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UN HÉROE OLVIDADO Y MUY CERCANO

  • Escrito por Redacción
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Es curioso. Es posible que la Guardia Real sea la unidad del Ejército español que más horas de televisión y prensa acumula a lo largo de todo el año. Es rara la semana que, por un motivo u otro, no salga alguna de sus unidades en los telediarios y periódicos, ya sea por algún acto presidido por S.M. el Rey, la recepción de algún presidente o jefe de estado extranjero o la presentación de cartas credenciales de los embajadores en nuestra capital.
 
Pero hay muy pocos cuerpos tan desconocidos como éste. ¿Quién en este país, por muy antimilitarista que sea, no reconoce el uniforme de La Legión o los Regulares? ¿Quién no ha oído hablar de las boinas negras de la Brigada Paracaidista o las verdes de “las COES”? ¿Quién no ha visto volar a la Patrulla Águila? O cuando en algún desfile salen con sus uniformes blancos, aún sin saber exactamente qué unidad es, la gente dice: “Mira los esquiadores-escaladores”. Incluso si a cualquier persona le presentas a un tipo con casaca roja, alto morrión de piel de oso calado hasta los ojos y fusil al brazo, sabrá al instante que es un Guardia Real británico.
 
Sin embargo, si le pones delante de un alabardero español, cuerpo que data del 1.504, año en que empezaron a prestar servicio a Fernando El Católico, te dirá que es “un Guardia Civil con lanza”.
 
Muy poco conoce el ciudadano español acerca de la Guardia Real, insisto, y eso que en televisión siempre podemos ver a su Escuadrón de Escolta Real con sus plumas y corazas, La sección de Motos con sus Harley Davidson, sus alabarderos siempre rodeando a la Real Persona y algo menos a sus secciones de Guías Caninos, Compañías de Honores y Control Militar.
 
Todo esto viene a que el pueblo español es dado a olvidar a sus héroes, incluso si son de cuerpos tan laureados como La Legión, Los Regulares, etc... Pensemos en los héroes de Baler en Filipinas: Nadie conoce su historia incluso después de que en 1.945 se hiciera la película “Los Últimos de Filipinas” y sin embargo conocen y se tragan peliculitas yanquis de unos señores, que encima la palmaron, en El Álamo, Texas.
 
Pues si son capaces de olvidar a estos héroes, qué no pasará con los de un cuerpo tan desconocido como la Guardia Real
 
La Guardia Real por su peculiar misión cerca de la Familia Real no tiene la oportunidad de protagonizar grandes acciones como los otros cuerpos que sí desarrollan misiones en el extranjero. También por eso, tiene la suerte de no sufrir bajas tan dolorosas como las que han sufrido las unidades desplegadas en todos esos países. Pero aún así tenemos un rosario de hombres que en la intimidad de nuestro Cuerpo han grabado su nombre con mayúsculas en la memoria del Regimiento.
Hoy quiero volver a rescatar de esta memoria y ensalzar el nombre del Cabo Habilitado de la Guardia Real D. Luis Manuel López Martínez.
 
El Cabo López era natural de la Villa de El Pardo, Madrid. Sus raíces por parte de madre estaban ligadas a esta villa desde hace doscientos años. Por parte de padre fue su abuelo, Teniente retirado de la Legión condecorado con una Laureada de San Fernando colectiva, el que llegó a esta localidad, al concedérsele un puesto de guarda en el Palacio de la Quinta en agradecimiento a sus servicios y buen hacer durante sus años de legionario.
 
Luis era el mayor de cuatro hermanos. El propio Luis, Carlos, Jesús (Suso) y Patricia.
 
Nació el 20 de Marzo de 1.962 así que a sus 20 años era un joven simpático, divertido y activo. Con este arraigo en El Pardo y su descendencia de militar condecorado no era de extrañar que sus pasos se dirigieran hacia la milicia. Quiso ingresar en la Academia General Básica de Suboficiales, quedándose a las puertas, por muy pocos puestos, de acceder a ella. En espera de intentarlo de nuevo se presentó a la 1ª promoción de la Compañía Mar Océano de Infantería de Marina, del recién creado Voluntariado Especial de la Guardia Real. Ingresó como Aspirante a Soldado Real el 2 de Febrero de 1.981 para, posteriormente, superar el campamento en el destacamento de Porto Pi, en Palma de Mallorca, donde no lo pasaron demasiado bien: A la dureza misma del campamento, todos los que hemos arrastrado nuestras personas por el polvo de Porto Pi lo recordaremos para siempre, hay que sumarle que el famoso 23-F les sorprendió durante la instrucción. Como me contaron algunos de los miembros de aquella promoción “aquello era para cagarse, sin haber pegado un solo tiro, nos desplegaron y repartieron la munición a todo el mundo”.
Pero todo llega y a Luis y a sus compañeros les llegó el momento que tanto esperaban: La entrega de la boina azul de la Guardia Real. Semanas más tarde, ya en El Pardo, juraron bandera en el Cuartel del Rey. Ya eran Infantes de Marina y Soldados Reales a un tiempo.
 
Luis es seleccionado para realizar el curso de cabo, el que finalizará y aprobará con plena satisfacción de sus mandos, ascendiendo el 8 de Julio. Después le asignaron como escribiente en la Plana Mayor de la Compañía.
 
Los meses siguientes fueron los de rutina en una compañía de Infantería de Marina, mucha, muchísima instrucción para llegar a ser un Infante de Marina ejemplar y –además- la rutina de una compañía de la Guardia Real: Guardias, guardias y más guardias.
 
En Junio de 1.982, su hermano Carlos ingresa como Soldado Real en la Escuadrilla Plus Ultra, la compañía del Ejército del aire de la Guardia Real. Los dos hermanos compartirían la vida del voluntariado durante unos pocos meses.
Como muestra del carácter de Luis, esta anécdota contada por sus hermanos refleja las ganas de hacer cosas que tenía y las hacía muy bien: El domingo 19 de Septiembre, Luis se encontraba preparando las maniobras que iba a realizar la compañía, cuando le avisan de que el concurso de pintura al que se había apuntado estaba ya acabando. Sale corriendo con su uniforme hasta la plaza de El Pardo, que se encontraba en fiestas, y le dicen que ya no le da tiempo a participar, que tendría que haber pintado en un lienzo una de las fuentes que hay en una plaza del pueblo. Él, sin amilanarse, coge un folio en blanco, pide un bolígrafo y se pone a dibujar y lo entrega hecho a boli Bic y a tiempo. Aquel dibujo ganó el segundo premio del concurso. Ahora se halla enmarcado en su casa.
 
Esa tarde, Luis se despidió de su familia para volver al cuartel, como todos los domingos, con un beso y un “Hasta la semana que viene”.
 
El 20 de Septiembre de 1.982, la Compañía Mar Océano sale de maniobras. Éstas se realizan en el pueblo de Guisando, Ávila. Durante esa semana los Infantes de Marina realizan diferentes ejercicios, despliegues, nocturnas, prácticas de escalada, etc. Durante estas prácticas de escalada se hizo una foto, que si bien en el momento de hacerse sólo era un recuerdo de algo divertido, luego pasaría a ser parte del imaginario de la Compañía Mar Océano. En ella se ve al Cabo López cruzando un andarivel, con su gorro de lana hecho con el “comecocos”, como lo llamábamos, y su subfusil Z-70 colgando, cruzando el río que más tarde y a su pesar le haría famoso.
Cuando ya están a punto de terminar las maniobras, de hecho estaban desayunando para terminar de arranchar todo para volver al cuartel, el Capitán de la Compañía recibe el aviso por parte de un pastor de la zona de que algo más arriba del campamento hay cuatro montañeros atrapados por la crecida del río. Si bien normalmente el río Pelayos no es un río extremadamente caudaloso, debido a las fuertes lluvias que se estaban produciendo desde el día anterior, éste empezó a crecer de manera asombrosa.
 
Como recordaba un compañero de Luis y más tarde compañero y buen amigo mío, el Soldado y después Guardia Real José María de los Reyes, el Capitán se acercó a la cocina del campamento y les explicó a los que allí estaban que había unos montañeros en problemas, que hacía falta gente para ir a ayudarlos:
 
 –Esto es voluntario. No es parte de las maniobras, así que no estáis obligados a ir – les dijo.
 
Luis no se lo pensó ni un momento. Estoy seguro que no lo hizo con afán de ser ningún héroe ni de llevarse ningún mérito, solamente era su trabajo y para él mismo, una obligación: SERVIR A LOS DEMÁS SIN ESPERAR NADA A CAMBIO.
 
 –Voy yo que no estoy haciendo nada – contestó.
Se envía a una sección a auxiliar a los atrapados y cuando ésta llega al lugar, comprueban que no pueden pasar donde están los montañeros: El río forma una “Y”, y están justo donde confluyen las dos aguas y en un estado de angustia.
 
El Teniente Sotomayor decide enviar a dos hombres, el Cabo López y el soldado Téllez río abajo con un jeep Willys hasta un puente para cruzar el cauce y subir por la otra vertiente, avisándoles de que no hicieran nada hasta que no llegara el grueso de la sección. Salió hacia el Nogal del Barranco, lugar donde estaban atrapados los montañeros, con el material de escalada necesario para socorrerlos.
 
Cuando llegaron tendieron con cuerdas un andarivel. Luis cruzó donde estaban los montañeros, que estaban a punto de ser arrastrados por la corriente. La situación era de máxima gravedad cuando empezó la evacuación. Luis aseguraba con cordinos y mosquetones a los atrapados y después les ayudaba a cruzar. Así lo hizo con los tres primeros sin problemas, pero el último montañero, sin ya apenas fuerzas, cayó a las caudalosas aguas. Aunque estaba asegurado a la cuerda y no podía ser arrastrado, la fuerza del agua y la cantidad de piedras y troncos que llevaba el torrente le podrían haber causado graves lesiones… o la muerte. Sin dudarlo, el Cabo López Martínez se lanzó al río, consiguiendo que el montañero caído fuera rescatado por los otros soldados, pero la gran fuerza del agua arrastró sin remedio a nuestro Héroe río abajo.
Inmediatamente se dio la voz de auxilio. En el campamento se oyeron los pitidos de alarma y voces de que alguien había caído al agua. Como recuerda el entonces Sgto. Tomás García Jiménez, (el conocido por tantas promociones de la Mar Océano como “El Jimmy”, prácticamente todos los soldados de nuestra compañía hemos pasado por sus manos, instruyéndonos y enseñándonos a salir del cascarón del huevo de nuestras familias), vio al soldado Rioja señalarse la guerrera y al agua en señal de que uno de los suyos estaba en apuros. Salió todo el mundo en su busca. Se peinó todo el río desde el lugar de accidente. Aunque las esperanzas de encontrarlo con vida eran mínimas, eso no hizo desfallecer ni un solo momento a sus compañeros.
 
Entonces alguien vio una bota entre unas rocas. El Sargento Tomás examinó con unos prismáticos la zona. Al principio le costó reconocerlo pero al final comprobó que era Luis. Encontraron su cuerpo ya sin vida en una zona difícil de llegar. Un Sargento intentó tirarse a por él de inmediato, pero Tomás tuvo que detenerlo y, como él mismo me comentó, “casi tengo que sacarle la pistola para que no lo hiciera”.
 
Cortaron un pino, lo cruzaron en el río y por fin pudieron llegar hasta él. Avisaron al cuartel de lo ocurrido, montaron el cuerpo en la ambulancia y emprendieron lo que tendría que haber sido un alegre regreso a casa. Al llegar a la compañía el Coronel del regimiento les estaba esperando.
Después llegó el duro trance de comunicárselo a la familia. Miembros de la Guardia Civil fueron a buscar a los padres del Cabo para comunicarles que había ocurrido algo grave. Su hermano Suso me comentó: “yo era pequeño y no me enteraba de mucho, pero cuando mis padres nos mandaron a los niños a casa de la novia de mi hermano Luis, ya sabía que algo malo había pasado…
 
Al cabo Luis Manuel López Martínez se le concedieron varias recompensas por su entrega y valor:
 
- Cruz del Mérito Naval de 4ª clase con distintivo blanco.
- Medalla al Socorro de Montaña.
- Medalla al Mérito Civil en categoría de Oro con distintivo rojo.
- Medalla al Mérito Deportivo.
- Miembro de la Orden Civil de la Beneficencia con Cruz de primera clase.
 
Además de ser nombrado Hijo Adoptivo de la Villa de Guisando.
 
Luis Manuel fue enterrado en el cementerio de El Pardo con el calor de toda su familia, amigos vecinos y sobre todo sus hermanos de armas… En el mismo cementerio donde cuatro años después sería enterrado junto a él su padre, “muerto por la pena” como me comentó su hijo.
 
Un año más tarde se colocaría una piedra con un escudo de la Infantería de Marina y una placa en su honor delante de la iglesia de El Pardo. Esta piedra fue puesta a petición de los vecinos de El Pardo, con el apoyo de la Casa Real.
 
En 1.987 se le pone el nombre a una calle de El Pardo y su hermano Jesús ingresa como Soldado Real en la Compañía Monteros de Espinosa, compañía del Ejército de Tierra en el Grupo de Honores de la Guardia Real.
 
Finalmente, tanto Carlos como Jesús pasarían a ser Guardias Reales profesionales, con los que yo compartiría muchos años de servicio, además de un grave accidente motociclista durante las prácticas del curso de la Sección de Motos que obligó a Suso a pasar a la Reserva y en el que tuve que pasar el mal trago de avisar a su madre de este accidente. Otro duro momento para la familia, pero esta vez con un final muchísimo menos trágico.
En la villa de Guisando, se otorga su nombre a un campamento de verano para chavales, sito en el lugar donde acampó la compañía cuando acaeció este heroico acto. El año 2.009, cuando la Mar Océano se encuentra otra vez de maniobras por la zona, se organiza un acto en honor a Luis al cual asistió la familia.
 
Es cierto que ni la Guardia Real ni la Compañía Mar Océano ni las villas del El Pardo y Guisando han olvidado a este valeroso joven.
 
En Septiembre del 2.012 se conmemoró el XXX aniversario de su gesta y en el edificio que alberga la Compañía Mar Océano, las camaretas donde duerme la tropa tenían los nombres de héroes de la Infantería de Marina, tales como el soldado Lois, Rama y Cancela, etc., y junto a estos héroes está la camareta del Cabo Luis López Martínez.
 
Pero me entristeció mucho cuando, con motivo de informarme para escribir este artículo, fui a ver el campamento que lleva el nombre de mi compañero de Compañía, donde hay un busto con una placa explicativa en su honor. Y comprobé que nadie de los que estaban en ese campamento sabía quién era Luis Manuel y además lo que no comprendían era qué tenía que ver la Guardia Real con el rescate de unos montañeros…
 
Lo dicho, si los héroes españoles son unos grandes olvidados, ¡qué no será del héroe del Cuerpo más olvidado de nuestro Ejército!
 
Este artículo es un homenaje a todos mis compañeros de la Guardia Real, en especial a mis antiguos camaradas de la Compañía Mar Océano y sobre todo y con mucho cariño a mi gran amigo y compañero de fatigas, risas y grandes sustos, Jesús “Suso” López Martínez y su familia.
 
 
VALIENTES POR TIERRA Y POR MAR
 
 
 Francisco Contreras.
Sargento de la Guardia Real.

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