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José Alfonso: “Me interesa hablar del estrago que hizo ETA en la sociedad"

  • Escrito por Redacción

VICTIMA ETA

En marzo de 1979, José Alfonso Romero era entonces un joven guardia civil -profesión que abandonó hace varias décadas-, al que aquellos duros tiempos de ETA dejaron marcado.

En marzo de 1979 fue destina- do a San Sebastián, donde residió hasta finales de 1983. José Alfonso Romero era entonces un joven guardia civil -profesión que abandonó hace varias décadas-, al que aquellos duros tiempos de ETA dejaron marcado: "Aquello nos rompió a todos, en todos los aspectos, algo así lo pudre todo". Ahora narra parte de aquella angustia vital que le tocó vivir en los relatos del libro "La hija del txakurra", que presentará en Ourense el próximo 13 de enero, a las 19,30 horas, en el Pop-Art.

¿Por qué surge este libro?

Tardé en empezar a escribirlo por- que es algo doloroso, de recuerdo ingrato. Pero quizás ahora, dado que parece que resurge el debate al terminar esa ETA en su actividad, me planteé hacer memoria, contar algo de lo que ocurrió, y creo que tengo algo que aportar.

¿Qué busca con el libro?

Sobre todo guardar un recuerdo a las víctimas, pero reivindicando algo que parece una obviedad: la condición humana de estas per- sonas porque, aunque parezca al- go evidente, se obvió. Es algo que siempre me preocupó cuando estuve allí. Todo el mundo, la socie- dad vasca, ETA y el Estado, coincidían en desdramatizar la muerte de guardias, policías e, incluso, civiles. El método que utilizaban era- los etarras y parte de la sociedad vasca- llamarte txakurra (perro, en euskera), y las institu- ciones referirse a ti por el número o el empleo, un cabo, un sargento, un policía, y así, sucesivamente. Y luego está el asunto de la culpa, era algo general para nosotros y aceptada. Éramos el aparato represivo, y a los civiles que mataban se les acusaba de cualquier cosa, narco- tráfico, connivencia con las fuerzas del orden, o se entraba en lo más terrible, ese "algo habrá hecho".

¿Qué resultaba más doloroso, los insultos de unos o el silencio de los otros?

Lo que más dolía y más rabia te producía es, lógicamente, ese silencio insano. Es verdad que fue en ese momento; yo, pasado el tiempo, comprendí que era producto del miedo, no eran ellos los culpables. Para mí, la responsabilidad era más del estado democrático que, de alguna manera, se replegó entonces, y lo fiaba todo a cuatro personas que éramos nosotros y que no podíamos hacer nada. Y la sociedad civil se bascula hacia donde está el terror. Ellos eran realmente el Estado y tenían esa capacidad coercitiva que no teníamos nosotros.

¿Vivió con miedo o ese apareció después?

Se vive con miedo, porque es lógico, es una respuesta natural. Las personas que más peligro corrían y donde más te quebrabas psicológicamente, éramos las que no estábamos en la lucha activa contra ETA. Podía pasarnos en cualquier momento, en el Banco, en Correos, en uno de los itinerarios que teníamos marcados, donde sabían que te podían encontrar. Nos podían matar cuando querían.

Usted era una persona muy joven, ¿cómo se vive así?

Te movía la inconsciencia propia de la edad y después te apoyabas en el alcohol o a veces en otras sus- tancias. La presión que teníamos era muy superior a lo que podías resistir, pero aún así te ibas rompiendo. Lo que pasa es que es algo que no se ha contado nunca. Tal vez esa sea una aportación del libro. Cuento cómo vivíamos en los cuarteles, al margen de todo ese mensaje heroico que se ha dado. Hay que ir a ese sufrimiento, que no es sólo en el momento de la tragedia, sino que viene después, que reposa y que es durísimo y lo único que te queda es conciliarlo con tu vida. Es necesario dar a conocer cómo se vivía en los cuarteles y cómo nos trataban nuestros mandos. Me interesa hablar de la presión y del estrago que hace una organización terrorista en una sociedad. No era un decorado lo que mataron, eran personas con una vida.

¿Ha vuelto al País Vasco?

De paso. A mí me trae recuerdos muy malos.

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