahora existe la entrega del sable por el cadete de 2º al de 1º y éste lo une al tirante del ceñidor

- Existía la ‘pescozada’ –un bofetón que daba el ‘oficiante’ al ‘receptor’- o la palmada en la cara, o el golpe con la hoja de la espada a la cabeza cubierta con el yelmo. Y ahora existe el abrazo entre el de 2º y el de 1º

- Existía, el juramento público que el ‘receptor’ formulaba en señal de compromiso personal de ser un buen caballero y morir, si fuera preciso, por la Ley, su señor natural y su tierra. Y ahora se formula la ‘Jura de Bandera’, si bien en una ceremonia separada –será el próximo día 24 de octubre- y bajo la fórmula establecida en la legislación actual.

El resto de la ceremonia en la Academia General Militar

A continuación de que los dos primeros hubieran protagonizado la investidura, los demás cadetes fueron desfilando por filas sucesivas y, emparejándose uno de 1º con uno de 2º, se saludaban, el de 2º entregaba al de 1º el sable, se daban un abrazo y se saludaban de nuevo. Tras ello, regresaban a sus puestos en sus formaciones.

Como colofón de la ceremonia caballeresca, el general Director de la Academia tomó la palabra y se dirigió a los cadetes explicándoles la trascendencia de lo que había ocurrido y del compromiso personal que, con la investidura, cada ‘caballero’ y ‘dama’ acababan de adquirir.

Con ello acabó una de las ceremonias militares más antiguas del Ejército español.

Por Antonio Manzano

ONE MAGAZINE

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