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Así fue el misterioso incendio que destruyó el Alcázar de Madrid y cientos de cuadros

  • Escrito por Redacción

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La pintura de «Las Meninas» de Velázquez se salvó del fuego, que duró varios días, al ser arrojado por una ventana del palacio. Aún hoy, se pueden apreciar las consecuencias del humo en algunos cuadros del Museo del Prado

En la Nochebuena de 1734, un misterioso fuego brotó del corazón del Alcázar de Madrid, un antiguo castillo medieval que la dinastía de los Austrias había reconvertido en palacio residencial. El incendio, según se sospecha, se originó en el aposento del pintor de Corte Jean Ranc. A pesar de los esfuerzos por apagar el fuego, que se extendió a lo largo de cuatro días, nada se pudo hacer por salvar el edificio, ni a las 500 obras de arte que allí perecieron, entre ellas varios cuadros de Diego Velázquez.

Todavía hoy el origen y las circunstancias del incendio siguen sin estar claros, mas cuando era un lugar vigilado las 24 horas del día por ser la residencia de Felipe V y su familia. El detalle que alimenta las teorías conspiratorias es que sobre el solar calcinado el Monarca levantó el actual Palacio Real de Madrid, una construcción que se acercaba más a sus preferencias arquitectónicas.

No era el Alcázar de Madrid un edificio del gusto de la nueva dinastía, básicamente porque era un símbolo del anterior régimen. Cuando Felipe II, de la Casa de los Habsburgo, trasladó la corte a Madrid percibió la necesidad de acometer una gran restructuración urbanística en la pequeña villa. El Monarca puso sus ojos en el principal edificio de Madrid, el Real Alcázar, usado frecuentemente por los reyes castellanos para celebrar las Cortes del reino y, posteriormente, con la dinastía Trastámara, como residencia ocasional de la familia real. Pero, en sus orígenes más remotos, fue una fortaleza musulmana del siglo IX, que fue empleada a modo de ciudadela de Mayrit.

Felipe IV rehusó habitar en el Alcázar y mandó construir el del Buen Retiro

Felipe II, gran aficionado a la arquitectura, supervisó al completo la reforma del edificio. Si bien su padre Carlos I de España ya había sopesado la opción de fijar la corte en Madrid, y a él se le debe una primera remodelación del edificio, fue durante el reinado de su hijo cuando el palacio adquirió su forma característica. Las obras, que se extendieron desde 1561 hasta 1598, fueron dirigidas inicialmente por Gaspar de la Vega, y después por Juan Bautista de Toledo, arquitecto de El Escorial, que levantó un torreón rematado con un chapitel de pizarra similar a los usados en su obra magna.

Así y todo, el resultado de las sucesivas remodelaciones había convertido el palacio en una extraña mezcla de estilos. Hubo que esperar hasta otra reforma en el reinado de Felipe IV para obtener una traza realmente armoniosa, a pesar de que este Monarca no sentía mucha simpatía por el palacio. De hecho, rehusó habitar en el Alcázar y mandó construir un segundo palacio, el del Buen Retiro, igualmente desaparecido.

De la misma opinión era el primer Rey Borbón de España, Felipe V. El estilo austero del edificio, que fue su primera residencia en España, chocaba directamente con el gusto francés que había impregnado la vida del Monarca desde su nacimiento en Versalles en 1683 hasta su llegada a España en 1700. El palacio nunca fue de su agrado, pese a las reformas acometidas para dotarle de un estilo francés.

Las campanadas de alerta fueron ignoradas

La familia real no se encontraba en el Real Alcázar de Madrid en la Nochebuena de 1734, y tampoco la mayoría de los cortesanos. A las doce y cuarto de la noche, poco después del cambio de guardia, los soldados apreciaron llamaradas en el lienzo de la Priora, que cae a Poniente. Si bien dieron rápidamente alerta para evacuar el edificio, y los monjes del convento cercano de San Gil repicaron las campanas, el aviso fue ignorada durante un buen rato. Al oír las campanadas, método de aviso para la población en caso de incendio, la gente creyó que era la llamada para la Misa del Gallo.

Cuando los monjes y los centinelas consiguieron organizar un grupo de rescate, lo primero que hicieron fue despertar a los dormidos y sacar a las familias y a la marquesa de Fuentehermoso. A continuación, trajeron a uno de los cerrajeros reales, apellidado Flores, que pudo entrar en la Capilla Real y cargó con todos los objetos de valor que pudo. A las cuatro de la mañana se derrumbaba la capilla.

El retrato de «Carlos V en Mühlberg» quedó oscurecido en la zona inferior

Ante el temor a que se produjeran saqueos, los cerrajeros reales actuaron con mucha cautela y solo permitieron acceder al interior a los cortesanos y a los religiosos. Cuando el fuego se extendió hacia el Salón Grande, donde cientos de cuadros cubrían las paredes, los improvisados bomberos arrancaron de sus marcos los lienzos situados en la parte baja, pues no había escalera, y los arrojaron por las ventanas.

Entre los cuadros salvados se encontraban «Las Meninas» de Velázquez, arrojado por una de las ventanas, y el retrato ecuestre de «Carlos V en Mühlberg» del pintor veneciano Tiziano, que quedó oscurecido por el humo en la zona inferior, donde los colores de la tierra y la hierba se ven quemados y reducidos a un ocre oscuro. Hoy se puede apreciar el cuadro de nuevo en todo su esplendor gracias a los recientes trabajos de limpieza. No en vano, una parte de las colecciones pictóricas había sido trasladada previamente al Palacio del Buen Retiro, para preservarla de las mencionadas obras de reforma que Felipe V había iniciado.

Se estima que, pese a los esfuerzos, al menos 500 cuadros, algunos de grandes maestros de la pintura, perecieron en el incendio. Entre ellos, «La expulsión de los moriscos» de Velázquez, del que solo se conservan bocetos y estaba considerada una de sus obras más valiosas, y el retrato favorito de Felipe IV que le pintó Peter Paul Rubens. El fuego también destruyó las piezas americanas que los conquistadores habían ido ofreciendo a los Reyes de España a lo largo de dos siglos.

Solo quedaron en pie un par de fachadas

A lo largo de cuatro días, el incendio fue consumiendo el palacio hasta solo dejar un par de fachadas y la torre del Príncipe, la de Carlos I, en pie. Y aunque las joyas más emblemáticas de la Corona, como la Perla Peregrina y el diamante El Estanque, pudieron ser rescatadas, muchos objetos de plata y oro quedaron fundidos por el calor y los restos de metal tuvieron que recogerse en cubos. Sin olvidar la pérdida de los documentos pertenecientes al Archivo de las Indias, las Bulas pontificias y demás papeles de todas las materias del Estado, cuya importancia es inestimable a nivel histórico.

La familia real estaba ausente ese día, normalmente asistían a misa en la Capilla Real

Las causas del incendio nunca quedaron claras. Supuestamente el fuego surgió en el aposento del pintor de Corte Jean Ranc, donde un grupo mozos del palacio incendiaron por accidente uno de los cortinajes de la estancia. Lo poco que agradaba el edificio a Felipe V, la extraña ausencia de la familia real ese día –que normalmente celebraba los maitines de Nochebuena en la Capilla Real–, el traslado previo de algunas de las obras de arte y la rapidez con la que surgió la propuesta de crear un nuevo palacio en esos mismos terrenos son los ingredientes que alimentaron la sospecha de que el Monarca sopló no para apagar las llamas, sino para avivarlas.

De lo que no cabe duda es que la tragedia, donde falleció una mujer, fue el pretexto perfecto para derrumbar por completo el edificio y levantar un nuevo palacio en el solar. El arquitecto italiano Filippo Juvara ideó un monumental proyecto inspirado en el Palacio del Louvre de París. Las obras concluyeron en el reinado de Fernando VI.

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