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Así torturó la banda terrorista ETA (y IV)

  • Escrito por Francisco López

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Como ya hemos explicado, todo secuestro es una tortura en sí mismo. Tortura cruel e inhumana como pocas. Pero aun dentro de esta práctica, hay grados. En esta materia se nota una evolución a lo largo de los años y que no fue precisamente en la línea de reducir la vulneración de los derechos humanos.

El primer secuestro de la banda, fue el del cónsul de la República Federal Alemana, Eugene Beilh, en 1970 coincidiendo con el conocido Juicio de Burgos. Durante muchos años guardó silencio sobre lo que había ocurrido. Lo rompió en una entrevista a El Diario Vasco (12). Explicó los detalles de su fuga y cómo gracias al chivatazo de la dueña del bar de Montory, donde había buscado ayuda, volvió a perder la libertad. Sus captores llegaron enfurecidos, le arrojaron una chaqueta encima mientras le arrebataban el taburete con el que intentaba protegerse tras lo cual fue golpeado. Posteriormente lo llevaron a una casa donde lo tuvieron en una auténtica celda de castigo, atado a un camastro las veinticuatro horas del día. El siguiente traslado fue a un caserío, donde la mejora de trato se limitó a que “sólo” por la noche lo ataban de pies y manos.

No ha sido práctica habitual en ETA los secuestros expres, pero a finales de los años setenta, la rama político-militar realizó varios. En uno de ellos que tuvo lugar el 9 de diciembre de 1978, fueron a secuestrar a un empresario llamado José Elicegui Gurruchaga al que exigieron dos millones de pesetas. Debido a su situación económica no disponía medios y fue intimidado violenta y sicológicamente . Como la intimidación “violenta” no dio resultado, le dispararon en las piernas (13).

Sin embargo, la gran mayoría de los secuestros fueron de larga duración y salvo unos pocos casos con móviles económicos. Inicialmente, con estas víctimas los secuestradores demostraron cierta sensibilidad. Un ejemplo paradigmático lo constituye el caso del industrial bermeano, ligado al PNV, José Garavilla Legarra. Estuvo en una casa, con lo que no pasó el frío y las humedades que sufrieron los que estuvieron en zulos y cuevas. Para su ocio contó con una radio en la que le dejaban sintonizar Radio Nacional y Radio Popular y para su lectura contaba con “El Correo” y “Egin”.

A pesar de que estas víctimas, secuestradas por motivos económicos, nunca ofrecieron problemas en su comportamiento, ni durante su secuestro ni posteriormente, a medida que vaya pasando el tiempo, las condiciones de vida, sin razón aparente, se irán endureciendo inexorablemente. Nunca más contaron con radio. La prensa se reduce primero a periódicos censurados y luego desaparecen, siendo sustituidos por libros y aun estos cada vez más limitados. Así, Adolfo Villoslada señaló que le ofrecieron tan pocos, que tuvo que releerlos. Si al principio procuraban ser afables y entretenerles, poco a poco esa preocupación va desapareciendo y así este empresario navarro explicó como en los 84 días de secuestro apenas hablaron con él y sólo en algunas ocasiones jugaron a las cartas “a través de un ventanuco”. Parecidas restricciones ocurrieron con el espacio que disponían, que en este caso fue una habitación de unas dimensiones de 1,70 metros de la rgo, 2,10 metros de alto y unos increíbles 0,70 metros de ancho, con una silla y para dormir un saco (14). Los secuestrados eran privados de reloj y su régimen de vida se alteraba para que perdieran completamente la noción del tiempo e incluso en algunos casos ni tan siquiera les apagaban la luz a la hora de dormir. En definitiva toda la humillación y todo el desprecio a las más elementales condiciones de vida, era pocos.

Esta evolución terminará desembocando en el horrible secuestro de José Ortega Lara. Aquí, libres del “freno” sicológico que suponía el secuestro por dinero, sus secuestradores tuvieron las manos libres para demostrar sus instintos crueles y sádicos. Con él, con el “carcelero” que representaba a todos los funcionarios de prisiones, ya no tenían que disimular y sus guardianes, así como los jefes que les dirigían y daban instrucciones, dejaron libre al torturador que todo etarra lleva dentro.

Las condiciones estremecen, máxime cuando los secuestradores sabían que iba a ser una retención particularmente larga. Primero habían elegido para excavar el zulo en un edificio cercano a un río, con lo que se garantizó un problema de humedades, que se agravó en la última fase del secuestro, de modo que rezumaban las paredes agua. Estas penosas condiciones ambientales, fácilmente evitables si la banda hubiera elegido otro lugar más lógico para construir “su cárcel”, determinaron que Ortega Lara padeciera de hongos y graves problemas digestivos. Sus dimensiones eran de un metro y ochenta centímetros de anchura, dos metros y cuarenta y ocho centímetros de longitud y dos metros de altura en la parte del centro, ya que sorprendentemente el techo era a dos aguas. Especialmente crueles fueron con el mobiliario donde a pesar de lo largo que se presumía el secuestro, evitaron la menor comodidad, una mesa de camping y una silla plegable y para dormir no fueron capaces de proporcionar un colchón: una tumbona de playa de 1,80 metros de longitud (15). Nunca un miembro de ETA ha tenido una celda de castigo con unas condiciones tan inhumanas e insalubres. Si a ello hay que sumar un trato particularmente frío y distante.

Si bien ETA militar realizó siempre secuestros de carácter económico, su rama hermana, ETA político militar, llevó a cabo varias acciones de “tipo social”, en las que pretendía influir en conflictos laborales. Una de ellas fue el secuestro del directivo Luis Abaitua el 19 de febrero de 1979. Recientemente se publicó un artículo elaborado por Leyre Iglesias, en el que incluía una entrevista a un hijo de la víctima, donde este aportaba el testimonio de su padre, ya fallecido sobre los persuasivos métodos utilizados durante los interrogatorios a los que fue sometido (16):

Era algo escabroso. Mi padre me contó que, para amedrentarle, no dudaban en representar escenas truculentas como el juego de la ruleta rusa. Le hacían coger una pistola y le obligaban a dispararse. (...) Temimos que lo mataran. Él también: cuando salió nos contó que pensaba que no iba a salir con vida.

La ejecución fingida es uno de los métodos habituales de tortura a los detenidos, siendo especialmente cruel y sádica cuando la amenaza de asesinato tiene verosimilitud, algo que ocurría en este caso, dado que el motivo de su captura no era un botín económico, tenía un carácter revolucionario radical y sus secuestradores no disimularon su “odio de clase”. Por participar en esta acción fue condenado por la Audiencia Nacional Arnaldo Otegui Mondragón.

Malos tratos a los detenidos

Hasta ahora hemos visto como diversos ejemplos de cómo el uso de los más repugnantes métodos de tortura y malos tratos, ha sido algo consustancial a la naturaleza de la banda. En sus diversas categorías, las acciones que han cometido en este campo no sólo han sido graves, sino comparándolas con las realizadas desde los aparatos estatales, han sido las de más gravedad y crueldad.

Pero aún nos queda una categoría por estudiar, aquellas personas que son detenidas para ser puestas a disposición de la justicia. En principio, se podría pensar que los miembros de ETA, por la obvia naturaleza de sus acciones, nunca podrían haberse encontrado en las circunstancias de tener que detener, custodiar y entregar a la Justicia un detenido. Sin embargo, esto no es así y hay un caso muy revelador que nos indica cual podría ser el trato que una hipotética “policía abertzale” podría dar a los enemigos que cayeran en sus manos.

El 29 de marzo de 1985, un encapuchado entró en el bar Les Pyrénées en Bayona donde se encontraban dos cuadrillas de refugiados. Con gran frialdad, disparó contra varios refugiados, entre los que estaba el importante dirigente de ETA militar, Kepa Pikabea Ugalde. Mientras este fue herido, un ciudadano francés, Benoit Pecastaing cayó muerto víctima de las balas. Los refugiados presentes en el local, salieron en persecución del asesino, que finalmente fue alcanzado y reducido. Los que tanto han pontificado y dado lecciones sobre cmo hay que tratar a los detenidos, incluidos los capturados "in fragranti”, dieron una perfecta lección de lo que entienden ellos por los derechos humanos: le pegaron una paliza salvaje (17). Fueron tales los golpes que directamente hubo de ser trasladado al hospital, donde estuvo ingresado hasta el 17 de abril.

Luego pasó el tiempo y se produjo una situación similar en San Sebastián. Fernando Elejalde Tapia fue detenido inmediatamente después del asesinato de Francisco Javier Gómez Elosegui, teniendo que ser ingresado en el hospital a causa de unas heridas que posteriormente se supo se causó por un atropello de coche durante la accidentada huida. Estas heridas fueron utilizadas por el mundo próximo a ETA para organizar una gran campaña propagandística de denuncia de esos supuestos malos tratos realizados durante la detención. Los amigos de los que casi matan a Pierre Baldes aprovecharon el suceso para dar todo tipo de lecciones de ética y respeto a los derechos de los detenidos.

Por otro lado, Juan Manuel Soares Gamboa, en su obra ya citada, nos cuenta cómo a finales de los setenta e inicios de los ochenta, el “cuidadoso” trato del que gozaban los miembros de la banda díscolos con la dirección. Como se puede comprobar, para los afectados por estas "medidas disciplinarias", cualquier prisión española era, en comparación, un hotel de lujo (18):

y si se continúa sin atender las órdenes recibidas, el “rebelde” queda “arrestado” por la organización, que es lo peor que le puede su ceder. Esposado a la espalda y vendados los ojos, el disidente es instalado en un pozo, agujero o celda, hasta que se le pase el “ardor guerrero” que le llevó a reblarse y a desobedecer. El menú es invariablemente de pan y agua. Siempre permanecerácon el arrestado (y no en plan de asistente sanitario) un militante de confianza, de esos que jamás preguntan y ejercen sibilinamente de comisarios políticos, esa especie de trepa con apariencia de pit-bull (fiero perro de pelea) que apunta meticulosamente lo que le interesa y va con el cuento a la organización. Asqueroso chivato, gua rdián al que no le tiembla el pulso y que a la mínima sospecha disparará. Los que han pasado por tan atroz tortura quedan para siempre inmunes a los malos pensamientos y están dispuestos a ir donde haba falta. En materia “penitenciaria”, ETA está anclada en el más absoluto inmovilismo: la Edad Media.

CONCLUSIONES FINALES.

Durante estas décadas, ETA y sus sicarios políticos han protagonizado un gran fraude a la opinión pública en general y vasca en particular. Han hecho caballo de batalla y eje central de sus campañas, unas prácticas repugnantes y condenables, las desapariciones, malos tratos y torturas, que a la postre ellos han sido los primeros en practicar. Prácticas además que cualitativamente han sido de una gravedad extrema, la mayor de todo de lo que eufemísticamente se llama ahora “el conflicto”. Ellos han alcanzado las más altas cotas de crueldad y sadismo y esas acciones nos avisan de lo que serían capaces si dispusieran de los medios y poder de los que dispone el Estado. Los que se quejan de que no se investiguen los delitos de torturas y malos tratos por parte de las fuerzas policiales, jamás abrieron una investigación interna sobre los casos que se relatan en este informe.

Además hay otro factor an más grave. Aquellos miembros de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado que han sido condenados, algunos de ellos incluso cumpliendo pena de prisión y otros siendo expulsados, nunca han sido homenajeados públicamente ni enaltecidos. Ello contrasta con el trato que los torturadores etarras han contado y en la actualidad cuentan por parte de la banda y de su mundo. La admiración y homenaje ha sido la norma habitual.

Así José Manuel Pagoaga Gallastegui “Peixoto” uno de los máximos y más influyentes dirigentes en la época de la desaparición de los tres gallegos y de Valentín Parras Tostado y cuya implicación está señalada por “El Lobo” ha sido y sigue siendo responsable de los Comités de Refugiados y no falta su presencia en puestos estelares, en actos realizados por el entorno político de la banda. ´

Tomás Pérez Revilla, máximo sospechoso de la desaparición antes citada, sigue siendo uno de sus principales héroes.

José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, “Josu Ternera” el último dirigente de la época y que por tanto tiene mucho que decir sobre estos crímenes contra la humanidad, ha sido diputado autonómico y hoy sigue siendo el principal referente de la banda.

Finalmente, para la gran figura del abertzalismo, para Arnaldo Otegui Mondragón “El Gordo”, el juego de la ruleta rusa de Abaitua no es un freno sino todo lo contrario, en su marcha hacia Ajuria Enea.

Casi todos estos casos recogidos en el informe, son desconocidos para el gran público, incluidos los simpatizantes de la banda. Pero hay uno que es perfectamente conocido por todos y con él, el entorno de la autodenominada “izquierda abertzale” nos ha mostrado de un modo inequívoco cual su verdadera sensibilidad en relación con las torturas y malos tratos: la gran campaña en que miles de personas se volcaron para exigir la libertad, en enaltecer y homenajear, al sádico torturador de José Antonio Ortega Lara, Jesús Uribetxebarría Bolinaga.

Este caso, por sí sólo, ha demostrado una cosa para los simpatizantes de ETA: la tortura y los malos tratos sólo son condenables, cuando no son practicados por ellos.

10) El Diario Vasco, edición 20 de octubre de 1983

11) El Diario Vasco, edición 23 de septiembre de 1984.

12) El Diario Vasco, edición 20 de octubre de 1985.

13) ABC, edición 10 de diciembre de 1978.

14) El Diario Vasco, edición 18 de febrero de 1990, página 5.

15) Sentecia 38/1998 de la Audiencia Nacional

16) El Mundo. Artículo La otra liberación de Otegi. 29 de febrero  de 2016.

17) El Diario Vasco, edición de 30 de marzo de 1985.

18) Agur ETA, página 96. Matías Antolín. Ediciones Temas de Hoy,  Madrid, 1997

http://latribunadelpaisvasco.com/not/5314/asi-torturo-la-banda-terrorista-eta-y-iv-

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