Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

Noticias Historia

La batalla de Camprodón, 1658

  • Escrito por Redacción

mosqueteros-espac

“Cataluña no nos ha dado nada destacable de lo que informar sobre la guerra” (1), escribió Charles Sevin de Quincy, general e historiador francés, sobre los sucesos militares que involucraro

n a españoles y franceses en Cataluña el año 1658. En las páginas previas a tan escueta declaración, el autor, general de artillería de Luis XIV, relata las operaciones de la campaña flamenca de 1658, entre las cuales destacan la batalla de las Dunas y el sitio de Dunkerque, gloriosos para Francia. Las palabras de Quincy, sin embargo, son inexactas, pues la última batalla de la guerra que libraron las monarquías española y francesa entre 1635 y 1659 tuvo lugar en Cataluña. Hagamos un salto en el espacio y el tiempo respecto a la entrada anterior para conocer de cerca la batalla de Camprodón, que tuvo lugar el 15 de agosto de 1658 frente al pueblo homónimo del norte de Cataluña.

Mortara

Francisco de Orozco, marqués de Oliás y Mortara, el protagonista de la batalla (Simeone Durello, Biblioteca Digital Hispánica).

Camprodón, situado en un valle angosto surcado por el río Ter, poco ancho y poco profundo en este tramo, domina un collado en el Pirineo oriental que da acceso a la depresión central catalana. Se trata, por ende, de una posición de gran interés para españoles y franceses hacia el final de la guerra. El 4 de mayo de 1658 el pueblo fue conquistado por tropas españolas al mando de Próspero Tuttavilla, el gobernador de Vic. Los franceses trataron de socorrer la plaza, pero fueron batidos fácilmente, dejando 400 muertos en el campo y hasta 600 prisioneros en manos españolas. Uno de los cautivos era el caballero barcelonés de 26 años Francisco San Genís, hijo de unos ricos comerciantes, y en quien se cumplía el dicho de “Padre mercader, hijo caballero y nieto pordiosero”, ya que acosado por las deudas se pasó al bando francés. Junto con otros caballeros catalanes y miquelets, San Genís fue ejecutado el 18 de mayo en la Plaça dels traïdors. Sin embargo, el revés no disuadió al general francés Saint-Aunais, comandante de las fuerzas de Luis XIV en Cataluña, de intentar recuperar el control de Camprodón.

No faltaron en aquel entonces, según el cronista barcelonés Miquel Parets, sucesos extraños y sobrenaturales que anticipaban las intenciones del enemigo: “Mientras el Francés convocava sus tropas –escribió en su diario–, llegaron cartas del Obispo y algunos cavalleros de Gerona, refiriendo que á dos leguas en contorno de aquella ciudad havían aparecido exércitos en el ayre, unos con rostros de leones y otros de perros, embistiendo y dándose la batalla en forma con batallones de cavallería é infantería en toda buena orden militar, oyéndose el estruendo de las artillerías y tiros de mosquetería con terror y espanto de quantos lo miravan y ohían, y contestavan en lo mismo los lugares vecinos” (2). Poco más tarde llegaron nuevas a Barcelona de que Saint-Aunais había sitiado Camprodón al mando de un ejército de 4.000 infantes y 2.300 caballos. La pequeña guarnición defensora, bajo el mando del sargento mayor Josep de Tàpia, tenía pocas posibilidades de resistir con éxito la defensa, por lo que el Virrey y capitán general de Cataluña, Francisco de Orozco, marqués de Oliás y Mortara, organizó a todo correr una fuerza de socorro y tomó el camino de Vic el 31 de julio.

4 T UMAX     Power Look 2000  V2.0 [4]

Planta y fortificaciones de Camprodón, ca. 1673-1687 (Ambrosio Borsano, Biblioteca Digital Hispánica).

El ejército español llegó a la vista de las trincheras francesas el 15 de agosto. El marqués de Mortara, a quien secundaban Diego Caballero de Illescas y el conde de Humanes, contaba con 2.000 caballos excelentes de los trozos de Cataluña (al mando de Miquel Ramón), Rosellón (Gian Giacomo Mazzacano) y Borgoña (Angelo Valador); otros 400, desmontados, que servían como infantería; así como con unos 2.000 infantes de los tercios de la Diputación y Barcelona (maestres de campo Francisco Judice y Francisco Granollachs), el de Valencia (maestre de campo Nicolás Ferrer), el de Navarra (sargento mayor Vicente Sebastián Maestre), el tercio de la Guardia (Juan Salamanqués), algunos infantes sacados de las galeras al mando de Melchor Enríquez, y 600 paisanos y miquelets de las veguerías de Gerona y Vic. En total, 3.000 infantes y 2.000 caballos, una fuerza bastante inferior en número a la francesa, que sumaba, como queda dicho, 4.000 infantes y 2.300 caballos.

Ante la aparición del ejército español de socorro en las lomas que se abrían hacia el sur de Camprodón, Saint-Aunais dejó algunas tropas custodiando las trincheras de asedio y formó su ejército en batalla, disponiendo sus tropas a lo largo del estrecho llano que se extendía entre las montañas, a ambos lados del río Ter. Por desgracia, el orden de batalla francés me es desconocido debido a la escasez de fuentes galas sobre la campaña, pero sí sabemos que Saint-Aunais desplegó sus tropas en 11 batallones de infantería y 40 escuadrones de caballería. El flanco izquierdo francés estaba reforzado por algunas fortificaciones improvisadas que se extendían entre el río y las faldas escarpadas de los montes; el derecho, en cambio, estaba más expuesto y era más llano, motivos por los que el marqués de Mortara determinó acometer al enemigo por esa parte.

Mosqueteros españoles

Mosqueteros españoles en un cuadro de Nicolaas van Eyck.

Amparado por la oscuridad, el marqués vadeó el río con la mayor parte de sus fuerzas. Unos pocos destacamentos permanecieron en la orilla derecha del Ter para hostigar a los franceses por el flanco izquierdo, distrayéndolos de este modo de enviar refuerzos al punto principal del ataque español. Vadeado el río, el marqués ordenó atacar una iglesia cercana a los cuarteles franceses donde Saint-Aunais había apostado una pequeña guarnición. Entre las descargas de mosquetería que intercambiaron una y otra parte y un fuego de alarma encendido en el campanario de la iglesia, Saint-Aunis descubrió la intentona española. Francisco de Orozco tomó entonces una drástica decisión: hizo suspender el asalto a la iglesia y avanzó sus batallones a través del llano, dejando a su espalda el puesto francés. A medida que el terreno se iba ensanchando, el español desplegó sus escuadrones de caballería en los flancos, alternando entre ellos mangas de mosquetería. Junto al río avanzaba un gran batallón de infantería; otro avanzaba por la ladera de los montes, y los migueletes y la caballería desmontada ocupaban la parte superior, más escarpada.

Los franceses, que aguardaban la acometida frente a su plaza de armas, resolvieron marchar al encuentro de los hispánicos con infantería y caballería. La primera descendió por las laderas de los montes; mientras que la segunda cargó a través del llano. El choque fue sangriento y se combatió con tenacidad por ambas partes. La infantería española, desplegada en una formación más amplia y encabezada por los veteranos del tercio de la Guardia, hizo retroceder a la francesa y le infligió importante pérdidas, pero sin llegar a desbandarla. La caballería francesa, por contra, sucumbió al envite de la hispánica, hábilmente dirigida por el general Diego Caballero de Illescas, y acabó batiéndose en retirada, deshecha, hasta su plaza de armas, que la caballería española invadió, e incluso más allá de Camprodón. Muchos de los centinelas que habían quedado en las trincheras fueron sorprendidos entonces, y acabaron muertos o apresados. La infantería francesa, entre tanto, iba retirándose en orden, y el marqués, resuelto a impedirlo, hizo girar la infantería de su flanco izquierdo sobre la formación enemiga. Omprimida por el frente y la izquierda, y mermada por las descargas de la mosquetería española, la infantería francesa se vino abajo y huyó.

Alegoría del Tratado de los Pirineos (Claude Deruet, Palacio de Versalles).

Para entonces comenzaba a despuntar el Sol sobre las montañas, y los franceses que aguardaban en orden en el cuartel de la orilla derecha se percataron del desastre que había sufrido su ejército. El marqués, al ver que se retiraban por las montañas, envió tras ellos su caballería y la infantería que había dejado para hostigarlos durante la noche, que hicieron un buen número de prisioneros. El saldo de la batalla ascendió por parte francesa a un elevado número de muertos y a 1.400 prisioneros, entre ellos un marqués, un general de caballería, 7 coroneles, 80 capitanes y otros 150 oficiales. El regimiento de Champagne, uno de los más veteranos del ejército francés, quedó completamente deshecho. Banderas, artillería y bagajes quedaron abandonados en el campo y pasaron a engrosar el botín de los hispánicos. Estos, por su parte, tuvieron 50 muertos y 200 heridos. La pérdida de más importancia fue la de Nicolás Ferrer, maestre de campo del tercio de Valencia.

La batalla de Camprodón fue seguida de una suspensión de armas que duró en tanto España y Francia negociaban los términos de la paz que se firmaría en la Isla de los faisanes el 7 de noviembre de 1659. Una paz que, en palabras del historiador militar David Parrott, fue más “un compromiso que refleja un equilibrio de fuerzas existente que un diktat militar impuesto por las potencias victoriosas” (3). Francia triunfó en el frente flamenco, pero no puede decirse lo mismo de Italia y Cataluña. El historiador coetáneo Galeazzo Gualdo Priorato, en relación con esta cuestión, escribió que “aquí pudo observarse que así como en la parte de Flandes los franceses, afianzados por los gallardos refuerzos de Inglaterra, obtuvieron muchas victorias, en el caso de los encuentros en Cataluña tuvieron casi siempre sucesos siniestros, y si costó mucho a España la guerra de Flandes, no menos hizo grandes dispendios Francia en la de Cataluña” (4).

Notas:

(1) Sevin de Quincy, Charles. Histoire Militaire Du Règne De Louis Le Grand, Roy De France, Vol I. París: Mariette, 1726, p. 247.
(2) Parets, Miquel. De los muchos sucesos dignos de memoria que han ocurrido en Barcelona y otros lugares de Cataluña, crónica escrita. En: Memorial Histórico Español, Vol. XXV. Madrid: Manuel Tello, 1893, p. 267.
(3) Parrott, David. Richelieu’s Army: War, Government and Society in France, 1624-1642. Cambridge: Cambridge University Press, 2001, p. 78.
(4) Gualdo Priorato, Galeazzo. Historia di Leopoldo Cesare: continente le cose più memorabili successe in Europa, dal 1656. sino al 1670, Vol. I. Viena: G. B. Hacque, 1670, p. 193.

Bibliografía:

  • Felicissima vitoria, que han tenido las catolicas armas de su Magestad, gouernadas por el señor Marques de Olies y Mortara, sobre el Castillo de Campredon … que tenia sitiado Monsiur de Santoné … sucedida Iueues 15 de Agosto deste año de 1658 (Juan Gómez Blas, Sevilla, 1658).
  • De la Peña y Farell, Narciso Feliu. Anales de Cataluña y Epílogo breve de los progresos, y famosos hechos de la Nacion Catalana…desde la primera Poblacion de España…hasta el presente de 1709, Vol. III. Barcelona: Joseph Llopis-Jayme Surià-Juan Pablo Martí, 1709.

CAMINO A ROCROI - LOS EJERCITOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XVII

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones