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El «endemoniado» Camino de Santiago

  • Escrito por Redacción

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«La raiz de todos los males, hoy, en el Camino de Santiago es el dinero, con el que el diablo siempre ha tenido una especial relación». Así, concluye el escritor burgalés Pablo Arribas Briones su estudio sobre el maligno personaje y «sus maquinaciones» en el Camino de Santiago a lo largo de la historia.

La vinculación del autor con la ruta jacobea -recuerda en el prólogo que él nació en plena vía compostelana- y «una reflexión antigua basada principalmente en la banalización de la figura del demonio» llevó a al autor a querer saber más de las representaciones demoniacas que se encuentran dispersas a lo largo de la ruta.

«Hace ya más de cien años que la demonología -la rama de la teología encargada de estudiar a los demonios y sus relaciones- dejó de estudiarse haciendo bueno aquella cita de Baudelaire que luego han recordado los papas y que decía que la mayor sutileza del demonio es hacer que no existe», apunta el autor, recordando que la mayoría de los Papas, excepto el Papa Francisco, han insistido en ello «justo al final de su mandato».

Gárgola de la Catedral de BurgosGárgola de la Catedral de Burgos- R. O.

El escritor burgalés se adentró en el Camino y preguntó a los peregrinos. «¿Qué piensa del demonio?». Encontró respuestas de todo tipo, la mayoría -peregrinos llegados de los cinco continentes- asociaban al maligno personaje con la tentación. «La respuesta que más me llamó la atención fue la de un adolescente que me contestó que 'el demonio es muy chulo' llevado, quizá, por su representación en libros juveniles como la saga de Harry Potter». Pablo Arribas Briones se dio cuenta, entonces, de que existe una «extendida ignorancia con la figura del demonio» por parte de los actuales peregrinos: «¡Algunos ni siquiera se lo habían planteado!». Y eso que, como da cuenta en su obra «El demonio en la vida y en el Camino de Santiago». (Afronta Editorial, 2015), -presentado recientemente en Burgos- la ruta está plagada de iconografía relacionada con la figura demoniaca: la lechuza, el lobo, el macho cabío, el cerdo, el leopardo, el mono -símbolo, siempre, de la lujuria. «La mayoría de los símbolos demoniacos obedecen y se comportan como actores en una obra teatral».

Debajo del San Miguel

Sin embargo, reconoce este autor, que la iconografía más común nada tiene que ver con estos animales simbólicos, sino que el demonio más típico que se ve a lo largo de la ruta es el que aparece debajo del San Miguel: «Se reproduce con bastante frecuencia en las iglesias del Camino de Santiago. El santo tiene un demonio abatido a sus pies».  

Los pórticos de iglesias y catedrales son los lugares más habituales donde el peregrino se puede encontrar la figura del demonio que recoge la representación del juicio universal. Allí, el peregrino se puede encontrar «detalles muy curiosos», recuerda el escritor, como el que aparece en la Puerta de la Coronería de la Catedral de Burgos: «En ella se puede ver a los demonios atizando fuego a un avaro que está expulsando por el ano las monedas de oro que se tragó», describe el autor en el libro.

Pero los pórticos no son los únicos espacios en los que está representado. También en la obra civil, como apunta el autor en la obra: «En España, a la salida de Sangüesa, en el camino aragonés que viene del Somport, junto a Liédana, sobre la garganta del río Irate que conforma la 'Foz de Lumbier' están los rsetos de un solo ojo del 'Puente del Diablo', lo arriscado de la garganta obligó a solicitar la ayuda del Ángel caído para su óptima ejecución (...)».

No es lo que más le ha sorprendido a Pablo Arribas durante su estudio, que le ha servido también al propio escritor para descubrir el dualismo de los canteros. «Me lo puso de manifiesto el canónigo de la Catedral de Burgos, don Nicolás López». Explica el escritor que «los canteros eran profundamente supersticiosos. A Dios parece que lo tenían conquistado y contaban con su infinita misericordia, pero no tanto con el demonio y procuraban hacer alguna pifia». Así, detalla, en el arranque del arcosolio de la capilla de San Nicolás, en Burgos, hay un ángel con seis dedos en la mano. «Esto no es un error», apunta Pablo, recordando también los numerosos motivos escatológicos y eróticos: «en el exterior de la Catedral de Burgos, en una cornisa en alto que da a la calle Diego Porcelos, cerca de las traseras de la Capilla del Condestable: una monja con la falta levantada enseña sus encantos a un fraile peregrino; éste, con bordón y calabaza, responde a la provocación asiendo con la otra mano un descomunal falo que muestra a la religiosa», recoge en el libro el escritor burgalés recordando que «no son fáciles de ver esta escena», muchas veces porque escenas chocantes como ésta se han apedreado.

En su pormenorizado estudio Arribas narra con escrupuloso rigor y extensa documentación la iconografía hallada a lo largo del Camino, cuya interpretación deja, en muchos casos, en manos de los investigadores y, por qué no, de todos los peregrinos que se animen a buscarla.

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