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¿Por qué comemos menos en verano?

  • Escrito por Redacción

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La estación estival suele llevar aparejado una disminución del apetito que, aunque afecte a menores y ancianos en especial, se da en todas las edades. El aumento de la temperatura, las comidas fuera de casa o la ruptura de hábitos horarios influyen en nuestro organismo y puede provocar una alimentación inadecuada.

Con una temperatura ambiental mayor, al no necesitar el cuerpo tanta energía para producir calor, la tasa metabólica basal baja, por lo que la cantidad de alimentos que el cuerpo demanda es menor; ya no necesita tanta energía como en otras estaciones del año en las que las temperaturas son bajas.

¿Cuáles son los riesgos de una alimentación desequilibrada? «Pérdida de tensión, mareos y malestares en general». Sobre todo hay que tener especial cuidado en la alimentación de menores y ancianos, ya que «tienen otro tipo de metabolismo», apunta Diana Iglesias, nutricionista en Nutridelia Caduceo Salud. En verano no deben faltar en nuestra mesa alimentos ricos en agua: «El postre ideal: frutas, sobre todo las que tienen un alto contenido de agua como son la sandía y el melón. Pero tampoco hay que olvidar comer ensaladas y verduras y nunca dejar de lado las proteínas», señala.

Además, «hay que evitar fritos y comer sano, sobre todo alimentos a la plancha para que el proceso digestivo sea rápido», apunta Iglesias. «Con la sudoración perdemos muchos líquidos. Y solemos comer muchos más fritos, que ralentizan el proceso digestivo», señala . Tampoco es recomendable consumir «alcohol, que hace que disminuya el agua del cuerpo. Al mismo tiempo, hay que intentar ingerir una mayor cantidad de agua para evitar deshidrataciones», concluye.

Existen alternativas, por otra parte, que pueden funcionar en nuestro organismo, los alimentos (como sopas) que se preparan con agua y que aconseja la nutricionista Iglesias.

ABC-SOCIEDAD

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