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La Generalitat reconoce que Cataluña no existió como unidad histórica independiente

  • Escrito por Redacción

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El relato de su página web deja claro que, históricamente, no pasó de ser un territorio de condados bajo el dominio sucesivo del Imperio Carolingio, de los reyes francos y de la Corona de Aragón

El empeño del nacionalismo catalán por justificar su afán secesionista con una raíz medieval se topa con la Historia. Tanto que, pese a las frecuentes manipulaciones históricas, la propia página web de la Generalitat que se esfuerza por reescribir el pasado de ese territorio reconoce ímplica, e incluso explícitamente, que tal realidad no existió.

Ese territorio no pasó de ser una extensión dividida en condados que, sucesivamente, estuvieron bajo la dependencia del Imperio Carolingio, de los reyes francos y de la Corona de Aragón.

En el artículo de la web oficial de la Generalitat titulado «La formación de Cataluña» da por hecho –con una interpretación histórica de por sí interesada– que «el proceso unificador» no culminó supuestamente hasta la era del conde barcelonés Ramón Berenguer I (1035-1076), cuando «los condes de Besalú, Cerdaña, Ampurias y Urgel reconocieron la supremacía del conde de Barcelona». Aún así, la web de la Generalitat habla de «proceso unificador», pero en ningún caso se atreve a referirse explícitamente a una «Cataluña independiente».

De por sí es discutible dar por hecho que esa supuesta supremacía reconocida conllevaba el nacimiento de una Cataluña independiente –como se pretende en el artículo de la Generalitat–. Aun dando por hecho ese supuesto, eso significaría que, en toda la historia de la Humanidad, la pretendida «Cataluña independiente» existió durante menos de cien años, porque finalizó en 1137 cuando el rey de Aragón pactó casar a su hija Petronila con el conde barcelonés Ramón Berenguer IV. Este acuerdo matrimonial, lejos de suponer la «anexión» de Aragón a Cataluña, supuso la incorporación del Condado de Barcelona al Reino aragonés, surgiendo así la Corona de Aragón.

Pero, en la práctica, ni siquiera existió realmente esa fugaz «independencia» de los condados que hubo en lo que hoy es Cataluña. El Tratado de Corbeil, firmado en 1258 entre el rey de Aragón y el de Francia, lo confirma. En síntesis, ese tratado supuso que el rey aragonés cedía al francés los condados situados al otro lado del Pirineo; el franco renunciaba definitivamente en favor del rey de Aragón los condados que le quedaban de lo que históricamente fue la «Marca Hispánica».

Para sortear esa realidad histórica, la web de la Generalitat opta por términos difusos para referirse a ese pasado. Por ejemplo, tras reconocer que los priemros condes eran «designados por el rey» (del Imperio Carolingio), apunta que esos condados «se fueron independizando de hecho». En ningún caso habla de independencia sin más, ni mucho menos de una independencia de derecho.

Por si queda duda, un mapa francés del año 1235 –23 años antes del Tratado de Corbeil– deja claro cuál era el reparto «estatal» de Europa. En él, no es que Cataluña no aparezca como territorio identificado como tal, sino que esa porción geográfica queda repartida entre la Corona de Aragón –con el condado de Barcelona incluido– y el Reino de Francia.

Cuestión aparte es el insistente uso que la web de la Generalitat hace de términos sin soporte histórico real, como el de «Corona catalano-aragonesa» o «casa real catalana», para eludir hablar abiertamente de Corona de Aragón, de la que la actual Cataluña era un territorio más. Los reyes lo fueron de Aragón y entre los títulos que como tal ostentaban estaba el de condes de Barcelona.

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