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Hace 93 años murió todo un héroe español...

  • Escrito por Redacción

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En 1922, España llevaba muchos años empeñada en que Marruecos alcanzara la paz interior. Esto obedecía a un acuerdo internacional adoptado en la Conferencia de Algeciras –enero a abril de 1906- en el que participó el mismo Marruecos, potencias europeas y EE.UU.

La tarea era, salvando las distancias y el tiempo, muy parecida a las actuales misiones en Afganistán: mediante la presencia y la acción militar de potencias occidentales –España y Francia en este caso-, devolver a Marruecos su funcionamiento correcto como Estado. Así desaparecerían las actividades delictivas que afectaban a la comunidad internacional: piratería y contrabando, fundamentalmente.

Marruecos, entonces, estaba dividida en dos zonas: la que sí controlaba el Sultán, cercana a la capital y con el apoyo de unos poco eficaces ejército y policía marroquíes; y el resto, que casi todo estaba en manos de lo que modernamente se llaman ‘señores de la guerra’. Éstos eran jefes de tribus –o kabilas-, santones o líderes que surgían y reunían partidarios y que prácticamente acababan en guerras civiles y venganzas multiplicadas entre unos grupos y otros.

Someter al Raisuni

El RaisuniMuley Ahmed ben Mohammed ben Abdallah el Raisuni

El objetivo de la intervención española en la zona norte de Marruecos era someter esas bandas a la autoridad del Sultán, por las buenas o por la fuerza. En mayo de 1922, las operaciones de la zona cercana a Ceuta estaban dirigidas a derrotar al Raisuni; su nombre completo era Muley Ahmed ben Mohammed ben Abdallah el Raisuni, que entonces contaba con 56 años. Era un ‘xerif’, jefe de los Beni Arós y los Ajmás que, desde su ‘capital’ en Tazarut gobernaba soberanamente, con mucha astucia y crueldad, las extensas comarcas del Garb y de Yebala, relativamente cercanas a Ceuta. Quiso convertirse en Sultán de Marruecos; también, en ocasiones, se dejaba querer por la acción política española que pretendía que se sometiera, por las buenas, al Sultán; incluso su nombre sonó para ser nombrado Jalifa –representante máximo del Sultán de Marruecos en la zona asignada a España-. Pero defraudado, su doble juego y su actitud intransigente exigía atacarle en su feudo y derrotarle.

Los Regulares, hacia Tazarut

Este largo prólogo explica la situación en mayo de 1922. Contra este importante foco de rebeldía capitaneado por el Raisuni, estaban dirigidos los ataques de varias columnas de tropas españolas a cuya vanguardia, como casi siempre, iban los Regulares.

En la primera línea de una de ellas iba el teniente coronel Santiago González-Tablas –el jefe de los Regulares de Ceuta- para dirigir con mayor precisión los avances de sus soldados, en una forma de mandar muy arriesgada, valerosa y ejemplar. Se contó que los rebeldes le conocían bien y que dirigieron contra él sus disparos hasta que le hirieron en una mano y en el vientre.

La gravedad de esta segunda herida le dejó fuera de combate y tuvo que ser evacuado en una camilla. Siendo consciente de su situación, González-Tablas dijo al médico “Llego tarde a tus manos”. El médico era el luego famoso Mariano Gómez Ulla, que se mereció el sobrenombre de “El ángel salvador” por su pericia en tratar las heridas de guerra y cuyo nombre se ha perpetuado en el del Hospital Militar Central de Madrid. A pesar de la extrema gravedad de su estado, Gómez Ulla trató de salvarlo, pero González-Tablas murió durante la madrugada. Por el extraordinario valor demostrado en el combate de ese día, el Alto Comisario –la más alta autoridad político-militar española en el Protectorado- le concedió la Medalla Militar Individual.

Su perfil

Santiago González-Tablas era pamplonica. Tras salir de la Academia en 1896, con 17 años y como 2º teniente, fue destinado a Cuba donde en los combates de las Lomas de Rubí contra los insurrectos se distinguió por su valor y fue condecorado.

Era un experto en la cultura marroquí y obtuvo la máxima calificación de Sobresaliente en el curso superior de Lengua Árabe que se impartía en Ceuta.

Había recibido varias condecoraciones y reconocimientos al valor en el combate, entre ellas varias cruces rojas al Mérito Militar, la prestigiosa Cruz de María Cristina y la máxima recompensa al valor que se concede en España: la Cruz Laureada de San Fernando. También resultó herido en otro combate.

Reconocimiento póstumo

Resulta muy difícil, hoy en día, captar el impacto que causó en España la muerte en primera línea de González-Tablas pues su valor le había convertido en un personaje muy popular. El Rey Alfonso XIII creó el 20 de julio de 1922 el título nobiliario de marqués de González Tablas recibiéndolo su viuda, Dª María del Carmen Cerní y Mas. El Parlamento le rindió un homenaje y en recompensa a su capacidad de mando y valor, fue ascendido por méritos de guerra -a título póstumo-, al empleo siguiente de coronel.

Y actualmente, acostumbrados a que los monumentos se coloquen en las rotondas y, a menudo, no se sepa bien qué representan, levantar un monumento a un teniente coronel es un hecho que ha de sorprender. El monumento, inaugurado en 1935, se levanta en Ceuta.

Santiago González-Tablas es uno de los principales héroes españoles del siglo XX y el más importante de los Regulares.

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