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Noticias Cultura

Pablo Neruda sale de la tumba

  • Escrito por Redacción

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Neruda nunca se acaba, como demuestran los poemas inéditos de «Tus pies toco en la sombra». Versos olvidados, quizá porque pudiera ser que su destinataria no fuera su mujer, o quizá porque a Neruda conviene resucitarlo de cuando en cuando

La publicación del libro Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos, de Pablo Neruda, me produce reflexiones que espero sean del siglo XXI y no del siglo XX. A saber, lo primero que uno advierte es que Neruda es una marca. Lo segundo es que una marca no puede dejar de producir por el hecho de que el fundador de la empresa haya muerto. Lo tercero es que la idea de «obra inédita no publicada en vida del autor» tiene que ser reformulada.

En realidad, Pablo Neruda, como Cervantes, Shakespeare o Dante, es inédito y seguirá siendo inédito para la mayoría de la gente. Podría reeditarse Residencia en la tierra bajo las mismas premisas: aparece un libro inédito de Pablo Neruda titulado Residencia en la tierra, magnífico título, y para un noventa por ciento de los quinientos millones de hablantes del español sería una noticia aceptable.

Un escritor actual, antes de morir, debe dejar un fértil disco duro

El morbo del libro inédito pertenece a los fetichismos de la alta cultura, pero son irrelevantes para el lector popular. Lo que no es irrelevante es la necesidad mediática de volver a poner en funcionamiento un producto ya antiguo. Lo vimos con el caso de Roberto Bolaño, y lo seguiremos viendo.

La aparición de un supuesto inédito es una forma de volver a poner en el mercado una obra literaria que ya está en el mercado. Los célebres archivos personales del escritor antiguo pasan ahora al disco duro del ordenador que dejó el difunto posmoderno. Papelería viejuna y tinta de estilográfica frente a los archivos de un buen disco duro. Pero cuál es la manera de revalorizar una mercancía que no produce novedades por algo tan anecdótico y prescindible como es la muerte del fundador de la empresa. La manera es echando mano de los archivos o del disco duro. En este instante, toda la cultura occidental está comentando en los medios de comunicación la aparición de estos inéditos de Pablo Neruda. La consecuencia es clara: don Pablo regresa a las páginas de los periódicos y su obra resucita.

La literatura necesita campanas

Un escritor actual, antes de morir, debe de dejar un fértil disco duro, si ama a sus herederos. ¿Quién hereda los derechos de Neruda? ¿Quién va a ganar dinero con esta reaparición de Neruda? Esa es la pregunta, en realidad. Y esa es la pregunta que nadie se va a hacer, pero en cualquier caso es el móvil que está detrás de la edición de este libro y por tanto de las palabras contundentes con las que Pere Gimferrer cierra el prólogo en el que califica a estos poemas inéditos de «definitivos e irrefutables». Y uno se pregunta qué demonios es un «poema irrefutable».

La adjetivación de la literatura es orgásmica cuando el crítico se quiere poner campanudo y solemne. No hay muchas opciones: «Poeta verdadero», «poeta de la intensidad», «poeta de la belleza incandescente», «poeta de la inteligencia», «poeta de la trascendencia», o en este caso «poemas irrefutables». No hay más. Y no hay ironía en esto, porque uno sabe perfectamente que la literatura necesita campanas. El capitalismo necesita campanas.

Si Lorca tuvo a Franco, Neruda tuvo a Pinochet

Aclarado esto, diré enseguida que los versos nerudianos contenidos en Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos son literariamente excelentes. Como se ve, uno tampoco sabe ir muy lejos a la hora de tañer sus propias campanas. Deberíamos saber adjetivar la vida, con eso basta.

El libro contiene veintiún poemas inéditos, escritos entre 1952 y 1973, año de la muerte del poeta chileno. Darío Oses, director de los archivos de la Fundación Pablo Neruda, explica en las palabras preliminares los avatares del libro. Tiene la explicación su punto de intriga. Parece ser que estos poemas «escaparon a las revisiones de Matilde Urrutia» y que su edición obedece a un minucioso trabajo de catalogación y revisión filológica, todo lo cual tiene traslado literario y forma un fresco mitológico: la viuda del poeta releyendo a su marido muerto con el corazón en la mano y estos poemas con patas escondiéndose en algún cajón de la casa del poeta en Isla Negra, mientras el cerdo de Pinochet quería destruir la memoria de un escritor universal.

Un cerdo al lado del poeta

Si Lorca tuvo a Franco, Neruda tuvo a Pinochet. Los dos poetas más universales de las letras en español aparecen en las iconografías históricas al lado de un cerdo político: eso es la marca hispánica. El mundo anglosajón (que es quien concede la fama universal, a través de profetas sucesivos, como Harold Bloom, último profeta hasta la fecha en el establecimiento de los cánones internacionales de la literatura) necesita, para dar la fama definitiva a la literatura en español, la aparición de un cerdo al lado del poeta. Y eso tiene su gracia. Es original. Oh, poetas en español, buscaros un cerdo político si queréis ser universales.

Estos veintiún poemas inéditos de Pablo Neruda llevan su acompañamiento facsimilar: hojas que procedían de menús y de programas musicales de los barcos en los que viajaba, porque don Pablo viajaba mucho en barco. Los poemas de la edición facsímil están escritos con la tinta verde que tanto gustaba al poeta.

Neruda tenía una fe en el amor humano asombrosa. Era una fe concreta

Hay un poema que lleva la siguiente anotación con la letra de Matilde Urrutia: «Día 29 Diciembre 1952, 11 de la mañana, volando a 3500 metros de altura entre Recife y Río de Janeiro». Demasiado bajo volaba ese avión, he pensado al instante mientras me acordaba del pobre Carlos Gardel.

Todos los manuscritos empleados para esta edición se guardan en cajas especiales, diseñadas para la conservación del papel. Y esas cajas están depositadas en una bóveda blindada de la Fundación Pablo Neruda. Esto tiene un toque futurista y de asepsia científica, que hace pensar que por fin la custodia del legado de los escritores en español ya es tan eficaz o más eficaz en los países hispanoamericanos que en las universidades estadounidenses, donde desgraciadamente han ido a parar los archivos literarios que podían estar muy bien conservados en Latinoamérica.

En ese sentido, la Fundación Pablo Neruda tiene inmenso mérito. Cuanto guarda esa bóveda blindada son las palabras de un hombre que creía en el amor. Tal vez, esa sea la fascinación que ejerce la poesía de Neruda sobre el lector: una fe en el amor humano asombrosa. No era una fe abstracta, sino concreta: la poesía de Neruda está basada en las mujeres reales con las que vivió.

Arrecian las incógnitas

Matilde Urrutia murió en 1985 y, según testimonios fidedignos, dijo que moría feliz porque se iba con Pablo. Se puede creer en el amor a los veinte años, incluso a los treinta. Pero creer en el amor a los sesenta años o a los setenta, cuando menos, da que pensar.

Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos vuelve a airear la vida de Pablo Neruda. Fue una vida repartida entre tres mujeres, aunque hubo más. Con la primera, María Antonieta Hagenaar, tuvo una hija, que se llamó Malva Marina, y que murió a los ocho años. Con la segunda, Delia del Carril, compartió casi veinte años de vida. Y en presencia de la tercera y última, Matilde Urrutia, ganó el Premio Nobel en 1971 y se fue de este mundo el 23 de septiembre de 1973.

Más camas debieran salir en la poesía de Neruda y menos nubes y océanos

Detrás de estos poemas inéditos se dibujan más incógnitas que últimamente han arreciado en la biografía del poeta, como la historia de que su muerte no fuera debida al cáncer sino a un crimen por envenenamiento encargado por la dictadura de Pinochet. Se exhumaron los restos de Neruda, los cuales fueron analizados, y se descartó la hipótesis del asesinato.

Ignoro qué aspecto tendrían los restos de Pablo Neruda, pero intuyo que en el futuro habrá exhumaciones de celebridades con pase privado para la prensa y escritores VIP. Espero que me inviten a la de Jorge Luis Borges o a la de Gabriel García Márquez, que están al caer, dado que los huesos de Federico García Lorca son imposibles de cazar y siguen corriendo a la velocidad de lo oscuro bajo la Península Ibérica en una aventura underground con final desconocido. Es posible que no hubiera veneno material en los restos de Neruda. Pero yo sí creo que Pinochet mató a Neruda, lentamente.

Un líquido de silencio

Se exhumaron también los oscuros rincones pasionales del último Neruda y salieron a la luz los amores que el viejo Neftalí Reyes tuvo con la jovencísima Alicia Urrutia, sobrina de la legítima Matilde. Cuentan que esta los encontró en la cama. Más camas debieran salir en la poesía de Neruda y menos nubes y océanos, piensa uno a veces.

Tal vez detrás de alguno de estos veintiún poemas inéditos no esté Matilde sino Alicia y sea eso lo que explique las patas que les salieron a estos poemas. Lo que sí sabemos es que Alicia aún vive y que hace poco confesó públicamente su relación con Neruda.

Es bueno que las leyendas acompañen a los grandes poetas. Sin leyendas épicas no hay mitología; sin mitología no hay fe en los escritores. Neruda tiene dos grandes mitologías: el amor y la lucha política; es decir, el amor y la Historia.

El poema 4 se inicia con una mujer que va «repartiendo ceniza en los ojos del cielo»

Hay muchos poetas en español y en ejercicio que le ponen pegas a la poesía de Neruda. Bueno, que la escriban ellos si saben. No es fácil construir una marca. Que la construyan ellos si saben. Y no sabrán, por una sencilla razón: porque si supieran ya lo habrían hecho y dejarían de meterse con Neruda.

Este es un libro con poemas que no merecían estar ocultos. No es una recuperación de materiales de segunda, en absoluto. Hay un poema especial, el poema 4, rotundamente hermoso, muy trasatlántico, muy precolombino. Coincido con Pere Gimferrer, quien también lo destaca en su prólogo, un prólogo que es en sí mismo otro poema, un poema que a su vez es una rara y misteriosa nota de lectura, que se mueve entre la filología y la ficción. Parece la nota de lectura que dejaría a pie de poema un lector enigmático antes de evaporarse en medio de un líquido silencio.

Poemas que olvidaron sus dueñas

El poema 4 de este libro, poema sin título, merecería tener uno. Tampoco está mal llamarse el «poema 4», tiene un toque distópico que le favorece. Es un poema abruptamente nerudiano, es un poema sobre la fundación de la materia. Está lleno de energía, de viscosidad en las palabras, parece una fornicación con la lengua española.

El poema 4 se inicia con una mujer que va «repartiendo ceniza en los ojos del cielo». ¿Quién es esa mujer? Una Urrutia está claro que sí. ¿Pero es Matilde o es Alicia? Nunca lo averiguaremos, me temo, y tiene su morbo. También me gustan mucho los poemas que recuerdan a las Odas elementales. Son excepcionales.

Todos olvidamos cosas. Unos, poemas; otros, nada

Los enigmas continuarán, no sabemos muy bien por qué han tardado tanto en ver la luz estos poemas. La introducción de Darío Oses podría ser también una obra de ficción. Tampoco sabemos por qué Neruda olvidó estos versos. Acaso no le quedó otro remedio que olvidarlos para que Matilde no le olvidara a él. Incluso podríamos pensar que estos poemas no son de Pablo Neruda sino de Pablo Picasso. No está vivo el fundador de la empresa.

Desconocemos si Alicia Urrutia guarda algunas hojas con más poemas nerudianos. Tal vez sean cientos las mujeres chilenas muertas que tenían entre sus papeles privados versos amorosos de Neftalí, porque Neftalí acabó amando a millones de mujeres. Tal vez Neruda fuese un poeta que dejó poemas en todas las partes de la tierra. Poemas que luego olvidaron sus dueñas. Todos olvidamos cosas en el tiempo de nuestras vidas. Unos, poemas; otros, nada.

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