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El bisnieto de Agatha Christie vuelve al lugar del crimen

  • Escrito por LA RAZON

AGHATA-CRHISTIE

El descendiente de la prolífica autora acompaña en Londres a la escritora Sophie Hannah en la presentación de «Ataúd cerrado», su segunda novela protagonizada por Hércules Poirot.

 Cuando la reputada escritora Sophie Hanna –autora de «thrillers» que se han publicado en más de 20 países– enseñó el perro que se había comprado a los herederos de Agatha Christie, éstos no daban crédito. ¡Era igual que Peter!, la mascota favorita que tuvo la «reina del crimen». «De verdad que fue una coincidencia, yo no sabía nada. De todos las razas de perros que hay en el mundo, tuve que ir a coger un terrier», explica. No es la única casualidad. A Hanna le encanta el agua. No puede pasar por una playa sin meterse, al igual que Christie, que, aunque pocos lo sepan, fue una de las primeras surfistas británicas cuando en 1922 viajó a la Ciudad del Cabo (Suráfrica).

No fueron estos exactamente los motivos por los que la familia la eligió para «revivir» a Hércules Poirot, pero sus caminos se cruzaron también por otra casualidad. El editor de Hanna, sin tan siquiera consultarla, planteó al editor de la Fundación Christies que ella sería perfecta para volver a escribir sobre el famoso detective. Y cuando este último se lo planteó a la familia no sabía que estaban precisamente barajando la misma idea.

ames Prichard, bisnieto de Christie, asegura que «sintieron la necesidad de hacer más presente la obra» de la gran dama de la novela negra. «Al principio estábamos muy nerviosos... Esto creo que nunca antes te lo había confesado (dice mirando a Hanna con una sonrisa)... Pero cuando nos entregó el trabajo era perfecto», explica. Su opinión es compartida por los críticos. En los últimos años ha habido otras «resurrecciones», como las de James Bond y Sherlock Holmes, pero no en todos los casos han tenido la misma aceptación.

Heredero y escritora recordaban ayer su primer encuentro en las oficinas de la Fundación Christie, en el céntrico Covent Garden, donde ayer ambos recibieron a LA RAZÓN para hablar sobre «Ataúd cerrado», la novela que vuelve a poner a Poirot en el escenario del crimen justo cuando se cumplen 100 años de la creación del célebre personaje.

El reto era complicado. Estamos hablando de Christie, la autora de más de 80 obras de crímenes, dos autobiografías, 50 cuentos y dos piezas de teatro. Sólo de una de sus novelas, «Diez negritos», se han vendido más de cien millones de copias. Sin embargo, para Hanna, el encargo fue más una «liberación que cualquier otra cosa»: «A los doce años leí todos sus libros y desde entonces no los he parado de releer una y otra vez. Ha sido una gran influencia para mí y en mis libros siempre ha estado Christie detrás de las líneas de la misión creativa. Así que cuando me propusieron escribir sobre Poirot fue como salir del armario. Era increíble poder escribir sobre alguien que tenía la sensación de conocer de toda la vida», explica. Lógicamente era imposible copiar el mismo estilo de la gran emperatriz de las novelas de detectives. «El estilo de un escritor es como una huella dactilar», afirma Hannah. Por lo que creó el personaje del Edward Catchpool para poder utilizarlo como narrador. «No habría funcionado si contara la historia desde el punto de vista de Christie o desde cualquiera de sus otros personajes», matiza.

La admiración que este joven detective de Scotland Yard siente por Poirot quedó ya clara en «Los crímenes del monograma», donde Hanna dio vida por primera vez al observador belga de «cabeza ahuevada, zapatos diminutos e inconfundible bigote».

Como sucediera en esta primera novela, la trama ahora de «Ataúd cerrado» se enmarca en 1929, aunque esta vez en Irlanda. «Tenía que ser en esos años. Christie mató al personaje en “El telón” así que era ridículo resucitarlo o intentar situarlo en nuestros días. ¿Te lo imaginas diciendo ‘‘Mademoiselle, he encontrado un dato interesante en Google?’’... Definitivamente no», explica riéndose.

La nueva narración arranca cuando una aclamada escritora de novelas detectivescas infantiles, Lady Playford, invita a un pequeño y variopinto grupo de personas a pasar una semana en su residencia de campo de Lillieoak. Además de sus hijos y las respectivas parejas de ambos, también han sido citados su secretario personal y la enfermera de éste, dos abogados, el sagaz Poirot y Catchpool. La rica escritora anuncia que los herederos de su fortuna no serán, como estaba previsto, sus hijos sino Joseph, su secretario, que sufre una enfermedad terminal y a quien la noticia toma por sorpresa. «Christie nunca comenzaba con un cadáver y un vamos a averiguar quién es el asesino», dice Hannah. «Siempre se inicia con un “¿cómo puede ser esto?¿No es extraño? Y me di cuenta de que inconscientemente siempre había hecho yo también lo mismo con mis libros. Así que me siento como si ella formara parte de mi ADN literato», puntualiza la escritora.

Con respecto a la protagonista, Hannah aclara que no se basó en Christie, sino en la autora Enid Blyton, aunque con particularidades inspiradas en su propia personalidad. «Salta con cosas inesperadas y yo normalmente tengo ideas o planes fantásticos que todo el mundo encuentra extraños», explica.

Las reacciones de los fans son dispares. Hay algunos que le aseguran que no han notado diferencia y otros que dicen que se nota que no es Christie, pero «guarda la esencia». «De verdad que me siento halagada tanto por unos como por otros. Lo importante es que como escritora no me he sentido coartada y tenido total libertad para escribir de nuevo sobre Poirot. Jamás fue mi intención querer copiarla. Eso es imposible», aclara.

¿Le habría gustado a Christie esta novela?, pregunto al bisnieto. «Es algo que nunca nos hemos preguntado. Pero estoy seguro de que ella habría estado muy agradecida y entusiasmada de que hayamos continuado con su obra», matiza. «Lo cierto es que tengo la sensación de que mi bisabuela no tiene ahora todo el crédito que creo que merece. En una reciente lista, por ejemplo, de escritoras más influyentes del siglo pasado no la pusieron y eso nos sorprendió», recuerda apenado.

Al respecto, Hannah asegura que hay mucha gente que considera que la novela de detectives no es literatura. «Existen muchos prejuicios contra este género. Pero yo personalmente, siempre he pensado que la novela negra es la mejor clase de literatura. Y en el caso de Christie, va más allá porque, aparte de ser la mejor, la gente aún no es consciente de todo lo que indaga en la condición humana. Es increíble», recalca.

Como gran fan y sobre todo ahora que escribes de Poirot, ¿qué le preguntarías ahora si tuvieras la ocasión?, pregunto. «Más que preguntarle cualquier cosa, me habría encantado ser testigo de todos esos momentos de genialidad creativa que tenía para elaborar sus tramas», contesta.

Su bisnieto también tendría ahora muchas preguntas para ella. Murió cuando él apenas tenía seis años, pero su padre, Mathew, sí tuvo la oportunidad de vivir con ella y es ahora el encargado de contarles anécdotas, como la del título de «La ratonera». «Mathew nos ha contado que él vivió el momento en el que se gestó el título. En un principio iba a llamarse “Tres ratones ciegos”, pero por algún motivo no podía ser y es cuando pensaron en “La Ratonera’’. ¿Te imaginas haber estado ahí y ser testigo de cómo se gesta el título de una obra maestra?», le pregunta Hanna al bisnieto de la escritora. «Lo más gracioso es que mientras ocurría todo esto, mi padre estaba en el baño», contesta éste riéndose.

Es evidente la especial relación que les une. En cuanto a si Hannah continuará escribiendo más historias de Poirot en el futuro, el heredero no descarta la idea. Pero asegura que, por el momento, se trata de un proyecto que acometen «paso a paso».

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