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Jorge Juan y Santacilia, jefe de escuadra de la Real Armada

  • Escrito por Redacción

jorgejuan

Les ofrecemos gracias a las colaboraciones del blog "Gran Capitán" otro capítulo histórico que creemos que podría ser de su interés. 

 Cuando Jorge Juan y Santacilia llegó al mundo en 1713 poco o nada hacía prever que su nombre se inscribiría con letras de Oro en el libro de la Armada Española. Tras el reinado del último Austria, la Real Armada, que siempre había ocupado un lugar secundario durante el reinado de los Austrias menores, simplemente había dejado de existir.Con el advenimiento del primer Borbón, esta penosa situación estaba llamada a cambiar, pero sería el trabajo y el ingenio de hombres como Jorge Juan quien haría posible lo que sin exageración se llamó el milagro naval español.
A los doce años partió hacia Malta para recibir los hábitos de la Orden de San Juan. Su tío Cipriano, que se había encargado de su educación junto con su hermano Antonio tras la muerte de su padre, era caballero de esta misma Orden, lo que evidentemente habría de abrirle muchas puertas...
En esta Orden habría de recibir su primer título con tan solo catorce años, al ser nombrado Comendador de Aliaga en Aragón y encomendársele la persecución de naves moras.
En 1730 ingreso en la Real Compañía de Guardias Marinas, fundada poco antes por el ministro Patiño y que habría de ser el germen de la futura Marina española.
Quisiera hacer un breve inciso en la historia de esta Academia, ya que su impronta sería fundamental en el devenir de Jorge Juan y de la Armada.
En 1717 (no está claro si fue en 1717 o en 1716) Patiño pensó que era vital para la nueva Armada la creación de un centro de enseñanza que formase a los aspirantes a oficial. Hasta entonces, estos provenían del Colegio de Pilotos de San Telmo, en Sevilla, o de los Cadetes de Galeras de Cartagena, e incluso los menos recibían educación en el extranjero, como el caso de Blas de Lezo.
También existían dos escuelas de pensamiento distintas en Europa, mientras que los midshipmen ingleses primaban sobre todo la práctica y los "garde marins" de la Royale hacían mayor incidencia en una formación teórica muy solvente.
Con buen criterio, Patiño pensó que era indispensable unir las dos tendencias, dando pie a la aparición de marinos científicos que tanto lustre dieron a nuestra marina durante el siglo XVIII.
En las Ordenanzas se fijaba que los aspirantes a guardiamarina debían ser de sangra noble, requiriendo que habían de tener la calidad de hijosdalgo o hijo de militar con graduación superior a capitán, pero al mismo tiempo dejaba una puerta abierta para que entrasen en la marina quienes teniendo estando capacitados no alcanzasen estos requerimientos, creando la figura del "aventurero", algo así como marinero distinguido que sin el grado de oficial recibían la misma formación que los guardiamarinas. Excepción no desdeñable, ya que de esta forma entraron en la marina Antonio de Ulloa, a quien luego veremos con Jorge Juan, Santiago Liniers que llegaría a jefe de escuadra o el varias veces ministro de marina, Francisco de Paula Pavía.
Pero volvamos a Jorge Juan, en la escuela de guardiamarinas toma contacto con las más innovadoras teorías científicas, desde las enseñanzas de Newton a las ideas enciclopedistas de Voltaire, amén de las que más directamente tenían que ver con su oficio de navegante. Pero también toma contacto con los más grandes marinos de la Armada, desde Juan José Navarro hasta Blas de Lezo, pues de los cinco años que duró su estancia en la Real Compañía, tres los pasó navegando por el Mediterráneo, bien en operaciones contra piratas, bien en viajes de representación como el que llevó al futuro Carlos III para que asumiese el trono de Nápoles.
En esta época participo en la expedición contra Orán bajo las órdenes del general don Francisco Cornejo y de Juan José Navarro, y posteriormente en la escuadra de Blas de Lezo luchando contra los refuerzos turcos que pretendían recuperar la ciudad.

El CIENTIFICO

1734 fue sin duda, un momento memorable para el joven Jorge Juan. Felipe V junto con el rey de Francia, Luis XV acuerdan enviar una expedición a la ciudad de Quito para medir un arco del meridiano terrestre. Los valores obtenidos, comparados con los obtenidos por otras expediciones permitirían determinar con exactitud la forma de la Tierra. Se pretendía determinar si la Tierra tenía forma de melón o de sandía, y esta discusión que nos puede parecer fútil hoy en día, mantenía enfrentados a los mayores cerebros de la época como Cassini, Newton, Halley o Feijóo entre otros.

Sorprendentemente, por virtud o necesidad, Felipe V manda elegir a dos de sus más hábiles oficiales para que acompañasen a los sabios franceses, para que les ayudasen si, pero también para que supliesen si alguno de ellos (o todos) faltasen por muerte o accidente, por ello, da órdenes de que la elección ha de recaer en : "Dos personas en quienes concurriesen no sólo las condiciones de buena educación ..., sino la instrucción necesaria para poder ejecutar todas las observaciones y experiencias conducentes al objeto, de modo que el resultado fuese fruto de sus propios trabajos, con entera independencia de lo que hicieran los extranjeros"

Pero más sorprendente fue que no se eligiese a dos curtidos oficiales, sino a dos jóvenes guardiamarinas de 21 y 18 años, sin graduación oficial, a los que hubo que ascender a tenientes de navío, saltándose tres empleos. Los elegidos fueron Jorge Juan y Antonio de Ulloa, y su misión no habría de ser fácil, ya que además de las tareas científicas que la expedición requería debían de hacer un informe sobre la situación política, social y militar del virreinato, levantar planos y cartas, estudiar puertos y fortificaciones y al mismo tiempo vigilar las actividades de los franceses, ya que todo lo que estos viesen acabaría en un informe para su Rey.
Esta última encomienda, nos da también una imagen de Felipe V, que por muy Borbón que fuese y aliado convencido de su país de nacimiento actuó como Rey de España.
Sería largo detallar los pormenores de la expedición, que duró 9 años y que estuvo preñada de dificultades de toda índole, desde climatológicas, de convivencia entre los académicos franceses e incluso bélicas, ya que durante el tiempo que estuvieron en América estalló la guerra de los nueve años y por tres veces tuvieron que acudir a Quito para ayudar en la defensa del Virreinato, amenazado por el Almirante Anson, y como no, las pagas que no llegaban.
Fruto de estos sacrificios vieron la luz cuarenta de las cien cartas náuticas modernas del mundo, realizadas por Juan y Ulloa y la medición más exacta del grado del meridiano, establecida por Jorge Juan en 56.767.788 toesas (1 toesa = 1,98 metros), que luego daría paso al metro y al sistema métrico decimal.

Portada de "Observaciones astronómicas y físicas hechas en los Reinos del Perú"

Terminados los trabajos, decidieron los españoles volver a Europa, optando por embarcarse en buques distintos con copias de toda la documentación de modo que no se perdiese el trabajo de tantos años. Jorge Juan embarco en la fragata francesa Liz y llegó a Brest el 31 de octubre de 1745, y de allí a Paris, donde tras exponer sus observaciones fue nombrado miembro de la Royal Academie des Sciences a la edad de 32 años.
Antonio de Ulloa, por su parte, embarcado en la Deliberance fue apresado por los ingleses en guerra con Francia, por lo que se deshizo de la información confidencial que habían recopilado sobre las defensas españolas, pero no de los estudios científicos. Y estos papeles habrían de labrar su fortuna, ya que conducido preso a Portsmounth, la relevancia de sus observaciones fueron abriéndole camino hasta el Conde de Harrington, a la sazón Ministro de Estado y hasta el presidente de la Royal Society, quienes tras el estudio de estos lo liberaron, le devolvieron su documentación y le propusieron como miembro de esta institución, con 30 años.

MILITAR Y ESPÍA

"Procurará con maña y secreto posible adquirir noticias de los constructores de más fama en la fábrica de navíos de guerra de aquella Corona, y valiéndose de los medios que le dicte su prudencia, y aprovechando las ocasiones que facilita el estudio, o la casualidad, tratará la forma de ganar uno o dos de estos constructores para que vengan a Madrid"..."Visitará los arsenales de mayor nombre de Inglaterra y, siempre con disimulo de una mera curiosidad, formulará y remitirá plano de ellos y de sus puertos; examinará todas las obras que hubiere en ellos y en sus puertos y las que se estuvieran haciendo , sean muelles diques, almacenes u otras pertenecientes a Marina"
De vuelta a Madrid, la realidad había de ser más dura. Felipe V había muerto y a nadie parecía interesar los descubrimientos de los jóvenes marinos, pero afortunadamente un riojano de Hervías, poco mayor que ellos, Zenón de Somodevilla y Bengoechea, vino a su rescate.
Quizá este nombre nos diga poco, pero si decimos que se trataba del Marqués de la Ensenada, secretario de Estado y del Despacho, ministro de Hacienda, de la Guerra, de Marina e Indias y secretario de la reina. La importancia de Ensenada en la historia del siglo XVIII nunca será bien ponderada, no solo modernizó la Armada y el Ejercito previendo el futuro enfrentamiento con Inglaterra, sino que no fiándose del apoyo de nuestro aliado de entonces, Francia, trabajo por modernizar la Hacienda y la industria nacional alentando e impulsando el comercio, tanto europeo como con América.
Como decía, el nuevo Rey, siguió los consejos de su ministro y se interesó especialmente por la parte político-militar de la expedición, sabiendo ver la importancia y la profesionalidad con la que había sido realizada y cuanto trabajo quedaba por realizar si había de proteger convenientemente a las Indias y no fiarlo todo a la capacidad de los capitanes de Su Majestad (léase Blas de Lezo o Pedro de Cevallos).
Por su parte Ensenada hizo publicar las Observaciones y la Relación Histórica del Viaje, ya que el trabajo de los jóvenes marinos merecía un reconocimiento público que no podía ser otorgado por la parte reservada de la empresa. Y que a la postre le supondría la fama en toda Europa, ya que la relación española apareció en 1748 mientras que la francesa habría de esperar hasta 1751.
En lo personal, la aventura les valió a Juan y a Ulloa el ascenso a capitanes de fragata, pero para Jorge Juan supuso algo más importante, el comienzo de una intensa relación con D. Zenón que habría de terminar en una profunda amistad.
Y en pos de esta cooperación, Ensenada requirió a Jorge Juan para otra misión, si acaso más importante para la seguridad del Reino y que es el objeto de este artículo.
En 1749, bajo el sobrenombre de Mr. Josues, Jorge Juan se embarca con destino a Londres con un peligroso cometido ideado por Ensenada. Debe realizar una labor de espionaje en toda regla sobre el sistema de construcción naval británico y, en la medida de lo posible, contratar a cuantos expertos pueda, constructores, carpinteros, fabricantes de velas... Cuantos más mejor.
En esta misión le acompañaban dos jóvenes guardiamarinas, José Solano y Bote (futuro Marqués de Socorro y Pedro de Mora y Salazar)
Pero su misión no acababa aquí, siguiendo el espíritu renacentista que hacía furor en la Armada, Ensenada le encomendó también hacerse con información sobre la fabricación de lacre, armamento diverso, paños, instrumentos médicos, bombas de vapor, máquinas de dragados, en fin, todo lo que callera en sus manos para facilitar la tarea de potenciar la industria y la economía española, verdadera finalidad del Marqués. Una autentica misión de espionaje industrial.
Su misión duró 18 meses, tras los cuales tuvo que salir huyendo al ser descubierto, según unos al ser denunciado por los familiares de uno de los "contratados" y según otros al ser sorprendidos mientras un cura irlandés oficiaba una misa, pero pudo coaptar a 50 técnicos que le acompañaron hasta España, entre los que se encontraban Gryant, Howell, Rusth, Turner y especialmente Mateo Mullan, padre del futuro Santísima Trinidad.

CONSTRUCTOR E INGENIERO DE LA REAL ARMADA

El Guerrero

Ya en España, Jorge Juan comienza a estudiar la documentación, y lo que vio no terminó de gustarle y comenzó a dar forma a un sistema nuevo.
A este momento, la construcción naval española ya era un sistema puntero en Europa. Gaztañeta había conseguido buenos buques aunque quizá algo ligeros. Sus detractores achacaban que era un sistema demasiado primitivo y poco científico, que se basaba en las antiguas tradiciones y viejas reglas de construcción. En el aspecto técnico, se decía que eran buques con demasiada eslora por lo que eran tendentes al quebrantamiento (el quebranto es un fenómeno que se produce cuando un buque se encuentra suspendido en la cresta de una ola. En esta situación las fuerzas que aparecen tanto en proa como en popa pueden partir el buque por la mitad. Evidentemente, cuanto más largo y estilizado es un buque más posibilidades hay de que se produzca). Esta razón también limitaba la capacidad del buque respecto a su artillería y por esta razón los buques españoles no contaban con piezas de 36 libras. También se le achacaba falta de consistencia en las ligazones y necesitado de continuas carenas y reparaciones. Sin embargo este sistema era muy admirado por los ingleses, que como ya se ha dicho, lo copiaron en lo posible, admirados por la mayor estabilidad y capacidad de absorber daños que sus propios buques, como pudieron ver con el Princesa. Buque apresado por los ingleses en desigual combate contra tres enemigos de igual porte, que fue apresado tras a costa de graves daños en los propios y que una vez en puerto inglés fue estudiado y dio lugar a los nuevos buques ingleses, como el Victory, que no era sino un Princesa alargado.
Jorge Juan, por el contrario, encontraba serios inconvenientes al sistema del insigne vasco, como se puede observar en sus escritos:
En nuestros navíos españoles construidos por Gaztañeta, las cuadernas iban tan unidas como a la inglesa; pero las uniones ó empalmes de unas piezas con otras eran menores; lo que disminuía cada pieza de pie y medio a dos pies en su largo, que importaba en todo alrededor de 1.000 quintales de peso que se le quitaban al navío; siempre era alivio; pero de obra falsa, como saben los buenos constructores>>.
Con la sustitución de D. José Antonio tras el desastre de Pessaro (otro baldón en la insignia británica) las líneas maestras de nuestra escuadra se inclinan aún más hacia el sistema francés, buques ligeros y veloces, pero de poco valor militar, que si bien eran útiles para lo que España los quería, proteger convoyes, sería insuficientes para los grandes combates que se avecinaban.
El sistema de este (Jorge Juan) plasmaría una mejora del sistema importante, esloras más cortas, menor lanzamiento, libre de pesos innecesarios y sobre todo redujo los pesos altos, que le dotaron de mejor estabilidad. El sistema era en realidad una mezcla entre el sistema inglés, el sistema Gaztaneta e ideas propias que consiguieron ensamblar ambas escuelas. De su mesa de dibujo salieron barcos celebres, y digo de su mesa de dibujo por que en su diseño se aplicaron las matemáticas y la física para lograr las mejoras proporciones, la mejor disposición de la artillería o el tamaño de los palos o su colocación. Quizá el mejor representante de su método fue el Guerrero, que sirvió durante 100 años bajo el pabellón español.
No obstante también tuvo detractores que le achacaban que sus barcos no eran buenos marineros y no ceñían bien, pero a su favor habrá que decir, que paso de copiar a ser copiado por los ingleses, lo que ya dice bastante de las bondades de sus barcos.
Pero quede claro que, a mi modesto entender, Juan no rompe con el sistema Gaztañeta, lo evoluciona, pone ciencia donde el vasco había puesto experiencia e instinto, desarrolla (crea) el concepto de desplazamiento y establece los volúmenes de carena, curvas de peso y momentos. Pero también Jorge Juan trabajo con Gaztañeta y aprendió de él.
El primer buque construido bajo su método fue el Septentrión, de 1753, más pequeño de lo deseado (64 cañones), ya que se emplearon maderas cortadas con el patrón del sistema anterior (lo que de paso retraso su entrega a la Armada)
Pero no solo quedó en buques su trabajo, con el aval del Rey organizó los astilleros y arsenales, construye diques en El Ferrol y Cartagena y establece una división industrial del trabajo, especializando a los obreros en las diferentes tareas, bien estuviesen en los diques, astilleros, fabricas de lonas, etc. A este método científico se deben buques como el citado Guerrero, el Oriente, el San Fernando, el Glorioso (segundo de este nombre, no confundir con el buque construido en 1740 de inmortal memoria y construido bajo el sistema Gaztañeta ) o el Aquilón, pertenecientes a la serie de los doce apóstoles (aunque nunca llegaron a ser 12 buques). El último citado, el Aquilón, puede mostrarnos la situación de la Real Armada, donde convivieron los dos sistemas de construcción. En 1755 se encontraba desarmado en la Carraca, en una inspección rutinaria, se encontró que hacía mucho agua y que las maderas se pudrían con rapidez, por lo que se le hicieron reformas, pero recuperando el sistema precedente, pero para entonces, como veremos más adelante, Jorge Juan ya había caído en desgracia.
En 1752 podríamos decir que cierra un ciclo en su biografía personal, ya que vuelve a la Academia de Guardia Marinas, ahora como director, implantando las enseñanzas científicas que en ese momento estaban causando furor en el resto de Europa. Paralelamente fundó en Cádiz el Observatorio Astronómico. Allí sigue investigando y experimentando, buscando la manera de conseguir buques más ligeros y veloces que sin embargo presenten la suficiente resistencia en caso de combate.
Impone unas normas directoras, que no por obvia fue menos importante.

"Los buques se han de construir con la menor cantidad de madera y herraje, pero ha de tener toda la madera y herraje necesario para mantenerse firme"

Este enunciado, en labios de cualquier otro sería una simplicidad indigna de ser considerada, pero dicha por Jorge Juan, con su trayectoria y experiencia, engloba un pensamiento estratégico de primera importancia. España necesitaba una flota grande y poderosa, los medios eran escasos (siempre son escasos y más aún en la España de aquellos años), por lo que era necesaria una eficiente asignación de recursos si las costas europeas y americanas habían de ser protegidas eficazmente de la cada vez más omnipresente Royal Navy.
Con esta finalidad construye modelos de sus buques, que remolcados, permitirían comparar resistencias, velocidades y maniobrabilidad. Como no pudo ser de otro modo, su fama trascendió las fronteras nacionales, por lo que en 1753 el almirante Howe se acercó a Cádiz para comprobar si los rumores sobre las creaciones del "Sabio Español" eran ciertos. Y entre admirado, sorprendido y preocupado, hubo de confirmar que sí, que eran ciertas las informaciones sobre la ventaja del sistema español.
Pero ya he mencionado que Jorge Juan era un hombre renacentista, su ingenio abarcaba cualquier materia de estudio (en realidad esta faceta no era privativa del valenciano, sino que era extensible a los ilustrados de su época). Por tanto, se multiplica para supervisar la construcción de diques al tiempo que asiste a los fabricantes de cañones en la Fábrica de Artillería de La Cavada, mejorando las minas de Almadén y Linares o los riegos de Murcia y Aragón. En junio recibe el encargo del monarca para examinar y arreglar el sistema de pesos y ligas de la moneda, para lo que es nombrado ministro de la Junta General de Comercio y Moneda.

El Real Fénix

Pero pocos días después, el buen Rey Fernando VI cometió uno de los pocos errores, a mi juicio, de su reinado. Procurando a ultranza el mantenimiento de la estricta neutralidad entre Francia e Inglaterra, decreta el cese del Marqués de la Ensenada, debido a que este, a espaldas del monarca, preparaba un rearme contra los británicos. La historia posterior daría la razón a D. Zenón, pero esa es otra historia.
Con la caída de su protector y alma del resurgimiento español de los primeros borbones, Jorge Juan debe elegir. O se mantiene, al menos de forma testimonial del lado del Marqués o se apunta al bando emergente. Con Ensenada recluido en su casa, desposeído de sus cargos y bajo la prohibición expresa de recibir visitas, Jorge Juan se presenta en Granada ante su antiguo protector y le brinda su hacienda para socorrerlo en sus necesidades (Antonio de Ulloa, justo es recordarlo, hizo el mismo ofrecimiento a D. Zenon). De esta forma tan sencilla, toma partido y sella su destino. Y en efecto, paulatinamente fue desplazado, no ya el, sino su sistema de construcción, sustituyéndolo por el método francés de Gautier, método que supuso un retroceso para la Real Armada. Esta es la opinión del capitán del San Pedro de Alcántara, uno de los tres primeros buques construidos según este sistema:
"Impedía el uso de la artillería del combés, por cuanto no cabía apuntar con ella por la parte de sotavento, ni por la de barlovento..., en un caso por la considerable depresión y en el segundo, por la razón inversa".
Hay que hacer aquí una puntualización aunque nos estemos saliendo del tema, el mejor buque del "sistema francés", el San Juan Nepomuceno, podría considerarse como un buque mixto. Su construcción estaba ya bastante comenzada cuando Gautier se hace cargo de los astilleros españoles, y aunque se deshizo gran parte de lo adelantado hasta entonces, las tablas que ya se encontraban cortadas se mantuvieron por lo que no sería un Gautier puro.
Además, cuando Romero Landa sucede a este e inicia la construcción de los "Ildefonsinos", retoma el proyecto de Jorge Juan para construir los que posiblemente fueron los mejores buques de su clase en Europa.
Pero otra vez debemos abandonar esta línea de pensamiento para centrarnos en la biografía de Jorge Juan.

EL DECLIVE

Tras la caída de Ensenada y su paulatino alejamiento de los centros de decisión, va dedicando su tiempo a la disquisición científica y el estudio teórico, en el secreto intento de que con el tiempo se transformase en una Academia científica.
Aún tuvo voluntad, capacidad y arrestos para dirigir una carta incendiaria a Carlos III, ya rey de España por la muerte de su hermano en la que criticaba el seguidismo de las técnicas francesas que volvían a imponerse en la Real Armada.
En 1757 publica el "Compendio de navegación para el uso de los caballeros guardia marinas" [i] y en 1760 fue nombrado Jefe de Escuadra lo que afecta seriamente a sus salud, obligándolo a confinarse en el balneario de Busot para recuperar su salud perdida.

Compendio de navegación para el uso de los caballeros guardia marinas

Aún tuvo tiempo más tarde para prestar un último servicio a su Rey, en 1766 Carlos III lo nombra embajador extraordinario en la Corte de Marruecos. Su misión duró seis meses y según acreditan las crónicas fue desempeñada a plena satisfacción de la Corte de Madrid.
En 1771, fruto de sus disertaciones solitarias en Cádiz tras la caída de Ensenada ve la luz una de las grandes obras científico-militares de la época: los dos volúmenes de [i]"Examen marítimo teórico práctico, ó tratado de mecánica aplicado á la construcción, conocimiento y manejo de los navíos y demás embarcaciones" . Obra que se centra en la mecánica del buque en su primer capítulo, dejando para el segundo las técnicas de construcción y maniobra. Con gran éxito de crítica... allende nuestras fronteras.

Busto de Jorge Juan

Falleció Jorge Juan de un ataque epiléptico el 21 de julio de 1773 y sus restos tras un largo peregrinar descansan hoy en el Panteón de Marinos Ilustres con este epitafio:

<< El Excmo. Sr. D. Jorge Juan y Santacilia, natural de Novelda, en el reino de Valencia, Caballero de la Orden de Malta, Jefe de la Armada, Capitán de los Guardiamarinas y Director de su Escuela, Rector del Seminario Real de Nobles de Madrid, que después de haber dominado el mar con barcos de nuevo tipo y construcción, explorando el África como Embajador en Marruecos, recorriendo la América para levantar el plano de la Tierra y Europa para llevar a cabo investigaciones literarias, con las que ilustró sus Academias, como la Española de San Fernando, la francesa, la inglesa y la prusiana, entregó al Señor la vida que de El había recibido, y que ennobleció con su piedad y buenas costumbres, a los sesenta años de edad, en Madrid, el 21 de junio del año del Señor 1773.
Sus desconsolados hermanos Bernardo y Margarita cuidaron de que fuese colocado y levantado un monumento, con el consentimiento del Ilmo. D. D. Juan Zapata, Marqués de San Miguel de Gros, patrono de la capilla>>.

(La capilla a la que hace referencia es la Capilla de Valvanera, donde descansaron sus restos hasta que fue destruida por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia)

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