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Los “chunks” improcrastinables

  • Escrito por Redacción

hervas

(Sobre las cosas pendientes)

Se conoce con el nombre de “chunk” a la unidad de información de un “screenplay”, es decir: de un guión para medio audiovisual (cine, tv…).

Así, decimos que la conjunción de chunks constituye una historia. Pero un chunk no tiene por que ser una escena, ni siquiera un personaje. Lo mejor es que pongamos un ejemplo. En la película “Con la muerte en los talones” (North by Northwest), de Alfred Hitchcock, se definen varios chunks. El primer chunk podría ser el desconcierto del protagonista, que va de aventura en aventura sin saber por qué ni para qué, como un verdadero macguffin (personaje o situación insuficientemente explicada o justificada en una trama). Otro chunk es su madre, que aparece y desaparece como otro macguffin. El tercer chunk son los espías, que roban no se sabe qué (tercer chunk y tercer macguffin). El cuarto chunk son los agentes gubernamentales (otro chunk-macguffin, pues ni se sabe cuántos son ni a qué agencia pertenecen), dirigidos por Leo G. Carroll. El quinto chunk es Eve Marie Saint, espía de función algo definida, pero igualmente llena de lagunas, lo que también la convierte en un macguffin. La película se resuelve en un deus ex machina (sorpresa) sobre las colosales estatuas del monte Rushmore. De manera que se puede decir que la película es un completo macguffin de cinco chunks.

Procrastinación es una palabra de origen latino (viene de procrastinare) que significa acción y efecto de procrastinar (diferir, aplazar). Es una palabra preciosa y muy poco usada en castellano, salvo quizá en algunos escritos legales, una palabra que a más de un Presidente de Gobierno habría que metérsela en el coco. Por tanto, algo improcrastinable es algo inaplazable, algo que no admite demora.

De manera que un chunk improcrastinable es una unidad de información que no admite dilaciones, sino que ha de ser resuelta inmediatamente. En la vida diaria, un chunk improcrastinable es el trabajo de los bomberos en un incendio, mientras que el de los peritos se puede procrastinar un tiempo. Pero el paseo higiénico dietético que un servidor se arrea cada mañana es otro chunk claramente procrastinable. ¿Y la toma de decisiones de un Presidente del Gobierno? Bueno, yo creo que no cabe dudar que dicha acción debe de ser improcrastinable, aunque nos cuenten historias y solfas, salvo que el propio Presidente sea un chunk en sí mismo, cosa que sucede con más frecuencia de lo deseable, en cuyo caso, es improcrastinable una toma de decisiones, pues – entre otras cosas – viene a constituir su ineludible obligación. Otrosí podría dimitir y dejar paso a alguien más decidido, cosa que no suele hacer, porque no siempre es humilde.

Bien, pues en nuestra vida diaria hay chunks improcrastinables, como comer, dormir, protegernos del frío o calor, respirar, hacer nuestras necesidades, etc. Cuando alguien tiene dolor, su remedio es – para él – improcrastinable, ya digan lo que quieran los que le asistan sanitariamente. Si la próstata te atasca “el caño de los orines”, como dicen en mi pueblo, es improcrastinable sondarte, pero el chunk no es ese, sino que se llama hiperplasia de próstata y se resuelve mediante cirugía. Dicha cirugía es improcrastinable más fundamentalmente para el urólogo, mientras que el sondaje, lo es más fundamentalmente para el paciente. Pero… ¿y si nuestra nación se ve amenazada por una recua de majaderos, disfrazados de independentistas? Bien, ese chunk de la política es claramente improcrastinable. Algunos dominan los temas de urgencia improcrastinable, como la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Todo esto nos conduce a una paradoja: lo que a cada cual le parece más urgente, depende de la calidad de la información que percibe. Esta paradoja se extiende a todos los órdenes de la vida. En religión católica se ve muy claro: ¿es que el chunk pecado ha cambiado? Porque hoy en día ya no se consideran pecado algunas cosas que antes lo eran. Podemos, por tanto, considerar que se ha producido una relajación de costumbres y criterios. Sin embargo, en el Islam, el proceso es inverso, se radicalizan las costumbres, apareciendo pecados gravísimos donde antes no los había. El espíritu del fundamentalista se impone sobre los demás y – de alguna manera – los sojuzga y somete a su criterio. La información básica es la misma, pero su interpretación varía en cada caso. Habrían de tomar buena nota nuestros políticos, aunque para ello hayan de levantarse de la mesa donde se están poniendo tontos a mariscos.

En la vida, las mejores decisiones son aquellas que se adaptan más fielmente a nuestras circunstancias. El amor es un conjunto de chunks que han de entrelazarse muy bien para llevarlo a buen puerto: cónyuge, hijos, familia política, familia propia, trabajo, horarios, vivienda… Y de todos ellos, los improcrastinables son comer, dormir, tener un techo, cobrar una nómina o pensión y tener unos medios de vida… Lo demás es muy importante, pero no improcrastinable. Eso si, cuando la nómina o pensión te la mengua una recua excelsa de políticos de función innecesaria, entonces ellos se convierten en procrastinables del todo y, por tanto, el chunk improcrastinable es reducir masivamente su número.

Los chunks evolucionan en la vida de cada uno. El ejemplo más común es la relación con nuestra madre. El embarazo hace improcrastinable la compartición física de un espacio con ella, hasta que nacemos. La lactancia lo fue hace siglos, pero hoy en día ya no lo es, pues se puede sustituir parcial o totalmente por métodos artificiales. La educación debiera ser improcrastinable, pero hoy en día se delega bastante en los colegios, educadores diversos e incluso en el clero, y lo que es peor: los políticos lavadores de cerebro de los niños meten ahí los hocicos. Aprender un oficio es improcrastinable, sea universitario o no, porque es fundamental optar por un empleo para poder tener ingresos y comer. Aquí los padres son fundamentales, ejerciendo una cosa que se llama coaching o entrenamiento en el método, obligando a estudiar (más motivando que obligando) y a distribuir el tiempo y las tareas lo más beneficiosamente posible, Y eso debiera ser también improcrastinable. Posteriormente se hace improcrastinable algo que no debiera ser: se asumen todos los gastos innecesarios de los hijos y se cuida a los nietos como una obligación asumida. Podríamos seguir, pero sería demasiado triste.

En el día a día, todos hacemos improcrastinables muchos chunks que no lo son, como la televisión, la prensa o internet. En esa elección dejamos por el camino muchas cosas importantes, como nuestros seres queridos o el placer de leer un buen libro, algo que nos obligue a pensar, a elaborar criterios y a ver la vida de un modo mucho más enriquecido. Siempre he pensado que para ser feliz hay que leer todos los días veinte o treinta páginas de un libro, como poco. Si además ese libro es de temática variada, mejor. Créanme, quien no lee con constancia no lee lo suficiente. Tiene los chunks sesgados, incompletos, deslavazados. La lectura es la única actividad que nos da criterio, siempre que sea muy variada, pues si no, nos adoctrina. No tiene sentido pasar un día sin lectura, porque la lectura estimula el cerebro y crea ilusión por las cosas de la vida. Insisto: lectura variada, no un solo libro siempre.

La lectura es un ejercicio neuronal extraordinario. Y si uno se asobina en la idiocia, mal futuro tiene. Podrá tener cosas, pero no podrá ser feliz, puesto que no llegará jamás a comprender el sentido de su vida en una manera plena. Créanme si les digo que la lectura es algo totalmente improcrastinable.

¿Y qué deberemos leer? No se lo puedo decir, porque la primera condición de provecho en la lectura es que sea elegida en libertad plena. De otra manera es inútil. Yo les puedo decir lo que a mí me gusta, pero es más que probable que mis gustos literarios no coincidan con los suyos. La elección de lectura es un tema muy personal.

Uno tiene que recibir sus chunks y debe adaptarlos a su propia persona, de manera que seleccione siempre lo que para él (o ella) es siempre importante o solo algunas veces, lo inaplazable y lo que puede esperar, lo que hay que soportar y aquello de lo que se puede prescindir. Y el ejercicio ha de ser constante, diario. Cada mañana hemos de clasificar las tareas en orden a nuestro interés y su perentoriedad.

El problema es que no siempre sabemos qué es lo fundamental y qué es lo accesorio. Si alguien dice que siempre lo sabe, no le crean: miente. Porque tal cosa es imposible. Por tanto, debemos tomar decisiones en ausencia de información o con informaciones muy defectuosas. Es indudable que los chunks de calidad son la base del poder. Pero tampoco hay que buscar el poder por el poder, puesto que aunque nuestra información sea perfecta, el General Azar de Hoy (que no es Aznar ni Rajoy) es un magnífico estratega y para competir con él, hemos de conocer muy bien sus métodos. Minimizamos la influencia del azar mediante la previsión de las cosas. Si nosotros elaboramos un plan, ya tendremos algo más que si no lo elaboramos. Eso hay que metérselo en la cabeza a muchos políticos improvisadores. Bueno, a todos.

Ser feliz, mientras dure esto que se le llama la vida, es claramente improcrastinable. Porque la vida es un tesoro irrepetible que no da margen a “play-back”. Los chunks que nos da han de filtrarse al máximo, adaptados a nuestra manera de ser, si es que no queremos pasar el tiempo en una zozobra de ambiciones no cubiertas. El premio Nóbel de literatura Heinrich Böll, en su novela “Opiniones de un payaso”, lo dice claramente: “yo soy una multitud de cosas ya cumplidas y una infinidad de cosas por cumplir”. Pues un servidor abunda en esa idea, de manera que como los chunks son innumerables, no hay más remedio que filtrarlos, como si de una película se tratase, para dar coherencia al guión, para dar sentido a nuestra vida.

La conclusión de todo esto se resume en la siguiente ecuación: Chunk + Improcrastinable = Cumplimiento del deber

De donde se deduce que no siempre se hace lo que se debería hacer, especialmente en política… (y lo estamos viendo en Cataluña).

Francisco Hervás Maldonado

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