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Ortega Lara: 20 años de un secuestro que conmocionó a España

Tapadera

El funcionario de prisiones, secuestrado el 17 de enero de 1996, permaneció 532 días en un zulo minúsculo de ETA. Cuando fue rescatado había perdido 23 kilos.

 El 17 de enero de 1996, cuando regresaba de trabajar en la cárcel de Logroño, Ortega Lara fue secuestrado y conducido a una nave de un polígono industrial en Mondragón (Gipúzkoa). Alquilado por ETA bajo la fachada de una empresa de fabricación de piezas de repuesto, la banda utilizaba el recinto para guardar armas y explosivos de los comandos que operaban en la zona. Allí fue recluido en un pequeño zulo construido por sus captores. 2,4 metros de ancho, 1,8 de alto y tres de largo que carecían de ventanas y que, debido a la cercanía del río Deba, era muy húmedo.

A los pocos días, la banda terrorista se hizo responsable del secuestro y exigió al Gobierno para su liberación el acercamiento de los presos de ETA a las cárceles vascas. La negativa del Ejecutivo de José María Aznar estuvo acompañada de un gran dispositivo policial para tratar de liberar a Ortega Lara. Sin embargo, los meses pasaron y no había ninguna pista del funcionario de prisiones.

En entrevistas posteriores, el propio Ortega Lara ha recordado las penurias por las que pasó en aquel zulo, en el que hacía sus necesidades en un orinal, el mismo en el que recibía el agua para asearse. Como única luz contaba con una pequeña bombilla. Todos los días hacía estiramientos, se aseaba, leía, andaba por el angosto agujero y rezaba. Alimentado escasamente, empezó a perder peso con rapidez.

‘Ortega 5K’

Cuando el desánimo entre los cuerpos policiales para encontrar a Ortega Lara era patente, una nota en una agenda intervenida a un cabecilla de ETA dio la pista determinante. La cita ‘Ortega 5K’ seguida de ‘BOL’ puso en alerta a los agentes, que la interpretaron como el pago de cinco millones de pesetas para el mantenimiento del secuestro. A partir de ahí comenzó un dispositivo para identificar a quien se encontraba detrás de esas siglas.

La investigación apuntó a Josu Uribetxeberria Bolinaga, un vecino de Mondragón ya conocido por la Guardia Civil. Los seguimientos demostraron que, junto a otras tres personas, acudía varias veces al día a una nave industrial de la localidad gipuzkoana. La vigilancia confirmó también que los sospechosos compraban comida y la llevaban al lugar.

La madrugada del 1 de julio, Bolinaga y los otros tres participantes en el secuestro, Xabier Ugarte, José Luis Erostegi y José Miguel Gaztelu, fueron detenidos por la Guardia Civil, que se desplazó después a la nave industrial. En su interior, sin embargo, sólo se encontró maquinaria. Uno de sus captores, que fue llevado a la planta, negaba que en ella se encontrara el funcionario de prisiones.

Tras horas de exhaustivo examen de la planta, los agentes forzaron una pieza móvil de una de las máquinas abriendo una rendija en el zulo en el que se encontraba Ortega Lara, ajeno a todo lo que sucedía arriba. Su liberación puso punto final a una operación muy arriesgada en la que la vida del funcionario de prisiones estuvo en juego. “Cualquier fallo lo habría condenado a muerte”, reconoció después el jefe del equipo de investigación.

Cuando fue liberado, Ortega Lara se encontraba en una situación crítica: había perdido 23 kilos y planeaba suicidarse. Horas después, y tras ser atendido en un hospital, Ortega Lara, esquelético, con una barba larga y la mirada todavía perdida, se reencontró con su mujer y su primer hijo en una imagen que dio la vuelta al país. Como respuesta a su liberación, ETA secuestró y asesinó días después a Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua (Bizkaia).


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