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Si Jacinto Benavente hubiera tenido Twitter...

  • Escrito por Redacción

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Hombre de teatro y de ingenio, Jacinto Benavente dejó en sus obras frases memorables que, de haber existido Twitter en aquella primera mitad del siglo XX, a buen seguro habrían sido replicadas con cientos de retuits por numerosos seguidores.

En el 150 aniversario del nacimiento del Nobel de Literatura (Madrid, 12 de agosto de 1866/ Madrid, 14 de julio de 1954), recordamos una treintena de sus geniales alfilerazos que rondan los 140 caracteres:

«No hay nadie tan elocuente como uno mismo cuando quiere persuadirse de lo que le conviene estar persuadido» («Gente conocida», 1896)

«Los amores son como los niños recién nacidos: hasta que no lloran no se sabe si viven» («La comida de las fieras», 1898)

«Cuando el corazón dice que perdona una ofensa es que ha dicho antes: "Ya no me importa"» («Operación quirúrgica», 1899)

«¡Quién sabe cuándo es mayor el cariño: cuando nada perdona o cuando lo perdona todo!» («La gata de Angora», 1900)

«El divorcio es ridículo. Además, suprime la única seguridad del matrimonio, la de no poder volver a casarse» («La princesa Bebé», 1904)

«En amor sienta bien a los hombres algo de timidez. La timidez del hombre hace más atrevidas a las mujeres» («Los intereses creados», 1907)

«El día en que cada uno fuéramos un tirano para nosotros mismos, todos los hombres serían igualmente libres, sin revoluciones y sin leyes» («La escuela de las princesas», 1909)

«Triste clase media, que hubiera podido ser una fuerza, si en vez de una caricatura de los de arriba hubiera procurado ser un ejemplo para los de abajo» («Por las nubes», 1909)

«El único modo de que la gente no crea en algo malo es porque le convenga creer en algo peor» («Por las nubes», 1909)

«Lo cruel de la vida no es que lo niegue todo, es que promete mucho (...). No es que se haga aborrecer, es que se hace amar y no corresponde nunca» («La losa de los sueños», 1911)

«Tengo observado que todos los que no pueden tolerar una mala palabra de los superiores son los que más suelen prodigarlas con los inferiores» («La propia estimación», 1915)

«Creer y crear son palabras distintas. Pero cuando dices con toda tu alma: ¡Creo, creo!, creer y crear es lo mismo» («El collar de estrellas», 1916)

«Somos demasiado inexorables al juzgar a los demás cuando nos creemos sin culpa; solo el pecador debiera juzgar a los pecadores» («El mal que nos hacen», 1917)

«Hay silencios discretos que hieren más que una indiscreción imprudente» («La ley de los hijos», 1918)

«La única tristeza sin consuelo en la vida es la tristeza que se ha merecido» («Rosas de otoño», 1919)

«El dinero no puede hacernos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo» («Rosas de otoño», 1919)

«Los chicos son como son con ellos. Yo oigo decir a algunas madres: "¡Qué chico éste más malo, es un castigo!", y (...) casi siempre es justicia» («Lecciones de buen amor», 1924)

«Para que se le ocurra uno algo bueno cuando menos se piensa, es porque antes se ha pensado mucho en ello» («La mariposa que voló sobre el mar», 1926)

«Si hubiésemos de apreciar nuestra bondad por la gratitud de los favorecidos con ella, tendríamos que creer que solo habíamos hecho mal» («El demonio fue antes ángel», 1928)

«Muchas veces, el que nos crean mejores de lo que somos nos obliga a serlo» («¡No quiero, no quiero!», 1928)

«Cuando no se piensa lo que se dice, es cuando se dice lo que se piensa» (¡No quiero, no quiero!», 1928)

«Cambiar los nombres, sin cambiar las cosas, es lo primero con que se engaña al pueblo en todas las revoluciones» («Santa Rusia», 1932)

«El perdón es siempre una humillación y tarde o temprano acabamos por odiar al que ha tenido algo que perdonarnos» («La verdad inventada», 1933)

«Nunca se piensa más que cuando parece no piensa uno en nada» («Al fin, mujer», 1942)

«Con nada se aprende tanto como con enseñar» («La enlutada», 1942)

«Nuestra vida no es nunca lo que hemos querido, sino lo que hemos tenido que dejar de querer» (Los niños perdidos en la selva», 1942)

«A los amigos no se les debe pedir nunca nada. Es el único medio de conservarlos. El dinero se les pide a los enemigos. Es el modo, también, de conservarlos» («Don Magín el de las magias», 1944)

«El peligro del amor no está en las flechas que nos tira, sino en la venda que nos pone...» («Don Magín el de las magias», 1944)

«La educación no es cosa de un día ni de dos... He conocido familias mal educadas hasta la quinta generación. Es la enfermedad más hereditaria» («Abdicación», 1948)

«Lo más parecido a la mentira es el silencio, cuando se calla lo que no se quiere decir» («Divorcio de almas», 1948)

«La naturaleza es generosa, y a la vejez nos quita el sueño para regalarnos un poco más de vida» («Al amor hay que mandarle al colegio», 1950)

«Lo malo que hacemos no prende tanto en la conciencia como lo malo que pensamos» («Tú, una vez, y el diablo, diez», 1950)

«El dinero es como el agua; por muy limpio que sea su origen, al correr pasa por muchos lodazales y no llega siempre limpio a nuestras manos» («Mater Imperatriz», 1950)

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