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Jacinto Benavente, un burgués inquieto

  • Escrito por Redacción

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Se cumplen 150 años del nacimiento del Premio Nobel de Literatura, el culpable de la revolución burguesa del teatro español y el diputado de los vaivenes políticos.

"Jacinto Benavente, un burgués inquieto", dicen que rezaba su tarjeta. Toda una declaración incontestable. Pero podría no ser la única. En esa hipotética tarjeta, coronada con su dirección en la calle Atocha, también se podrían leer otras leyendas como "el hombre que salió a hombros de un teatro" o aquel que cambió de chaqueta política declarándose germanófilo "antes, ahora y después de la guerra", codeándose con los soviéticos después y rindiendo pleitesía a Franco por último. Incluso hubiera sido más normal que el padre del teatro burgués y el innovador de la escena española de la primera mitad del siglo XX llevara impresas otras presentaciones como Premio Nobel de la Literatura, académico de honor de la RAE o diputado del Congreso. Y todo esto serían nada más que unos cuantos ejemplos de la poliédrica vida de Jacinto Benavente (Madrid, 1886), que nació tal día como hoy de hace 150 años. 

El creador de 'Los intereses creados' (1907), su obra más célebre y celebrada, ha pasado a la posteridad por las muchas disputas que tuvo con Valle-Inclán. Benavente estuvo en la pelea en el Café de la Montaña en la que, cuenta la historia... o la leyenda, se lastimó el brazo y también cuando se lo amputaron. "¡Cá, Ramón! Ese ya no te dolerá nunca más", dicen las crónicas que le dijo al genio del esperpento, con el que pasó de la amistad al odio. 

Benavente, el burgués y, claro está, el inventor de eso llamado 'teatro burgués', fue todo en el teatro español y, sin embargo, hoy apenas se ve sobre las tablas. Siempre consideró la escena un juego, uno de esos que, como les pasa a los niños, debía de apasionar al público pero sin que le resultara 100% cómodo. Por eso, consiguió innovar en una época en la que los teatros estaban medio vacíos y montar una obra era poco menos que la ruina. 

'Los intereses creados' (1978)

"Para mí escribir comedias siempre fue aquel mismo juego de niño. Pero, ¿hay nada que los niños tomen más en serio que los juegos?", escribió en una de sus columnas en el diario 'ABC' en 1928. "Siempre mi juguete ha sido el teatro. Yo hacía obritas teatrales para después tener el placer de representarlas en el teatro de muñecos y esto me divertía tanto como pueda divertir a la juventud de ahora jugar al golf, al tennis, al football... Mi placer no estaba en escribir las obras, sino en representarlas", confesaba en una entrevista en la revista 'La Esfera' en 1918. Porque Benavente, el dramaturgo en realidad hubiera querido ser Benavente, el actor.

Dicen los eruditos que su mejor teatro fue el de su primer etapa (hasta los años veinte). Es en esa época en la que abandona el postromanticismo imperante y abraza el realismo, pero sobre todo trae a España las corrientes europeas de teatro, las obras divididas en tres actos y afila el colmillo, mediante la no siempre bien entendida farsa y el sarcasmo, en la crítica social. Consiguió que se hablara de comedia benaventina, esa que imponía el naturalismo y la verosimilitud. El público, que no la crítica -"meterse con mis obras hace intelectual", afirmaba- a pesar de que consiguió buenas palabras de los exigentes Unamuno o Azorín, le respondió. 

El ejemplo más claro fueron 'Los intereses creados', el epítome de esa evolución escénica en la que dotó a sus personajes, muy al estilo de la commedia dell'arte italiana pero con carácter español, de la crítica al positivismo reinante. Y triunfó. El día del estreno, el 9 de diciembre de 1907, terminó siendo llevado a hombros desde el Teatro Lara hasta su casa

El teatro me consume mucho los nervios; el público no sabe lo que quiere

"En numerosa ovación fue proclamada mi mejor obra. No es cosa de llevar la contraria al público. Hoy la escribiría de otra manera: más en tono de farsa. Ya no es pecado escribir farsas; pero enemigo como soy de corregir mis obras, aunque tuviera la seguridad de mejorarlas, así durará... lo que el público quiera", aseguró en 'ABC' con motivo del 23 aniversario del estreno de una obra de la que "solo esperaba mediano éxito", es decir, que fuera "una obra de público y, por tanto, de dinero". Porque otra de sus grandes innovaciones fue considerar el teatro un negocio que debía ser rentable. Lo decía su célebre Crispín: "En la vida, más importante que crear afectos es crear intereses". 

El problema es que después los espectadores fueron poco a poco distanciándose de él. Parecía la respuesta lógica de un público que cada vez acudía más (y sabía más) al teatro. "El teatro me consume mucho los nervios; el público no sabe lo que quiere", diría más tarde. Pero nunca lo terminó de dejar. Cuando murió había escrito nada menos que 172 obras de teatro. Tardaba en crear una comedia en tres actos "ventitantos días". Una prolífica carrera que arrancó con 'El nido ajeno' (1894),  una obra con la que, marcando la norma en su carrera, el público aplaudió y la crítica silbó. Aseguraba que su pieza favorita era 'Señora ama' (1908) y sus mayores fracasos 'La gata de Angora' (1900) y 'Los polichinelas', que fue recibida con "un pateo espantoso". Eso sí, odiaba ir a ver sus obras. "Paso muy mal rato; me arrepiento hasta de haberla escrito (...) principalmente porque me aburro".

https://www.youtube.com/watch?time_continue=41&v=FUZHEhTW92M

Casi más que el número, lo llamativo es que llegó a estrenar la mayoría de sus obras, además de traducirse y representarse en Europa y América. De hecho, junto a su espíritu de "crítica social", este fue uno de los méritos que ensalzó el jurado del Nobel para otorgarle el premio en 1922. "Hay muchas opiniones respecto de su obra escénica, pero nadie ha podido negar su fantástico talento", argumentó el entonces secretario de la Academia sueca, Kart August Hegberg. Benavente se convirtió entonces en el tercer Nobel español y el segundo de literatura tras José Echegaray. Hasta el siguiente, Juan Ramón Jiménez, pasarían 34 años.

Todas las chaquetas ideológicas de Benavente

"La Dictadura. ¡Horrenda palabra! Una palabra, un nombre, porque, en realidad, ¿no es toda forma de Gobierno una Dictadura? Dentro del sistema parlamentario, desde el momento en que un grupo, una facción del Parlamento, consigue imponerse, ¿no ejerce una Dictadura más irresponsable que la Dictadura individual? (...) Y en todas partes, en todos los países, ¿qué se ve hoy más que Dictaduras más o menos disimuladas, y cómo se sustituye la imperante sino con otra de mayor presión y violencia? Dictaduras que son una forma del socialismo, porque tan socialista es la Dictadura en Italia con Mussolini, como la Dictadura de Rusia, con Lenin y Stalin, como la Dictadura norteamericana con sus plutócratas. Quizás por eso, las tres, aunque diferentes en su aspecto, se entienden tan bien en sus negocios comerciales. El comercio internacional: el alma de la política en los modernos tiempos". 

Benavente retratado por SorollaBenavente retratado por Sorolla

Estas líneas corresponden a un artículo, publicado en cinco entregas en 'ABC' en 1930, titulado 'La política y los intelectuales', porque Benavente fue tan 'teatrero' como político. Fue diputado del Gobierno de Antonio Maura, a quien, por cierto, loó en 'La ciudad alegre y confiada' (1916), la exitosa continuación de 'Los intereses creados' en la que contraponía la postura germanófila frente a la aliadófila en la I Guerra Mundial. Se declaró germanófilo siempre, maurista, monárquico y después... Después muchas cosas más, aunque, siendo reduccionistas, lo más sencillo sería definirle como conservador o tan cambiante como la época que le tocó vivir. 

Su periplo ideológico comenzó a tener notoriedad con su salto a la política nacional. Siguió con la llegada de la II República, a la que definió como "la tercera dictadura" en una entrevista publicada en 'El Sol' el 17 de agosto de 1931. Tras la Guerra Civil, Benavente sufre el ostracismo de la dictadura. Había apoyado a Primo de Rivera, pero después, en otra vuelta de su noria ideológica, fue cofundador en 1933 de la Asociación de Amigos de la Union Soviética junto a Pío Baroja, Manuel Machado, Concha Espina, Federico García Lorca o Valle-Inclán. 

Por si no fueran suficientes bandazos, durante la contienda se fue de Madrid a Valencia y fue ensalazado por el Frente Popular, algo que le dejó estigmatizado para el franquismo y a lo que se sumaba su homosexualidad. Pero Benavente siempre buscó los focos y aseguró que su posicionamiento durante la guerra fue producto de las amenazas. Un nuevo retruque, manifestación multitudinaria pro Franco y anti ONU en la plaza de Oriente en 1946 mediante, y volvió a formar parte la sociedad intelectual del régimen. Su nombre ya era pronunciable, era "nuestro preclaro autor teatral" y una "persona afecta al Glorioso Movimiento Nacional", y aparecía en los carteles de sus obras, hasta entonces firmados por "el autor de 'La Malquerida".

Es entonces cuando retoma su producción y vuelve a los escenarios en forma de panfleto franquista. "Yo, a pesar de que en mi juventud cundía el sarampión liberalesco, fui, siempre, por convicción, tradicionalista. España en la tierra y Dios en el cielo. Por eso se ensancha y se eleva el corazón cuando oímos gritar '¡Arriba España!, porque arriba está Dios", dejó escrito, por si había dudas, en 'Abuelo y nieto'. Fue su último vaivén ideológico porque, como había justificado en sus columnas, "en España, en ciencias, en artes, en cualquier profesión o trabajo, no basta ser lo que se es: hay que ser de una derecha o de una izquierda, y es inútil pretender que la derecha celebre lo que se inclina a la izquierda, y viceversa".

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