Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

Noticias Terrorismo

«Tengo rota la máquina del olvido»

  • Escrito por Redacción

hqdefault

Hoy se cumplen 25 años del atentado en la casa cuartel de Vic. ETA dejó diez muertos, la mitad niños. Uno de los agentes que aquel fatídico día se encontraban de servicio en el interior del Cuartel de Vic ha querido relatar a IDEAL. El agente Salvador Rodríguez, que entonces tenía 19 años y hacía guardia cuando estalló el coche bomba, recuerda aquella tragedia que ha marcado su vida.

 El día que cambia el resto de tu vida jamás se olvida, así que pasen 25 años. Salvador Rodríguez (Molins de Rei, 1972) era el agente que hacía la guardia de puerta en el cuartel de la Guardia Civil de Vic (Barcelona) aquella tarde del 29 de mayo de 1991, cuando ETA lanzó un coche bomba cargado con 70 kilos de amonal por la rampa de acceso al patio trasero del edificio y asesinó a nueve personas, cinco de ellas niños. Una décima murió atropellada por un vehículo de rescate. Hubo decenas de heridos, la mayoría hijos de los guardia civiles que jugaban en el patio.

Un día después de la matanza perpetrada por el Comando Barcelona morían tiroteados en una Operación de la Guardia Civil los dos principales activistas del comando y se arrestaba a un tercero. Esta es la terrible historia que todos conocemos, la que nos contaron los telediarios.

25 años después, Salvador Rodríguez, afincado en la Costa granadina y hoy jubilado por culpa de las secuelas de aquel atentado, accede a rememorar para IDEAL la suya, la que vivió en primera persona.

Vic era su primer destino como guardia civil. «Tenía 19 años, 10 meses y 10 días», recuerda con nitidez.

En el cuartel vivían 14 agentes, sus mujeres y 22 niños. «Yo era de los pocos solteros, el niño del cuartel, no tenía ni barba, mis amigos más que los guardias eran sus hijos. Con los padres trabajaba pero los hijos eran mis amigos con los que jugaba al fútbol y salía a divertirme», relata. Salva estaba feliz. Acababa de cumplir su sueño de convertirse en guardia civil y en la casa cuartel de Vic le acogieron con cariño y cercanía. «Éramos una gran familia, aquel patio siempre estaba lleno de vida, la convivencia era muy estrecha, mi primer Pilar allí fue entrañable», rememora.

La comunión

La tarde del atentado muchos de los guardias cubrían una prueba ciclista, por eso en el cuartel había sobre todo mujeres y niños. Al joven agente Rodríguez le había tocado guardia de puerta y nada hacía presagiar la tragedia. «Poco antes de la bomba, Mari Pili, una de las pequeñas que murió me había estado enseñando las fotos de su comunión. Venía con sus padres de recogerlas, estaba muy contenta», continúa el estremecedor relato.

Justo a las siete y diez, Salvador acudió al cuarto de puerta a atender el teléfono. El estallido de la bomba le pilló allí. «Las paredes amortiguaron la explosión, si me hubiera cogido en el pasillo no lo estaría hoy contando».

Dice que ni siquiera escuchó una gran explosión, «era como un escape de gas». Y a partir de ahí el horror. «Debí perder la conciencia. Cuando me desperté tenía los restos del techo encima y sangraba por el ojo, se me habían clavado los cristales de la ventana». Cuando logró ponerse en pie y llegar al patio apenas veía, tenía la cara ensangrentada. Del edificio solo quedaba la fachada y el patio era el caos. Recuerda el sonido de las sirenas, la desolación, y unos brazos que le cogieron y le metieron en una ambulancia.

«Éstos que sacan a las niñas son los compañeros de Tráfico, yo no los vi entonces», dice observando una de las brutales fotografías de aquel día. Desde el primer momento fue muy consciente de que habían sufrido un atentado de ETA. Y desde el hospital, por la televisón, presenció el entierro de sus amigos. «Salas ya se jubilaba, me trataba como a un hijo porque él era mayor. Mi amigo Francisco murió de camino al hospital, era hijo del sargento de Tráfico, tenía 17 años... Te duele tanto lo de los demás que ni ves lo tuyo. Estás en shock mucho tiemo. No aceptas las muertes», relata.

Esa sombra

En Vélez Málaga, la madre de Salva estaba cocinando cuando vió la noticia del atentado en la tele. Rota, subió en una furgoneta a Barcelona, con toda la familia. Le habían advertido que tendría que decirle a su hijo de 19 años que iba a quedarse ciego.

Tras las intervenciones quirúrgicas, el peor pronóstico no se cumplió pero, finalmente, Salva perdió el 90% de visión de su ojo izquierdo. Aquel atentado le provocó también una hernia de iris y un trastorno traumático crónico. «En mi cabeza siempre me aparece esa sombra que no has sido capaz de superar... Tengo la máquina del olvido rota», asume.

Tras recuperarse, Salva pudo cumplir su sueño de trabajar como agente de la Guardia Civil de Tráfico y ejerció su trabajo en Motril, donde reside. Pero 15 años después llegó el mazazo. Las secuelas le obligaban a dejar la gran vocación de su vida y el tribunal médico le convertía, contra su voluntad, en un jubilado de 36 años. A pesar de ello, Salva es un tipo positivo, divertido y fuerte que hoy tiene tres hijos que son su locura y una mujer maravillosa.

Y además es un valiente -aunque siempre se quite mérito- y la Guardia Civil le va a conceder este año la Cruz al Mérito con distintivo rojo. «Los guardias de mi generación nos jugábamos el pellejo por un puñado de euros, sabíamos bien a lo que nos enfrentábamos», apunta Salva, que cree que en España hay que seguir dignificando la memoria de las víctimas.

«A los que hoy pactan con formaciones que tienen las manos manchadas de sangre como Bildu hay que recordarles que en España moría una persona todos los días. Los jóvenes que no lo vivieron tienen que saber que esto no fue una guerra, que los demócratas solo pusimos los muertos y ellos pusieron las balas», advierte con firmeza.

Salva, que también es reportero gráfico y ahora entrena equipos de fútbol en el club Cultural Asako de Motril, accede a charlar con IDEAL por amistad. Pero la herida es tan profunda que 25 años después sigue sangrando. Por estas fechas todos los años duele más. «Piensas en esa niña que ahora tendría 35 años... Esperas que pasen las siete y diez del domingo y dices, bueno, un año más estoy aquí».

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones