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Miguel Delibes adentro

  • Escrito por Redacción

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Desde ayer, la intrahistoria de Miguel Delibes, uno de los grandes escritores españoles del siglo XX, está al alcance de todo el mundo. La Fundación que lleva su nombre, creada hace unos años por sus hijos, con la colaboración de numerosas instituciones públicas y privadas de Valladolid, ha concluido la labor de identificación, clasificación y digitalización de más de 14.000 documentos. Documentos que tienen que ver tanto con su vida literaria como con su trayectoria personal. Este valioso fondo documental se presentó ayer en la Sala Delibes del Teatro Calderón de Valladolid.

Ese "recorrido por la vida y obra de Delibes", como lo define Javier Ortega, director gerente de la Fundación, se presenta con una clasificación funcional, según las funciones o actividades desarrolladas por el escritor a lo largo de su vida: escritor, periodista, profesor, además de otras aficiones o intereses, como la caza o la defensa del medio ambiente. Nacido en 1920, Delibes pertenece a la generación de escritores, como Cela, Torrente Ballester o Carmen Laforet, que se da a conocer en los años de la postguerra. Delibes lo hace a través de una de las principales y más rigurosas plataformas surgidas entonces, el Premio Nadal. Lo gana con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada. Era catedrático de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio, y decía que el aprendizaje literario lo había adquirido en buena parte leyendo un manual -el Garrigues-, modelo de precisión (Stendhal hacía algo parecido).

La catapulta del Nadal y otros títulos posteriores le granjearon una notable popularidad, incluso ingresos económicos nada despreciables para los tiempos. Una manida anécdota presenta a Delibes explicando esas ganancias a un viejo y escéptico Baroja, que no creía que se pudieran vender novelas en las cantidades que le decía su colega. "Es que ahora leen las mujeres, Don Pío", explicó Delibes. "Ah, si leen ésas, entonces no digo nada", remató el vasco.

Delibes continuó una extraordinaria carrera de escritor, compatibilizándola con su trabajo en El Norte de Castilla, en el que empezó como caricaturista y que llegó a dirigir. Fue por sus teletipos, trabajando en la redacción, como se enteró de que acababa de ganar el Nadal. Hace justamente 40 años se pensó en él para dirigir El País, pero no quiso moverse de Valladolid.

Fue elegido académico, y alguna vez se le oyó quejarse -en su estilo educado y sin estridencias- de que no le hacían mucho caso cuando proponía vocablos relacionados con la naturaleza, terreno en el que era experto. Era cazador, pero de caza menor; no podía, decía, mirar a los ojos de un vertebrado superior como un ciervo antes de dispararle.

Novelas suyas fueron llevadas al cine. Si El disputado voto del señor Cayo tuvo el tirón de la actualidad y la novedad, entonces, de las elecciones (¿qué pensaría Delibes de lo de ahora?), la versión cinematográfica de Los santos inocentes se ha convertido en un clásico del cine español en el que brillaron, y así fueron reconocidos en Cannes, Paco Rabal y Alfredo Landa. Otro clásico es la versión teatral de Cinco horas con Mario, repuesta una y otra vez, siempre con Lola Herrera.

Al temprano Nadal le sucedieron otros premios como el Nacional (por Diario de un cazador), el Fastenrath (por Siestas con viento sur), el de la Crítica (por Las ratas), hasta el Príncipe de Asturias, el Nacional de las Letras Españolas y el Cervantes, en años de plenitud y de reconocimiento absoluto por parte de la crítica, las instituciones y una legión de lectores que valoraban sus novelas basadas en esa terna tan suya: un hombre, un paisaje, un conflicto.

Esa trayectoria de gran escritor y hombre bueno está accesible desde hoy en la página web de la Fundación Miguel Delibes, que cumple así con un mandato de sus estatutos. Cartas personales o profesionales, contratos, borradores, cuadernos de notas, críticas, fotografías, grabaciones audiovisuales, forman el conjunto del legado del escritor. Están, por ejemplo, las numerosas cartas recibidas de su amigo y colega Francisco Umbral, cuyo tema muchas veces son los libros del autor de El hereje, libros que Umbral comenta sin ahorrarle crítica. Las tareas de digitalización han contado con el patrocinio de las Bodegas Vega Sicilia.

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