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Bono confiesa que utilizó el CNI para frenar una conspiración militar en Cataluña

  • Escrito por Redacción

bono

El exministro de Defensa José Bono solicitó al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que interviniera comunicaciones e hiciera algunos seguimientos a mandos militares tras el arresto del teniente general José Mena, que expresó su contrariedad ante el Estatuto catalán.

En su libro 'José Bono. Diario de un ministro. De la tragedia del 11-M al desafío independentista catalán', sostiene que “algunos militares quisieron actuar como políticos, por lo que tuvieron que dejar de ser soldados” y que ese fue el caso del general Mena.

“Supe que con otros conmilitones preparaban un pronunciamiento, no un golpe de Estado, pero sí un acto de fuerza”, ya que este general había dicho “a sus compañeros que ‘si el Rey no actúa en el Estatuto tendrá que tomar las maletas e irse de España, y los militares actuaremos en consecuencia”.

Tras sus palabras en público Mena fue “arrestado”, el primer teniente general desde la Guerra Civil, mientras que los que “deliberaban con él se disolvieron haciendo mutis antes de quedar visibles en el foro”. “Los militares salvapatrias no merecían condescendencia y no la tuvieron”.
Relato de los hechos

Cuando al término de los discursos en la Pascua Militar del 6 de enero de 2006 el ministro se entera por un periodista de las declaraciones del general Mena en Sevilla, Bono busca al Rey y le dice que hay una “bomba informativa” y que, al igual que el presidente, deben abandonar el Palacio Real para formar “criterio porque el asunto es relevante”.

Esa misma tarde, Bono prepara con su equipo, “informando” al Rey y al presidente, las actuaciones que pasarán por el arresto del teniente general. Don Juan Carlos le propone que, “para que no digan que los políticos atacan a los militares”, debe ser la detención a propuesta del jefe del Ejército de Tierra (jeme) y le puntualiza que Mena es teniente general y que “desde la Guerra Civil no se ha arrestado a ninguno con ese empleo”, por lo que pide que lo haga “con cuidado”.

El consejo del Rey le lleva a hablar con el jeme, general José Antonio García González, al que no ve “muy dispuesto” para arrestar a Mena, por lo que el entonces jefe del Estado Mayor de la Defensa (jemad), general Félix Sanz Roldán, “se ofrece generosa y lealmente”. “La actitud de Félix Sanz es muy digna de resaltarse por su valor democrático y por su afección a los valores constitucionales”.

Esta situación, confiesa Bono, le ha “torcido los planes” porque “con este lío de Mena no podré cesar como ministro hasta que pasen unas semanas y, desde luego, no permitiré que se asocie mi salida con el Estatuto catalán”.

Sostiene que, al día siguiente, el jeme le presentó por escrito las palabras de Mena pero el texto está “mutilado” y “no contiene lo más grave”, pero tienen la cinta con el discurso pronunciado. Cuestionado directamente Mena por si mantiene sus palabras, el general traslada al jemad que “si la cinta magnetofónica lo recoge, será que lo dije”, lo que lleva a Bono a añadir “¡viva la dignidad de este personaje!”.

En una reunión que “no dura más de quince minutos”, se le comunica la sanción que supone arresto y cese posterior del teniente general Mena como jefe de la Fuerza Terrestre.

Añade que el jeme le llama porque “varios generales” le están pidiendo “explicaciones” por la situación y que “quizá” convenga adelantar el Consejo Superior del Ejército del día 23 “para informales”, a lo que respondió “que si algún general vuelve a llamarte preguntando por Mena, le dice que me llame a mí directamente. Yo ya he hablado con los generales que he creído conveniente”. Y es que Bono, sostiene que no llamó ni consultó a los que intuye que “están de acuerdo” con Mena.

Tras esta decisiones, ese mismo día “informo al presidente que he pedido al CNI, previos los trámites judiciales y legales necesarios, la intervención de las comunicaciones y un informe detallado de las entradas y las salidas el personal de la Capitanía General de Sevilla, la residencia del general sancionado”.

Días después, relata en su diario que le informan que el general Pérez Alamán, jefe del Mando de Canarias, y el general Mena hablan de que tienen “ganas de hacer algo, una cosa colectiva, pero que van a esperar a otro momento”. Y apunta que el jeme le dijo que no sabía “nada del discurso hasta que este lo pronunció”, lo cual está en clara contradicción con lo que el propio Mena ha declarado” pero Bono asegura que creyó al general García González.

En una reunión que mantiene en La Moncloa con el presidente, y los entonces su secretario de Estado de Defensa, Francisco Pardo, y el portavoz socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, Bono pone al tanto a Rodríguez Zapatero de “la situación en los ejércitos tras el arresto de Mena” y el presidente pregunta “si debemos informar al PP de las peligrosas conversaciones de algunos militares”.
Si el Rey no actúa que coja las maletas

Pero el exministro le indica que tienen ya “toda la información y no hay peligro de golpe de Estado o de movimiento de tropas. Lo que puede ocurrir es que se celebre una reunión de algunos altos mandos militares que espero abortar con discreción y si el PP supiera que lo sabemos, lo filtraría inmediatamente para deteriorar al Gobierno”.

El exministro resta importancia a los apoyos a los posibles apoyos con los que cuenta Mena y explica que le llega la información de que en el Consejo Superior del Ejército de octubre Mena manifestó que estaba muy preocupado por la unidad de España y que “si el Estatuto de Cataluña va a menos o se cae no tendremos que actuar los ejércitos, en caso contrario, si va hacia delante, la responsabilidad será de la Corona y si la Corona no actúa, tendrá que tomar las maletas e irse de España. En ese caso, nosotros tendremos que actuar en consecuencia”.

Gracias a informaciones del jemad, general Sanz Roldán, y del CNI confirma que hay algunos “salvapatrias” conspirando pero Bono no teme “movimientos de tropas sino de lenguas”, lo que le llevó a pedir que se hiciera un “seguimiento eficaz” a los mandos sobre los que sospechan para que “el juzgado sepa dónde están y no ocurra lo pasó con Roldán”.

La cuestión catalana y la reacción de algunos militares, que finalmente quedó aplacada, ocupa parte de la obra porque centró parte del final de la etapa de Bono como ministro de Defensa (abril de 2004- abril 2006). De hecho, en el libro confiesa que dimitió por el Estatuto catalán.

“Cesé como ministro pero quise hacerlo con lealtad al presidente y al PSOE. Ambas lealtades me impidieron decir en público, el día de mi dimisión, la causa principal de esta: no podía ser ministro cuando se publicara en el BOE el Estatuto de Autonomía de Cataluña porque era una puerta abierta a la secesión”.

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