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«Reconocimos a las niñas por la ropa»

  • Escrito por Redacción

ATENTADO-VIC-DECLARACION

«Vi los cuerpos de las demás niñas, las amiguitas de mi hija. Tenían las cabezas abiertas y solo las reconocíamos por la ropita: ‘esta es la hija de aquel o esta es la hija de este’». Quien habla, aún entre lágrimas, es José Giménez Madera, agente de la Guardia Civil a quien, tal día como hoy, un 29 de mayo de hace 25 años, algo tan banal como una serie de televisión le salvó la vida.

Poco antes de las siete de la tarde de aquella aciaga jornada de 1991, el joven agente de la Benemérita, que no estaba de servicio en ese momento, rechazó la invitación de su única hija, de apenas tres años, para que saliera con ella al patio a jugar. Otras niñas, familia de los miembros del Instituto Armado que convivían en la Casa Cuartel, esperaban ya a la pequeña en la calle, así que su padre le dio permiso para unirse a sus amigas, pero él decidió quedarse delante del televisor porque TV3, el canal autonómico de Cataluña, ofrecía a esa hora su serie favorita, un relato de detectives. 

En Vic, Madera, como le llamaban sus compañeros, se sentía tranquilo, después de haber sentido en primera persona el azote del terrorismo cuando estuvo destinado en el País Vasco. Y es que, a finales de los 80, la Guardia Civil no era bien recibida en Euskal Herria, donde ETA había logrado imponer el terror en los años de plomo. Él tuvo la suerte de la que no gozaron otros compañeros y tan solo había resultado herido en 1988 cuando un comando terrorista lanzó media docena de granadas contra el cuartel de Llodio (Álava), donde se encontraba. Eso sí, a su esposa, de la impresión, se le adelantó el parto de aquella niña que ahora jugaba en Vic, el nuevo destino de su progenitor.

«Sonó la explosión y mi mujer dijo que había sido el butano, pero el ruido era otro. Yo sabía que había sido una bomba», recuerda ahora. Curiosamente, y en cierta manera, los dos tenían razón, ya que los 216 kilogramos de amonal que ETA utilizó en aquel atentado se encontraban dentro de una docena de bombonas de butano. Aprovechando que la puerta de la instalación estaba abierta, los miembros del comando Barcelona deslizaron un coche por la rampa de acceso al patio y, cuando el vehículo se encontraba en el interior, lo hicieron estallar por control remoto. Entre los niños.

Como consecuencia de la explosión, las tres plantas del edificio se derrumbaron, quedando solo en pie la fachada. La Casa Cuartel, a esa hora y en esa fecha, se encontraba ocupada, principalmente, por las familias de los agentes, ya que los miembros del Instituto Armado estaban, en su mayoría, ocupándose de la seguridad de un evento deportivo. «A la media hora nos rescataron los bomberos a través de los escombros», rememora Madera, que revela que en su casa nunca se habla del atentado que costó la vida a nueve personas (cinco de ellas menores) y dejó heridas a otras 44, entre ellas la hija de Giménez. Se considera, no obstante, que aquella masacre mató a 10 individuos, ya que se contabiliza también a Ramón Mayo García, guardia civil en la reserva que prestaba ayuda a los heridos cuando fue atropellado por una ambulancia. 

Aún peor.

Dentro de la gravedad de la tragedia, similar a la ocurrida cuatro años antes en la Casa Cuartel de Zaragoza que se llevó por delante a 11 personas (cinco niños), aún hubo suerte. Colindante a la instalación de la Guardia Civil, se encontraba el colegio del Sagrado Corazón, en cuyo patio jugaban unos 50 menores que habían finalizado las clases. El edificio educativo sufrió también importantes daños a causa de la explosión.

«Mataron a 10, pero hay ocho tumbas: un matrimonio está enterrado junto, y otro guardia y su suegra, también. El sábado (por ayer) hay mercadillo en Vic e iré a comprar flores y a verles y estar con ellos», revela entre lágrimas Madera, que sobrevivió al atentado de ETA en Vic por una serie televisiva.

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