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Noticias Cultura y Sociedad

Contra el pesimismo y por la unidad

  • Escrito por Redacción

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  • Don Felipe destaca la solidaridad, el rigor y el esfuerzo como claves para construir el futuro. En su discurso, el Príncipe de Asturias apela a la colaboración de todos para dejar atrás la crisis

 

Javier Ors.  Oviedo.

Un discurso centrado en los valores, como la solidaridad, el esfuerzo y la generosidad, pero, también, crítico con las voces pesimistas que sólo predican el fatalismo. Don Felipe recordó ayer, en la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, el descarrilamiento ferroviario que el pasado mes de julio tiñó de luto el barrio de Angrois, en Santiago de Compostela. Una tragedia «que nos dio a todos los españoles una lección de coraje, de gran humanidad», y que a él le sirvió como ejemplo para resaltar la entereza, esperanza y fortaleza que tantas veces presiden los momentos de dolor y abatimiento. «Nada más producirse el terrible accidente, sus vecinos bajaron de inmediato a las vías del tren para salvar; para ayudar a los heridos y colaborar con los servicios de emergencia; para consolar a los familiares».

Durante su intervención evocó el encuentro que mantuvo con las víctimas y protagonistas de este suceso: «Estoy convencido de que cualquier pueblo o ciudad de España hubiera actuado como Angrois en circunstancias igualmente trágicas, pero ello no resta en nada el gran mérito de su actitud y el valor ejemplar de la acción».

El recuerdo de Angrois

En unos galardones, con el vínculo común de una colaboración capaz de traspasar las lenguas y las fronteras –como es el caso de la sociedad Max Planck y el (CERN), que alberga a físicos de lugares y procedencia diversa–, el Príncipe hizo hincapié en las actitudes que unen a las personas en los instantes críticos. Y señaló a «este pueblo gallego» (Angrois) como «un estímulo para hacer frente al pesimismo, la frustración o la desconfianza que afectan hoy a muchos españoles». Con ese estímulo, señaló que deseaba «animar a que todos ayudemos a superar ese estado de ánimo». Y apuntó que «necesitamos los esfuerzos y la colaboración de todos. Pero lo que de verdad necesitamos es recuperar la ilusión que fundamenta cualquier éxito, individual o colectivo, como tantos que hemos logrado en las últimas décadas». Con esa predisposición, arremetió contra esa España que tanto ensombrecía a Unamuno; a esa España que le llevó al escritor vasco a señalar que en esta tierra «vive cada cual solo entre los demás». Una sentencia que el Príncipe quiso rebatir: «La solidaridad está muy presente. Muchísimos españoles están dedicando una parte de su tiempo a ayudar a los demás». Unas palabras que, quizá, hacían referencia a la ONCE. Arremetió, también, contra esa desesperanza atávica del carácter español y afirmó que «tampoco, afortunadamente, vivimos en una sociedad en la que esté instalado un pesimismo insuperable, como en otras épocas de nuestra historia».

Don Felipe no se olvidó de las instituciones sociales que se han involucrado con el sufrimiento del otro. Y, entre esos colectivos, tuvo un guiño hacia los abuelos que ayudan no sólo a sus hijos, sino también a la generación de jóvenes nietos que no encuentran un empleo que les abra las puertas del futuro: «Los mayores están dando un gran ejemplo de generosidad al compartir con los más jóvenes los esfuerzos de una vida llena de sacrificios». Por esos motivos, dijo que «son muchos, son millones, los españoles que cada día batallan para salir adelante con honestidad, con esfuerzo, con valentía y con humildad. La sociedad española está dando, una vez más, un ejemplo de madurez, de responsabilidad».

El Príncipe mencionó la deriva claramente europeísta de España, los lazos que le unen a las naciones hermanas iberoamericanas, su evidente vocación democrática, su rechazo incondicional «de la violencia y la intolerancia» que le ha llevado, a lo largo de tantos siglos, a mantener en su seno «a personas de diferentes religiones, lenguas y costumbres; muchos de las cuales sienten hoy el orgullo de hacer alcanzado el sueño de ser ciudadanos españoles». Razones que arguyó para afirmar que no se pueden volver a «caer en errores y excesos inadmisibles» y aseverar que debemos tener «la firme aspiración de construir un futuro basado en el rigor, la seriedad, el esfuerzo y la honradez». Una palabra, esfuerzo, que ha sido, justamente, pronunciada esta semana por uno de los premiados, el jugador de golf José María Olazábal, para referirse a la superación que siempre conlleva una lesión o el sacrificio que implica cualquier triunfo o éxito. Don Felipe apeló ayer, en el Teatro Campoamor de Oviedo, a «sobreponernos a la adversidad», y animó a construir «un futuro solidario, y con principios éticos firmes, en el que la integridad inspire nuestra vida colectiva y la gestión de nuestros recursos». Y concluyó que todavía «entre nosotros están muy presentes los sentimientos fraternales generados a lo largo de muchos siglos de convivencia; de compartir profundos vínculos familiares e históricos, tantas emociones sufridas o disfrutadas colectivamente, juntos. Sentimientos de respeto, estima y afecto que nos han dado forma y que debemos preservar y alimentar siempre por encima de las tensiones, las discrepancias y los desencuentros».

La base del progreso

Los valores que ayer quiso destacar el Príncipe de Asturias están ligados a los que conforman el futuro, los que hacen progresar a una sociedad. Voluntad, colaboración, generosidad. Palabras intangibles que, sin embargo, continúan siendo importantes para superar esta crisis económica que ha abierto tantas fracturas sociales. Don Felipe se acordó del pasado para indicar cuál es el camino en el futuro y remarcó que España «es una nación que han construido millones y millones de ciudadanos a lo largo de los siglos y que hoy, todos juntos, en un proyecto compartido, tenemos la responsabilidad de continuar en una gran tarea siempre inadecuada. Una nación que nunca ha claudicado frente a la adversidad».

Galardonados

El Príncipe de Asturias ha agradecido en su discurso el "ejemplo" que dan los galardonados porque "nos recuerdan a cada uno que debemos trabajar en nuestras responsabilidades con sentido del deber". Además de darles la enhorabuena por unos honores "muy merecidos", Don Felipe ha dicho que "al reconocer en ellos lo mejor de la ciencia, de la cultura, de la solidaridad y del deporte, enriquecemos nuestro acervo cultural y ofrecemos una imagen muy alejada del pesimismo, que tantas veces retarda nuestro mejor futuro".

En su alocución, el Heredero de la Corona ha hecho una semblanza de las personas, entidades e instituciones distinguidas con los ocho galardones de la XXXIII edición de los Premios Príncipe de Asturias.

Así, de Michael Haneke, premio de las Artes, el Príncipe ha dicho que en él convergen "una aguda sensibilidad artística y la profundidad de su mirada sobre la realidad y la complejidad de la naturaleza humana" y lo ha calificado como "el poeta del desasosiego cinematográfico". También ha ensalzado la "intensidad ética y artística", su visión "penetrante", sus "análisis implacables", su "discurso coherente", su "extraordinario" dominio de la técnica, gracias a un "talento innovador" capaz de "representar de manera sugerente el lado más oscuro de la condición humana".

De la socióloga Saskia Sassen, Don Felipe ha resaltado que es una persona "comprometida con su tiempo", que "no teme hablar sobre los graves problemas que la globalización ha causado. Sassen "nos alerta y nos aconseja sobre cómo se puede mejorar la vida de millones de personas que sufren cada día los efectos de actividades ajenas a ellas" y alude a las "fronteras virtuales, construidas con elementos etéreos como los intercambios comerciales a gran escala y las transacciones financieras".

En cuanto a Annie Leibovitz, el Príncipe ha destacado que se trata de una fotógrafa "universal" responsable de una "colección asombrosa de retratos de los grandes personajes de nuestro tiempo" y que es una de las personas "que con más intensidad y con más sentido estético ha desarrollado su obra".

Todo en sus fotografías "se convierte en un espectáculo impactante, en una imagen escultórica, llena de belleza", ha agregado, "mostrándonos su propia visión de la vida, sus preocupaciones, sus intereses y sus gustos".

El Príncipe ha destacado los estudios de Peter Higgs y François Englert y ha asegurado que, aunque las teorías, análisis y datos de ambos científicos, según don Felipe, "resultan muy difíciles de entender" para los profanos, son "fundamentales para el desarrollo y el progreso del conocimiento".

En cuanto al CERN, lo ha considerado una organización internacional "modélica", en la que participa España, responsable de algunas de las investigaciones y descubrimientos "más interesantes de los últimos decenios".

Sobre Antonio Muñoz Molina, Don Felipe Ha incidido en que leer sus obras supone "una experiencia inolvidable, pues traslada a su prosa, con realismo y fuerza descriptiva, su convicción de que la literatura puede mejorar la vida de los seres humanos" a los que la literatura "salva de muchas mezquindades".

Según el Príncipe, el autor posee "un lenguaje poderoso, preciso y una visión cervantina melancólica" que le permite mostrar "todo el amor por el género humano y la solidaridad con los más castigados".

En cuanto a la Sociedad Max Planck, Don Felipe ha señalado que su actividad "al igual que sucede con otras instituciones de gran ciencia -como el CERN- mira siempre al futuro, esencia de la investigación científica, manteniéndose fiel a una tradición con la que ha logrado un enorme respeto mundial".

Además, ha destacado que su labor es "extremadamente eficiente, es además selectiva, rigurosa, exigente, flexible y vanguardista", lo que constituyen "las claves de la excelencia y del éxito de su trayectoria científica; una mina de conocimiento y progreso".

De José María Olazábal ha asegurado que se trata de un modelo de deportista total al que, además de por sus triunfos, hay que felicitar también por la constancia y la fortaleza demostradas en su carrera.

Asimismo, ha recordado la figura del fallecido Severiano Ballesteros, "compañero, amigo y maestro" de Olazábal, el capitán del equipo europeo de la Ryder Cup en 2012 que supo dirigir "con una capacidad extraordinaria de liderazgo y motivación".

Por último, Don Felipe ha destacado la labor de la ONCE y ha señalado que la alegría de los españoles por este galardón es muy grande dado que cuenta con una larga historia de eficacia y trabajo bien hecho, y también con el respeto y el cariño de la sociedad.

La ilusión, ha apuntado el Príncipe, traduce todo el esfuerzo de una organización "pionera y única en el mundo" y que se ha convertido en un modelo de inclusión social para decenas de países.

Ceremonia

Los Príncipes de Asturias han presido la entrega de la XXIII edición los galardones que llevan su nombre en el Teatro Campoamor de Oviedo. En esta ocasión se han dado cita en el escenario el escritor Antonio Muñoz Molina (Letras), el cineasta austriaco Michael Haneke (Artes), la holandesa Saskia Sassen, experta en sociología urbana e impulsora del concepto de ciudad global (Ciencias Sociales) y el golfista José María Olazabal, Premio de los Deportes.

Junto a ellos estaban los galardonados con el premio de Investigación Científica y Técnica, los físicos Peter Higgs y François Englert, y el presidente del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), Rolf Heuer (Investigación Científica y Técnica), galardonados por su contribución al descubrimiento y comprobación de la existencia del la partícula subatómica que da origen a la masa de otras partículas. La fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz (Comunicación y Humanidades), el presidente de la ONCE, Miguel Carballeda (Concordia) y Peter Gruss, presidente de la Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia (Cooperación Internacional) completan los premiados.

Los Premios Príncipe de Asturias están dotados con 50.000 euros y con la reproducción de una estatuilla diseñada por el artista Joan Miró.

El acto al que también ha asistido la Reina Doña Sofía, ha comenzado a las 18.30 horas.

La Reina, que ha sido recibida con una gran ovación de los asistentes al acto ocupaba su asiento en el Palco de Honor. Los Príncipes de Asturias han accedido a la Presidencia, por el pasillo central. Al llegar a la mesa presidencial, un grupo de gaiteros de la Banda de Gaitas 'Ciudad de Oviedo' ha interpretado el Himno Nacional.

 

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