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PINCELADAS: DE LA NIEVE AL HIELO EN EL REAL SITIO DE ARANJUEZ

  • Escrito por Redacción

CASA DE LA NIEVE-ARANJUEZ

PINCELADAS:

DE LA NIEVE AL HIELO EN EL REAL SITIO DE ARANJUEZ

Otro de los episodios importantes que ha quedado para la historia de Aranjuez y de la vida de los pueblos de España, es el medio para refrigerar o mantener los alimentos mediante la nieve primero y después por el hielo en barras.

Sobre la nieve daremos unas notas hasta que podamos abordar más adelante este tema con mayor amplitud. Por ser Aranjuez un Real Sitio donde los Reyes pasaban las Jornadas Reales en el siglo XVIII, la nieve era un bien preciado para la cocina y despensa de Palacio. Pero será el hielo el protagonista de esta Pincelada en su época más contemporánea desde finales del siglo XIX: daremos noticia de su elaboración, reparto, venta, y demás pormenores para conocimiento de generaciones que no lo vivieron.

Es en el siglo XVIII bajo el reinado de Felipe III cuando la monarquía se interesa por el control y participación de la venta de la nieve y de hielo que se producen en los reinos no forales. Sobre el tema de la nieve en la Corona, el Archivo General de Palacio guarda en sus fondos legajos enteros. Una de las primeras noticias que tenemos sobre la nieve en el Real Sitio de Aranjuez, tras haber concedido permiso de avecindamiento el Rey Fernando VI, es la referencia que recoge el criado del rey Juan Antonio Álvarez de Quindós, quien informa en su obra que en 1758 el monarca ordena que se construya un pozo para almacenar la nieve y que ésta se pueda utilizar sirviendo de alivio a los enfermos en Aranjuez en época de verano al tomarla. El pozo debía tener una capacidad de más de treinta mil arrobas, pero con el tiempo se observó que esa profundidad no era suficiente, de ahí que el rey ordenara que se construyese otro al lado de éste. Quindós, refiere que estos pozos de la nieve estaban situados en el camino de Ocaña.

Ángel Sánchez-Guzmán, vecino de Aranjuez desde finales del siglo XIX, relata en sus inéditas Memorias que los pozos de las nieves en Aranjuez estaban ubicados próximos al primer Cementerio que tuvo la población en el siglo XIX, en la zona que se conoció como el Camino de la Yesería o de las Cañas. Para almacenar la nieve en estos pozos, la forma o método era la misma por lo general. Según relata Sánchez-Guzmán el proceso era el siguiente:

«En un profundo pozo de bastante diámetro se guardaba en invierno el hielo para el verano, bien presionado y con abundante paja para su conservación; para esta recolección, en los meses más crudos, había unas lagunas de poco fondo donde se extraía, utilizando también las copiosas nevadas de todos los años, fuertemente presionada la nieve quedando convertida en hielo».

La historiadora Pilar Corella, en su estudio sobre El Comercio de la Nieve y del Hielo en la Provincia de Madrid, refiere lo siguiente:

«Nieve y hielo se almacenaban juntos en los pozos de nieve (con frecuencia no se diferencia nieve y hielo a la hora del encierro), que son construcciones especiales aunque de arquitectura tradicional– que mantienen una parte profunda subterránea (donde se echa la nieve), y otra que se cubre al exterior como una casa, con tejado a dos aguas, puerta de acceso, etc. La nieve se separa por capas de paja y se cubre con sal y, a veces, con estiércol, aislantes térmicos naturales».

En cuanto al llamado Pozo, o Pozos de la Nieve en Aranjuez, estaba construido dentro de una casa para el control de la nieve. La construcción de este pozo era de forma cilíndrica o troncocónica, y tenía un desaguadero en su parte inferior por donde el agua del deshielo desaparecía.

Corella afirma que la capacidad de estos pozos era pequeña unas 8.000/10.000 arrobas (11.000/12.000 el de Ciempozuelos), debido a que la población también lo era; el caso de los pozos de Aranjuez –22.000 y 33.000 arrobas– es excepcional, pero hay que tener en cuenta que el Real Sitio era en siglos pasados una de las localidades más pobladas del territorio durante la estación calurosa y las Jornadas Reales.

El lugar donde se asentaban los Pozos de las Nieves en Aranjuez desde el siglo XVIII, es desde la década de los años ochenta del siglo pasado hasta la actualidad, un parque que toma el nombre del desaparecido Pozo de las Nieves, enclavado entre el Camino de Noblejas, Avenida Plaza de Toros y calle de San Fernando.

La andadura del Ayuntamiento Constitucional es el día 9 de septiembre de 1836, siendo Alcalde José Ignacio de Ibarrola, pero las actas de los Plenos Municipales existentes en el Archivo Municipal de Aranjuez comienzan en 1844. En esas reuniones concejiles se trató en varias ocasiones sobre la importancia de la nieve y el hielo en Aranjuez.

La primera referencia municipal que tenemos sobre el apartado de la nieve o del hielo es en el Pleno Municipal del día 7 de noviembre de 1844, fungiendo como Alcalde de Aranjuez Domingo Antero López. Se abordaba el arrendamiento de los depósitos del hielo; en esos días el arrendatario de los Pozos de las Nieves era el vecino Clemente de la Fuente, y debía sacarse a subasta, pero también dar conocimiento a la Administración del Real Heredamiento de la Corona en Aranjuez.

El día 19 de junio de 1845 con Antero en la Presidencia del Pleno volvía a tratarse el asunto de la subasta nieve y el hielo. Era un producto que daba rendimientos monetarios importantes a la Administración, pero no al Consistorio, sino a la Corona. Un hándicap con el que tenía que “convivir” en perjuicio de las arcas municipales; había una Corporación Municipal Constitucional, pero desde luego no libre de la toma de ciertas decisiones que eran aprobadas si interesaba al Real Heredamiento.

El valor de la nieve y el hielo se puede percibir en el Pleno Municipal del día 10 de julio de ese año, cuando el vecino Antonio Condestable se dirige mediante escrito al Interventor de Rentas, quejándose de la elevada exacción que había marcado el Gobierno Municipal de tres reales por cada arroba de nieve que consumía para helar bebidas, todo ello cumpliendo con el decreto que había emitido la Corporación sobre la recaudación de impuestos.

El día 25 de febrero de 1850, con el inicio del ejercicio económico de ese año, y aunque el Ayuntamiento tenía su Alcalde Constitucional, la Corona de Isabel II nombra a partir de esa fecha a un hombre suyo, Jorge Lacorte como Alcalde Corregidor. El Secretario Municipal daba cuenta al Pleno Municipal de la Orden del Jefe Político, que era el propio Corregidor, de que concedía el arbitrio propuesto de un real y medio la arroba de hielo que se consumiese y para los gastos de la limpieza de calles. Se acordaba que la Policía Urbana formulase el pliego de condiciones para la subasta del arbitrio. Días después, el 4 de abril, se daba cuenta de la subasta de la limpieza de las calles y el arbitrio sobre el hielo para el año.

Ya en el siglo XX observamos el inicio de la única fábrica de hielo en la población, ya no era la nieve, sino el hielo. También lógicamente el propietario debía dirigirse al Ayuntamiento para acometer la infraestructura necesaria para el funcionamiento de la fabricación de hielo. La carencia de datos que tenemos de ésta y otras empresas locales que se instalaron posteriormente, dificulta profundizar algo más en el funcionamiento de estas industrias.

El día 23 de septiembre de 1916 el Ayuntamiento de Aranjuez, presidido por el monárquico Tomás Banegas Palazón, que en su vida profesional desde 1880 era ya un reputado industrial y con el tiempo se hará con la explotación de esta industria del frío, aborda en el Pleno Municipal la solicitud de Julián Puerta del Amo para que le concedan permiso para realizar una modificación, en el interior de su empresa, que afectaba a la vía pública.

«Hacer una zanja en la calle de Postas para variar las tuberías del agua de la fábrica de hielo de su propiedad instalada hoy en la casa número cinco de dicha calle y que ha de trasladar al número cuatro de la misma; así como también pide autorización para varias la acometida que tiene hecha frente al número cinco, de agua del Aljibe».

Finalmente, tras algunas consideraciones de los ediles, Julián Puerta obtenía el pertinente permiso para realizar la reubicación del establecimiento y la variación de las tuberías de agua.

Tres años después se trata otro asunto sobre “La Heladora de Aranjuez”. El día 23 de julio de 1919, siendo Alcalde José Álvarez de la Nieta, el Pleno municipal daba cuenta de una problemática que afloraba en la fábrica de hielo de Julián Puerta como propietario. El Concejal Doroteo Alonso Peral dejaba el siguiente ruego.

«Que se ocupe de que por el dueño de la fábrica de hielo de esta, se atienda en primer término al abastecimiento de la población, de dicho artículo y no a la exportación dejando desatendidas las necesidades de esta; extrañándose a la vez y deseando que vea como y porque causa ha elevado el precio del referido producto sin la autorización que es preciso».

No tenemos datos al respecto del coste del hielo en Aranjuez por esas fechas, pero podemos extrapolarlo a la capital de España, tomando del periódico madrileño El Imparcial del día 12 de septiembre de 1906, los precios que lanza en un anuncio “La Heladora. Gran Fábrica de Hielo”, sirviéndolo a domicilio costaba desde 10 kilos en adelante, a 20 céntimos. Entendemos que sería para empresas como bares y restaurantes, no para el público.

Nueve años después de abordarse esta problemática de carencia de datos, encontramos la primera noticia publicitaria relacionada con la industria del frío, específicamente la de la fábrica de hielo de Julián Puerta del Amo que ya estaba instalada. El anuncio donde se publicita es en el Libro de las Fiestas de San Fernando de 1928, el cual recoge lo siguiente:

«La Heladora de Aranjuez. Fábrica de Hielo y Cámara Frigorífica. Julián Puerta. Postas 4. Aranjuez».

Es verdad que por esa segunda década del siglo XX ya salían las primeras neveras para conservar los alimentos. Por ejemplo, el periódico El Sol el día 19 de febrero de 1929, anunciaba un artículo de la firma “General Electric”, un refrigerador o nevera que funcionaba mediante luz eléctrica, es decir, no hacía falta hielo. Ahora bien: ¿quien podía pagar cien pesetas para adquirir un electrodoméstico de estas características cuando el jornal diario en aquellas épocas de tanta penuria estaba en 1,50 o dos pesetas? Era por tanto un artículo de lujo al alcance de muy pocos en la sociedad española aunque anunciase que el gasto de luz diario no pasaba de unos cuantos céntimos, pues en muchos hogares en España ni siquiera había electricidad.

Pasada la Guerra Civil “La Heladora de Puerta del Amo” pasa a ser propiedad de la familia Banegas, que estaba emparentada con el propio Puerta del Amo, se llamará “Fábrica y Cámara Frigorífica de Hielo de Banegas”. Este inmueble estaba ubicado en la calle Postas, y tenía otro acceso por la Carrera de Andalucía.

España de la posguerra acarreó inevitablemente, entre otras muchísimas carencias, por ejemplo, el que los hogares de las clases medias-bajas no pudieran contar con el avance de un frigorífico que congelase o enfriase los alimentos sin necesidad de meter un trozo de hielo dentro del pequeño electrodoméstico en su parte superior, espacio éste que ya estaba habilitado a tal fin. Según Angelita Martínez, recuerda que después de la Guerra Civil, cuando iba a «comprar un pedazo de hielo pequeño de una barra, que estas eran de veinte kilos más o menos, costaba 20 o 30 céntimos».

Fue para la mayoría la forma de enfriar los alimentos sin electricidad hasta bien entrada la década de los años cincuenta del siglo pasado, en el que la firma sueca “Electrolux” puso en circulación las primeras neveras o frigoríficos sin necesidad de hielo. Aun así tardará en entrar en las casas modestas de Aranjuez.

En esta empresa trabajaron tres personas que recuerde mi maltrecha memoria: Cecilio, que era el Encargado de la fábrica, Andrés que repartía con la furgoneta Citroën por bares, restaurantes y establecimientos donde habían encargado una barra de hielo, y también Jacinto que laboró en la fábrica junto a Cecilio. También vendía por la calle con un carrillo, Julio conocido como “el Zorro”.

Según Antonio Pérez Brihuega, hijo de Valentín Pérez este último propietario de la pescadería “Leonesa”, recuerda que Eloy fue Encargado de la fábrica de hielo Banegas mucho antes de los citados anteriormente. Los pescaderos, como por ejemplo Francisco Huerta García, quien trabajó muchos años en las pescaderías de Pedro Carro, Paco Morán o Valentín Pérez, recuerda este trajín del día a día con el hielo. Antonio Pérez refiere cómo era el ajetreo diario de ir a por las barras de hielo a la fábrica de Banegas, y cómo seguidamente las subían encima del hombro, apoyada la barra en un trozo de arpillera para que no se les escurriese en su trayecto hasta el puesto en el Mercado. Una vez en la pescadería las rompían con el mazo de madera dentro de un esportillo de goma o esparto, y luego lo esparcían por encima en las cajas del pescado para que se mantuviera fresco.

De la fábrica de Banegas, aledaña al Mercado de Abastos, salían a diario numerosas barras de hielo que iban a parar sobre todo a las pescaderías. También recuerda el ir y venir del pescado a las cámaras frigoríficas, trasladado mediante lo que se conoce como galeras, estas eran un tipo de carro con ruedas de rodamiento. El pescadero colocaba las cajas del pescado encima, tiraba con un gancho al carro y trasladaba el pescado a las cámaras frigoríficas de la fábrica de hielo de Banegas.

Los recuerdos de adolescencia me llevan a los años sesenta y lo que era comprar casi a diario un trozo de hielo en la fábrica de hielo de Banegas, la mitad de cuarto o un cuarto, una peseta o dos cincuenta, dependiendo del trozo, y atado con una cuerda o metido en una red, trasladarlo rápidamente a casa. La barra de veinte kilos costaba diez pesetas. Ver aquellos hombres “marcar” con el sierro el trozo de hielo, y seguidamente dar un leve golpe con el mazo de madera, según el trozo que pedías, era la rutina durante todo el día de estos hombres. Y aquellas fiestas de San Isidro cuando los ribereños acudían a la fábrica de hielo a comprar unas barras para subírselo al Cortijo San Isidro para refrescar las botellas de las bebidas en aquellos inmensos barreños de cinc.

A mediados de la década de los años cuarenta del siglo pasado aparece otra industria ribereña familiar que trabaja el hielo, es la de la “Viuda de Hijos de Julio de la Vega” que radicaba en la calle Abastos, nº. 7 (después 13), y fábrica en la calle de las Infantas nº. 11. Los Vegas ofrecían además a los vaqueros de Aranjuez la posibilidad de tener la leche en sus cámaras de refrigeración hasta que la vendiesen.

Esta empresa era proveedora también de la famosa gaseosa y sifón o agua de seltz “La Campiña”, zumos, y era proveedora oficial de la cerveza “El Águila”. A mediados de los cincuenta incorporará también la venta de la botella de butano y sus diferentes repuestos para el uso del gas como son: el regulador – conocido popularmente como la alcachofa-, la goma, quemadores, etcétera, pero esto es otra historia.

De esta empresa quedan nombres de vendedores ribereños por las calles de la población, como por ejemplo: Cipriano, conocido por el apodo de “el Regalao”, Antonio Yepes Mejías “el negro” por su tez morena, y así muchos más. Ellos iban voceando por las calles y a toque de trompeta llamaban a las mujeres que esperaban el hielo para vender los trozos necesarios: ¡Mujeresssss, el hielo, que se enfría!

En la fábrica estaban Ramón Arenas y Gregorio Vergara que procuraban la producción de hielo necesario para cubrir diariamente la demanda de la clientela, después se harían instaladores de gas de la firma de los Vegas.

A finales de la década de los años setenta del siglo pasado, Banegas cerraba la fábrica de hielo, poco sentido tenía ya la venta de este producto cuando el mercado de electrodomésticos daba posibilidad a las familias de comprar un frigorífico que enfriase sin necesidad de meter hielo. Igual pasaba con los establecimientos de todo género, especialmente hosteleros. Banegas se volcaba con el despacho de gas butano a domicilio, su empresa se ubicaba en las calles de Stuart con San Pascual. Y desde hace unos años pasó el comercio a donde hoy sigue activo el despacho y venta de butano en la calle San Pascual, pero ahora a nombre de otro industrial, Valentín Ruiz Mesegar: “Aranjuez Gas, S. L”.

Los Vegas cerraron la fábrica en la calle de las Infantas y el despacho de venta y recogida de avisos que tenían en la calle de Abastos. Uno de los hermanos De la Vega, Rafael, será quien siga con la fábrica que la traslada a unas nuevas instalaciones en la Carrera de Andalucía, antes de llegar a Aranjuez y cerca de la gasolinera de Atienza, donde ha permanecido hasta la actualidad. La fabricación del hielo en barras finiquitaba hace ocho o diez años atrás, después seguiría haciendo hielo en cubitos y de otras formas.

Hasta aquí, de forma puntual y a grandísimos rasgos una Pincelada de lo que fue la nieve y el hielo en este Real Sitio y Villa de Aranjuez.

Mi agradecimiento a Dolores Puerta Varón, Antonio González Parrilla, José Juan de Oro, Antonio Yepes Mejías, Antonio Pérez Brihuega, Francisco Huerta García, Pablo Martínez Cabello, Ángela Martínez, Mari Carmen Jiménez, Fe Hernández, Rafael de la Vega Martínez y Javier de la Vega de las firmas “La Campiña” y “Distribuciones El Molino S.L.”.

A Pablo Aguilera de la página madrileña La Gatera de la Villa https://www.facebook.com/pages/LaGateradelaVilla

A Manuel Moreno Ramos de la página sevillana Fotos y Postales Sevilla

Antigua http://postalesyfotosantiguasdesevilla.blogspot.com.es/

Publicado el día 14 de febrero de 2015 en El Rincón del Cronista http://joseluislindo.wordpress.com/

José Luis Lindo Martínez

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