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Lorenzo Silva: "En Afganistán no hubo más remedio que intervenir"

  • Escrito por Redacción

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Bevilacqua y Chamorro han vuelto, pero por primera vez la pareja más célebre de la Guardia Civil tiene que viajar a Afganistán para resolver un nuevo crimen.

 Bevilacqua y Chamorro han vuelto. Pero esta vez las pesquisas de un nuevo crimen les sacan por primera vez de España rumbo a Afganistán. En concreto ‘Donde los escorpiones’ (Destino), el título de la nueva entrega de la saga literaria de Lorenzo Silva que no es otro lugar que la base de Herat donde el contingente español estuvo hasta el año pasado.

Cuenta Lorenzo Silva que hasta que no pasó una semana en la base no supo que tenía entre las manos un nuevo caso para esta pareja de sabuesos de la Guardia Civil. En esta ocasión se enfrentan a la muerte de un sargento ocurrida dentro de la base española y, por eso, tendrán que viajar al desierto, a la guerra y a la tierra de los escorpiones para investigarlo junto a los GAR (Grupo de Acción Rápida). Ese es el motivo que ha llevado a Silva a presentar su novela en el cuartel de Logroño donde se forma y reside la Unidad de Acción Rural (UAR) de la Guardia Civil, especializada en terrorismo (nació para hacer frente a ETA) y operaciones especiales, que estuvo desplegada en la base Camp Arena de Herat desde 2003 haciendo, entre otros, labores de policía militar y en Qala-i-naw, donde en 2010 murieron en un ataque dos compañeros y el traductor que les acompañaba, y en la Base Aérea de Zaragoza, donde está desplegada el Ala 31 del Ejécito del Aire que estuvo en Afganistán desde 2001.

La literatura española había olvidado, y era una negligencia, la realidad de España en los conflictos internacionales como Irak o Afganistán"En la última década había un capítulo que la literatura española había olvidado, y era una negligencia, que era la realidad de España en los conflictos internacionales como Irak o Afganistán, pero también Kosovo o Bosnia. La literatura ha hecho como si no existiera, repitiendo lo que se se hizo en su tiempo con la guerra de Marruecos. La novela trata de explotar esa parte de la realidad española menos conocida pero muy significativa", explica el autor a El Confidencial. Por eso quiso que Bevilacqua y Chamorro, sus personajes más famosos y con los que llega a más público, fueran los protagonistas de este viaje a una misión internacional. "A medida que ha ido avanzando la serie, he asumido que Bevilacqua es mi manera de contar la realidad española contemporánea. Es mi intermediario principal para contarla".

En julio de 2014, Lorenzo Silva consiguió viajar ocho días a la base de Herat. Sus sensaciones son las que describe su agente más célebre. "Lo primero que te llama la atención son las sensaciones físicas más elementales. El calor -hace mucho calor- y el polvo. Estas masticando polvo continuamente. Y el paisaje es completamente desolador. Conseguí salir a dar una vuelta con un convoy por la parte exterior y te impresiona saber que estás en una burbuja rodeado de un territorio potencialmente hostil pero, por otra parte, está ahí frente a ti. Estás bajo el mismo sol y sobre el mismo polvo pero en otro planeta literalmente", analiza. 

Lorenzo Silva junto a la UAR tras asistir a un simulacro de intervención en Logroño (Marta Calvo)Lorenzo Silva junto a la UAR tras asistir a un simulacro de intervención en Logroño (Marta Calvo)

Precisamente esas son las sensaciones que destacan muchos de los guardias civiles del GAR que han estado en Afganistán. "Devoré el libro en seis horas", afirma el sargento José Manuel Espejo. "Afganistán era una parte de mi vida un poco apartada. La última vez que estuve fue en 2013, pero este libro me ha transportado otra vez allí. Hay muchos detalles que, si no has estado allí, no vas a saber apreciar como ese golpe de calor y la sensación de respirar polvo nada más bajarse la rampa del Hércules".

"Yo pensaba que no iba a volver a Afganistán pero con este libro he vuelto. Es un reto y es bastante acertado. Se asemeja mucho a cómo era ese puesto de la Guardia Civil a 6.000 kilómetros de nuestra frontera", añade el sargento Javier Latorre, que fue el último en salir del país y el encargado de arriar la bandera española de la base. Una base, por cierto, que para los nuestros era conocida como el balneario y como el paraíso para los americanos, tal y como cuenta el sargento Félix Lozano, que presenció el atentado que mató a dos de sus compañeros en 2010. Destaca otro de los temas que aborda Silva en su novela: la familia de los militares y guardias civiles que viajan al exterior. "Es la parte más dura", asegura y subraya que las verdaderas heroínas son las familias que esperan en medio de la incertidumbre. 

"Irak fue un error de principio a fin"

En el epílogo de 'Donde los escorpiones' Silva asegura que esta novela es un homenaje a los guardias civiles y militares que han dado su vida en "la larga, poco conocida y a menudo peor entendida misión de las tropas españolas en tierras afganas". Preguntado por ello, afirma que "aunque ésta ha sido una intervención muy larga y en muchas de sus fases ha tenido acuerdos expresos en el Parlamento para autorizar el contingente, se ha profundizado poco en por qué se fue o por qué se seguía allí, qué se estaba haciendo, qué riesgo se asumía o qué coste estaban asumiendo e infligiendo". "En Afganistán no había más remedio que intervenir. En Irak sí estoy convencido de que fue un error de principio a fin", agrega.

El problema fundamental, prosigue, es la comunicación en este tipo de operaciones de cara a los ciudadanos. "Si el objetivo es establecer una democracia occidental en Afganistán, es un disparate. Es como poner una granja de pollos en Marte. No tiene sentido y no lo vas a conseguir", ejemplifica. En esta misión sí se han aportado algo. Para empezar, destaca, "más seguridad para ciertas capas de la población más expuestas y un poco más de humanidad para las mujeres. Hacer el análisis de si ese algo merece la inversión en vidas o en euros es mucho más difícil".

      Silva durante un simulacro de intervención sobre el terreno de la UAR (Marta Calvo) Silva durante un simulacro de intervención sobre el terreno de la UAR (Marta Calvo)

También dentro de ese afán por describir cómo evoluciona y es nuestro país, la política nacional tiene su espacio en 'Donde los escorpiones'. Estamos en 2014 y Vila y Chamorro hablan en el coche de los resultados de las elecciones europeas, la irrupción de Podemos en el escenario político y sus dudas sobre si calará o no en la política española. ¿Y si esta conversación se produjera en 2016? "Tendría que escribirla con mucho cuidado, pero es evidente que eso que asomaba en 2014 yo no llamaría revolución pero sí cambio sustancial de las circunstancias". 

El 15M y esas elecciones fueron los primeros síntomas serios de que "alguien había tirado demasiado de la cuerda y la había roto", prosigue. "Estamos en una situación en la que claramente el sobreentendido sobre el que funcionábamos ya no funciona más. Es decir, tenemos dos partidos que vienen de vivir muy bien en un sistema diseñado para sus necesidades, pero eso se les ha acabado. Creo que no ha habido pacto porque no se han dado cuenta de que se les ha acabado, de que se acabó ese mundo que era maravilloso con mayorías absolutas, donde se podía financiar los partidos ilimitadamente e incluso alguno llevarse dinero a Suiza. Eso se acabó. Se tendrá que reinventar. Ya lo intentó Granados con la Púnica y le han pillado. Parece entonces que tan fácil no es reinventar el sistema. Y tiene que haber algo nuevo. ¿Eso nuevo va a ser que de repente vamos a conquistar la paz y la justicia universal? Pues no".

Esto de que la mitad el país se imponga a la otra mitad con condiciones intolerables habrá que dejarlo en algún momento"Tengo cierto pesimismo en algunas cosas, pero también soy optimista en que, si hay alguien inteligente, la parte que representa la política tradicional se va a tener que dar cuenta de que hay que rehacer el discurso y la nueva política de que no se puede hacer 'tabula rasa'. Pon que el PP saque al menos siete millones de votos el 26J. No sé si alguien estará pensando en deportar a esos siete millones de ciudadanos para tener un país a la medida de sus sueños y asaltar los cielos así. No va a poder ser. Y tampoco puede ser el lío que ha hecho el PP durante estos años. Esto de que la mitad el país se imponga a la otra mitad con condiciones intolerables habrá que dejarlo en algún momento", señala.

Ese futuro será el que, con mucha probabilidad, aparezca reflejado en las próximas aventuras de Bevilacqua y Chamorro. Silva confirma que la saga continuará con una novela cada dos años a la par que deja entrever que la siguiente entrega ya está clara en su cabeza. Será la décima aventura de esta novela negra que, recuerda, cuando la ideó en 1995 fue rechazada hasta seis veces por los editores. "Cuando yo empecé, la novela negra era la leprosa editorial", asegura. Si encima estaba protagonizada por una pareja de guardias civiles, los vaticinios no podían ser peores entonces. "Me dijeron que la novela negra no interesaba en España, que tenía un techo y muy pocos lectores y que con unos guardias civiles no me iba a comer una rosca, que la gente odiaba a la Guardia Civil. En su momento esa era la conclusión correcta". 

Sin embargo, hoy la novela negra goza de una salud extraordinaria y Silva vio en esa mala fama de la Guardia Civil la oportunidad para innovar. "Era una oportunidad de ser original, de ir contracorriente y hacer lo que nadie ha hecho. Cuando descubrí que en siglo y medio de Guardia Civil investigando crímenes ni un solo escritor español había hecho una novela policiaca con ellos como protagonista, me dije que era para mí. ¡Cómo nadie lo había hecho! Tuve esa intuición de que literariamente tenía entre las manos algo que no había aprovechado nadie y que era una joya literaria, porque de lo que huyes en literatura es de lo consabido, de lo que todo el mundo ha leído", afirma mientras que, como Bevilacqua y Chamorro, terminamos esta aventura aterrizando en la base de Torrejón de Ardoz a bordo de un Hércules.

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