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Noticias CC y Fuerzas de Seguridad del Estado

Cuando ellas mandan en los Cuerpos de Seguridad del Estado

  • Escrito por Redacción

ELLAS-MANDAN

Con su uniforme reglamentario, falda y zapato de tacón medio, las primeras 10 policías locales españolas vigilaban el tráfico y los mercados en Córdoba. Corría el año 1970 y vieron las caras de extrañeza de sus paisanos, que les lanzaron más de un improperio y les aconsejaron volver "a la cocina".

Tan solo dos años después se creó en Madrid la Quinta Agrupación Mixta de Circulación, a la que se incorporaron mujeres. Los requisitos para pertenecer a este cuerpo eran llamativos: no podían contraer matrimonio y, si no habían cumplido los 21 años, debían ir a los juicios acompañadas de sus padres como tutores legales.

Cuatro décadas y media después, el panorama ha cambiado tanto que las que lucen uniforme en nuestro país se presentan como referencia para el resto del mundo. De hecho, España es la segunda nación europea con mayor presencia de mujeres en sus Fuerzas Armadas, solo superada por Francia. Desde el Observatorio Militar para la Igualdad se vigila que su integración sea real y que se atajen de raíz las posibles conductas sexistas.

En 1979 se incorporaron a la Policía Nacional las primeras agentes. Ahora es uno de los cuerpos estatales con mayor presencia de mujeres en Europa: lo integran unos 68.000 agentes, de las distintas escalas y categorías. De ellos, más de 8.800 son mujeres, un 13%. En 1989, la Guardia Civil abrió sus oposiciones a las candidatas femeninas. Hoy unas 5.000 forman parte de sus filas y casi un 3% ha alcanzado el rango de oficial.

Más tarde llegaron los cuerpos autonómicos: los Mossos d'Esquadra -uno de los de mayor presencia femenina, ya que uno de cada cinco agentes es mujer- o la Ertzaintza. Las últimas en incorporarse, por su creación en 2008, han sido las agentes de la policía autonómica canaria.

Estas son las cifras, pero detrás de cada mujer que luce un uniforme hay una historia. Y en todas se combinan dos ingredientes: una fuerte vocación y una auténtica pasión por su trabajo.

Pilar Allué, comisaria general de la Policía científica. Cristina Bardera, comandante jefe del servicio de psicología de la Unidad Militar de Emergencia (UME). Victoria Landa Moñux, jefa de Protección Ciudadana de la Jefatura Territorial de la Ertzaintza en Vizcaya.

Valientes por tierra y por mar. El lema que preside el cuartel del Tercio de la Armada de San Fernando, en Cádiz, da una idea de lo que representa este cuerpo de élite del Ejército. "¿Cuál es exactamente nuestra misión? Para los profanos siempre digo que, si han visto la película 'Salvar al soldado Ryan', ese es nuestro cometido: se trata de una unidad anfibia de élite operativa tanto en tierra como en mar". La que habla es Verónica Marqueta, capitán de la escala de oficiales del cuerpo de Infantería de Marina de la Armada y prueba patente de que las mujeres han derribado todas las barreras. Es la primera oficial de carrera de Infantería de Marina y también la pionera en ponerse al mando de una compañía de fusiles.

Su llegada a un cuerpo de élite, considerado de gran exigencia física, creó gran expectación entre sus compañeros, y alguna reticencia. "Pero se cierran bocas en cuanto te pones la mochila -que pesa casi 40 kilos- y haces una marcha de 65 kilómetros. El entrenamiento resulta muy duro y es el mismo para mí que para ellos, quizá por eso somos tan pocas en los destinos operativos".

A la capitana se le ilumina la cara cuando habla del destino que ha finalizado hace tan solo una semana. "Durante dos años he estado al mando de la sexta compañía del segundo batallón de desembarco, conocido como 'los Miura'", relata Marqueta. Recuerda su participación en los ejercicios 'Bold Alligator 14', en EEUU. Los británicos y holandeses mostraban su extrañeza al verla al mando de su compañía, ya que en sus países lo tienen restringido. "España es pionera, la ley no limita, podemos entrar en cualquier unidad. Hay mujeres paracaidistas, en la Legión... No nos regimos por el género sino por la idoneidad".

"Más que sangre roja, la tengo verde". Así explica Cristina Moreno Martínez, comandante de la Guardia Civil, cómo la tradición familiar despertó su vocación. Cuando era niña, las mujeres no podían formar parte del Cuerpo, pero un Real Decreto de 1988 lo cambió todo. Ingresó en la promoción de 1993, fue la única. Su padre sabía que tenía un doble hándicap: era mujer y, además, hija de un sargento. "Recuerdo con horror los dos años que pasé formándome en la academia de Zaragoza. Nunca he sufrido discriminación por mi sexo, pero humillaciones, todas. Con 24 años, recién salida de la academia como teniente, fui destinada a La Coruña y todos los problemas se esfumaron. Ahora soy la jefa de personal y apoyo de la Comandancia de Guadalajara".

Gladys Felipe Cabrera, oficial de la Policía canaria. Cristina Moreno Martínez, comandante de la Guardia Civil. Loreto Carrasco, comandante del Ejército del Aire.

Muchas ni se plantean la opción de entrar en el Ejército por temor a las pruebas físicas. No le ocurrió a la comandante del Ejército del Aire Loreto Carrasco que, explica, pasó "las mismas que los hombres". Ahora esto ha cambiado y las marcas se han adaptado. Fue la única que entró en la Academia General del Aire en San Javier (Murcia) en 1994, dos años después de que ingresaran las primeras militares en ese cuerpo. La comandante Carrasco está destinada en la Jefatura de Operaciones del Mando Conjunto Ciberdefensa. Desde hace dos años se encarga de crear una unidad que velará por la seguridad en este terreno: "Es un trabajo nuevo, solo en EEUU funciona un cibercomando desde hace cinco años".

De la rareza a la excelencia. En España únicamente cinco personas ostentan hoy en día el cargo de comisario general, y una de ellas es la valenciana Pilar Allué, comisaria general de Policía Científica. Tenía 12 años cuando escudriñaba los apuntes de Criminología, estudios que entonces realizaba su padre, policía municipal. En ese momento las mujeres no podían ser agentes nacionales, pero cuando ella tuvo la edad para presentarse a las oposiciones, en 1980, ya habían ingresado en la academia 42. Entró con una idea: "Quizá parezca muy cándida, pero deseaba quitar a los malos de la calle y ayudar a la gente".

En su expediente se incluye su paso por la Comisaría de atención a la mujer o por la sección de estupefacientes en la Jefatura de Valencia. "Las peores experiencias son las relacionadas con las drogas, es muy duro estar cerca de gente que muere por estar enganchada a la heroína. Conocí la miseria humana de primera mano, vi a familiares destrozados, a abuelas que venían a denunciar a sus nietos porque les robaban las joyas para comprar droga", cuenta Allué. Ahora, se muestra encantada de estar al mando de la policía científica: "Aquí radica el futuro de la investigación policial: las pruebas técnicas exculpan o condenan", dice. Reconoce que la serie televisiva CSI ha dado visibilidad a su labor, "pero nos perjudica porque se crean falsas expectativas, ni un caso se resuelve en una hora ni el ADN es como la matrícula de un coche en la que aparecen todos los datos", afirma.

"En ningún otro trabajo he visto la cohesión que existe en el Ejército entre compañeros, no somos familia pero nos sentimos como tal", dice Cristina Berdera, comandante jefe del servicio de psicología de la Unidad Militar de Emergencia (UME). Ese sentimiento le hizo abandonar su trabajo de psicóloga para unirse al Ejército. Madrileña de 46 años, pasó siete meses en Bosnia con la brigada paracaidista. "Pedí el destino de forma voluntaria, trabajábamos con la población civil, visitábamos campos de refugiados y les ayudábamos".

     Cristina Manresa, comisaria jefa de la región policial de los Mossos d'Esquadra. Teresa Gil Manzano, subinspectora de la Policía Municipal de Madrid y jefa del Casco Histórico.

Ahora se considera muy afortunada por prestar servicio en la UME, donde imparten formación psicológica a sus compañeros, seleccionan personal y realizan trabajos asistenciales y periciales. "He estado con los damnificados por las inundaciones del Ebro, en el dispositivo del accidente del avión de Germanwings y en el de Spanair", dice. "Mis dos hijos están orgullosísimos de mí", remata.

"Reivindico que debemos ocupar los puestos de mando, pero eso depende de la voluntad política y de nosotras mismas", comenta Cristina Manresa, comisaria jefa de la región policial de los Mossos d' Esquadra, uno de los cuerpos con mayor presencia femenina (un 21%). "Empiezas en un momento en el que no tienes familia, pero asciendes a sargento y ahí te planteas, como me pasó a mí, ser madre. Me di cuenta de por qué las mujeres no llegan a cargos de responsabilidad: la maternidad pesa mucho. Los ascensos suponen moverte a otro lugar, horarios intempestivos... Por eso, aunque tengas muchas cualidades, tú misma te frenas", concluye. Aun así, se lamenta: "No hemos tenido referentes. Nosotras no debemos endurecernos ni esconder nuestro género, podemos ser muy femeninas y desarrollar esta profesión".

Con todas las batallas ganadas en el tema de la igualdad jurídica, las nuevas generaciones parecen estar menos interesadas en pertenecer a los cuerpos de seguridad que sus madres. "En la Policía Municipal de Madrid hay más agentes femeninos entre los que ahora tienen de 55 a 65 años que entre la generación de 25 a 35. Como sigamos con esta tendencia, bajaremos de ese 13% actual -cuando en 1982 entramos un 20% de chicas- y se acabará el relevo generacional. Quizá habría que cambiar la política de reclutamiento. Yo estudié Magisterio, entré por casualidad y el trabajo me enganchó", afirma Teresa Gil Manzano, subinspectora de la Policía Municipal de Madrid y jefa del Casco Histórico. Lo primero que hizo al llegar a su despacho fue cambiar el cartel de la puerta: el título de jefa sustituyó al de jefe.

Desde el año 2011 trabaja en temas de igualdad y representa a sus compañeras en la Red Europea de Mujeres Policías. "En un cuerpo como este es impensable que no haya mujeres porque representan a la mitad de la sociedad", afirma, "y tenemos una forma diferente de enfocar y dar solución a los problemas, una gran capacidad negociadora. Nos ponemos tanto en el lugar de las víctimas como en el de los delincuentes".

El lamento de todas es común: la sociedad no parece muy consciente de la labor que realizan. Gladys Felipe Cabrera es oficial de la Policía canaria y una de las últimas en incorporarse a este cuerpo de reciente creación. "Ahora mismo estoy a cargo de dos grupos, el de medio ambiente, GRUMA, y el GRUCSE, que se encarga de la seguridad en instalaciones policiales. Siempre he valorado este trabajo por su aspecto de servicio público, de ayuda a los ciudadanos, y ahora es importante concienciar sobre lo necesario que es conservar el medio natural". Satisfecha de su puesto, aspira a seguir ascendiendo. Como Victoria Landa Moñux, jefa de Protección Ciudadana de la Jefatura Territorial de la Ertzaintza en Vizcaya. "Mi meta es ser la primera jefa de la Ertzaintza", dice, y sabe que el tiempo y la experiencia corren a su favor: ¿por qué no ocupar un día el mayor rango? "El 14 de noviembre de 1983 ingresamos 60 mujeres y 340 hombres en la Academia Vasca de Policía y Emergencias", rememora Victoria, "a partir de ese momento me sentí parte de un proyecto hecho realidad: la construcción de una policía propia, cercana, comprometida con la sociedad, que promueve la paz y la convivencia, la seguridad y el bienestar", afirma. Si tuviera que realizar un balance, diría que han sido "años de trabajo muy duros en una sociedad convulsionada y condicionada por el terrorismo de ETA. Pero, por otro lado, he formado parte activa en la consolidación del proyecto", dice. Graduada en Derecho, defiende sus altas capacidades: "Tengo amplia experiencia, me gustan los retos y no escatimo esfuerzos para alcanzarlos".

EL MUNDO

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