Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

Noticias Cultura

Sobre la felicidad. Sobre la brevedad de la vida. (Lucio Anneo Séneca)

  • Escrito por Redacción

FHERVAS copia

Melquíades Prieto dirige brillantemente la colección Biblioteca Edaf, de la editorial Edaf (Madrid, México, Buenos Aires, San Juan de Puerto Rico), una colección bastante bien equilibrada y de una encuadernación muy cómoda y práctica, de bolsillo, con letra bastante buena y papel de calidad. De esa colección, el número 216 es un librito que a mí me gusta mucho y estoy convencido de que a ustedes les gustará también. Por muchas razones.

Empecemos por los méritos más frívolos. Es un libro pequeño, lo que tratándose de clásicos es muy importante, pues deja poco margen a las divagaciones del autor. Solo son 297 páginas, en las que hay cinco cosas distintas. La primera de ellas es un prologo extraordinario de Herminio Álvarez Regueras, del que luego diremos alguna cosa. La segunda es un cronograma llamado Séneca y su tiempo, que nos describe perfectamente a Séneca en el tiempo mediante cinco ítems: el año, el emperador gobernante, algunos datos biográficos de Séneca, el panorama cultural del momento y ciertos acontecimientos históricos de interés. Un tercer aspecto es la bibliografía, que divide en tres grandes grupos: dos estudios de carácter general sobre Séneca (no falta el clásico de Griffin, de 1976), cuatro libros de obras de Séneca (donde se incluyen las Cartas a Lucilio, como no podría ser de otra manera) y, por último, una miscelánea de nueve obras diversas acerca del momento (literatura, historia, religión, etc.). Aquí si echo a faltar el libro de Julio Mangas Manjarrés, catedrático de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid, titulado “Séneca o el poder de la cultura”, publicado por Debate en el 2001, con motivo del milenario de su nacimiento, un libro que merece ser considerado varios puntos por encima de magnífico, muy bien escrito, pero con una orientación más docente y menos lúdica. La cuarta parte es la obra de Séneca “Sobre la felicidad”, de 73 páginas, espléndidamente traducida por J. Azagra, aunque no dice la fuente utilizada y sería conveniente que lo hiciese. Finalmente, la quinta parte es la obra “Sobre la brevedad de la vida”, de 65 páginas, igualmente traducida por Azagra.

De brevitate vitae (sobre la brevedad de la vida) debió ser escrita entre el 48 y el 55 de nuestra era, mientras que De vita beata (sobre la vida feliz o sobre la felicidad) es algo posterior y debió de ser escrito poco antes del año 62. Séneca es un hombre extraordinariamente culto y con una búsqueda introspectiva de la paz, como elemento contenedor fundamental del placer y, en definitiva, de la felicidad. Voy a superar la tentación de hablar de Séneca, pues no es ese nuestro objetivo, de manera que nos centraremos en el libro.

Y para poder hacerlo racionalmente, empezaremos por el prólogo de Herminio Álvarez Regueras, que no tiene desperdicio en sus cuarenta páginas de extensión. Ya saben que a mí me revientan los prólogos largos, salvo raras excepciones, como en este libro. Me revientan porque me fastidia ser orientado, puesto que ello podría llegar a sesgar mis propias impresiones y, en definitiva, mis conclusiones acerca de lo que he leído. Otras veces me revientan también porque dicen muchas cosas que no vienen a cuento. Por ejemplo, hablan de los amores del autor o de su afición a los deportes, cosas que nada tienen que ver con una reflexión acerca del conocimiento, por ejemplo, como ya me sucedió en cierta ocasión. Pero este no es el caso. El título del prólogo ya te introduce hábilmente en el tema: “Séneca, filósofo, estadista y escritor”. Tal vez yo hubiese añadido una cuarta cosa, solo que en primer lugar: “Séneca, potentado, filósofo, estadista y escritor”, pues eso es lo que era y precisamente por este orden. Difícilmente se puede ser estoico si no se es muy rico, al menos “ab initium”. Tampoco es sencillo ser estadista si no se tiene una visión filosófica de la vida, que necesariamente incluya fuertes criterios morales. Por último, para ser un buen ensayista – que es el género que más practica Séneca, como escritor – resulta imprescindible poseer una visión de estado con respecto a las cosas y la integración de las personas en los complejos sociales generales y particulares. El prólogo de Herminio Álvarez comienza introduciéndonos a Séneca en la historia mundial global del momento (Séneca y el mundo de su época). Continúa con la visión más particular del “mundillo” de Séneca y termina hablando un poco de la obra de Séneca y de los dos diálogos que nos ocupan. Yo creo que es un prólogo muy bien estructurado, con una escritura ágil, motivadora, cómoda de leer, sin buscar lucimientos personales (que no vienen a cuento) y – fundamentalmente – muy breve, gracias a Dios.

El diálogo sobre la brevedad de la vida parece estar dedicado a su cuñado Paulino, hermano de la mujer de Séneca, o tal vez a su suegro, que se llamaba igual. O puede que a ninguno de los dos, sino que esté dedicado a otro Paulino que no se conoce. Y esto sí es un hándicap para conocer claramente la intencionalidad del autor, lo que dificulta un poco el paso de lo general a lo particular. No obstante, lo general es tan rico que por sí mismo justifica la selección de este diálogo como obra destacada de la literatura universal. En cualquier caso sabemos que se trata de un hombre de Estado, un funcionario importante de la Administración Imperial, al que Séneca recomienda un retiro honorable y la dedicación a la filosofía. No es la única vez que recomienda Séneca el retiro a un funcionario. Ya lo hizo en sus cartas a Lucilio. Es una forma de promoción del otium (empleo de la vida en el estudio de la filosofía, como forma introspectiva de búsqueda de la perfección personal) frente al negotium (tarea de afanes sin tiento ni medida, ejecutada por los ocupados, incapaces de dar un sentido a sus vidas). El otium no es la ociosidad, sino que esta se parece más al negotium, en tanto que es una forma de “dejarse llevar”.

Si nos centramos en el diálogo Sobre la felicidad (De vita beata), vemos que está dedicado a su hermano mayor. De alguna manera se justifica mediante la teoría de la opportunitas: nadie ha de renunciar a la riqueza o a la pobreza, sino que ha de aprovechar todo lo bueno que una u otra tengan para obtener el desarrollo pleno de su espíritu, porque no existe un único camino de perfección. En el estoicismo, la búsqueda del summum bonum (el máximo bien posible) es lo que proporciona la felicidad, que solo se alcanza “viviendo conforme a la naturaleza”, alcanzando la virtud por el camino de la razón o de la lógica (fundamento sustantivo de la razón). De ello se derivan cuatro conceptos:

- La felicidad no es sinónimo de placer, como piensan los epicúreos, sino más bien de aceptación racional de la propia esencia.

- La naturaleza, regida por la divinidad, que gobierna los principios de la vida y cuyo acceso precisa de un alto grado de perfección individual.

- La virtud, elemento de santificación del individuo, seleccionando meticulosamente las influencias del bien y el mal en cada uno, mediante la promoción de la flema o imperturbabilidad.

- La sabiduría, único método para guiar la virtud individual a su identificación con la naturaleza, alcanzando esa propia esencia que nos hace ser felices.

En el diálogo Sobre la felicidad, el autor nos indica que el sabio ha de aspirar a los valores absolutos, obteniendo esa libertad interior de manera independiente de los bienes materiales, tomando los caminos adecuados para ello, dependiendo de las distintas circunstancias de la vida. Pongamos un ejemplo: no es posible que un rico sea feliz sin darle un sentido a su riqueza e igualmente un pobre. Las religiones buscan precisamente eso, situar al individuo en su entorno de manera personalmente satisfactoria e igual sucede con la política. Los sistemas políticos buscan la combinación de la promoción personal con la promoción social. En este sentido, solamente la aceptación personal – sin envidias o remordimientos – es lo que nos puede hacer felices. Y para lograr esa aceptación, hemos de ejercitar la virtud en lo personal, porque solo la virtud nos hace sentirnos plenos. El convencimiento de la necesidad de aceptación citada es la sabiduría – según Séneca – y eso promociona nuestra naturaleza, como entorno de felicidad integral, pues no parece que haya otro. Por tanto, traducido al momento presente, ello significa vivir sin odios ni rencores, amar a nuestros semejantes y a nuestro entorno (animales, plantas, cosas bellas…), aceptándonos como somos (autoestima adecuada) y tratando de perfeccionar lo positivo nuestro frente a los otros aspectos negativos, también nuestros, que pugnan por salir. Si para ello hemos de abandonar nuestros afanes, nuestro trabajo e incluso nuestra residencia, bienvenido sea tal, siempre y cuando no nos sea causa de mayores desgracias.

Pero léanlo, que a lo mejor ustedes lo interpretan de otra manera. La verdad es que resulta altamente instructivo e interesante. Y creo que es entretenido.

Si volvemos al diálogo Sobre la brevedad de la vida, yo creo que lo que nos intenta decir Séneca es que no se puede disfrutar de la vida siendo incultos o egoístas. Solamente el individuo culto es capaz de asimilar su pasado, servir al presente y tener previsiones de futuro. A los torpes, el presente se les escapa, son incapaces de controlar su pasado y sienten un gran temor frente al futuro.

Las personas cultas gozan de una riqueza interior extraordinaria y siempre tienen argumentos de felicidad. Los cultos estudian sus raíces y saben gozar extraordinariamente de los momentos presentes, pues cada cosa que les sucede es una fiesta, un alborozo… Ello les da una fortaleza notable frente al futuro, pues les resulta extremadamente sencillo hacer sus previsiones, toda vez que conocen perfectamente la evolución natural de las cosas. Los torpes viven en la espera continua de un milagro que jamás llega, dejando perder las mieles del presente en aras de esa espera. Sin embargo, como desconocen su pasado, porque no lo han estudiado, no están capacitados para efectuar cálculos de futuro, lo que les lleva a la adopción de actitudes pesimistas, llenas de miedo injustificado, donde el milagro se convierte en el único remedio de sus males con visos de verosimilitud.

Una máxima estoica puede definir las enseñanzas de Séneca: “sé útil al mayor número posible de tus semejantes”. Como vemos, hay un cierto espíritu común con el cristianismo.

Aunque hablamos de “diálogos”, Séneca jamás los tituló tales, sino que son autores posteriores, al amparo del códice Ambrosiano, quienes han agrupado así obras suyas de pensamiento. Quintiliano ya dijo que Séneca había escrito “discursos, cartas, poemas y diálogos”. Hay muchas obras perdidas de Séneca (Julio Mangas recoge siete, citadas por diversos referentes, pero cuyos textos no se han encontrado). Se conservan quince obras filosóficas y diez obras poéticas (en realidad, tragedias, atribuidas al autor, pero sin que se posea gran seguridad acerca de dicha autoría).

El diálogo Sobre la brevedad de la vida puede ser del año 48 o del 55. Existen algunas variantes basadas en la mención de personajes que ocuparon cargos públicos. Parece bastante alejada la fecha del año 62, defendida por Giancotti. En cuanto al diálogo Sobre la felicidad, es posterior al año 52, año en que escribe Sobre la ira (entre el 40 y el 52), dedicada a su hermano Novato, adoptado posteriormente por Junio Galión, cambiando su nombre por éste último. Este diálogo De vita beata (Sobre la vida feliz o Sobre la felicidad) está dedicado a Galión, por lo que es posterior al 52 y anterior al 62. En su introducción dice: “Todos quieren vivir felices, mi querido Galión: pero para ver con claridad en qué consiste lo que hace una vida completamente bienaventurada, andan a ciegas”.

Por último, quedémonos con dos frases de estos dos diálogos. La primera de la vida breve: “Exigua pars est vitae, quam nos vivimus” (nosotros vivimos una mínima parte de la vida). Y la otra, sobre la felicidad: “¿No advertís que ese mismo torbellino, unas veces os eleva a lo más alto, para arrastraros después hechos pedazos hasta lo más profundo de los abismos?”.

Quedémonos con ambos consejos o con otros que ustedes encuentren. Y si se aficionan a Séneca, léanse después las Cartas a Lucilio, aunque eso es ya “caza mayor”.

Sean felices entre las letras (y no de cambio, precisamente), que no es mal sitio.

Madrid, septiembre de 2015.

Francisco Hervás Maldonado - Coronel Médico en la reserva

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones