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La historia de la última mujer ejecutada en España que inspiró la película «El Verdugo» de Berlanga

  • Escrito por Redacción

elverdugo

Pilar Prades, apodada como la «envenenadora de Valencia», fue condenada al garrote vil por asesinato

Corría el año 1954 cuando Pilar Prades(Bejís, Valencia 1928) comenzó a servir en casa del matrimonio Enrique Vilanova y Adela Pascual. Tras catorce años en busca de un trabajo fijo -Pilar se trasladó de Bejís a Valencia con tan solo doce años para servir como era costumbre en la época de posguerra- encuentra en esta pareja un trabajo «estable».

En ese momento, Pilar ni se imaginaba en qué tipo de persona se iba a convertir y por qué pasaría a los anales de la historia. Conocida como la «envenenadora de Valencia», Pilar Prades fue la última mujer ejecutada en España, según afirma un reciente estudio de una experta valenciana.

Enrique y Adela regentaban una tocinería en la calle Sagunto de Valencia. Así que a las funciones de Pilar de arreglar la casa y servir a los señores se añade otra que le agrada especialmente: despachar en la tienda cuando la clientela abarrotaba el local.

Sin embargo, ese «estado de felicidad» en la casa Vilanova-Pascual terminaría pronto cuando en una fecha muy señalada en la ciudad del Turia, el día de San José (19 de marzo), cae enferma la señora Adela por una supuesta gripe. Durante días padeció vómitos, pérdida de peso y una gran debilidad muscular. Mientras tanto Pilar se comporta como la «dueña» de la tocinería: atendía y se pasaba todo el día con el señor Enrique. También «cuidaba» a la señora preparándole «caldos». Mientras tanto, su médico no logra encontrar la cura de la enfermedad de Adela por lo que finalmente fallece.

El mismo día del entierro, al volver a la tienda, el señor Enrique se encuentra con una imagen difícil de olvidar. Pilar atiende a los clientes, como lo solía hacer su mujer, con una gran sonrisa y la ropa de la difunta. De inmediato la despide.

Arsénico

Poco tarda en encontrar una nueva casa. Ayudada por una cocinera amiga suya, Aurelia Sanz, se instala de nuevo en un hogar en el que trabajar; el del médico militar Manuel Berenguer y su esposa María del Carmen Cid.

Sin embargo, una desavenencia entre la criada y la cocinera tiñe de negro de nuevo la historia de Pilar. Aurelia cae enferma. La historia se repite. Pilar cuida a su «amiga» con «caldos» pero no experimenta mejoría en las nauseas y los vómitos. Por eso, el señor Berenguer dedice ingresar y tratar a la cocinera en el hospital militar donde mejora progresivamente.

Días después, María del Carmen Cid -esposa de Berenguer y dueña de la casa- también enferma por lo que parece una «gripe común». Alarmado tras presentar los mismos síntomas que la cocinera, el doctor Berenguer decide investigar acerca de las dolencias. Arsénico.

En ese momento, la «suerte» de Pilar se derrumbó. El médico indaga en el pasado de la criada y se pone en contacto con el dueño de la última casa en la que había servido, el señor Enrique. Tras contarle el comportamiento de la criada tras la muerte de su mujer, Berenguer denuncia en la comisaría de Ruzafa y se exhuma el cuerpo de la señora Adela. El cuerpo se encontraba en proceso de momificación -algo que ocurre exclusivamente cuando en los restos humanos hay presencia de una sustancia química-. Tras los análisis se determina la presencia de un componente mortal. Arsénico.

Inspiración de Berlanga

Un registro policial permitió encontrar la supuesta arma del crimen: una botella de Diluvión - veneno matahormigas compuesto de arsénico y otras sustancias-. Sin embargo, tras treinta y seis horas de interrogatorios, Pilar se declara inocente. Su abogado ya le había advertido que la pena de muerte planeaba sobre su caso y que la mejor opción era declararse culpable. Sin embargo, Pilar defendió su inocencia hasta la muerte.

Fue condenada a muerte por garrote vil por el asesinato de doña Adela y a dos penas de 20 años por los otros dos homicidios frustrados. El Supremo avaló la sentencia y las peticiones de clemencia e indulto resultaron inútiles.

La silla, el palo, el torniquete y la argolla fueron preparados para que Pilar cumpliera con su condena el 19 de mayo de 1959. Sin embargo, el verdugo se negó a ejecutar la sentencia al enterarse que era una mujer. Toda una noche de «negociaciones» entre autoridades y verdugo y una gran cantidad de coñac no fueron suficientes para que llevara a cabo su cometido. Hasta que por la mañana se les llevó a rastras hasta el patio de la prisión: a la condenada y a su verdugo.

Una vuelta y media de manivela fue suficiente para acabar con el cuello de la sirvienta de 31 años y con su funesta historia. Esta es la escena en la que el célebre director de cine español Luis García Berlanga inspira su película «El verdugo».

Pilar Prades pasaría a convertirse en la última mujer condenada a muerte por asesinato en España y «El verdugo», una cinta agridulce sobre su ejecución, se convertiría en un mito del cine de nuestro país gracias a ella.

ABC

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