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Juan Boscán, el héroe de la literatura española

  • Escrito por Redacción

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Fueron españoles que usaron otra espada bien distinta a la del siempre fiel acero toledano, pero también igualmente atrevida y valiente, la espada de la pluma afilada en el tintero de la gran literatura.

Cantaron al amor y cantaron a Dios, cantaron a las flores y a las lides y combates, cantaron a las mujeres y cantaron al Imperio. Garcilaso y Francisco de Aldana murieron en el empeño del verso y de la causa imperial, de la Fe y la Cruz y de la Monarquía Católica. Fueron literatos y soldados, hombres de reflexión y conocimiento, pero de valor extremo en la defensa de sus ideales que, se empeñen los que se empeñen, hoy, quinientos años después, siguen siendo los nuestros.

Pero aquí nos ocuparemos de un poeta y esforzado español, Juan Boscán. Nacido (Barcelona, 1492 - Perpiñán, 21 de septiembre de 1542),en una familia con posibles, fue un poeta y traductor español del Renacimiento. Conocido fundamentalmente por haber introducido la lírica italianizante en la poesía en castellano junto con Garcilaso de la Vega. Asimismo, tradujo al español El Cortesano de Baltasar de Castiglione.

Boscán era un hombre de familia noble que tuvo una gran formación humanística y sirvió en la Corte de los Reyes Católicos y después en la del emperador Carlos I de España. Fue preceptor de Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, futuro Gran Duque de Alba. En la Corte conoció a otro gran poeta amigo suyo, don Diego Hurtado de Mendoza; éste le archiconocida Epístola a Boscán. El caballero catalán se casó con una culta dama valenciana, doña Ana Girón de Rebolledo, que a la postre fue quien a la muerte de Garcilaso y Boscán editó sus obras póstumamente, obras que ellos no habían escrito pensando necesariamente en la posteridad. Viajó a Italia como embajador español. Allí encontró al caballero toledano Garcilaso de la Vega, alférez y fiel vasallo, primero de los Reyes Católicos, y luego del Emperador Carlos I, de cuya parte se puso en la lid de las revueltas comuneras. Con Garcilaso entabló una gran amistad; seguramente al aprecio que Boscán sentía por la obra del poeta valenciano Ausiàs March se deben las reminiscencias de éste que hay en algunas de las composiciones del poeta toledano.

Pasión por los endecasílabos

Boscán, que había practicado con anterioridad la conceptuosa y cortesana lírica cancioneril, introdujo el verso endecasílabo y las estrofas italianas (soneto, octava real, terceto encadenado, canción en estancias), así como el poema en endecasílabos blancos y los motivos y estructuras del Petrarquismo en la poesía castellana, lo que sería absolutamente maravilloso para nuestra lírica. Vamos, que lo suyo fue una tarea de héroe, de héroe literario. El endecasílabo, al igual que el octosílabo, pasaron ya a ser indispensables para los más grandes poeta de nuestra milenaria lengua desde aquellos mismos días.

Además de un amplio cancionero, Juan Boscán se significó como grandísimo traductor al verter al castellano una de las obras más importantes de su tiempo, Il libro del cortegiano (1528) del humanista italiano Baldassare Castiglione con el título de El Cortesano (1534) en una ejemplar ca prosa renacentista. Igualmente, preparó la edición de las obras de su amigo Garcilaso de la Vega junto a las suyas, si bien murió antes de poder culminar el proyecto, por lo que su viuda, ,Ana Girón de Rebolledo imprimió la obra en 1543 en el taller de Carles Amorós, en Barcelona, con el título Las obras de Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega.

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