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MENTIRAS CATALANISTAS: LA MANIPULACION DE LA HISTORIA

  • Escrito por Redacción

Mentiras catalanistas de la Historia

La invención de una historia de Cataluña (impunemente adulterada) por determinados círculos políticos (y, lo que es peor, sociales y culturales) a costa de Aragón.

Se puede tener engañado a alguien todo el tiempo, a bastante gente durante algún tiempo, pero jamás a todo el mundo todo el tiempo.

En 1976 robaron  la  “cuatribarrada” a los aragoneses. 

Enseña del rey de Aragón:

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BANDERA HISTÓRICAMENTE LIGADA A LA CORONA DE ARAGÓN

Ninguna leyenda áurea, por muy patrocinada desde el poder que se halle, puede modificar la Historia. Desgraciadamente, la de Cataluña, tan rica y fecunda por otros conceptos, nos la dan hoy impunemente adulterada.

Las banderas como símbolo y testimonio de una “nación” son muy tardías (posiblemente del siglo XVIII). Durante la Edad Media las banderas sólo representaban al Rey de Aragón, ya que las “naciones” se consideraban entonces como el conjunto de hombres que dependen de un rey.

Las “barras” son de origen aragonés y no catalanas, responden a una enseña real y no condal.

Nuestros vecinos y sin embargo queridos catalanes no podían disponer de pendón o bandera, ya que esta prerrogativa era exclusiva de Reyes, y Barcelona, como condado, no disponía de ese privilegio. 

El primer uso conocido y oficial de las “barras” se verifica en el rey de Aragón Alfonso II. A partir de ese momento, la tradición universal llama a tales palos “barras de Aragón” y, en el momento, tardío, en que se empiezan a canonizar las reglas del arte del blasón, la palabra “Aragón” sirve, específicamente, para designar los palos de gules sobre campo de oro.

La más antigua representación gráfica de la bandera del rey de Aragón se encuentra en las pinturas góticas del castillo de Alcañiz (Teruel), datadas de entre finales del siglo XII y principios del XIII, que representan la conquista de Valencia por el rey Jaime I. Allí se encuentran las “barras” rojas sobre fondo amarillo.

En los Anales del Reino de Aragón realizados entre los años 1562 y 1580 por Jerónimo de Zurita, (incuestionable su autoridad como cronista moderno y su método historiográfico riguroso. Muestra una nueva concepción de los deberes de un historiador y, no contento con los amplios materiales guardados en los archivos de Aragón, buscó sus fuentes en los Países Bajos, Roma, Nápoles y Sicilia, para encontrar documentos de primera mano que le permitieran replantear la historia desde sus materiales más fidedignos), leemos en el tomo I, folio 91, página 1, que el Papa Inocencio III autorizó a D. Pedro II Rey de Aragón, Conde de Barcelona y Señor de Monpelier, a usar como propios los colores del Gonfalón o estandarte de la Iglesia, (palos rojos sobre dorado), al renunciar D. Pedro, al derecho que tenía como rey, a nombrar Obispos a su capricho (cosa normal y privilegio de todos los reyes medievales), y declararse él y sus descendientes y con él todos sus territorios, feudatario de la Santa Sede. Eso ocurría el año 1.204.

Los Condes de Barcelona, El Reino de Valencia, Baleares, Sicilia, Nápoles, la ciudad valenciana de Alguer e incluso el sur de Francia tienen en sus escudos heráldicos la señal “DEL REY “como prueba de que todos ellos formaban parte de la gloriosa Corona de Aragón, como así aparece en documentos, testimonios, historia, escudos, pinturas, tablas, manuscritos, ilustraciones, pergaminos, bordados y tejidos.

De todos es conocida la mentira extendida por los catalanistas de esa leyenda inventada en el siglo XVI sobre el conde Wilfredo el Velloso, pero no pasa de ser una falsa tradición, rechazada íntegramente por todos los historiadores.

Los catalanistas opinan que las “barras” ya las utilizaban los condes de Barcelona, aunque lamentan que los sellos conservados del conde barcelonés Ramón Berenguer IV no las presenten. Incluso es posible que se hayan producido alteraciones en los testimonios conservados. Por fortuna se ha catalogado recientemente uno de esos sellos, conservado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, y alli se observa que la enseña de Ramón Berenguer IV tiene en su escudo una especie de escamas triangulares. Si eso fuese asi, habría que estudiar los restantes sellos conservados del conde, con objeto de ver si han sido manipulados para borrar un testimonio epigráfico de primera importancia.

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Al resurgir los nacionalismos y regionalismos del siglo XIX, se tomó como símbolo de las viejas regiones que integraron la Corona de Aragón lo que en realidad sólo fue la “enseña del rey de Aragón”.

No está de más recordar que en 1285 la crónica de Bernard Desclot (historiador catalán) precisaba aquello de: «No pienso que galera o bajel o barco alguno intente navegar por el mar sin salvoconducto del rey de Aragon, sino que tampoco creo que pez alguno pueda surcar las aguas marinas si no lleva en su cola un escudo con la enseña del rey de Aragón».

De todos modos, las cuatro barras son usadas, universalmente en Europa y en la Península por todos los contemporáneos, con la locución medieval de barras de Aragón.

Cuando los catalanes encargaron a finales del siglo XIX la estátua del conseller Casanova, al que tienen por “héroe” de las jornadas de 1714, se preocuparon muy mucho de que Casanova apareciera herido y moribundo abrazando la bandera de Santa Eulalia y NO la cuatribarrada aragonesa. Y allí lo pueden comprobar ustedes si visitan la Ronda de San Pedro barcelonesa.

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El mayor éxito literario del año 2006 en España:

La Catedral del Mar.

“LA CATEDRAL DE LAS MENTIRAS” de Ildefonso Falcones, a este abogado catalán especializado en Derecho Civil se le pulsa la fibra nacionalista y le lleva a extremos ridículos como formador de espíritu nacional aldeano y nos reescribe la memoria.

En el libro se obvia la historia de Aragón, se catalaniza por completo a mala idea.

Buena novela histórica, pero lamentable en términos de rigor histórico.

Se comprueba, una vez más, la necesidad ansiosa que parecen sentir diversos sectores catalanes por inventarse una historia de Cataluña a costa de la realidad de los hechos del pasado. Lo que ocurre es que esa invención de la historia debe hacerse necesariamente a costa de otros pueblos con los que en el pasado se compartió destino político, especialmente Aragón. Olvidan esos sectores que Aragón sigue existiendo y siguen existiendo aragoneses. Y, por muy pocos que seamos, no dejaremos de denunciar el intento de manipular la realidad histórica de Aragón y no dejaremos de defender nuestra dignidad personal y colectiva, el respeto a nuestros antepasados y de nuestro país y las obligaciones que tenemos con las generaciones futuras.

Los Pirineos desde el aire:

16/1/2007. Serie documental hecha en Cataluña y para los catalanes. Las imágenes, estupendas, pero los comentarios, deplorables.

Aragón Televisión exige a la productora que rectifique las referencias, entre otras lindezas de “Pere el Gran”, rey de Cataluña y comentarios sobre más inexistentes reyes de Cataluña.

¿Pedro II?, ¿Pere II?, otra falta de respeto, ¡Pedro III!

26/11/2009. Los “historiadores” catalanistas siempre disminuyen en un numeral a todos los reyes alfonsos y Pedros.

La comparecencia del consejero de “Cultura” de la Generalitat, Joan Tresserras, para explicar el estudio de los restos de Pedro III estuvo plagada de manipulaciones, y perfiló una visión torcida de la realidad histórica. Numerosos investigadores critican sus términos. En sus palabras, entre otros errores de grueso calibre, se refirió con frecuencia a Pere II y a la Corona catalanoaragonesa, expresiones que han vuelto a avivar las llamas de una antigua polémica: la de la apropiación en Cataluña de símbolos y elementos aragoneses, desde el Aneto, definido con frecuencia como “el pico más alto de los Países Catalanes” hasta los bienes del Aragón Oriental, definidos como “bienes de la Franja de Ponent de Catalunya”.

La nota de prensa facilitada por el Gobierno catalán terminaba refiriéndose al “rey Pere II el Gran” y los textos históricos del dosier de prensa incluían una biografía del monarca que comenzaba diciendo que “fue rey de Cataluña, Aragón y Valencia”. Además, en el análisis de las tumbas reales se habla “de reyes catalano-aragoneses”. En la web de la Generalitat se incluía también un monográfico sobre “Pere II el Gran” en el que se citaba varias veces a la “Corona Catalano-aragonesa” y, de nuevo, a los “reyes catalano-aragoneses”. Hay que recordar que la denominación correcta es Pedro III, rey de Aragón; Pedro I, rey de Valencia o Pedro II, (o Pere II), conde de Barcelona.

Cataluña nunca fue independiente. El hecho de que los catalanes tuviesen rey se debe a que su soberano era rey, no a que Cataluña fuera reino.

No se puede faltar al respeto a la Historia de esa manera. Cuando hablan de Corona catalanoaragonesa están mintiendo, esa denominación es un disparate. En la Península Ibérica solo existían dos Coronas, la de Castilla y la de Aragón. Pero el fenómeno no es nuevo. Ya hace años se inventaron un Principado de Cataluña que tampoco existió, cualquier historiador riguroso conoce, de sobra, que nunca Cataluña fue un “principat”.

Profesor Ubieto: “lo único realmente cierto es que no hay ningún documento jurídico por el que los Reyes de Aragón hubieran tenido ni la más mínima intención de cambiar el único título que históricamente le corresponde en Cataluña: condados feudales”.

Justifican el presente proyectándolo al pasado, y eso es, ni más ni menos, falsificar la Historia.

  http://aragonanticatalanista.wordpress.com/2010/01/28/manipulacion-de-la-historia/

 

 

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