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COMITÉS DEMOCRÁTICOS REPUBLICANOS

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Ponen en peligro la paz pública y el orden constitucional. Lo dice la fiscalía y lo vemos y sufrimos todos. Comités del odio, facciosos.

¿Quién está detrás? No es difícil saberlo -sí para nosotros-, aunque el que tiene esa responsabilidad es de suponer que está en ello y señalará en la buena dirección para su desarticulación y puesta en manos de la justicia. Otra cosa es que no se quiera hacer o convenga hacerlo de manera distinta. Deberíamos saberlo. Una democracia madura no se mueve entre el permanente secretismo y la información modulada. Las pruebas no parece que sea muy difícil conseguirlas.

Es la hora de las decisiones antes de que esto, la violencia, vaya a más. Desgraciadamente tenemos malas experiencias de lo que supone que se apodere de la calle. Peor que las barricadas. El paso siguiente, el de la clandestinidad, es aún más peligroso. Llegará.

A unos les parece muy bien cómo actúa la policía autonómica; a otros no tan bien. El caso es que surgen dudas de todo y de todos. En esa situación, con el Parlamento catalán inexistente, la justicia actuando, pero amenazada, el Gobierno de la Nación indeciso, o al menos mostrándose indeciso, los españoles desorientados y Cataluña arruinada, surgen los Comités Democráticos Republicanos, que nada tienen de democráticos ni de republicanos; más bien dictadores y facciosos.

Todavía resuenan en nuestros asustados recuerdos aquellas palabras proféticas del intelectual: <<Por encima de la Constitución, la República; y por encima la Revolución>>. Así que todos a revolucionarse. No me cabe la menor duda de que España es un lugar de hombres de acción. Los ha habido en todas las épocas de su historia. Como han escaseado los políticos. Ortega y Gasset distinguía entre cabezas claras y cabezas rutinarias. Habría que añadir las cabezas malvadas y redondas.

En este blog hemos explicado en numerosos artículos como el modelo de las alteraciones del orden en Cataluña responden a los más conocidos manuales de subversión.

Uno de ellos es el enfrentamiento de los alborotadores con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad con dos fines: que la masa vea, compruebe y tome conciencia de la fuerza que tiene al ver reunidos a todos sus miembros, dispuestos y firmes. Les sirve para tomar conciencia de su violenta fuerza y acostumbrarse a usarla. Y ¡cómo no!, crear mártires, achacar la violencia al Gobierno, sus métodos represivos, y responsabilizarle de heridos, sangre, destrozos…, televisar, difundir la agresividad y mostrarse como víctimas de un Estado que ataca con crueldad la libertad del pueblo.

Cada algarada es un entrenamiento, una formación de grupo, un ejercicio que se dirige desde un puesto de mando con sus instrucciones y medios de todo tipo.

La peor de las situaciones llega cuando todos esos movimientos están dirigidos desde el poder.  Dirigidos desde unas instituciones que te permiten acceder a medios económicos, mediáticos y de influencia en todos los sectores, entre ellos las empresas. Es decir cuando se dirigen prácticamente desde el poder autonómico contra el poder central. Cuando se hace en un momento tardío para evitarlo, porque se ha permitido que el movimiento subversivo haya alcanzado objetivos intermedios y gran notoriedad. Cuando un error por mínimo que sea puede desunir y destrozar una histórica nación. No hace falta dirigir la mirada muy lejos en el tiempo para comprender lo que digo. El desequilibro a favor de una parte puede cambiar en un instante.

Por último; no olvidemos que hay un tipo de violencia difícil de evaluar, cuantificar y detectar. Se llama violencia moral, intimidación. Tiene matices tan finos que son casi imperceptibles. Pero es una crueldad, quizá el más abominable ataque contar las personas y su libertad. En esa disciplina son los dirigentes de los CDR,s. maestros muy peligrosos. Y están ganando a base de contagiar esa temible infección que recorre Cataluña y se extiende por el resto de España. Se llama independentismo, aunque en el fondo solo pretenden que mientras peor, mejor.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Blog: generaldavila.com


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