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Javier Cercas: «Los españoles somos unos impostores de tomo y lomo»

  • Escrito por Redacción

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El escritor recrea la historia de Enric Marco, falso superviviente de los campos de concentración nazis, en su última novela

avier Cercas (Ibahernando, 1962) no comulga con la «idea convencional» que tenemos de novela. Discute, por tanto, que tenga que ser ficción. Esa convicción le llevó, en su momento, a escribir libros como «Soldados de salamina» (2001) o «Anatomía de un instante» (2009) y le ha acercado, ahora, a la figura de Enric Marco. El anciano barcelonés, falso superviviente de los campos de concentración nazis, protagoniza «El impostor» (Literatura Random House), su última novela, que ayer presentó a la prensa.

Javier Cercas: «Los españoles somos unos impostores de tomo y lomo»

Marco presidió durante varios años la asociación Amical de Mauthausen, que agrupaba a españoles supervivientes del Holocausto, y llegó a ser secretario general de la CNT. Pero en 2005, el historiador Benito Bermejo destapó al «impostor», que nunca llegó a Alemania como deportado y no puso un pie en el campo de exterminio de Flossenbürg. De ahí que Cercas lo considere «el Maradona o el Picasso de los impostores».

«Desde que estalló el caso, sabía que había algo muy importante», aseguró ayer el autor. «Fue creciendo dentro de mí durante diez años. Por eso, cuando me puse a escribir lo hice rápidamente. Decía: ‘¡Dios mío, hazme digno de este tío!’». Y, a juzgar por el resultado, las plegrarias del autor fueron atendidas. «Este libro habla de nuestra infinita capacidad para decir sí a todo y de nuestra infinita cobardía para decir no», recalcó Cercas, para quien el verdadero héroe fue Bermejo: «En esa fiesta de la memoria histórica, fue capaz de meter el dedo en el ojo. Había que tener mucho coraje para hacer eso, y Benito lo hizo».

La «industria de la memoria»

Porque, para Cercas, la expresión «memoria histórica» es «desafortunadísima, un oxímoron, como matrimonio feliz». «La historia es colectiva y la memoria es personal. El movimiento que hubo en España a principios de este siglo era absolutamente justo, pero se creó la industria de la memoria, la memoria se convirtió en un negocio, y eso provoca un pasado sentimentalizado, embellecido». Un pasado del que Enric Marco es «el emblema perfecto» y con el que Cercas se muestra muy crítico, pues España perdió su «última oportunidad» para que «el Estado, con el dinero de todos, resarciera por completo a las víctimas»: «Los españoles somos unos impostores de tomo y lomo. Esa ley no ha servido para nada, salvo para réditos políticos», remató el escritor.

«La ley de memoria histórica no ha servido para nada, salvo para réditos políticos»

De ahí la importancia de la literatura, como instrumento, al igual que la «buena historia», para «revisar las verdades establecidas». «Vivimos una especie de dictadura del presente, en gran parte por el poder abrumador de los medios de comunicación. Pero el pasado es una dimensión del presente, y de ese pasado habla mi libro». Porque, ante todo, Cercas había acudido ayer a hablar de su novela... y de Enric Marco. «Tiene una cosa milagrosa este hombre: su vitalidad. Era mucho mejor que los verdaderos deportados, todo el mundo se lo creía (incluso Magris o Semprún). Nunca en mi vida he visto nada parecido», dijo el escritor. Cercas tuvo ocasión de entrevistar en varias ocasiones a Marco, que fue el primero en recibir una copia firmada de «El impostor».

Una novela que habla, en definitiva, del «chantaje del testigo». «Hemos aceptado que el testigo tiene siempre la verdad, pero eso no es cierto, lo hemos sacralizado». Y esa sacralización ha conducido a la «perversión de convertir a las víctimas en héroes», como hizo la «industria de la memoria».

ABC - CULTURA

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