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Así terminó para el Regimiento Alcántara su 'Día Inacabable'

  • Escrito por Redacción

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En un movimiento en el que una fracción del Alcántara regresó hacia Dar Dríus para informar al general Navarro del estado del camino se encontró con la columna que ya había salido de dicha posición, reanudando la retirada.

La columna a la que protegía el Alcántara con sus continuos combates estaba formada por más de 2.500 hombres –de los que estaban heridos más de 250; llevaban 91 caballos y 193 mulos con la artillería y una decena de camiones que trataban de salvar los materiales más importantes. El teniente coronel Primo de Rivera dividió el Alcántara en dos grupos. El comandante Berrocoso mandaba los 1º y 2º escuadrones y el comandante García Zaragoza los 3º, 4º y 5º escuadrones y una sección del de ametralladoras. La protección de la columna en marcha se hacía “ocupando las alturas que flanquean el camino”. “Los escuadrones continuaban flanqueando la carretera, reconociendo todas las kabilas [se refiere a los aduares o poblados], desalojando al enemigo que encontraba en ellas y sosteniendo fuego con los que se resistían”.


Escudo del Regimiento Alcántara

Pero al regimiento le faltaba una sección: una que, a primera hora de la mañana se le había encomendado proteger la aguada de la posición de Dar Dríus y no le llegó el aviso de que la columna general reemprendía la marcha hacia la retaguardia. Cuando el teniente que mandaba esta sección se percató, emprendió con sus jinetes su propia marcha hasta que, tras cargar tres veces contra los rebeldes, pudo reintegrarse a su escuadrón, el 1º, que iba en vanguardia.

                    El último combate -lámina de Antonio Manzano-

La moral y la combatividad de los que marchaban integrados en la columna quedaron muy afectadas al llegar a la altura de los camiones que habían sido emboscados anteriormente y sus ocupantes asesinados.

Siendo conscientes de la vulnerabilidad del paso de la columna por el cauce del río Gan, se preparó con cuidado, asentando las piezas de artillería en el mismo camino, para neutralizar los fuegos enemigos. El paso pudo realizarse gracias a las ya citadas cargas al sable del Alcántara con el apoyo de sus ametralladoras, que cambiaron de asentamiento tres veces.

Tras los intensos combates que hubo que facilitar el paso de la columna por el cauce del Gan, los escuadrones debieron quedar desorganizados por los choques sucesivos y las bajas, y, al tratar de reunirse, los jinetes se agruparían con los más cercanos, no necesariamente de su escuadrón, aunque Alcántara mantuvo la protección de la columna dividido en dos grupos. Primo de Rivera, con el primero, las ametralladoras y una batería ligera siguió en vanguardia, abriendo camino hasta Tistutín, mientras que el otro grupo quedó a retaguardia de la columna parando los ataques contra ella.

La mítica ‘carga al paso’

Explica el coronel Antonio Bellido que realizar una ‘carga al paso’ contra un enemigo emboscado está condenada al exterminio total de los jinetes y sin que pueda obtenerse nada a cambio. Por ello, la famosa frase “La última carga, al paso” no deja de ser una licencia poética fundada, seguramente, en el testimonio del soldado Florencio Caravaca Almagro, del 4º escuadrón, citado por el suboficial Marhuenda: “Durante la retirada de Dar Dríus a Monte Arruit [los escuadrones] volvieron a cargar… no obstante el excesivo cansancio del ganado que en algunos momentos no podía ir más que al paso”.

A base de los combates de los jinetes del Alcántara, con grandes dificultades y cada vez con menos hombres, la columna consiguió pasar el cauce del Gan y siguió replegándose, sin dejar de estar batida por los fuegos enemigos aunque, conforme se iba avanzando, parecía haber menos enemigos que hicieran fuego. Las tropas españolas llegaron a la posición de Batel entre las 4 y las 6 de la tarde, “en tal estado la columna que toda reorganización parecía imposible. Los escuadrones llegaron diezmados y, los que quedaron, extenuadas de cansancio”.

Para hacerse una idea del terrible desgaste de los jinetes del Alcántara, vale como referencia que el segundo grupo –el que protegía la retaguardia-, en los combates que tuvo que sostener en los 20 km que separaban la posición de Dar Dríus -de donde salió a las 13.00 horas- de la de Batel -a donde llegó hacia las 16.00- sufrió 181 bajas. 49 eran del 3º escuadrón, 58 del 4º y 74 del 5º.

Al llegar a Batel, “los caballos no beben agua… La bomba del pozo no funciona bien… arreglada la noria… después de beber todo el personal y sacar para el rancho, los caballos empezaron también a beber… pero no se dio a cada uno más de medio cubo… En esta posición murieron bastantes caballos a causa de la sed”.

De Melilla llegó la petición a la columna de que enviara algunas fuerzas a Zeluán –posición más retrasada todavía, cercana a Melilla- para prevenir que la sublevación de los policías indígenas y moros del territorio acabara contagiando a los de Regulares allí acuartelados. Salió, pues, en esa dirección, el I Grupo reorganizado –el II siguió en Batel- formado por el 1º escuadrón, dos secciones del 2º, una del 3º, otra del 4º, otra del 5º y una sección de ametralladoras, cuyo teniente, Luis Martín Galindo, tuvo que “caminar muy despacio a causa de las heridas de su caballo”.

En su marcha hacia Zeluán, los jinetes del I Grupo llegaron a la posición de Monte Arruit a las 6 de la tarde, abrevaron el ganado, bebió la gente, dejaron a los heridos en el tren para que los llevaran a Melilla y recibieron la orden de escoltar una columna allí organizada para que pudieran llegar también a Melilla. Esta otra columna estaba formada por unos 1.000 hombres de Artillería e Intendencia principalmente y el ganado de las piezas, carruajes y mulos. Después de dejarles en la seguridad de la ciudad, los del Alcántara habían de salir de nuevo al campo de batalla y marchar hasta Zeluán, conforme las órdenes recibidas para asegurar que no estallara otra sublevación.

Debido a la extrema fatiga de los caballos, esta nueva marcha se hizo “al paso”, y aún así, tuvieron que defenderse del tiroteo de algunos soldados de Regulares que ya se habían sublevado. A su paso por el río Zeluán abrevaron al ganado, continuaron y su vanguardia entró a las 20.30 en la alcazaba de Zeluán.

Aquí, en el anochecer de este 23 de julio las fuerzas del I Grupo se encontraron con el capitán Mauro Fernández y el “escuadrón provisional” que, tras los primeros combates del día anterior, había sido enviado hacia el acuartelamiento base del Regimiento Alcántara, situado en Segangan, cerca de Melilla, con los heridos y caballos inútiles para el combate. Sus oficiales –el teniente del Campo y el alférez Maroto-, en vista de las noticias, habían decidido que, en vez de cumplimentar la orden de llegar a Segangan, irían a Monte Arruit para reintegrarse a la columna Navarro que estaba replegándose. Pero el jefe de la posición de Monte Arruit no les quiso allí y les mandó a reforzar la posición de Zeluán, donde se encontrarían con sus compañeros.

Las cercanías de Monte Arruit tras el desastre

Este conjunto del Alcántara será el que, desde esa misma noche, defenderá la alcazaba de Zeluán y el aeródromo inmediato, cuyo suministro, recorriendo la distancia de kilómetro y medio que les separaba, siguió causando bajas en las filas de los del Alcántara, en quienes se basó la defensa de estas dos posiciones.

Así acabó el 23 de julio de 1921, ‘El Día Inacabable’ del Regimiento Alcántara. Sus fuerzas estaban divididas. Una parte estaba en la posición de Batel, dando seguridad a los 2.500 hombres de la columna principal del general Navarro. La otra, estaba en la posición de Zeluán y el aeródromo, dedicada a su defensa.

Pero aún había otra sección del Alcántara de la que no se ha hecho mención hasta ahora porque estaba reforzando una posición lejana, aunque importante; la del Zoco el Telatza, situada muy al Sur del despliegue. Cuando esta posición fue atacada por los rebeldes, sus defensores llevaron a cabo su propio repliegue bajo la protección de los del Alcántara, como era su misión en esas circunstancias. Sin embargo, a diferencia de otras guarniciones, no buscaron acogerse a la columna del general Navarro porque estaba muy lejos, sino que marcharon más hacia el Sur, hacia la más cercana zona de responsabilidad de las tropas francesas en la que esperaban lograr la salvación.

Epílogo

Aquel día 23 de julio de 1921 acabó para los jinetes del Alcántara. Esperaban un mañana que se diferenciaría poco de este día, porque habría más combates y nuevas bajas; quienes en esa noche estaban vivos, morirían o quedarían heridos; y cada vez quedarían menos jinetes cumpliendo la misión más generosa de la Caballería, combatir por los demás, sacrificarse por sus compañeros.

Las fuerzas del Alcántara se consumieron y se desvaneció como regimiento organizado; sus pocos hombres, fatigados, sedientos, hambrientos, heridos, sin caballos y sin sables, con las carabinas y ametralladoras desgastadas o averiadas por los continuos disparos, continuaron siendo, como desde el primer instante, la unidad más disciplinada, cohesionada y combativa de todas las que tuvieron que replegarse desde Annual.

Cuando entrado el mes de agosto se consumó el enorme desastre y se acabaron los combates –llegando los rebeldes a las puertas de Melilla- el Regimiento Alcántara tuvo en el cumplimiento de su trascendental misión casi 550 muertos y desaparecidos, de un total de 730 hombres que estaban ‘en el campo’ al principio de estas operaciones. Unos 180 sobrevivieron a estos combates, aunque de ellos hubo quienes quedaron prisioneros de los rebeldes durante un año y medio.

No hay un ejemplo de disciplina, valor, heroísmo y sacrificio como el del Regimiento de Cazadores de Caballería Alcántara nº 14.

Estandarte del actual Regimiento Alcántara

Con toda justicia, aunque con un retraso de casi 91 años, el Real Decreto 905/2012 del 21 de junio de 2012 concedía a estos héroes la Laureada Colectiva, la condecoración más importante que puede concederse en España, en reconocimiento oficial de su extraordinario comportamiento en el campo de batalla.

Falta ahora llevar a cabo el reconocimiento social a aquellos antepasados nuestros que tan alto pusieron el nivel de exigencia en el cumplimiento del deber.

                                    Calle dedicada al Regimiento Alcántara en Melilla

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