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El origen histórico de los paraísos fiscales: los antiguos refugios de piratas y corsarios

  • Escrito por Redacción

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Las Islas Caimán, el archipiélago de las Bahamas o Belice fueron usados en el siglo XVII como bases de la piratería contra el Imperio español. La tardía descolonización de estos pequeños estados fue sucedida por el desembarco de defraudadores, sociedades fantasmas y grandes sumas de capitales

Donde la piratería asentaba sus bases en el pasado, las islas del Caribe y del Índico, se establecen hoy muchos de los conocidos como paraísos fiscales, países que ofrecen rebajas impositivas dirigidas a atraer grandes capitales procedentes del exterior y que se muestran poco transparentes a la hora de atender las solicitudes de información. Las Islas Caimán, las Bahamas, las Seychelles o las Bermudas se han considerado tradicionalmente refugios fiscales. Lejos de ser una casualidad, el que los piratas y bucaneros fueran remplazados por defraudadores fiscales es la evolución lógica en pequeños estados que, aunque vinculados directa o indirectamente a otros países, han funcionado de forma autónoma y han diseñado legislaciones con este propósito. La premisa histórica es: con el dinero por delante pueden entrar los piratas y los defraudadores, pero siempre que el daño lo causen fuera de su territorio.

Para que un país sea catalogado de paraíso fiscal tiene que reunir dos características básicas: un sistema tributario de muy baja o nula imposición (carga tributaria) y su oposición a revelar la identidad de las personas que invierten o guardan dinero en su región, la «opacidad». En este grupo de estados se incluye más de una decena de territorios situados en Europa a pesar de lo cual el propio término está vinculado a las islas paradisiacas del Caribe. Esta relación se debe a un error de traducción del término inglés «Tax Haven», cuya traducción literal es «Refugio Fiscal». Previo paso por Francia, donde confundieron la palabra «haven» (refugio) con «heaven» (cielo o paraíso), los españoles heredaron el término «Paradis Fiscal» (Paraíso fiscal).

El origen histórico de los paraísos fiscales: los antiguos refugios de piratas y corsarios
Retrato de Francis Drake

Así y todo, un gran número de refugios fiscales se siguen concentrando en las zonas del Índico y del Caribe, donde en el pasado los corsarios ingleses, francés y holandeses hostigaron las posesiones del Imperio español y del Imperio portugués. Frente a la incapacidad para disputar por medios convencionales el poder español en América, los reyes de Francia e Inglaterra fueron los primeros en subvencionar expediciones corsarias con el objetivo de causar el máximo daño a las posesiones hispánicas. Tras la sorpresa inicial provocada por los ataques de los populares Juan Florín, John Hawkin o Francis Drake, el aumento de las defensas españolas aseguró el envío y llegada de la flota encargada de trasladar los metales brillantes a España. Entre 1540 y 1650 –periodo de mayor flujo en el transporte de oro y plata– de los 11.000 buques que hicieron el recorrido América-España se perdieron 519 barcos, la mayoría por tormentas y otros motivos de índole natural. Solo 107 lo hicieron por ataques piratas, es decir, menos del 1 % de todos los barcos, según los cálculos de Fernando Martínez Laínez en su libro «Tercios de España: Una infantería legendaria».

Los refugios piratas en el Caribe

Lo que no pudo evitar España es que la zona se llenara de refugios piratas, bajo tutela de precisamente los enemigos de España, y que fueran los corsarios quienes hicieran las veces de exploradores en algunas de estas islas. De esta forma, aunque Cristóbal Colón ya las había descubierto en 1503, fue Drake quien puso nombre a las Islas Caimán en 1586. En virtud del Tratado de Madrid firmado en 1670, Inglaterra tomó el control formal de las Islas Caimán, junto con Jamaica, permitiendo que se establecieran impunemente allí las bases de los piratas. Después de la independencia de Jamaica respecto al Reino Unido, las Islas Caimán fueron gobernadas como una única colonia pero con la autonomía suficiente como para ofrecer grandes rebajas impositivas. En los últimos años, las autoridades de las islas trabajan para reducir la opacidad en un sistema fiscal que, durante décadas, fue uno de los lugares preferidos para defraudar grandes sumas de capitales y para albergar la sede de sociedades fantasmas.

El caso del archipiélago de las Bahamas –la primera tierra americana que pisó Colón– es muy parecido. El laberinto insular fue empleado como nido de piratas, bucaneros y filibusteros, especialmente ingleses. Asimismo, en el siglo XVIII, los lealistas británicos que habían dejado Nueva Inglaterra a causa de los sentimientos antibritánicos existentes en aquella colonia, se trasladaron a las islas y la soberanía paso de España al Reino Unido. En 1973, los habitantes de las Bahamas votaron a favor de la independencia y se declararon autónomos del Reino Unido. Fue precisamente a partir de este punto cuando se disparó la actividad bancaria en estas islas, protagonizando numerosos escándalos a nivel mundial. Desde el año 2000, el gobierno local también buscan mejorar la transparencia de su sistema bancario.

El origen histórico de los paraísos fiscales: los antiguos refugios de piratas y corsarios
Ilustración que muestra a unos piratas luchando por un tesoro

Belice es otro ejemplo similar. A partir de 1638, la zona controlada por España empezó a recibir los ataques intermitentes de los «Baymen», un grupo de bucaneros y piratas que fueron comiendo terreno al Imperio español. Con una amplia colonia británica en la región, la Corona inglesa se decidió en el año 1789 a nombrar al primer superintendente del territorio de Belice. Hasta entonces el gobierno británico no reconoció el asentamiento de Belice como una colonia por temor a provocar un ataque español. El retraso en la supervisión de este gobierno, no en vano, permitió a los colonos el establecimiento de sus propias leyes y formas de gobierno. Y pese a que hasta el 21 de septiembre de 1981 Belice no alcanzó la independencia oficial de Reino Unido, el país gozó tradicionalmente de un amplio margen de autogobierno que le permitió ofrecer significativas ventajas fiscales a partir de la década de los años sesenta.

Tras la descolonización llegaron los paraísos

Pese a que la actividad pirata hizo de avanzadilla en muchos de estos territorios antes de la conquista por parte de ingleses, franceses y holandeses, la otra cara de la moneda quedó patente cuando los corsarios dejaron de ser útiles a sus propósitos. Si bien la piratería vivió su edad de oro en el siglo XVII, sobre todo a raíz de la Guerra de los 30 años, todas las naciones se conjuraron para perseguirla y castigarla sin piedad en el siglo XVIII. Las firmas de tratados de paz, que hacían menos necesarios a los buitres del mar, mutaron a los honrosos corsarios poco a poco hacia filibusteros y finalmente a viles piratas.

El proceso para convertirse en paraísos fiscales se remonta a los años 1960

Por su parte, el proceso que llevó a los territorios mencionados y a otros muchos a convertirse en paraísos fiscales tal y como los conocemos hoy se remonta a los años 1960 y 1970. Tras el proceso de descolonización, estos pequeños estados, acostumbrados a mantener leyes en ocasiones alejadas de las vigentes en las metrópolis, abrazaron la opción de sustentar su economía con el lucrativo negocio de la creatividad fiscal. Así, a partir de 1960 el establecimiento de un mayor número de impuestos con el objeto de financiar el estado de bienestar en muchos países de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) y los férreos controles a las transacciones de capital en la mayoría de estos países dieron lugar al auge de los conocidos como paraísos fiscales. Éstos se establecieron primero en Europa y luego se extendieron a todos los continentes.

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