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UME: JOYA DE LA CORONA

  • Escrito por Redacción

UME soldados saludando

Desde su creación hace diez años, la UME se ha configurado como una de las joyas de la corona en el seno de las Fuerzas Armadas (FAS). Su altísimo grado de disponibilidad y su envidiable eficacia operativa constituyen hoy uno de los mejores escaparates de los valores militares, al servicio de nuestro pueblo.

No es extraño, por tanto, el alto prestigio y el enorme aprecio suscitados entre la ciudadanía. Por eso sorprenden algunos ataques que últimamente viene recibiendo esa Unidad, bien que sea de común conocimiento que el éxito genera inquinas y que no hay peor cuña que la de la misma madera. Dejando aparte algunas historietas relatadas muy parcialmente, en los textos a los que me refiero la UME es calificada, entre otras “flores”, de no ser militar, de falta de basamento jurídico/legal, de nuevo invento u ocurrencia, de no ser misión de soldados y, en el colmo del desvarío, de que la actividad de sus componentes no casa con el desempeño propio de su profesión. Una batería de juicios tan negativa como injusta que, en mi opinión, no puede venir más que o del desconocimiento o del prejuicio ideológico, o de ambos simultáneamente. En todo caso, cuando son militares los que emiten juicios tan negativos contra toda una unidad militar, y por extensión contra sus componentes, ello supone un ataque a la moral de éstos, que no es de recibo y que hay que atajar. 

La imputación de insuficiente fundamento jurídico/legal de la UME no se sostiene más que desde el error, la ignorancia o la falacia. Porque la Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional, en su artículo 15, Misiones, relacionó las misiones a las FAS, añadiendo a la del artículo 8 de la Constitución, otras más. Entre éstas, la entonces novedosa del art. 15.3: “Las Fuerzas Armadas, junto con las Instituciones del Estado y las Administraciones Públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente”. Un texto que supone, conceptual y operativamente, un gran salto cualitativo hacia delante sobre el mero “apoyo” a las autoridades civiles en catástrofes, de tiempos anteriores. Para poder cumplir esa misión propia, de alto riesgo y muy especializada, hubo de crearse, en el seno de las FAS, un instrumento capaz de asumir la nueva responsabilidad. Y así nació la UME. Con ello, se superaba asimismo la tan bien intencionada como ineficaz actuación de unidades militares cuando —como recordarán los más veteranos—, en el pasado eran (éramos) lanzados al monte ardiendo, para apagar los fuegos pertrechados de picos, palas y, con suerte, aljibe.

Es por tanto la misión asignada a las FAS en L.O. 5/2005 la que fundamenta la creación de la UME. Por eso, en perspectiva de legalidad, difícil y seriamente podría cuestionarse su existencia. Otra cosa es negar la ley, poniendo en cuestión la facultad de las Cortes para legislar libremente. Parece oportuno recalcar que, como Ley Orgánica, fue aprobada por mayoría absoluta del congreso de los diputados en votación final sobre el conjunto del proyecto (como asistí a esa votación desde las tribunas, certifico que así sucedió). Tampoco es racionalmente sostenible atribuir pecado original a la UME valorándola como salida de una decisión política. ¡Pues claro que fue una decisión política! De la misma forma que lo son, entre otras, todas las que aparecen en el BOE con rango de Real Decreto y muchas de las Órdenes Ministeriales. En suma, intentar dar una patada al político cuyo color no te gusta, pero en el trasero de otro, en este caso de la UME, no parece muy serio.


Atribuir déficit de profesionalidad en su labor (trabajar en una misión que “no es de soldados”), a los 3500 militares que prestan un dignísimo servicio a España y los españoles en la UME es, en mi opinión, insultante y vejatorio. La Unidad, desde su puesta en marcha operativa en 2007, ha realizado con eficacia y brillantez alrededor de 325 intervenciones, tanto en España como en el exterior (Haiti, Nepal). Tiene capacidades punteras, operando con su Grupo de Intervención en Emergencias Tecnológicas y Medioambientales (GIETMA) (sin querer dar ideas si, por ejemplo, algún criminal activara una “bomba sucia” en el Metro, me atrevería a decir que solo la UME sería capaz de lidiar con ese terrible toro). Ha operado en todas las Comunidades Autónomas (en la vasca solamente con los medios aéreos del 43 grupo de FA,s, —¿tampoco son soldados?—, unidad que operativamente depende permanentemente del Jefe de la UME). Y, lo más importante, sus componentes, al servicio de todos, se juegan el tipo en, entre otras calamidades: incendios, inundaciones, rescates, seísmos y tormentas invernales severas. Los militares deberíamos estar muy orgullosos por el derroche de profesionalidad que, desde el Teniente General Jefe hasta el más moderno de sus soldados, exhiben en todas las operaciones de la UME. 

Otro de los vituperios más despreciativos e infundados es negar a la UME su condición militar. Porque la tiene no solo por pertenecer a las FAS, sino también porque son precisamente los valores militares (no exclusivos), la disciplina, la organización y los procedimientos militares los que hacen a esa Unidad tan eficaz como necesaria y útil. Y, lo más importante, tan querida y deseada por la población. Por otra parte, al contrario de lo que sucede con el resto de unidades de las FAS, todas las actuaciones de la UME son operaciones reales desarrolladas siempre en circunstancias muy críticas y peligrosas. Son verdaderos combates y arriesgadas intervenciones en situaciones de emergencia, que solo pueden ser afrontados rápida y solventemente desde la profunda vocación de servicio, la fortaleza moral, la disciplina, la dotación técnica y el adiestramiento individual y colectivo característicos de la organización militar. Condiciones, todas ellas, que en la UME se dan ampliamente y que se perciben a flor de piel en sus componentes.

Ambos, UME y sus soldados, no soloasumen y desarrollan una de las misiones asignadas por la ley a las FAS como se ha visto antes, sino que asimismo participan, como el resto de unidades militares, en los cometidos en que se descompone la misión de las FAS. El ADN militar de la UME es, como mínimo, del mismo nivel que el de, por no irme más lejos, sus vecinas de Comunidad, la Brigada Paracaidista y la Brigada Acorazada.

Es curioso que se señale despectivamente a la UME de no cumplir “misión de soldados”, y se permanezca mudo cuando la OTAN envía fragatas a contar refugiados, o se despliegan unidades para ayudar a superar carencias locales en Malí. Sin ánimo de ofensa a nadie, ¿es que es más “militar” tirarse al vacío en paracaídas (arriesgada actividad que, por otra parte, muchísima gente practica deportiva y diariamente en los paraclubs), que lanzarse sobre el fuego a apagar un incendio en defensa de las vidas y los bienes de nuestros conciudadanos? 

Finalizo con dos consideraciones sobre las que algunos puede que no hayan caído, y que se ofrecen a la reflexión de los lectores. Una es la particular herramienta que supone la UME, para inscribir y extender la presencia del Estado sobre todo el territorio nacional, especialmente en momentos críticos. Y eso puede ser así, en el magro Estado de las Autonomías, precisamente porque la UME es parte de las FAS, y éstas son competencia exclusiva del Estado (art 149 de la Constitución). Y la otra consideración consiste en entender la gran importancia del mensaje de eficacia y utilidad que transmite la UME. Porque —a ver si se enteran de una vez algunos nostálgicos—, el futuro de las FAS no está en las manos de ellas mismas, ni tampoco en las de los militares. El futuro de las FAS está irremediablemente encadenado a la percepción que la sociedad española tenga de la utilidad de sus Ejércitos.

Pedro Pitarch

http://elblogdepitarch.blogspot.com.es/2016/02/ume-joya-de-la-corona.htm

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