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La espía con cojera que aterrorizó a la Gestapo

  • Escrito por Redacción

cojera

Si los héroes y heroínas de guerra miden su valía por el reconocimiento de su propio bando y el temor que infunden en el enemigo, no es exagerado afirmar que la americana Virginia Hall es una de las figuras clave de la Segunda Guerra Mundial.

La imagen sobre estas líneas corresponde al momento en que esta espía recibió la Cruz por Servicios Distinguidos, convirtiéndose en la única mujer premiada con esta condecoración. Para los nazis, por el contrario, era «la más valiosa agente aliada en Francia» y debía ser «encontrada y destruida». Y todo pese a sufrir una notable cojera.

Conocemos la historia de su vida a través del blog Smithsonian, que en su día le dedicó un extenso artículo. Virginia nació en Baltimore (Maryland, EE.UU.) en abril del año 1906, en el seno de una familia con recursos que pudo proporcionarle una buena educación. Con 25 años empezó a trabajar como secretaria en distintas embajadas de su país en Europa, en ciudades como Viena, Tallin, Varsovia o Izmir. Precisamente durante una cacería en tierras turcas sufrió el accidente que le costó la pierna, al dispararse involuntariamente en un pie.

Utilizar una pierna ortopédica fue un serio obstáculo en la carrera diplomática de Virginia, que ya había topado con numerosos impedimentos por el simple hecho de ser mujer. Tras ser apartada del Departamento de Estado, viajó a Francia y trabajó en el servicio de ambulancias hasta junio de 1940. La caída del país galo provocó que se trasladase a Londres, donde fue reclutada por la Dirección de Operaciones Especiales británica y entrenada para llevar a cabo misiones de espionaje en Francia, oculta tras una falsa identidad.

En territorio francés coordinó varias misiones de sabotaje de batallones de resistencia e informó puntualmente de los movimientos alemanes, en especial de aquellos que afectaban a Londres. Su labor salvó incontables vidas y ayudó a debilitar las fuerzas nazis. Sin embargo, la Gestapo terminó por saber de su presencia y distribuyó carteles con su foto para tratar de capturarla. «Esta mujer que cojea es una de las más peligrosas agentes de los aliados en Francia. Debemos localizarla y eliminarla», rezaba el texto en este documento.

Virginia dio otra muestra de su valentía en 1941, atravesando los Pirineos a pie para huir del acoso alemán. Durante su breve estancia en España llegó a ser arrestada momentáneamente por las autoridades franquistas. Más adelante desempeñó un papel fundamental en el Desembarco de Normandía, organizando saltos en paracaídas que sorprendieron al ejército de Hitler. Finalizada la guerra, fue analista de inteligencia en la CIA durante varios años. Murió en 1982, después de recibir los merecidos reconocimientos a su heroica trayectoria.

ABC

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