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¿Qué hizo el general Domingo Batet Mestres en Cataluña un 6 de octubre de hace 80 años?

  • Escrito por Redacción

batet

El General Batet es uno de esos militares que habiendo cumplido con sus obligaciones de forma impecable en momentos cruciales de la Historia de España, por razones no precisamente nobles, han caído en el más absoluto ostracismo.

Don Domingo Batet Mestres nació en Tarragona en el año 1872 en el seno de una familia industrial catalana que disfrutaba de una cómoda situación económica. Se desconoce la razón de su vocación militar, pero la hizo realidad ingresando en la Academia General Militar en 1887, graduándose como segundo teniente de Infantería, tras cursar los correspondientes estudios militares.

Como muchos militares de su época estuvo destinado en Cuba, donde ascendió a capitán por méritos de guerra, y de donde volvió enfermo. Siendo coronel fue nombrado instructor del expediente Picasso que analizó las causas del desastre de Annual, siendo muy crítico con la actuación del Ejército en dicha acción. En 1926 es detenido y procesado, acusado de complicidad en el intento de alzamiento militar contra la dictadura conocida como la "Sanjuanada", pero el Consejo Superior de Guerra lo absolvió.

El 6 de octubre de 1934, ahora hace 80 años, como jefe de la IV División Orgánica, nuevo cargo establecido por la II República en sustitución de la antigua Capitanía General de Barcelona, hizo todo lo posible para evitar la insurrección de la Generalidad de Cataluña, consumada a través del presidente Companys. Alertó al Gobierno de la República del peligro de rebelión catalana, se reunió con su amigo Tarradellas para que convenciera a Companys de que desistiera de sus intenciones, e intentó convocar infructuosamente a los jefes militares de los Mozos de Escuadra para evitar el enfrentamiento. Todo fue en vano, la insurrección se hizo realidad, pero la prudente y decidida actuación del General Batet la sofocó de una manera prácticamente incruenta, no sin gran tristeza por su parte.

Su amargo éxito se vio sólo parcialmente reconocido, ya que a pesar de haber sido fiel a la República, las fuerzas catalanistas jamás le perdonarían que sofocara la rebelión de la Generalidad, de la misma manera que fuerzas más beligerantes tampoco le disculparon que la reacción militar no hubiera sido mucho más contundente. La República le concedió la más alta condecoración militar: la Cruz Laureada de San Fernando.

En marzo de 1935, solicitó el relevo consciente de que su carrera militar había concluido en Cataluña, a pesar de sentirse profundamente catalán y español. Fue nombrado jefe del Cuarto Militar del presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora. El día 13 de junio de 1936 es designado general en jefe de la VI División Orgánica de Burgos, donde le sorprende el inicio de la Guerra Civil. Trágica coincidencia. Por segunda vez en poco tiempo se mantuvo fiel a la República y a sus obligaciones, pero en esta ocasión las consecuencias fueron consejo de guerra y sentencia de muerte, que fue ejecutada en Burgos el 18 de febrero de 1937, a pesar de las peticiones de clemencia de sus amigos los generales Queipo de Llano y Cabanellas.

Profundamente católico, se enfrentó a la muerte con la serenidad que otorga la tranquilidad de conciencia y la satisfacción del deber cumplido. Laureado y fusilado por cumplir en ambos casos con su obligación. Las crónicas se hacen eco de la profunda impresión que el valor del general Batet prodigó en su fusilamiento, similar a la que se produjo en Barcelona con la ejecución del general Goded. La conducta de ambos ante la muerte fue admirable.

Su nombre ha sido intencionadamente olvidado y proscrito por la historiografía catalanista, de la misma manera que los vencedores de la Guerra Civil lo ignoraron por razones obvias. Nadie lo reivindica. La tragedia del general Batet es la tragedia de España. Doblemente fiel a sus obligaciones y a sus principios, y doblemente despreciado.

Por:

cab-blog-ttperal

Publicado en ONE MAGAZINE

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