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Nuevas pruebas sobre el asesinato del teniente Ignacio Mateu Istúriz y del guardia civil Adrián González Revilla podrian llevar a los asesinos de ETA, José Antonio López Ruiz, ‘Kubati’ y a José Miguel Latasa Getaria, ‘Fermin’, a la cárcel de nuevo

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El 16 de noviembre de 1978 la banda terrorista ETA asesinó al magistrado del Tribunal Supremo y anterior presidente del Tribunal de Orden Público (TOP), al que disparó en repetidas ocasiones a tan solo 200 metros de su casa, en Madrid, a primera hora de la mañana, cuando iba caminando hacia su trabajo. Murió en el acto.

 El quinto de sus hijos, Ignacio, cuando ETA le dejó huérfano, como a sus seis hermanos, y viuda a su madre, tenía 19 años. Ya había decidido que quería ingresar en el ejército. Cursaba el primer curso de formación en la academia. Aquella triste mañana del 78 su vocación se transformó en rabia. El viaje, sólo con su pena y recuerdos, en tren desde Madrid a Zaragoza para enterrar a su padre ayudó a ello. Su nueva aspiración sería convertirse en guardia civil para derrotar a ETA, para acabar con los que le arrebataron a su padre. Y lo haría en el lugar más peligroso: el cuartel de Intxaurrondo.

Ocho años después, el 26 de julio de 1986, la banda terrorista lo asesinó con una bomba. Sus asesinos quizá no lo buscaron, pero con aquella detonación acababan de dar un segundo zarpazo mortal a una familia. El tiempo se encargó de darle el tercero…

...32 años después su muerte continúa sin culpables. La muerte de su padre sí tuvo condena: Henri Parot la recibió por ser el autor; 29 años de prisión. Pero la suya, la de Ignacio, continúa tres décadas más tarde sin culpables.

Objetivo: acabar con ETA

Cuando se lo contó a su madre sabía que sería un trago amargo. La vida en Intxaurrondo no era fácil. ETA ya le había arrancado a su marido, presentarse voluntario para ser destinado en San Sebastián, era volver a jugar una macabra lotería.

Fueron apenas tres años los que Ignacio pasó en el cuartel más peligroso de España en aquellos difíciles 80. A la amenaza y ataques constantes de ETA y su entorno se sumaba la carencia con la que debían trabajar los agentes. En casa contaba cómo los chalecos antibala eran insuficientes y debían echarlos a suertes entre los compañeros cada vez que salían a alguna operación. También que los vehículos en los que viajaban por el País Vasco sólo tenían los laterales blindados, no los bajos, donde ETA colocaba a menudo sus bombas. Y que la munición para hacer prácticas de tiro escaseaba demasiado.

A Ignacio Mateu Isturiz aún le recuerdan con cariño en Intxaurrondo. Incluso una de las salas del acuartelamiento lleva su nombre. Está situada sobre el hall en el que un panel rememora a los cien agentes de la Comandancia de Gipuzkoa asesinados por ETA. En ella varios murales muestran algunos de los documentos de la investigación llevada a cabo para esclarecer su caso: imágenes del lugar del atentado, las esposas con las que se detuvo a ‘Kubati’ o del día en el que su madre recibió la Cruz de Plata de la Orden del Mérito de la Guardia Civil concedida dos días antes de su asesinato.

Su causa había sido archivada por falta de pruebas. No había culpables. Ahora sus compañeros de cuartel quieren quitarse una de las muchas espinas clavadas por tanto asesinato sin resolver. Tras insistir en la investigación de aquella bomba-trampa -en forma de lanzagranadas- han obtenido resultados para reabrir la causa. Colocada en un monte de Aretxabaleta (Guipúzcoa), la noche anterior había arrojado varios proyectiles contra el cercano cuartel sin provocar grandes daños. Sólo era un señuelo. Cuando Ignacio Mateu y su compañero Adrián González acudieron para inspeccionar aquellos tubos la bomba que ocultaban estalló.

‘Kubati’ y Latasa Getaria, posible autores

El pasado 5 de febrero varios agentes de la Guardia Civil fueron citados ante el Juez Ismael Moreno para corroborar el detallado informe que sitúa a dos históricos -ya ancianos y en libertad- ex militantes de ETA, José Antonio López Ruiz, ‘Kubati’ y a José Miguel Latasa Getaria, ‘Fermin’ como presuntos autores. A la huella identificada en los tubos con los que se lanzaron las granadas se suman nuevos indicios por el modo de actuación de los comandos operativos en aquel año, por los materiales empleados, etc. Un informe clave que puede llevar de nuevo a prisión a ‘Kubati’ y Latasa Getaria. Ambos ya declararon la pasada primavera por videoconferecnia en este caso. La Fiscalía deberá pronunciarse próximamente ante su posible procesamiento.

‘Kubati’ salió de la cárcel en noviembre de 2003 tras cumplir 26 años privado de libertad. Acumulaba condenas por un total de 1.210 años de prisión por el asesinato de 13 personas y otros 16 asesinatos frustrados. A sus 64 años se ha convertido en portavoz y uno de los rostros del colectivo de presos de ETA, el EPPK, que promueve el acercamiento de etarras presos a cárceles del País Vasco y es partidario de dar pasos individualizados –con el límite de la “delación” de compañeros- para solicitar beneficios penitenciarios.

José Miguel Latasa Getaria también está libre desde finales de 2013. Natural de Ordizia, el mismo municipio que ‘Yoyes’, en cuyo atentado ambos participaron, a sus 69 años permanece alejado del colectivo de presos. Expulsado de ETA, a la que cuestionó, la banda llegó incluso a planificar su asesinato. En octubre del 2014 intentó suicidarse en el garaje de su casa conectando una tubería de goma desde la salida de humos del vehículo hasta su interior. Una mujer alertó de lo que sucedía y pudo ser rescatado.

Ahora la familia Mateu Isturiz esta esperanzada. Confía en que ambos puedan ser procesados y, en su caso, si son declarados culpables, paguen por el asesinato de Ignacio. “Confío en que puedan ser procesados. Deben pagar por sus actos, no sólo por nuestra satisfacción moral y por lo que debemos a nuestro hermano sino porque puede ser un acicate para las más de 300 familias que no saben quién asesinó a su ser querido”. Quien habla es Jaime Mateu Isturiz, cuarto hijo de José Francisco y Eugenia, y hoy diputado en el Congreso por el PP.  Subraya que el informe elaborado por los servicios de información de la Guardia Civil y que han permitido reabrir la causa puede desmontar la defensa de ‘Kubati’ y Latasa Getaria, que insisten en que no fueron los autores. “Para la familia es muy doloroso verles tomando vinos con los indicios que pesan sobre ellos. Por eso queremos que se ponga a buen recaudo a ambos”.


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