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"¿Y para esto hemos muerto un millón de españoles?" Auge y caída de 'El Caso'

  • Escrito por Redacción

EL CASO

Una serie de ficción recrea las peripecias del periódico. Todas las claves del éxito de una publicación marcada por la censura, la España negra y el olfato de su fundado.

 El anecdotario generado por la censura franquista es interminable. No obstante, la profilaxis aplicada a 'El Caso' merece un lugar de privilegio en el ránking censor: el rotativo de sucesos sólo podía publicar dos asesinatos por semana. ¿Pocos? Quizá, pero sus periodistas podían darse con un canto en los dientes con dicha cifra: poco tiempo después de la salida del periódico, la censura decidió que dos crímenes eran demasiado: mejor un fiambre por semana. Aquí no hay nada que ver. Circulen.

TVE revisa ahora las tribulaciones del rotativo en 'El Caso. Crónica de sucesos', que se estrena el martes en 'prime time'. La serie, basada en hechos reales, está protagonizada por Fernando Guillén Cuervo y Verónica Sánchez, en el papel de dos intrépidos reporteros en la España negra. La ficción arrojará luz sobre la siguiente cuestión: ¿Cómo y por qué se convirtió 'El Caso' en el gran fenómeno periodístico de la posguerra?

Nadie respondería mejor a esa pregunta que el fundador, cerebro y autor intelectual de 'El Caso' (y de otras publicaciones como 'Sábado gráfico'), pero como Eugenio Suárez ha muerto recientemente (1919/2014), toca bucear en sus memorias: 'Caso cerrado. 'Memorias de un antifranquista arrepentido' (Anaya, 2005).

Suárez, que fue expulsado del colegio del Pilar (“donde se procuraba educar a los hijos de la aristocracia, de la banca, del poder”) fue un emprendedor heterodoxo. En lo político pasó de la militancia falangista adolescente al combate en el bando nacional durante la Guerra Civil, pero el franquismo se le hizo bola: no tragaba con Franco y hasta llegó a flirtear con el Partido Comunista, pero la cosa no cuajó... por suerte para El Partido: “El PCE desconfió -pienso que con fundamento- de mi capacidad de ortodoxia y disciplina”, escribe Suárez.

Choques con la autoridad

Tras cubrir la II Guerra Mundial como reportero, Suárez empezó a trabajar en el diario 'Madrid'. El 11 de mayo de 1952, a los 33 años, se tiró a la piscina: ese día salió a la calle el primer número de 'El Caso'.

El choque gordo con las autoridades llegó al cuarto número. Un tranvía se salió de las vías en Madrid en una zona que “había sido repetidamente denunciada” por “la falta de trozos de carril”. Murieron más de sesenta pasajeros. Un fotógrafo de 'El caso' estaba allí para tomar “temible acta contra la incompetencia” del alcalde de Madrid, José Moreno Torres. Pero las fotos nunca se publicaron...

“Cesé de mendigar el indulto de aquellas magníficas páginas, abandonado el despacho del director general de Prensa con un peregrino grito de protesta impotente: '¡¡¿Y para esto hemos muerto un millón de españoles?!!'. La frase hizo fortuna en los cenáculos políticos y literarios y ha pasado al acervo común”, cuenta Suárez en sus memorias. “Así se frustró el primer éxito periodístico y la curiosa anécdota ilustrada sobre el funcionamiento del régimen, puesto al servicio de personas incompetentes e indudablemente con responsabilidades penales, que así las eludían”, añade.

Fotograma de la serie de TVEFotograma de la serie de TVE

Con todo, el lector se volcó con 'El Caso: un año después de su salida tiraba 200.000 ejemplares (a dos pesetas). Suárez maneja varias explicaciones sobre el éxito. Por ejemplo: la falta total y absoluta de competencia periodística digna de tal nombre: “El único periodismo vivo que podía llamarse así, en los primeros años de la posguerra franquista, fue el de 'El Caso'. Tampoco es necia vanagloria. Salvo las tareas de los corresponsales en el extranjero, el oficio estaba vacío de sustancia. Hacíamos periodismo de baja calidad, de acuerdo, pero lo más parecido, en momento de férreos y eficaces controles. Eran simples condiciones objetivas que condicionaban la vida pública. No se habían inventado aún los copiosos y caros gabinetes de prensa y toda la información se reducía a reproducir las notas oficiales de los organismos correspondientes”.

Pero el boom del periódico se transformó en un arma de doble filo. “Sectores influyentes” del régimen pidieron la supresión del mismo, y el ministro del ramo (Arias Salgado) ideó un “remedio tranquilizador”: “No se nos permitía publicar más de dos sucesos de sangre, dos crímenes violentos por número. Estábamos racionados y casi no hubo tiempo para las lamentaciones pues, un par de meses después de esta disposición transitoria y transaccional, me informó que se reducía el cupo un 50%. Prohibida la coexistencia de dos asesinatos. En España, entonces se mataba poco y mal, como explicaba más tarde a cuantos querían oírme”, narra el periodista.

Fue entonces cuando el editor hizo de la necesidad virtud: a falta de casquería que llevarse a la boca, el periódico profundizó en todas las ramas del periodismo de sucesos. No solo de muertos vivían el submundo y las cloacas...

“Era menester alimentar las 16 páginas semanales, buscando temas que complementaran aquella mutilación informativa. Nos topamos -o inventamos- lo que se llamó, más tarde, 'periodismo de investigación', dedicando esfuerzos al análisis de otros delitos: estafas, contra la salud pública, sucesos históricos y cuanto traspasara el tamiz de la censura”, escribe Suárez.

Una fórmula en la que también jugó un papel importante esa cosa tan difícil de definir con precisión que es el morbo. 'El Caso' resucitó lo morboso del crimen en una España traumatizada aún por los muertos de la guerra. “Al carecer de competencia, y haberse perdido en los diarios la tradición de estos temas, contábamos con la fidelidad del lector, también desacostumbrado del morbo que trae el crimen sangriento. No se olvide que estábamos en un país desarmado, a trece años del final de la Guerra Civil. Aparte de la sofocada actuación de los maquis, de cuya sorda lucha nadie se enteraba, sólo los militares disponían de armas de fuego”.

Llegada la democracia, la influencia de 'El Caso' comenzó a declinar, al igual que la de la otra publicación estrella de Suárez, 'Sábado gráfico', aunque nadie podrá acusar al periodista y editor de no haber muerto con las botas puestas: A Eugenio Suárez le pilló el 23-F dentro del Congreso. Fíjense ustedes si era un periodista de raza que, mientras Tejero trataba de poner firmes a los diputados en el Hemiciclo, Suaréz estaba en el bar del Congreso metiéndose unos lingotazos. Sí, no es broma: se recluyó en el bar, pidió a los descompuestos camareros que siguieran sirviendo y se bebió “unos whiskies, que pagamos bajo la mirada aprobadora del sargento”. Muy pero que muy a tope.

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