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David Stevenson: «La Primera Guerra Mundial forma parte del camino que conduce a la Guerra Civil»

  • Escrito por Redacción

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La entrada en 2014 marca el inicio del centenario de la Primera Guerra Mundial. Gran Bretaña, Francia y Bélgica han trufado el calendario de conmemoraciones de la contienda que sembró quince millones de cadáveres en el continente.

Alemania mantendrá un perfil bajo. Para el prestigioso historiador de la London School of Economics David Stevenson, la Gran Guerra «nos recuerda que el mundo es un lugar peligroso». Autor del clásico «Historia de la Primera Guerra Mundial», publicado ahora en español por Debate, este especialista desgrana las verdaderas claves del conflicto.

–¿Cuál fue el impacto estratégico de la Primera Guerra Mundial?

–Su huella está en todas partes. Muchos de los puntos calientes tienen su origen, en parte, en aquella guerra. Los Balcanes, Ruanda, creada a partir de territorio alemán cedido a Bélgica; Líbano, ampliado por los franceses en 1920; Irlanda del Norte, establecida en 1921; Irak, creado por los británicos a partir de tres provincias otomanas, o la Declaración de Balfour sobre Palestina en 1917. Por supuesto, está en el origen del ascenso de ideologías como el nazismo, el fascismo y el comunismo. Y tuvo un papel en España, agravando la división entre izquierda y derecha y polarizando la opinión pública. Forma parte del camino que conduce a la Guerra Civil española.

–¿Qué deberíamos recordar ahora?

–Desde la perspectiva británica, la Primera Guerra Mundial es lo peor que nos ha ocurrido en la Historia moderna, las bajas británicas en la segunda fueron un tercio de las sufridas en la primera, casi un millón. La tumba del soldado desconocido o el día del recuerdo en Reino Unido se remontan a cómo se articuló la memoria de la guerra después de 1918. ¿Cómo se conmemoran los atentados del 11-S? Mediante el silencio, cuyos orígenes se remontan a los homenajes organizados en Ciudad del Cabo en 1916 por los soldados sudafricanos caídos en Francia.

– ¿Qué conclusión podemos sacar para países que, como España, no se ponen de acuerdo en por quién o qué guardar silencio?

–Tiene que ver con la historia del país. En la República de Weimar en Alemania tampoco existía un consenso sobre la memoria. En 1925 hubo dos manifestaciones de signo opuesto el 11 de noviembre, el Día del Armisticio, una de signo nacionalista y otra pacifista convocada por los comunistas. En Gran Bretaña, Francia o Bélgica, el recuerdo de aquella experiencia ha servido para unificar el país y se ha consolidado en la vida de la nación. En Alemania fue un elemento de división. Y, por supuesto, la Rusia comunista intentó borrarla en los años 20 y 30 por considerarla una guerra capitalista y un desastre. Si crees que lo que ocurrió en el pasado nos afecta y si optamos por no vivir en una burbuja en el presente, como prefieren ciertas personas, la Primera Guerra Mundial es uno de los acontecimientos más importantes de la historia contemporánea. Fue un conflicto mucho peor de lo que nadie imaginaba en 1914, y amplió las posibilidades de lo feo que puede ser el mundo. Nos recuerda que el mundo es un lugar peligroso.

–¿Por qué era tan débil la seguridad del archiduque en Sarajevo?

–Sí, nunca se ha explicado del todo. Probablemente es lo que Francisco Fernando quería. Se trataba de una ceremonia de poca importancia a la que podía asistir en compañía de su mujer, una condesa checa que, al no cumplir las rígidas exigencias de la Casa de Habsburgo, no podía acompañar a su marido en actos públicos en Viena. Por la mañana, la parte planificada del atentado con bomba fracasó. Lo que ocurrió por la tarde fue casi un accidente. El archiduque se negó a cancelar la jornada, y una de las cosas que hizo fue visitar a los heridos en el atentado. Su conductor se perdió y modificó la marcha justo donde el asesino, el bosnio Gavrilo Princip, esperaba tomando un café con su revólver.

–¿Fue el detonante o un pretexto?

–Lo que ocurrió en Sarajevo tuvo una importancia clave, no fue un pretexto. Había muchos ingredientes que agravaban la tensión en Europa. La carrera armamentística, la sensación de Alemania de estar rodeada, una sucesión de crisis diplomáticas en Marruecos y los Balcanes, un creciente sentimiento nacionalista… Pero Europa ya había conocido este tipo de tensión antes, por ejemplo en los 1880, que no condujeron a una gran guerra. Si no hubiera pasado nada en los Balcanes, en dos o tres años todas las partes habrían agotado su capacidad de financiar su rearme, se habrían producido corrimientos diplomáticos –por ejemplo, a Gran Bretaña cada vez le preocupaba más el resurgir de Rusia-, Europa podría haber gestionado esas tensiones y volver a una situación de normalidad.

– ¿En qué eran diferentes las sociedades europeas de 1913 y las de 1919?

–Las reacciones fueron diferentes. La más clásica es el nazismo. Hitler y la mayor parte de sus colaboradores habían participado en la guerra y se habían radicalizado. Su conclusión es que Alemania había perdido y había sido traicionada, y la solución era repetir la guerra para ganarla esta vez. En Italia algunos sectores tuvieron una reacción similar. Pero hay que recordar que la mayoría de los soldados alemanes volvieron del frente a sus familias y a sus trabajos en la vida civil. Se unieron a organizaciones de veteranos, pero la experiencia no les había radicalizado como a los seguidores de Hitler. Otros fueron empujados hacia el pacifismo y el apaciguamiento, por ejemplo en Gran Bretaña, donde puede trazarse una conexión directa entre la experiencia de la Primera Guerra Mundial y el intento de apaciguar a Hitler en Múnich en 1938. El gobierno británico tenía la presión de mostrar a los ciudadanos que lo había intentado todo para evitar una nueva guerra como la primera.

–¿Y cuál fue la evolución de la sociedad francesa?

–Una mezcla de las dos descritas. La mayor parte de las organizaciones de veteranos de guerra franceses no eran radicales ni estaban politizadas. Eran muy críticas con cómo se había dirigido la contienda, pero insistían en realizar los desfiles de veteranos caminando, y no al paso, por considerarlo demasiado militarista. Se veían como civiles con uniforme. Esto tuvo su influencia estratégica, por ejemplo con la construcción de la Línea Maginot. En caso de conflicto, Francia libraría una guerra defensiva esta vez, con sus tropas cómodamente protegidas en búnkeres en la frontera y no tomando por asalto trincheras.

–La escala del conflicto es brutal…

–El 85% de los alemanes de 17 a 50 años fueron movilizados. En Francia, parecido. Es gigantesco. Alemania movilizó a entre seis y siete millones de soldados, Rusia quince, Francia más de ocho, y Gran Bretaña más de cinco millones. Pero no todos estaban en primera línea. Muchas unidades pasaban dos semanas en el frente y dos en la retaguardia. Ayuda a entender la duración de la guerra.

–¿Qué es lo que más muertes causó?

–El 58% de los muertos cayeron bajo el fuego de artillería. Las causas de muerte cambiaron, y la medicina moderna tuvo mucho que ver. En las guerras anteriores, la principal causa de muerte habían sido las enfermedades. Pero en el frente occidental hubo pocas bajas por cólera, tifus o disentería, que antes diezmaban regimientos, gracias a los avances en anestesia, cirugía aséptica y antiséptica y bacteriología. El frente occidental es el primer frente bélico a escala industrial en el que la mayor parte de las heridas fueron causadas por el combate, por fuego de artillería o de ametralladores, y no por enfermedad. En el frente oriental sí hubo más muertes por enfermedad. Muchas de las heridas en combate podían ahora ser curadas y esos soldados volvían al frente, lo que ayuda a entender esa capacidad de mantener semejantes niveles de tropas durante tanto tiempo. El porcentaje de muertos sobre el número total de bajas fue del 8%, frente al 13,3% en la Guerra de Secesión o el 25% en la de Crimea.

–¿En qué cambió la sociedad europea?

–Desde el punto de vista de género, menos de lo pensado. La mayoría de las mujeres trabajadoras incorporadas a las fábricas de armamento volvieron en 1918 a sus ocupaciones anteriores en el servicio doméstico, el sector textil o la agricultura. Hubo más cambios permanentes en el ámbito laboral de las clases medias con la incorporación de muchas mujeres al trabajo administrativo, como teclistas o secretarias. Así ocurrió en Gran Bretaña, y en Francia y Alemania también. Hubo otras transformaciones. La tasa de divorció creció mucho tras la guerra, por ejemplo. Y el superávit de mujeres tras la muerte de tantos hombres en el frente les obligó a adoptar papeles diferentes a los tradicionales. Las naciones europeas eran además eminentemente agrícolas, y las levas de hombres afectaron en mayor medida a la población del campo. Y cuando muchos franceses o alemanes volvieron a sus granjas, se encontraron que sus mujeres habían asumido tareas de gestión de la explotación durante la contienda que les confería un poder que no tenían antes de la guerra.

–¿La guerra industrializó Europa?

–Sí. La zona de Toulouse, por ejemplo, donde Airbus tiene todavía sus instalaciones, emerge como polo de la industria aerospacial en la Primera Guerra Mundial porque el gobierno francés, ante el avance alemán, tuvo que retrasar hacia el sur las tradicionales zonas industriales del norte y el este del país.

–En su libro explica que los europeos estaban dispuestos «no solo a enviar a sus hijos al frente, sino a entregar sus ahorros para sufragar la guerra». En Reino Unido los impuestos financiaron solo el 26% del coste del conflicto, el resto fueron préstamos de los ciudadanos al gobierno…

–También se financiaron gracias al capital internacional, de EE.UU. en el caso británico, o de prestamistas holandeses en el de Alemania. Los impuestos solo cubrieron un cuarto de las necesidades, así que recurrieron a sus ciudadanos. En parte se explica porque las condiciones de los préstamos eran buenas, la inflación no fue muy alta –los precios se duplicaron en Reino Unido y Alemania, lo que era muchísimo para la época, pero razonable comparado con otros periodos– así que los bonos de guerra ofrecían tipos de interés interesantes en un contexto de sequía crediticia comercial por la guerra. A ese factor financiero se debe sumar el patriotismo. Las poblaciones, en su mayoría, estaban convencidas de que era una guerra justa.

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