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Gumersindo de Azcárate y las gorras de plato

  • Escrito por Redacción

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Las innovaciones en el vestuario de los militares en ocasiones dan lugar a disgustos que sus promotores políticos jamás pensaron. En cierto modo, es lo que ocurrió el día en que, en plenas Cortes de la Regencia, el titular del Ministerio de Guerra defendió la llegada de las llamadas «gorras de plato» al Ejército español.

A este argumento le respondió Gumersindo de Azcárate, catedrático, pensador y uno de los componentes de la Institución Libre de Enseñanza. El cambio no le gustaba, dijo -según recoge en su libro «Se abre la sesión» el periodista Luis Carandell-, y añadió refiriéndose a asuntos a su parecer mucho más importantes para los militares que la forma o el material de sus tocados: «No se canse su señoría, yo no he de decir si las gorras de plato son feas o bonitas;lo que sí afirmo es que algún oficial necesita menos gorra y más plato».

Azcárate fue expulsado de la Universidad Central de Madrid en 1875 por decisión del ministro de Fomento, Manuel Orovio Echagüe, debido a su defensa de la libertad de cátedra. Al tiempo que él, se fueron también a la calle Francisco Giner de los Ríos, Nicolás Salmerón, Emilio Castelar y otros catedráticos.

Además de su papel destacado en el mundo de la educación, también tuvo otros intereses: impulsó, en 1908, la «Ley Azcárate» o de Represión de la Usura, que en su artículo uno establece que «será nulo todo contrato de préstamo en que se estipule un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado con las circunstancias del caso, o en condiciones tales que resulte aquél leonino, habiendo motivos para estimar que ha sido aceptado por el prestatario a causa de su situación angustiosa, de su inexperiencia o de lo limitado de sus facultades mentales».

ABC

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