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Interior crea grupos locales para frenar radicalismos antes de que sean violentos

  • Escrito por Redacción

daesh BAD

Existe en España el caso de una mujer, cuya identidad no se revela, que fue detectada cuando trataba de trasladarse al escenario de conflicto de Siria e Irak dominado por el Daesh en lo que se creyó era resultado de un proceso más de fanatización islamista. De haberse trasladado allí, con toda probabilidad habría acabado formando parte de la órbita terrorista adoctrinando, colaborando y quién sabe si muriendo en un atentado. La realidad demostró más tarde que el motivo de su huída era que estaba sufriendo malos tratos.

«Una situación así puede frenarse en el ámbito local si se pusiera en común lo que saben los trabajadores sociales, el director del colegio donde lleva a los niños, la policía local que patrulla por la zona...», reflexiona un responsable del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), que desde hace meses se encarga de la formación de los miembros que compondrán los Grupos Locales de Lucha contra la Radicalización Violenta, que ya se preparan en quince ayuntamientos de todo el país.

Prevista dentro del proyecto «Stop Radicalismos», encuadrado en el Plan Estratégico Nacional de Lucha contra la Radicalización Violenta presentado en 2015 que involucra a doce ministerios, el fin de esta herramienta es nítido: prevenir. «Evitar que cualquier tipo de extremismo, que constituye por sí un problema social, degenere en violencia, que es cuando se convierte en un problema de seguridad», explica la fuente del Citco.

El planteamiento que inspira estos grupos es simple: hay a nivel local actores que están en permanente contacto con los vecinos -tales como profesores, médicos, trabajadores sociales...- y que, a través de ellos o por su propia observación, tienen conocimiento de cambios de conducta preocupantes o signos de alarma en determinados individuos, familias o colectivos, pero que no saben cómo atajar ni a quién recurrir para pedir ayuda. En unas recientes jornadas celebradas por el Real Instituto Elcano en Madrid, la directora del Instituto de Asuntos Musulmanes de Gales (Reino Unido) y experta en prevención de radicalismos, Shereen Williams, confesó que en ningún lugar tiene acceso a tantos indicios de que algo está pasando como en las conversaciones de peluquerías. Del acierto de la población a la hora de captar señales inquietantes da cuenta también que los «soplos» ciudadanos anónimos han abierto 73 investigaciones relativas al fundamentalismo islámico.

Penetrar barrio a barrio, observar casi puerta a puerta merece la pena. Se trata, pues, de proporcionar un foro de reunión periódica donde la comunidad educativa, sanitaria, de organizaciones asistenciales y de apoyo a colectivos de riesgo se siente a la misma mesa que los funcionarios, expertos de seguridad y de justicia del municipio para intercambiar información y para que se valoren y gestionen estas «alertas tempranas». Al frente de estos grupos estará siempre un representante de Policía Nacional o de Guardia Civil. El concepto maestro es obligar a una «coordinación» que, al parecer, en muchos consistorios no se produce ni siquiera entre sus propias áreas de asuntos sociales o educación.

La activación real de estos equipos -ninguno de los cuales se ha constituido aún oficialmente, aunque Málaga, que ha acogido la experiencia piloto, está ya cerca de hacerlo- es, no obstante, algo más compleja. Se impone primero enseñar a quienes los van a integrar a percibir qué señales denotan que está habiendo una radicalización. «Lo importante es que aprendan a reconocer qué es lo que tienen delante», expone la voz del CITCO, que rehúsa entrar en ejemplos, dar claves generales que pudieran estigmatizar más que ayudar, y subraya que dependerá de la realidad de cada municipio.

Y no solo se trata de anticipar el yihadismo violento, aunque se haya identifcado como la amenaza prioritaria y que más interés despierta en los ayuntamientos. El proceloso universo de las radicalizaciones incluye otras muchas modalidades que son fuente de temor para la sociedad, tales como el extremismo político de izquierda o derecha, las bandas latinas, el racismo, el odio contra los homosexuales o contra los discapacitados, solo por mencionar algunos.

Hasta la fecha, están participando en este programa ayuntamientos de diferente tamaño y caracterísicas poblacionales, como son los de La Coruña y Vigo en Galicia; Valladolid en Castilla y León; Guadalajara y Toledo en Castilla-La Mancha; Castellón y Valencia en la Comunidad Valenciana; Cartagena en Murcia; Sevilla, Algeciras, Almería y Málaga en Andalucía; Madrid y Fuenlabrada en la Comunidad de Madrid y Barcelona. En un futuro, en los municipios grandes habrá un grupo por distrito y en los pequeños, se sumarán varios consistorios.

La incorporación de estos quince se produjo a partir de noviembre del año pasado y de la mano de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), una institución que está sirviendo para dar confianza y lograr una buena aceptación. Y es que en estos primeros pasos ha sido necesario superar reticencias. Las principales, las de profesionales reacios a intervenir en una especie de «delación» que pudiera poner en riesgo la privacidad de las personas, familias o grupos con los que trabaja. El CITCO aclara, no obstante, que toda la información que pueda compartise en el marco de un grupo local de lucha contra la radicalización violenta es estrictamente «confidencial, no debe salir de ahí», en tanto no existe conducta objeto de reproche legal. De haberla, como se ha expuesto al principio, el caso trasciende las competencias de estos equipos y se convierte en materia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

El propio Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado lo resume así: «Si hay violencia, pasamos de pantalla». En la aprobación en enero de 2015 del Plan estratégico nacional para luchar contra la radicalización violenta centrada especialmente en el terrorismo yihadista, el Consejo de Ministros estimó que la creación de estos grupos locales para la rápida detección de conflictos constituía una medida a la misma altura que la que supone plantar batalla al relato yihadista difundiendo una contranarrativa a su mensaje violento, principalmente en Internet.

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