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Así narró Hermida la llegada a la Luna

  • Escrito por Redacción

En julio de 1969, este periodista transmitió desde Estados Unidos la aventura del Apolo XI

 Fue entre el 20 y el 21 de julio de 1969, hace ahora más de 45 años, cuando el hombre puso, por primera vez, un pie en la Luna. Aquel día se sucedió un hecho histórico para la humanidad que vieron en directo -televisión mediante- nada menos que 500 millones de espectadores en todo el mundo. La audiencia rompió todos los récords, y no era para menos, pues se había logrado un hito histórico que había comenzado ocho años antes cuando John F. Kennedy explicó a sus conciudadanos una idea «disparatada» que consistía en enviar astronautas hasta el satélite de la Tierra.

El suceso conmocionó a Estados Unidos y, gracias a que la señal llegó hasta decenas de países, también lo fue para regiones como España. Por estos lares, como era de esperar, un suceso de aquella importancia tuvo un presentador a la altura. Éste no fue otro que Jesús Hermida, de 31 años (con un espeso tupé por entonces) y que el pasado lunes dejó este mundo tras sufrir un derrame cerebral. La marcha de este maestro de informadores dejó, además, huérfanos a los miles de periodistas de este país y a todos aquellos que vivieron con él la llegada de los seres humanos hasta lo desconocido.

En el momento en que Neil Armstrong y Edwin Aldrin repasaban una vez más, y con varias horas de antelación, la forma en la que se posaría el Eagle (el módulo lunar) sobre el satélite, Jesús Hermida llevaba a cabo sus propios preparativos. Y es que, como corresponsal de Televisión Española en Nueva York, sería el encargado de retransmitir aquel histórico momento a los españoles. Por entonces ya se hallaba en el Centro Espacial de Houston (ubicado en Texas) donde, aproximadamente antes de las cuatro de la mañana (hora Peninsular), comenzó el espectáculo en todos los televisores de nuestro país. La mayoría de ellos, ubicados en tabernas o bares, pues no había pantallas en todas las casas.

Una vez que el Eagle aterrizó sobre la superficie lunar, el primero en bajar fue Armstrong, cuyo descenso narró Jesús Hermida de la siguiente guisa: «Observen como sigue aun con su mano [sujeta al módulo lunar]. La tiene tendida hacia lo que es suyo, hacia la Tierra, hacia lo que le ha traído aquí, hacia lo que le une con su mundo, con su historia». El periodista andaluz se hallaba por entonces frente a un pequeño monitor y, como señaló posteriormente, tan solo veía siluetas y manchas negras y blancas, aunque con eso le valía para sentir la emoción. Tampoco escuchó como el primer hombre en pisar la Luna declamaba su famosa frase. De hecho, tan sólo pudo oír el final: «un paso para la humanidad». Por suerte, posteriormente le informaron del resto.

Hermida continuó describiendo la situación una vez que el astronauta se preparó para dar sus primeros pasos por aquella desconocida planicie. La tensión se palpaba en cada una de sus frases pues, como había señalado en programas anteriores, una fisura en el traje o un fallo determinado podía dar al traste con la misión y con la vida de Armstrong. En aquel momento hizo hincapié en la importancia que tenía que la televisión estuviera dando a conocer este suceso a millones de personas. Finalmente, y después de que Armstrong dejara su primera huella en la tierra, la frase del periodista fue lapidaria: «El hombre, el hombre deposita por primera vez su pie en la Luna».

Sin embargo, su relación con este viaje a través de las estrellas terminó siendo algo agridulce pues, como explicó en sus crónicas posteriores en el año 1970, le pareció sorprendente que la humanidad se hubiera curado tan rápidamente de la fiebre espacial y hubiese olvidado de forma tan veloz la carrera de los hombres hasta las estrellas.

«La luna, al menos para Norteamérica, empieza a ser pasado y queda inscrita como una enseñanza y como recuerdo para el futuro», afirmaba ataviado con sus largas patillas en Televisión Española. Sus palabras se terciaron más duras y melancólicas posteriormente en lo que respecta a este tema: «Permítaseme decir, y pido disculpas anticipadas, que el mañana del que gozarán las próximas generaciones espaciales no parece muy brillante o es, casi casi, rutinario. Rutinario si lo comparamos con aquellas palpitaciones de 1969 cuando la gran aventura de la Luna».

ABC

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