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Las alpargatas no vienen de Cataluña

  • Escrito por Redacción

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Al igual que el salchichón o el azulejo hidráulico, las alpargatas tampoco son inventos catalanes. De hecho, las alpargatas más antiguas de España se exponen en el Museo Arqueológico de Granada y se encontraron en la Cueva de los Murciélagos, junto a Albuñol, en plena costa alpujarreña. Allí se descubrió un recinto que data de hace 4.000 años, y en el que se hallaron restos de un ajuar con ropa, cestas, cucharas, punzones, alpargatas de esparto e incluso joyas de oro.

En realidad, la alpargata de esparto es otro invento egipcio, ya que su civilización fue una de las más avanzadas y antiguas del mundo. Sus inventos en el mundo de la cosmética, el vestido, el calzado y el maquillaje, siguen vigentes aún en nuestros días. En el Antiguo Egipto, las alpargatas nacieron como una alternativa a la sandalia, con suela hecha de fibras de esparto o yute. Durante el Imperio Romano se extendió su uso a otros lugares de la Europa actual, cubriéndose de tejido la parte superior para proteger los pies del sol. En España y el sur de Francia su uso ha sido más habitual desde el siglo XIV, formando parte de la vestimenta típica de muchas zonas de la antigua Corona de Aragón (Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares), de Murcia, Almería, Granada e incluso Navarra y el País Vasco. Lógicamente, un calzado que actualmente se utiliza en verano era más habitual en las regiones más cálidas de Europa.

Norteamérica

También existían alpargatas en Norteamérica. Los indios Anasazi, que vivieron antes del siglo XV en los territorios ahora ocupados por Arizona, Colorado, Nuevo México y la región charra de Chihuahua, eran expertos canasteros. En los vestigios encontrados, se encontraron materiales típicos de una zona árida: vestidos de algodón, flechas de caña y alpargatas de esparto. Está claro que hay materiales que por su ligereza y su flexibilidad han sido elegidos durante siglos por distintos pueblos, para elaborar calzado cómodo.

La alpargata en España ha formado parte incluso de los uniformes militares y del calzado de sacerdotes, obreros y campesinos, aunque actualmente se trate de un calzado clásico que se utiliza en los meses de estío. Las alpargatas pueden llevar cintas para atarse a las piernas, ser planas o tener cuña, una moda que ha arrasado las pasarelas de los últimos años y que no parece desterrarse.

Su uso, para ellos y ellas, tuvo en las últimas décadas embajadores de excepción. Desde Pablo Picasso a Salvador Dalí, de Ernest Hemingway a Humphrey Bogart, o de Coco Chanel a Sofía Loren, muchos personajes admirados del siglo XX las hicieron parte de su atuendo veraniego.

En los años 40 su uso se hizo muy popular debido a la aparición de importantes actrices de cine llevando alpargatas en la gran pantalla: Rita Hayworth calzaba un par de alpargatas blancas en su película «La Dama de Shanghái» (1947). La glamourosa y espectacular Lauren Bacall hacía lo mismo con un par de color negro y tiras blancas en Cayo Largo, que se estrenó en 1948.

John F. Kennedy las había utilizado en sus vacaciones familiares en Cape Cod. Y Grace Kelly no se las quitaba en verano, luciéndolas en Mónaco incluso en las fotografías oficiales del rodaje de «Atrapa a un ladrón», cuando aún no era princesa y posaba sonriente junto a Cary Grant.

Realeza

Hace unos días, con motivo de los actos de celebración del X aniversario de la entronización de Alberto de Mónaco, la princesa Carlota y su futura cuñada, Beatrice Borromeo, aparecían con sendos pares de alpargatas de cuñas con plataforma de esparto. Esta versión del calzado de yute tradicional, en su alternativa cerrada o abierta -tipo sandalia- hace ganar en altura manteniendo la exigencia de comodidad; se puso de moda y ahora sigue presente en escaparates, calles y palacios. Otras familias reales son fotografiadas durante sus vacaciones utilizando alpargatas de esparto. Muy especialmente, Doña Sofía, Doña Letizia y la Infanta Doña Elena son fieles a este calzado tan típicamente español. Y es que la alpargata, desde que Yves Saint Laurent la subió a las pasarelas en los años 70 dándole la cuña y rango nobiliario, sobrevive año tras año en el guardarropa occidental, e incluso se ha convertido ya en otro clásico del «Estilo Real».

ABC

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