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LA ESPARTERÍA Y EL ESPARTO EN LA VIDA DE ARANJUEZ

  • Escrito por Redacción

ESPARTO

LA ESPARTERÍA Y EL ESPARTO EN LA VIDA DE ARANJUEZ

El espartero es otro de los viejos oficios, y evidentemente el esparto la materia prima fundamental en la labor diaria de este menestral con la que forjaba útiles necesarios que vendía al público.

Diversidad de elementos realizaba con sus curtidas manos, como por ejemplo: el forrado de garrafas, esteras para el piso, serones, serijos, aguaderas, alforjas para los animales que llevaban los cántaros de agua u otros elementos cuando iban al campo, “mantas” de esparto que se utilizaban para colocar debajo del olivo a la hora de varearle. En el ámbito doméstico los soplillos para dar aire con el que avivar el fuego de la chimenea, leñeros para contener la leña dentro del hogar o esparteñas que utilizaban especialmente los gancheros cuando bajaban encima de los troncos de los árboles por el río desde el Alto Tajo hasta Aranjuez. Y en negocios artesanos, por ejemplo los llamados cinchos que se utilizaban, y aún se utilizan, para envolver lo que será el queso después de extraerle el suero que se filtrará entre la cincha de esparto, o las llamadas esteras redondas que se utilizan aún en almazaras artesanas en el prensado de la aceituna para extraer el aceite. Un sinfín de útiles que en otros tiempos fueron imprescindibles en la vida diaria de los hogares y familias en los pueblos.

Gran tradición en trabajar este producto ha tenido los sogueros o esparteros de poblaciones aledañas a Aranjuez como eran en Belmonte, Colmenar, Fuentidueña, Villamanrique de Tajo o Villarejo de Salvanés.

Los especialistas en realizar determinados artículos tenían sus nombres como por ejemplo: los que realizaban las esteras eran estereros, los cofineros eran los elaboradores de capazos, los alpargateros eran los que laboraban las alpargatas, los sogueros los que realizaban las sogas o maromas, además de innumerables objetos que realizaba el espartero con su destreza y sabiduría en las ya desaparecidas esparterías. No obstante, en cada región o lugar de España estas especialidades tenían su terminología en el oficio.

El término municipal de Aranjuez, desde antiguo, poblaba sus cerros yesosos o gredosos de esta gramínea desde luego de gran porte. Se debía recoger esta planta con un útil que se llama «cogedera, un instrumento consistente en un simple palo que portaban colgado de la muñeca y en el que enrollaban las hojas para arrancarlas de cuajo del cepellón», para evitar dañarse las manos.

El esparto, es una planta hoy casi olvidada y desconocida por las generaciones más jóvenes, y que en tiempos pasados tuvo importancia en el desarrollo del día a día de Aranjuez. Con esta planta se han realizado innumerables utensilios para la vida diaria y de sus actividades, desde una simple tomiza o cuerda hasta el propio calzado, como por ejemplo las esparteñas.

Remontándonos a siglos pasados, en el origen de Aranjuez, conocemos por una de las fuentes más añejas del Real Sitio la importancia del esparto para la Corona, tal es así, que si se cortaba o arrancaba sin permiso, tenía su correspondiente castigo, como se recoge en 1788 en las Ordenanzas para el Gobierno del Real Sitio de Aranjuez promulgadas por Carlos IV.

«Todas las personas que segaren o sacaren yerba o esparto de dicho mi Heredamiento serán castigadas con las penas marcadas».

Podían ser cien azotes que se daban públicamente, y si fuera un noble quien cometiese la falta, entonces se le castigaba a «cuatro años de destierro a tres leguas en torno al lugar de donde fuera vecino y de dichos límites».

A comienzos del siglo XIX el criado de la Corte Juan Antonio Álvarez de Quindós, en su obra Descripción Histórica del Real Bosque y Casa de Aranjuez, dice que los vecinos asentados en el Real Sitio gozaban «en todo su término, de carrasca, romero, retama y esparto, todo ello para sus casas y hornos», pero debían solicitar la oportuna licencia al Gobernador del Real Sitio.

En 1801 la obra Descripción de las plantas de D. Antonio Josef Cavanilles refiere que el esparto común, llamado científicamente Stipa Tenacissima nº. 86 «Se cría en los cerros de Aranjuez. Florece por Mayo y Junio, y se cultiva en el Real Jardín Botánico».

Podríamos tomar como referencia cantidad de fuentes históricas que hacen mención al esparto en Aranjuez en el contexto de su rica flora, pero no creo que sea más esclarecedor que todo lo aportado.

El paisaje natural de Aranjuez, como refiere Manuel de Terán en 1982 en su obra Pensamiento Geográfico y Espacio Regional en España, era «un conjunto de jardines, prados, árboles, flores y frutos, que preside la majestad y gracia de un palacio rococó; a un paisaje alegre y gozoso como una cornucopia rebosante de su tesoro vegetal, cercan oprimen cerros y páramos con monte bajo y matorral que forman entre otras especies, el esparto atocha (Stipa tenacissima L.), la retama vulgar, el garbancillo terreno, el espino negro, la gatuña».

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, había aflojado bastante los establecimientos en Aranjuez, ya no contaban con el furor que presidía la vida ribereña al calor de las Jornadas Reales con el despegue del ferrocarril. A comienzos del siglo XX la Corte de Alfonso XIII varía la elección del lugar de veraneo, en vez de este Real Sitio eligen Santander o San Sebastián, lugares cosmopolitas y para nada tan rígidos y cortesanos, Aranjuez había perdido fuelle en el movimiento primaveral de la Corte. No obstante, el comercio sigue presente en la vida diaria de Aranjuez y su Comarca, los negocios seguían funcionando tales como relojerías, guarnicionerías o las dos esparterías que había. Estaba la Espartería, Cordelería y Persianas propiedad de Antonio Zamorano ubicada en la Carrera de Andalucía nº. 18, y también la industria de Pedro Ramírez Díaz ubicado en calle del Foso nº. 2 con vuelta a la calle de la Primavera 12, ambos comercios de Aranjuez. Además había otros vecinos que si bien no estaban censados, si se dedicaban a trabajar el esparto recogido en los cerros, haciendo en sus casas tomizas y cordelería, uno de los casos es del señor Juan, un hombre conocido en este oficio en Aranjuez que estaba domiciliado en la calle del Foso y del que todo el mundo tenía sobrado conocimiento.

Respecto a la espartería de Aranjuez más antigua, su fundador y propietario fue Antonio Zamorano Martínez, siguieron el oficio sus hijos, especialmente Julio, y posteriormente su hijo Ángel, heredero que fue finalmente de un negocio ya desaparecido. Ángel junto con su hermano Antonio, fueron los herederos de un negocio ya desaparecido en el año 2003, los que nos aportan retazos de la historia de este desaparecido comercio artesano que tuvo más de un siglo de historia. Ángel refiere la trayectoria familiar la vida entorno al esparto en el negocio familiar.

«Mi abuelo se llamaba Antonio Zamorano Martínez, era de El Romeral (Toledo), y mi abuela Agustina Perales era natural del Real Sitio de Aranjuez desde generaciones en tiempos de la Corona. Se casaron a finales del siglo XIX y vivieron en Aranjuez. Mi abuelo ya trabajaba el esparto desde hacía muchos años en su pueblo. Tuvieron cuatro hijos, mi tío el mayor nació en el año 1905, y mi padre Julio Zamorano Perales fue el segundo de los hijos, nació en 1907. Fueron cuatro los hijos que tuvieron mis abuelos, tres hijos y una hija, vivieron donde además trabajaban el esparto. Después ahí mismo abrieron la tienda de espartería y cordelería pero a la vez seguían viviendo ahí mismo».

Comenzado el siglo XX con el negocio de la Espartería y Cordelería Zamorano funcionando, en el Matricula Industrial de Aranjuez se constatan dos negocios que pagaban oficialmente impuestos. Uno es el del propio Zamorano, y el otro es el de Pedro Ramírez, ubicado en la calle del Foso con vuelta a la calle Primavera, quien además de tratar el esparto para exportarlo en grandes cantidades a provincias del Norte de España, también trabaja la almendra que se recolectaba en el Real Sitio y Villa.

Llegada la Guerra Civil el negocio lógicamente queda paralizado. Pasado el conflicto bélico en España, en el año 1942 fallece Antonio Zamorano y su hijo Julio comienza a regentar el negocio la familia, son tiempos malos de la posguerra.

«Fallece mi padre y nos hacemos cargo del negocio. Se llamaba “Espartería Antonio Zamorano Martínez”, después se le cambio el nombre por “Hijos de Antonio Zamorano”, pues venían regentando la espartería mi padre y sus hermanos Gregorio y Agustín, pero mi padre era el que representaba porque sus hermanos trabajaban en Experiencias Industriales de Aranjuez. Y finalmente nosotros hasta el cierre, la espartería tuvo el nombre de “A. Zamorano”, podía ser Antonio, mi hermano, o Ángel, que soy yo, por eso sin fijar el nombre se quedó así».

El trabajo del esparto en las casas solariegas, de nobles y en las habitaciones del propio Palacio Real, tuvieron un uso formidable en los siglos XIX y hasta mediados del XX. Los Zamoranos fueron profesionales requeridos por su destreza y finura trabajando el esparto, desde la Real Casa a cualquier noble o pudiente. Así refiere Ángel Zamorano estos pormenores.

«Tengo entendido por mi padre, que en el Otoño les llamaban para ir al Palacio Real, y de las grandes casas de nobles para esterar los suelos con el fin de cubrirlos, haciendo con ello efecto de confort y más calor en las habitaciones de cara al invierno. Antes esto se hacía mucho, además con dibujos y de forma muy fina. Se trabajaba con el esparto ya machacado y cocido, la aguja y las manos, bien hecho. El esparto era el mismo, pero había formas de trabajarlo, podía ser cocido que es más manejable o crudo, es decir seco, pero el esparto es el mismo. Pero al cocerlo se trabajaba mejor el esparto, pero este proceso lo hacía mi abuelo en El Romeral (Toledo). Cuando vinieron a Aranjuez ya no lo trabajaban, lo compraba a gentes o amigos que venían a ofrecérselo y ellos lo trabajaban en la tienda».

La importancia de esterar una habitación o una dependencia del hogar, era muy importante llegado el otoño-invierno, tal es así que con la recolección de la agricultura los guardillones albergaban gran parte de las cosechas, aquí el piso esterado jugaba un papel esencial en la protección del producto recolectado. Antonio Zamorano, también ofrece ese aspecto desconocido en uno de los Grandes de España en la línea de la Nobleza.

«Ya en tiempos de nuestro abuelo y mi padre nos llamaban de la finca de La Flamenca para que fuésemos a esterar los almacenes y el piso del mismo Palacio del Duque de Fernán Núñez, pero especialmente los guardillones a almacenes donde se guarda el grano con el fin de preservarlo de la humedad».

Cuando su padre fallece, el hijo sigue con la espartería abierta al público, de hecho tiene proveedores en Madrid.

«Yo seguí teniendo cantidad de proveedores en Madrid porque había cantidad de esparterías en la capital. Me traían el género que les solicitase. Ahora en Madrid apenas hay esparterías».

La importancia de la industria del esparto fue tan grande en España que en los años 40 y 50 del siglo pasado se llegó a crear en España el llamado Servicio Nacional de Esparto, un organismo de gestión dependiente del Ministerio de Industria Comercio y Agricultura. Este hecho da a entender el poder económico que movía el sector del esparto en España.

En la década de los años sesenta del siglo pasado, Zamorano comienza a vender al público la novedosa persiana veneciana “Gradulux”, un producto comercial que nada tenía que ver con el esparto.

Con el paso del tiempo, los útiles de esparto que eran adquiridos por los hermanos Zamorano a proveedores de Madrid, no tenían apenas salida comercial. Los hermanos Zamorano llegaron a conjugar el esparto con la venta de productos como la patata que cosechaban, pues Antonio y Ángel Zamorano eran hortelanos de tierras antiguas de la Corona en Aranjuez. Pasan los años y cierran la tienda en el año 2003. Con el cierre de la espartería y cordelería Zamorano, hace ahora doce años, concluyen los derroteros de un negocio, el del esparto, que a día de hoy es más idílico que práctico.

Mi agradecimiento a Ángel y Antonio Zamorano por las facilidades que me han brindado para este episodio de nuestra historia. A Lola Puerta Varón y José Juan de Oro.

Publicado el día 28 de febrero de 2015 en El Rincón del Cronista

http://joseluislindo.wordpress.com/

José Luis Lindo Martínez

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